Fernandes Francou Emmanuel

FernandesFrancou

Emmanuel Gaspar Fernandes Francou

Como alguna vez ocurrió con Esteban Herrera en Boca, Lisandro Sacripanti en Newell’s o el propio José Sand en River, ser el máximo artillero de las divisiones inferiores no siempre (o mejor dicho, casi nunca) implica que el jugador en cuestión se convierta en un goleador letal en Primera. Ya es sabido que las miradas se multiplican y la presión está siempre latente.

Emmanuel Fernandes Francou es un delantero por afuera que escaló peldaño a peldaño y perforó redes en las juveniles de Vélez Sarsfield hasta que le llegó la hora de demostrar su potencial ofensivo entre los grandes. En la penúltima fecha del Apertura 2005, el Fortín de Miguel Ángel Russo, que venía de quedar eliminado por goleada en la Copa Sudamericana ante los Pumas de la UNAM, visitaba a Lanús en el Sur. Con un mix de suplentes, juveniles y algunos titulares, se jugaba su última carta por el título del campeonato local, en el que estaba detrás de Boca y Gimnasia LP.

Faltaban 20 minutos para el final del encuentro, que Vélez ganaba cómodo 3 a 0, cuando Russo lo mandó a la cancha en lugar de Lucas Valdemarín. En la primera que tocó, el pibe de 19 años la mandó a guardar. Debut soñado.

El primer semestre de 2006 encontró al cuadro de Liniers con la cabeza en dos frentes: el torneo local y la Copa Libertadores. Rolando Zárate, su hermano Mauro y Claudio Enría eran los que más jugaban adelante, pero la gran cantidad de compromisos les abrió un hueco a varios pibes de las inferiores que venían pidiendo pista, como Fernandes Francou, que estuvo lejos de cumplir con las expectativas. Apenas convirtió un gol (golazo), ante Banfield, por la novena fecha del Clausura. En la Copa, tras una primera fase impecable, el Fortín cayó en cuartos de final ante las Chivas de Guadalajara. En el certamen internacional sumó 4 presencias, pero pasó en blanco. Algo que, con el tiempo, sería habitual.

La llegada de delanteros de peso como Ring Ring Balvorín y más tarde Santiago Silva, o la presencia de otros juveniles promisorios como Juan Manuel Varea o Maximiliano Timpanaro no supusieron un gran obstáculo para Fernandes Francou, que igualmente se las rebuscó para sumar minutos, tanto con Russo como con su sucesor, Ricardo La Volpe. Oportunidades no faltaron (disputó 31 encuentros, entre torneos locales y copas), pero los goles brillaron por su ausencia.

Sin lugar en los planes de Hugo Tocalli, en el verano de 2008 partió a Paraguay para vestir por seis meses los colores de Olimpia. En el cuadro franjeado, que atravesaba una de las peores rachas de su historia, tampoco pudo hacer pie y apenas marcó dos tantos, uno a Tacuary y otro al Silvio Pettirossi, en 15 partidos.

En su regreso a Liniers, pasó buena parte del segundo semestre colgado. “Fue un poco duro este año porque vos te entrenás para jugar, das todo en las prácticas pero después no podés ni jugar en Reserva”, decía. “Vamos a ver que pasa a fin de año, que es lo que decide el nuevo cuerpo técnico si no me iré a jugar a otro lado porque lo importante es jugar para mí”.

La llegada de Ricardo Gareca lo ilusionaba, pero Iggy Pop le bajó el pulgar luego de observarlo con atención durante los primeros días de la pretemporada. Fue entonces que pasó a préstamo a Talleres de Córdoba (2009). «Talleres es un club grande. Tenía varias propuestas, pero me gustó la de jugar en Córdoba. Va a pelear por ascender y trataré de aportar lo mío», tiró a su llegada, haciendo evidente su desconocimiento de la situación. Si bien el Matador terminó en la 12ª posición, la espantosa campaña de la temporada 2006/07 lo condenó a disputar el Torneo Argentino A.

