Dul Nicolás


Nicolás Alejandro Dul del Río

“Nene, ¿vos jugás de ocho?”. El vozarrón, esa mezcla perfecta entre pucho y whisky, lo agarró desprevenido. Corría marzo de 2007 y Alfio Basile comenzaba a delinear la selección del medio local de cara a la Copa América de ese año, pero por diversos motivos (algunas lesiones y otros debieron volver a sus clubes para disputar la Libertadores) se quedó corto de jugadores y tuvo que apelar al grupo de sparrings que también entrenaban en el predio que la AFA posee en Ezeiza.

Justo ahí estaba Nicolás Dul, mediocampista de la categoría ‘88, que al ratito apareció en el equipo titular de Argentina, parado al lado de Juan Sebastián Verón y Agustín Pelletieri.

Pero en River Plate, su club desde las infantiles, no pasaba por su mejor momento. Era suplente en Reserva y con frecuencia lo bajaban a la Cuarta. «Estoy un poco bajoneado porque las cosas no se me están dando como quiero. Sabía que no sería fácil llegar a la Primera. El tema es que siempre fui titular, y quedar un poco relegado a esta altura me angustia», confesaba por aquel entonces.

Algún tiempo atrás, había sido una de las figuritas repetidas de las convocatorias de la Sub 17, aquella que fracasó -terminó 7° entre 10 equipos- en el Sudamericano de Venezuela en 2005 y no llegó al Mundial, era tenido en cuenta para la Sub 20 y hasta había practicado con la Primera del Millonario, donde le auguraban un gran futuro.

Pero en Núñez no tenía espacio y tuvo que salir a buscar oportunidades bien lejos de casa. Las encontró en el Pontevedra español (2008/09) donde, tras una grave lesión, actuó con cierta regularidad, aunque en un nivel que dejó bastante que desear. Según algunos medios europeos, su lentitud en la creación del juego ofensivo fue uno de los factores por los cuales tuvo dificultades para ganarse un puesto entre los titulares. En España disputó 16 partidos, ninguno completo, y cuando se terminó el préstamo lo devolvieron con moño.

De nuevo en la Argentina, rescindió su contrato con River y se fue a un club más acorde a su status baldosero. Sarmiento de Junín (2009/10), en la Primera B Metropolitana, le abrió las puertas de par en par y le dio varias chances de demostrar su categoría en la mejor liga del mundo.

¿Y? Si bien el Verde se quedó al borde del ascenso (perdió la Promoción contra Deportivo Merlo), el rendimiento de Dul en lo personal fue bastante flojo y no permaneció mucho tiempo más en el plantel.

Recién volvimos a tener noticias suyas a mediados de 2012, cuando lo encontramos jugando para no perder el ritmo (con grandes actuaciones, hay que reconocerlo) al fútbol amateur en un equipo bautizado mágicamente como Deportivo Tanganeta.

Fue en ese momento que nos enteramos que en 2011, y de nuevo desde agosto de 2013, hace las delicias de los hinchas del under italiano con los colores del San Basilio Palestrina de la Serie D.

Baldosa de exportación.

Fuera de stock: la Copa João Havelange 2000


El Brasileirão de 1999 fue uno de los campeonatos más desprolijos de la historia reciente del fútbol brasileño (a la par de lo ocurrido en 2013) y tuvo su pico máximo de turbidez en la definición de los descensos. A diferencia del método tradicional, no bajaron los peores ubicados de la tabla, sino que se realizó por promedios, tomando en cuenta las temporadas de 1998 y 1999. En la cancha, por su paupérrimo rendimiento deportivo en ambos años, perdieron la categoría Botafogo de Riberão Preto, Juventude, Paraná Clube y el conocido Botafogo de Río de Janeiro.

Pero en los escritorios, y luego de que el Superior Tribunal de Justicia Deportiva (STJD) le diera por perdidos al São Paulo los partidos ante Internacional y Botafogo (RJ) por la mala inclusión del defensor Sandro Hiroshi, el club de Río de Janeiro salvó el pellejo y mandó al descenso al Gama de Brasilia, que venía de la B y había hecho una campaña discreta.

El equipo del Distrito Federal no aceptó la decisión del tribunal y recurrió a la justicia común con el apoyo del Sindicato de los Técnicos de Fútbol del Distrito Federal y hasta del Partido da Frente Liberal.

