Saavedra Néstor

Néstor Saavedra

Volante ofensivo, también delantero, de corto paso por el fútbol argentino. Uruguayo, llegó a San Lorenzo en enero de 1986 a préstamo, proveniente de Sud América, pagándose por él 20.000 australes. Debutó en una derrota frente a River, ingresando al inicio del segundo tiempo por Madelón. El comienzo fue duro, ya que en febrero sufrió una distensión del ligamento interno de la rodilla derecha que lo tuvo inactivo casi un mes. Estuvo hasta mayo en el país, jugó 15 partidos y convirtió 3 goles (uno ante Gimnasia y los otros frente a Platense) y a mitad de año se fue como había llegado: en silencio.

Volvió a Montevideo para jugar en Nacional y antes de que acabe el año se fue a España, al Cádiz. Ilusionado, al llegar se agrandó y declaró: “No me importa venir cedido, porque sé que el próximo mes de junio querrán mi ficha definitivamente. Para mí es un reto pasar esta prueba”. Parece que no le fue del todo bien, ya que cuando llegó junio, él no estaba más en Cádiz. Ni en España. Ni en ningún lugar de Europa.

Tampoco se lo pudo ubicar en Uruguay, y apareció en Colombia, como flamante fichaje del Cúcuta. Allí jugaría varios años, teniendo a compañeros como Guillermo La Rosa, Miguel Ángel Wirzt, Albeiro Usuriaga, José Tursi y Faustino Asprilla.

Alternó buenas y malas campañas, aunque tuvo una mancha imposible de obviar: en 1988 el Cúcuta perdía por goleada frente a Millonarios. De repente, varios jugadores del equipo que caía derrotado empezaron a acusar dudosas lesiones y, uno por uno, se fueron retirando del campo de juego. Saavedra fue uno de ellos. Suponemos que el hecho de que su equipo usara una camiseta roja y negra no tiene nada que ver. Aunque por las dudas nos debemos preguntar: ¿alguien sabe cómo se dice abandoNOB en la jerga terma colombiana?

Carrio Walter

Walter Gastón Carrio

Mediocampista bahiense con gran apego a su ciudad. Comenzó su carrera en Liniers, un equipo que se destaca por los buenos talentos juveniles que capta en la zona. Aunque siempre hay excepciones, claro. Debutó en Primera División vistiendo los colores de Olimpo, en el Apertura 2002. Allí estuvo dos temporadas, alcanzando a jugar 8 partidos con el Aurinegro, aunque sólo una vez completó los 90 minutos. Por lo menos se dio el lujo de ser compañero de Leonardo Aguirre, Roy González, Fram Pacheco y Darío Marra, entre otros.

En 2004 decidió que era hora de bajar un escalón, y dejó Bahía Blanca para jugar en Chacarita, en el Nacional B. Mala decisión: como si no fuera suficiente vestir una de las camisetas más feas de la historia del Funebrero, apenas jugó 5 partidos, todos por el Torneo Clausura, y el equipo terminó jugando la promoción, salvándose del descenso gracias a la ventaja deportiva. De todas maneras, lo peor para Carrio en esta etapa fue haber sufrido la rotura de ligamentos de una de sus rodillas.

En busca de revancha, lo cobijó el Argentino A, otra vez en su ciudad. Con Villa Mitre logró el ascenso en 2006, pero no continuó en el club y se fue a Textil Mandiyú, equipo que dirigía la Pepona Reinaldi. Y en el Argentino B. El tobogán parecía no tener fin. En 2007 volvió a Liniers, en la misma categoría, para aportar su experiencia y, unos años después, concluir su carrera. Eso sí, para dejar una marca en la posteridad nos dejó un video con sus mejores jugadas. La musicalización merece un párrafo aparte.

La última novedad que lo vinculó con el fútbol fue la aparición de un sobrino suyo, Agustín Bouzat, en las inferiores de Boca. El pibe, que alguna vez declaró que tenía de ídolo al tío, también recordó que “lo mejor de él era el orden, su inteligencia para saber resolver tomándose un segundo más que los demás.” Esta última aparición de Carrio sucedió en 2011. Desde el año pasado no hay noticias sobre su paradero. Igual que Lilita.

Castelló Diego

Diego Ariel Castelló

Defensor que apareció en el lugar y momento menos indicado para tener una vida futbolística decente: Racing, principio de los 80’s. Como marcador central, le tocó sufrir la peor época de la Academia en materia de resultados. Fue uno de los pibes que puso la cara en aquel equipo que se fue a la B. Incluso le marcó un golazo desde mitad de cancha a Boca el día de la muerte de Roberto Basile, un hincha del equipo visitante que fue herido de muerte por una bengala marina lanzada desde la popular comandada por El Abuelo. Otro de sus goles también tuvo un condimento dramático, salvando las distancias: fue ante Racing de Córdoba, el día que se confirmó el descenso de los de Avellaneda.

Se quedó dos años en la vieja Primera B, hasta que pudo volver a la máxima categoría del fútbol argentino. Claro que en la campaña del ascenso ya había perdido el lugar que supo tener en los peores días. Ahora, esa defensa contaba con nombres como Gustavo Costas, Washington González, Víctor Longo, Héctor Fernández, Marcelo Asteggiano, Néstor Sicher, entre otros. Hasta acá, Castelló venía mas o menos rumbeado para zafar de este post. Pero a partir de la vuelta de Racing a Primera División, la baldoseridad diría presente.

Sin lugar en la Academia, se fue a Gimnasia y Esgrima La Plata para disputar la temporada 1986/87. En la ciudad de las diagonales tampoco tuvo oportunidades: sólo disputó un partido, y decidió irse del país, probando suerte más al norte. ¿Bolivia? No. ¿Colombia? Tampoco. ¿México? Casi. ¿Alaska? No tanto (?).

El Edmonton Brickmen de Canadá lo contrató para que juegue en 1987 la Canadian Soccer League, competencia donde se destacaban (?) algunas figuras de la selección local que había participado en México ’86. Con semejantes colegas, a Castelló no le resultó muy difícil resaltar y fue convocado para el Juego de las Estrellas, logro que repitió en 1988, esta vez mientras vestía la camiseta del Toronto Blizzard. Eso si, de títulos ni hablar.

Después de triunfar (?) en el fútbol canadiense dio el salto y llegó a Europa, para vestir las camisetas de los humildes Trilleur, Hemptinne y Roeselare, de Bélgica. Ahí no terminó la cosa, ya que para alcanzar un grado de extravagancia mayor terminó jugando en Luxemburgo, con los colores del CS Grevenmacher.

Una vez colgado los botines comienza una historia diferente, alejada del fútbol. Comenzó un emprendimiento familiar con el que llegó a ser presidente de su propia empresa, Latina Wines S.A. Obviamente que este asunto se desarrolla en su Luxemburgo adoptivo (?), país con el mayor PBI por cápita del mundo de acuerdo al Banco Mundial. Ningún boludo este Castelló (?). Con el asunto de los vinos volvió al país para dar seminarios y participar en otros eventos. Para finalizar, como si a esta historia no le faltaran condimentos, no se debe dejar de mencionar a su hijo, Godié. Claro que ese no es su nombre real, sino su seudónimo artístico. El pibe hace rap y parece que también le gustan las cámaras, ya que participó en un par de cortos y en programas de TV. Más ladrón argentino que el padre.