Un año en buen nivel en Gimnasia y Esgrima de Jujuy (2009/10) fue el trampolín para su regreso al fútbol internacional. El Asteras Tripolis FC griego (2010 a 2012) le dio la chance de compartir vestuario con otros compatriotas como Matías Degra, Bruno Urribarri, Sebastián Carrera, Emanuel Perrone, Lautaro Formica, Sebastián Bartolini y el Polaco Bastía. Ah, también lo bancó seis meses sin hacerle un gol a nadie, hasta que se destapó con un doblete al siempre complicado Ergotelis. En tierras griegas, además ayudó al regreso del AE Larissa FC a la primera división (2012/13).

Cansado de prender la tele y no entender nada, a mediados de 2013, decidió pegar la vuelta para disputar el mejor torneo del mundo: la Primera B Metropolitana. Con la casaca de Nueva Chicago (2013/14), disputó 16 partidos (sin goles, claro) y obtuvo el ascenso a la B Nacional, de la mano de Pablo Guede.

Con el sentimiento del deber cumplido, Fernandes Francou armó el bolso y se fue a conocer nuevas categorías. Después de rechazar ofertas de Deportivo Riestra y Estudiantes de Buenos Aires, a mediados de 2014, se sumó al plantel del Agropecuario Argentino de Carlos Casares, en el Torneo Argentino B, donde la rompió.

Por eso no sorprendió cuando en marzo de este año Independiente de Chivilcoy lo llamó para, con sus goles, tratar de mantener la categoría en el Argentino A. ¿Lo consiguió? Claro que no. ¿Fue su culpa? No, señor. La culpa es de los padres.

¿Qué otra cosa puede hacer un tipo que se llama Gaspar sino fantasmear?

 

Noya Hebert

NoyaHebert

Hebert Omar Noya Cabrera

“Noya es el nuevo refuerzo de Independiente”, decían los diarios allá por julio de 2005. No se trataba del hoy ya veinteañero con eterna cara de niño, fanático del Rojo, sino de un lateral derecho uruguayo de prolongada trayectoria en equipos chicos del paisito, pero desconocido de este lado del Río de La Plata.

Nacido en el departamento de San José en julio de 1976, Noya hizo sus primeras armas en Miramar Misiones (1997 a 1999), antes de sumarse a Defensor Sporting. En el cuadro violeta, donde jugó entre 1999 y 2002, sumó experiencia al lado de jugadores reconocidos como el Ruso Pérez, Gonzalo Sorondo, Marcelo Saralegui y Marcelo Tejera, entre otros.

La siguiente escala fue Deportivo Colonia (2003 a 2005), donde conoció a Emiliano Díaz y al Zinho trucho y que le sirvió para acumular el coraje necesario para tomarse el buque y probar suerte del otro lado del charco. Así fue que a mediados de 2005 llegó a la Argentina para probarse en Independiente.

Julio César Falcioni había asumido la dirección técnica del cuadro de Avellaneda y dejó en manos del presidente de aquel entonces, Julio Comparada, una lista de refuerzos: un lateral derecho, un lateral izquierdo, un volante central, un carrilero y un enganche. «Falcioni me llama cada quince minutos. Lo que pasa es que cada vez que pedimos cotización por alguno, nos piden fortunas», se quejaba públicamente Comparada. Eran épocas austeras y en los cofres del Rojo no había mucha plata para gastar en contrataciones. “No pediremos nada que esté fuera de las posibilidades del club. Eso es fundamental para la llegada de los refuerzos. Creo que con orden, inteligencia y sacrificio podemos disimular otras cosas”, decía el Emperador Julio César.

Así fueron llegando jugadores sin demasiado cartel. Primero aparecieron Bernardo Leyenda y Esteban Buján, dos viejos conocidos de Falcioni. Más tarde se sumaron, entre otros, el uruguayo Marcelo Méndez, Martín Pautasso, Mariano Herrón y Emiliano Armenteros.