La situación se le fue de las manos a la Confederación Brasileña de Fútbol, que quedó inhabilitada para organizar el campeonato de 2000. Así, la responsabilidad recayó sobre el Clube dos 13, el grupo de las 13 instituciones más poderosas de Brasil, que armó el torneo más grande de todos los tiempos, bautizado en honor al histórico presidente de la FIFA, juntando ¡116 participantes! de las tres categorías principales.

Los clubes se agruparon en cuatro módulos: azul, amarillo, verde y blanco, y cada uno de ellos tenía su propio método de disputa.

• El módulo azul estuvo compuesto por 25 equipos. Los 17 de la A que habían mantenido la categoría la temporada anterior, Santa Cruz y Goiás, que habían obtenido el ascenso, Botafogo (que mantuvo la categoría por decisión judicial), Gama y Juventude (que finalmente no descendieron a la B como estaba previsto), Fluminense (que había ascendido a la B), más Bahía y América Mineiro, que habían jugado la serie B en 1999.
• El módulo amarillo estaba integrado por 15 conjuntos de la B y 21 invitados por el Club de los 13, de divisiones inferiores a la B.
• El módulo verde contaba con 28 participantes de la C de las regiones Norte, Nordeste y Centro-Oeste de Brasil.
• Mientras que el módulo blanco incluía 27 clubes de las regiones Sur y Sudeste.

A la fase final de la Copa João Havelange clasificaron 16 equipos: los 12 mejores ubicados del módulo azul, los tres primeros del módulo amarillo y el vencedor del duelo entre los primeros de los módulos verde y blanco. Desde octavos de final, se jugó con un sistema de partidos ida y vuelta, teniendo los clubes de mejor campaña la chance de definir las series de local.

La revelación de aquel campeonato fue el humilde São Caetano, un conjunto paulista que tenía poco más de 10 años desde su fundación y en la etapa final dejó en el camino a gigantes como Fluminense, Palmeiras y Gremio. En la definición, tuvo que verse las caras con el poderoso Vasco da Gama, el cuco de la época, y hasta atinó a hacerle frente.

El partido de ida, disputado el 27 de diciembre en el estadio de Palmeiras, terminó 1 a 1 con goles de César para los paulistas y el Chapulín Romário para los cariocas.

La revancha, pactada para el sábado 30 de diciembre, iba a disputarse en el Maracaná, pero finalmente se pasó al estadio São Januario, la cancha del Vasco. Poco antes de la hora marcada para el puntapié inicial, una avalancha y la posterior caída de un alambrado causó temor y dejó más de 150 heridos. Con buen tino, el encuentro fue postergado.

Finalmente, se disputó el 18 de enero de 2001, en el Maracaná. Juninho Pernambucano abrió la cuenta para Vasco da Gama, pero el veterano Adãozinho igualó pronto para el São Caetano. Jorginho Paulista puso el 2 a 1 para los cariocas sobre el final del primer tiempo y en el arranque de la segunda etapa, Romário decretó el 3 a 1 final.

Una vez finalizado el torneo, se descubrió que la documentación de Jorginho Paulista no estaba en regla. Según el diario Folha de Sao Paulo, el propio Clube dos 13 estaba al tanto de esta irregularidad, pero hizo oídos sordos. De haber actuado, Vasco hubiese perdido 20 puntos, ni siquiera hubiera clasificado a la segunda fase y le habría dejado su lugar al Guaraní de Campinas, que terminó decimotercero.


¿Hay más? Sí, hay más. En la final, Vasco da Gama, que no tenía auspiciante en su camiseta tras la finalización del contrato con una marca de jabón en polvo, salió a la cancha con el logo de SBT (Sistema Brasileño de Televisión) en su uniforme. Esta fue una jugada ciento por ciento preparada por Eurico Miranda, el polémico ex presidente del Vasco, para irritar a la Rede Globo, dueña de los derechos televisivos, que durante 90 minutos -y pese a la búsqueda de planos imposibles- debió exhibir el logotipo de uno de sus principales rivales… que no tuvo que poner ni un real para aparecer ahí.

Publicado en simultáneo con Un Mundial Para En Una Baldosa.