En ese contexto, donde cualquiera dispuesto a ponerse la camiseta roja era bienvenido, cayó el defensor Hebert Noya, de 29 años. El lateral estuvo a prueba varios días y, aunque en un momento su contratación parecía un hecho, no le dio el piné para superar el test. Antes de finalizar la pretemporada, Falcioni le dio las gracias y lo apartó del plantel junto a los defensores Rubén Salina, Víctor Gorrasi, los mediocampistas Fernando Lorefice y Hernán Losada y el atacante Mauro Fanari.

Cabizbajo, juntó sus cosas y regresó a Deportivo Colonia (2005/06) donde lo esperaban Marcelo de Souza, Carlos Camejo y Yair Rodríguez. Sin embargo, no estuvo mucho tiempo. El club pasaba por una durísima crisis económica que lo llevó a desaparecer a mediados de 2006.

Ya en el ocaso de su carrera, Noya colgó los botines tras dos temporadas sin demasiado brillo en Rampla Juniors (2006 a 2008), al lado del brasileño Tilico. Desde entonces, se dedicó a la dirección técnica de equipos del interior uruguayo como River, San Lorenzo, Río Negro y Universal.

Márcio Peres

perezmarcio

Márcio Vaucher Peres

Los noventa, la convertibilidad y el “deme dos” lograron que cualquier cosa que tuviera la etiqueta “Made in Brazil” se instalara, de manera casi incuestionable, en nuestro país. Así, sin darnos cuenta, y con suerte dispar, nos invadieron Xuxa, Axé Bahía, Terra Samba, É o tchan!, Derek López, As Meninas, Mara Maravilha, el Guaraná, pastores evangelistas a mansalva y, fundamentalmente, baldoseros con ganas de hacerse unos mangos, aprovechando la fortaleza del peso argentino frente al alicaído cruzeiro brasileño.

En 1993, Rosario Central, dirigido por Vicente Cantatore, no quiso quedarse afuera del fenómeno del momento y se llevó a cuatro brasucas al precio de tres. Así arribaron a Arroyito Alex Sandro Rossi, Juca y Fabio Giuntini, todos debidamente homenajeados en este sitio. Apenas el primero, que hoy lucha día a día contra su adicción al crack, pudo hacer pie en el fútbol argentino. Los otros debieron conformarse con sumar un sellito en su pasaporte antes de volver a casa.

Lo que desconocíamos hasta hoy era al último integrante de ese cuarteto brasileño que trató de tomar Rosario por sorpresa y fracasó en el intento. Con ustedes, Márcio Vaucher Peres.

Surgido de las divisiones inferiores del Grêmio de Porto Alegre, donde coincidió con Roberto de Assis Moreira, el hermano de Ronaldinho Gaúcho, Peres hizo sus primeras armas en el fútbol profesional como lateral por izquierda en Botafogo de Río de Janeiro en la segunda mitad de la década del 80.

Sin embargo, en el conjunto carioca nunca pudo afianzarse y años después encontró su lugar en el mundo dentro de su Río Grande do Sul natal con los colores de Internacional. ¿De Porto Alegre? Nah, uno un poco más modesto, el Esporte Clube Internacional de Santa María, un tradicional equipo gaúcho más acostumbrado a gambetear el descenso que a pelear campeonatos. Allí se convirtió en un histórico de la defensa y alternó buenas y malas con Alex Rossi, quien podría haber oficiado de nexo para su llegada a Arroyito.

Solo se alejó dos veces de Santa María, ambas en 1993. Primero cuando disputó el campeonato gaúcho para el Esporte Clube Guarani de Venâncio Aires y a mediados de año cuando estuvo a prueba en Rosario Central.

Son casi inexistentes los recuerdos que dejó en la Chicago argentina. Sin pinta de futbolista, apenas dijo presente una vez, en un amistoso ante Cerro Porteño de Paraguay, disputado en el Gigante. Pocas semanas más tarde estaba de nuevo en el Inter de Santa María, donde, suponemos, se retiró.

Recién volvimos a tener noticias suyas casi 15 años después, en 2008, cuando lo encontramos trabajando para la Academia de Futebol Ronaldinho Gaúcho, siempre de la mano del hermano de Dinho. Assis también fue el que lo llevó al Porto Alegre Futebol Clube como coordinador del programa Joga Alegre, dedicado a buscar jóvenes talentos en barrios carecientes de esa ciudad.

Hoy, alejado de los medios, vive en su Alegrete natal y se dedica a la venta de autos. Y así pasaba la historia de Vaucher Peres, un defensor brasileño entrado en kilos por el que nadie ponía un peso. Ni siquiera en épocas de vacas gordas.

¡Ganate la camiseta de la selección!

camiseta-argentina-2015

En este campeonato, P&G, a través de las marcas Gillette, Ariel y Head & Shoulders, proveedoras oficiales de la Selección Argentina, celebra la pasión que los argentinos sentimos por nuestra camiseta y nuestros colores. Por eso, te regalamos la camiseta de la selección.

En los comentarios, contanos por qué te la merecés. El mejor comentario se la lleva.

* Válido solamente para Argentina

¿Querías más?

Gillette hizo una campaña que se llama «La Bandera de la Hinchada» en donde los hinchas mandaron sus mensajes de aliento para la selección y Gillette los imprimió en banderas gigantes de Argentina y los puso en la cancha durante el partido de despedida de la Selección que se hizo en San Juan. Además, grabaron un video viral del Kun Agüero respondiendo los mensajes de una manera muy copada, pateando con una pelota en un teclado gigante. ¡Miralo!

Y el ganador de la camiseta es…

mejorcomentariopyg

Gracias a todos por participar.

Fernández Santiago


Santiago Andrés Fernández (El pájaro loco)

Una serie de malas decisiones convirtieron a este otrora niño prodigio del fútbol rosarino en otro talento desperdiciado, cuya historia se escribe en este compendio de relatos truncos llamado En Una Baldosa.

Nacido en junio de 1990, apenas tres años más tarde ya pateaba la pelota enfundado en la camiseta del Club Provincial de Rosario. A los 4, lo llevaron a Newell’s Old Boys, donde lentamente se convirtió en una de las joyitas de las divisiones inferiores.

“Empecé junto con Federico Laurito, entre otros. Ni me acuerdo qué hacía y si jugaba en aquel tiempo, pero comencé a los tres años. Después fui a Newell´s y así seguí. Jugué en infantiles y juveniles de volante central y hace un par de temporadas pasé de delantero”, contaba Fernández en las entrevistas.

Para esa altura, el enganche ya era un habitué de las convocatorias de las selecciones juveniles argentinas y hasta se daba el lujo de participar de entrenamientos con la Primera de Newell’s. Por aquel entonces, el pibe se presentaba como un jugador rápido, hábil, que manejaba ambos perfiles y que podía retrasarse si así lo pedían las circunstancias del juego. La próxima gran promesa del fútbol rosarino estaba lista para dar el zarpazo. Era solo cuestión de tiempo.

En el verano de 2007 disputó el Sudamericano Sub 17 en Ecuador y se aseguró un lugar en el Mundial de la categoría en Corea del Sur, en el que Argentina alcanzó los cuartos de final, cuando fue eliminada por Nigeria, que luego se quedaría con el título. Allí, Fernández, que tuvo una participación discreta, convivió con jugadores como Mateo Musacchio, Patito Rodríguez, Franco Zuculini, Guido Pizarro, Gastón Sauro, Alexis Machuca y futuros baldoseros como Fernando Godoy, la Tortuga Fernández, Pablo Rolón y Leandro Basterrechea, entre otros.

Sin embargo, la oportunidad de debutar en la máxima categoría con la camiseta de la Lepra no llegaba y el tiempo pasaba. En el verano de 2008, un abogado rosarino le ofreció irse al fútbol europeo mediante la patria potestad y el pibe no dudó. Un puñado de semanas después, estaba probándose en el Real Madrid. No quedó “por un tema de papeles entre los clubes”. Sí lo hizo en el Mallorca, aunque nunca pasó del equipo B.

“Estuve dos años y fue algo muy bueno, una experiencia increíble, la ciudad, el club… Jugaba en Reserva y en un torneo que organizaron los de Mallorca jugué para la Primera. Además, compartí entrenamientos con jugadores argentinos que estaban en ese momento como Ariel Ibagaza, Lionel Scaloni, Germán Lux, Óscar Trejo, Guillermo Pereyra y varios más. También estuve con jugadores de otros equipos, por ejemplo el “Kun” Agüero, a quien conocía de la selección, y Ever Banega. Con ellos estuve en el hotel que se alojaba el Atlético de Madrid y fue algo inolvidable”, decía.

Sin chances de progresar en el fútbol europeo, en enero de 2010 pegó la vuelta a Newell’s Old Boys a préstamo por un año y medio, aunque era la cuarta o quinta opción en la lucha por su puesto y tuvo que conformarse con sumar algunos minutos en Reserva.

En agosto de 2011, con el pase en su poder, se sumó a Atlético Tucumán, que se había armado para volver rápido a Primera luego de su excursión en la temporada 2009/10. Pero las cosas no salieron bien, el equipo del Chocho Llop terminó en la parte baja de la tabla y Fernández fue uno de los que pagó los platos rotos con Mariano Martínez, Federico Barrionuevo, Alejandro Espinoza, Federico Nicosia y Héctor Cardozo.

En 2012 recaló en Tiro Federal de Rosario, del Argentino A, pero tampoco estuvo mucho, eh. En 2013 lo encontramos probándose en el Lyubimets 2007 de Bulgaria. Esa es la última certeza que tuvimos sobre él.

Quizás por estos días el Pájaro loco siga tratando de levantar vuelo.

Sachetto Nahuel

Nahuel Sachetto

Dicen los que saben que una imagen vale más que mil palabras. Y la foto que ilustra este post, con Nahuel Sachetto vendado y sacado entre dos compañeros de Gimnasia y Esgrima de Jujuy, podría ahorrarnos la escritura de esta historia.

Mediocampista por derecha surgido de la categoría 1988 de las divisiones inferiores de Arsenal de Sarandí, Sachetto tuvo un estreno inmejorable: en julio de 2008 en Japón, ante el Gamba Osaka, el día que el conjunto de la familia Grondona levantó la prestigiosa Suruga Bank. Aquella noche nipona, Daniel Garnero lo mandó a la cancha en tiempo de descuento en lugar del Papu Gómez.

Parecía que era el despegue del pibe de Los Cardales, pero no. En aquel Apertura 2008 apenas disputó tres encuentros (ante Gimnasia LP, Newell’s e Independiente, siempre desde el banco y sobre la hora) y tuvo que conformarse con actuar en Reserva al lado de futuras figuras como Hugo Martín Nervo, Víctor Cuesta, Damián Pérez, Iván Marcone, Darío Benedetto y Franco Jara, entre otros.

El panorama no cambió para el Clausura 2009, en el que también participó en tres partidos (Godoy Cruz, Rosario Central y Vélez Sarsfield, este último como titular). Sin mayores oportunidades para mostrarse, en enero de 2010 pasó a préstamo a Gimnasia y Esgrima de Jujuy.

“Hablé con Burruchaga y me dijo que no me iba a tener en cuenta y me comentó que había una posibilidad de venir a Jujuy. Vi a Gimnasia en la última temporada en Primera y me dio toda la impresión de que es un equipo grande del interior que merece tener un lugar en Primera por todo lo que ya demostró».

Con una fuerte tendencia a los desgarros, Sachetto tampoco encontró en el norte de nuestro país la continuidad deseada, aunque en lo poco que jugó mostró algunos destellos interesantes. Por ejemplo, luego de la derrota ante Olimpo de Bahía Blanca (en la que salió lesionado, claro), el técnico del Lobito, Héctor Arzubialde, destacó que “sólo Nahuel Sachetto había interpretado cómo jugar. El resto no estuvo a la altura para pelear desde el arranque el encuentro”.

Quizás por eso no llamó la atención cuando en octubre de 2010 Talleres de Córdoba, dirigido por Arzubialde, intentó contratarlo para disputar el Torneo Argentino A. “Yo tengo mucho interés en sumarme a Talleres, porque necesito lograr la continuidad que no he tenido en Arsenal y en Gimnasia. Gabriel Ruiz, que fue compañero mío en Gimnasia, me habló muy bien de Talleres, pero ni bien me llamó Arzubialde le dije que quería venir, porque sé muy bien lo que significa ese club en el fútbol nacional y la gente que convoca en el Argentino A», declaró un humeante Sachetto ante los micrófonos. Y agregó: “Debe ser hermoso jugar con 20 mil personas en cancha”.

Claro que apenas faltaba un detalle: superar la revisión médica. ¿Y cómo creen que le fue? Sí, no la pasó. «Los éxamenes generaron muchas dudas. Había secuela de lesiones (meniscos) y Talleres no puede darse el lujo de arriesgar», decían allegados a La T. Sachetto siguió entonces en la Reserva de Arsenal por lo menos hasta 2012, cuando participó de la pretemporada con el plantel profesional. A mediados de ese año sonó como posible refuerzo de Atlanta y esa fue la última noticia suya que tuvimos. Un desgarrón.

Bonilla Breyner

Breyner Bonilla Montaño

Apenas tres partidos le bastaron a Breyner Bonilla para ganarse un lugar en la historia negra del fútbol argentino. A mediados de 2009, Boca Juniors creyó encontrar en este moreno espigado categoría ’86, de presunto buen juego aéreo y con llegada al gol al que apodaban Caballo, al sucesor ideal de Juan Forlín, que dejaba un hueco importante en la zaga central tras su partida al Espanyol de Barcelona.

Y no era para menos, el colombiano, que acreditaba pasos por el Depor Jamundi (2006/07) y Atlético Bucaramanga (2008/09) y que venía con un título de técnico en mantenimiento de computadoras bajo el lomo, llegó a la Ribera por recomendación de Jorge Bermúdez, con el aval de Carlos Bianchi y la ilusión de convertirse en el nuevo Patrón del mal que pusiera un poco de orden en la defensa del equipo dirigido por Alfio Basile, que se desmoronaba domingo a domingo.

Pero para el Coco, el morocho todavía no estaba listo para la Primera y, pese a la insistencia del Virrey para que lo tuviera en cuenta, lo mandó a la Reserva de Abel Alves. Allí, Bonilla tuvo algunos momentos interesantes y fue parte del grupo que se terminó quedando con el título de Tercera al final de la temporada.

La oportunidad de debutar, al menos extraoficialmente, le llegó en el verano de 2010, nada menos que en el clásico ante River, tras la renuncia de Basile, cuando Alves se hizo cargo del plantel profesional y lo llamó de urgencia ante la falta de defensores centrales. Si bien el Millonario se quedó con el triunfo por penales, Bonilla redondeó un partido correcto y comenzó a abrirse paso en la lucha por un lugar entre los grandes.

Curiosamente, el estreno por los puntos también fue en un Superclásico: aquel que debió suspenderse a los pocos minutos por un fuerte temporal y que se completó entresemana, en el que Alves no tuvo otra que poner a Bonilla y el brasileño Luiz Alberto en la zaga titular y que Boca venció por 2 a 0 con goles del chileno Gary Medel, que luego se iría expulsado.

«Este ha sido el partido de mi vida. Pero me faltó algo con lo que siempre sueño: marcar un gol. Nunca me imaginé jugar un Superclásico ni jugar en Boca. Las cosas se han ido dando bien, jugar en un equipo como Boca, con la hinchada que tiene, es muy gratificante», tiró el morocho después de que fuera ovacionado cuando salió lesionado a 30 minutos del final. Un puñado de semanas atrás, Carlos Bianchi lo había frenado cuando tenía casi todo arreglado para sumarse a Quilmes.

Recuperado de la contractura que lo marginó del encuentro siguiente ante Chacarita (victoria funebrera por 4 a 1), el oriundo de Cali regresó a la titularidad ante Rosario Central, en una derrota por 2 a 1 por la fecha 12, en la que su rendimiento dejó bastante que desear.

La despedida llegaría unos días más tarde, ante Colón de Santa Fe, en el Cementerio de los elefantes. Esa noche perdió marcas, dejó huecos kilométricos, se cansó de mirarles el número a los delanteros del Sabalero y cerca del final coronó una noche negra con una expulsión por un planchazo a la figura del encuentro, Facundo Bertoglio, por el que recibió dos fechas de suspensión. Pero el tema no terminó ahí: en el túnel, Eduardo Coudet, enajenado, intentó agredirlo, pero fue agarrado a tiempo por los jugadores de Boca.

Días después, ante las cámaras de televisión y entre lágrimas, Bonilla denunció al Bichi Fuertes por haberle dicho “negro de mierda”. En su defensa, el 9 de Colón alegó que solamente le dijo “ahora te voy a agarrar y te voy a romper todo”. Premio Nobel de la Paz.

Lejos de Argentina, a mediados de 2010, el colombiano continuó su carrera en el fútbol peruano con los colores del Sporting Cristal, donde se presentó una vez más como “un jugador rápido, veloz, de buen juego aéreo, mucho gol y un líder en el equipo”. Puede ser que la gran mayoría de esas condiciones tampoco se hayan visto en Perú, excepto una: el gol. Dijo que con la camiseta celeste se le iba a abrir el arco y vaya si cumplió: metió dos golazos inexplicables en contra.

“Un autogol lo convierte cualquier jugador en el mundo. A Puyol le ha pasado infinidad de veces y es uno de los mejores defensas que existen. Uno a veces por apresurado comete errores, luego te das cuenta que podrías haber hecho otra cosa”, comentó en un extrañísimo descargo.

Sin mucho más que hacer en el exterior, regresó a su tierra natal. Desde entonces, no le ha ido mal. En 2011 defendió los colores del Cúcuta Deportivo (llegó para reemplazar al baldosero Pedro Portocarrero) y desde 2012 juega en el Deportes Tolima, donde sigue escribiendo las páginas de su propia novela. Negra, claro.

Solari David


David Eduardo Solari (El indiecito)

Sin la calidad técnica de Santiago ni la capacidad goleadora de Esteban, el menor de la dinastía Solari –hasta la aparición de su primo Augusto, actualmente en River- intentó llevar el apellido de la manera más digna posible, aunque, por lo visto, precisó de algún que otro ayudín familiar en el camino.

Por esas cosas del destino, a David le tocó nacer en Colombia en 1986, mientras su padre Eduardo daba sus primeros pasos como entrenador del Junior de Barranquilla, e iniciar su carrera profesional, aún en la adolescencia, bien lejos de casa. En el ascenso italiano, vistió las camisetas del Venezia –por aquel entonces minado de argentinos, tras la debacle económica de 2001- y el Chioggia Sottomarina.

En 2006, ya con 19 años en el lomo, y claro, por recomendación de su viejo, este delantero se tomó el primer vuelo con destino a Buenos Aires y arribó a Independiente. “Tengo un juego más parecido a Santiago, porque mi otro hermano –por Esteban- es 9, grandote y cabecea bien. Pero más me gusta jugar por afuera, aunque no hay drama si me piden hacerlo por el medio”, esgrimió ante la prensa local, que lo desconocía por completo. A decir verdad, su descripción personal era una síntesis perfecta, porque no era ni una cosa ni la otra.

Solari había llegado al Rojo para actuar en cuarta división, pero a las pocas semanas ascendió al plantel profesional, donde tendría la chance de debutar oficialmente en septiembre de 2006, ante Rosario Central, de la mano de Jorge Luis Burruchaga. En total, fueron 4 partidos durante aquel torneo Apertura, en el que su mejor anécdota fue una apurada que se comió de parte de Antonio Barijho. Una mañana, el Indiecito entró al vestuario y encontró pegado en la pared un poster de su hermana, Liz, bastante ligera de ropas. Cuando preguntó quién había sido el gracioso, el Chipi se hizo cargo y el pibe no tuvo otra opción que quedarse en el molde.

Con apenas un puñado de minutos en el verano y en la Reserva durante el primer semestre de 2007, lo devolvieron al Chioggia italiano, aunque la revancha vendría más temprano que tarde. A comienzos de 2008, Olimpo de Bahía Blanca anunció con bombos y platillos la contratación del delantero goleador Esteban Solari. Sí, leyeron bien. Sin embargo, el que arribó al conjunto bahiense fue David, que volvía más maduro, dispuesto a llevarse el mundo por delante.

¿Y? ¿La rompió? Ni cerca. En la primera fecha entró en tiempo de descuento para aguantar el empate ante Racing y reapareció siete días más tarde, contra Vélez, cuando los de Liniers ya estaban arriba en el marcador. A pesar de ponerle mucha voluntad (hizo expulsar al defensor Gastón Díaz), no convenció y tuvo que esperar varias semanas para volver a figurar. Su tercera y última participación con la casaca aurinegra sería ante Tigre, por la quinta jornada, pero tampoco la aprovechó. Roberto Saporiti, que prefería improvisar con otros atacantes, lo colgó y en abril, con Olimpo último en la tabla de posiciones y la del descenso, rescindió su contrato.

Pero no iba a pasar mucho tiempo libre. Eduardo Solari levantó el teléfono, llamó a su viejo amigo Salvador Ragusa y pocos días después, David estaba en el Espoli de Ecuador (2008). En 2009, el propio Ragusa se lo llevó al Deportivo Azogues, de la segunda división ecuatoriana, para hacer dupla con otro baldosero, la Bala Jorge Drovandi.

Al parecer, la sociedad funcionaba a la perfección dentro del verde césped y muchísimo mejor afuera. Entre Solari y Drovandi hicieron varios goles, en la cancha y en los boliches. Según Juan Cantos Ormaza, presidente del Azogues, los muchachos “preferían las discotecas en lugar de ir a los entrenamientos”, por lo que sufrieron una multa del cincuenta por ciento de sus salarios. Disconformes con la sanción, los argentinos forzaron su salida del club.

En el verano de 2010, tras un período de prueba, se unió al Deportivo Táchira de Venezuela, donde tampoco estuvo mucho. A mitad de año ya defendía los colores del AEP Paphos de Chipre (2010/11), donde una de las principales figuras de la liga era ¡sí, su hermano Esteban! En ese país europeo, también actuó en el Alki Larnaca (2011).

Desde 2012, juega con cierto éxito en Israel. Primero, fue parte del histórico campeonato del Hapoel Ironi Kiryat Shmona en la temporada 2011/12 (por primera vez en casi 30 años un equipo que no fuera de Tel Aviv, Jerusalén y Haifa se quedó con el título) y desde julio de 2013 defiende los colores del FC Ashdod, donde hace goles al mejor estilo Ronaldinho.