Menghi Diego


Diego Sebastián Menghi

Testigo privilegiado de la hora y media más brava de Racing en la última década, Diego Menghi, cordobés oriundo de Justiniano Posse, vio durante años cómo se convertía en la opción por descarte de una defensa que hacía agua por todos los frentes. Generalmente actuando como zaguero central o lateral por derecha, en poco más de dos temporadas alternó un puñado de buenas participaciones iniciales con otras que dejaron bastante que desear.

Cuando en 2004, con edad de cuarta división, Jorge Gaspari y Alberto Fanesi lo dejaron libre de Vélez Sarsfield, jamás imaginó que un año más tarde serían los propios Fanesi y Gaspari quienes lo llevarían a Racing. Como para seguirle agregando condimentos a esa novela de sensaciones encontradas, fue Fanesi el que le dio sus primeros minutos oficiales en la máxima categoría con la camiseta de La Academia, más precisamente ante El Fortín, en febrero de 2006, a los 20 años.

En aquel torneo Clausura, en el debut de Diego Simeone como entrenador, la rompió ante Independiente. Anuló por completo al Kun Agüero en el primer tiempo, aunque una lesión lo obligó a salir de la cancha en el arranque de la segunda mitad. Lo reemplazó Julio Barroso y en un puñado de minutos, el novio de la princesita Karina convirtió los dos goles para la victoria del Rojo. Varias fechas después, ante San Lorenzo, un tanto suyo (bah, se llevó la pelota por delante tras una floja respuesta de Sebastián Saja) sirvió para cortar una racha de ocho derrotas y apenas tres empates. En uno de los peores arranques de su historia, Racing terminó 18°, apenas por encima de Instituto y Tiro Federal, que se fueron al descenso. En lo personal, Menghi redondeó 12 encuentros en un nivel aceptable.

Pero perdió continuidad con la llegada de Mostaza Merlo, a mediados de 2006, y eso sumado a una fractura del quinto metatarsiano del pie izquierdo lo desmoronó. La situación recién comenzó a revertirse en los últimos partidos del ciclo de Gustavo Costas, en el segundo semestre de 2007. En la última fecha del Apertura, ante Colón, durante el interinato de Miguel Ángel Micó (quien luego continuaría fijo en el cargo), marcó su segundo gol en Primera. Micó le devolvió la confianza y ya en 2008, Juan Manuel Llop, sin demasiadas alternativas, tuvo que mandarlo seguido a la cancha.

Otra vez ante Colón en la despedida del campeonato, volvió a ser noticia. Los de Avellaneda todavía tenían chances de escaparle a la Promoción, pero necesitaban sí o sí ganar y Menghi se fue expulsado en el transcurso de la segunda etapa, dejando un hueco en la defensa que compartía con Marcos Cáceres, Franco Sosa y José Shaffer. Ya sobre la hora, Pirulo Rivarola le dio el triunfo a los santafesinos y condenó a La Academia a disputar 180 minutos para mantener la categoría frente a Belgrano.

El 1 a 1 en la ida dejó los nervios a flor de piel y ni siquiera el gol tempranero de Maxi Moralez en la vuelta puso algo de calma. La jugada increíble que desperdició Claudio Bustos a 20 del final le sumó aún más dramatismo a un partido que fue tenso hasta el último segundo. Ya en tiempo cumplido, y solo para aguantar el resultado, Llop sacó a Moralez y lo puso al cordobés. Esa fue su última vez con la camiseta de Racing.

A mediados de año no le pudo hacer frente a la profunda limpieza del Chocho y pasó a préstamo a Atlético de Rafaela (2008/2009), donde tampoco tuvo muchas chances (para colmo, a fin de año, se fracturó el antebrazo derecho en un encuentro a beneficio), aunque lo pusieron desde el arranque en ambos duelos de la Promoción ante Gimnasia y Esgrima La Plata. En la ida, La Crema ganó 3 a 0 y Menghi tuvo una digna labor. En la vuelta, el resultado fue el mismo, pero a favor del bolsillo de Capogrosso tripero. El empate favoreció al Lobo y al defensor lo desbordaron durante toda la tarde.

El pibe regresó a Avellaneda, aunque ni Ricardo Caruso Lombardi ni Claudio Vivas lo tuvieron en cuenta. Después de rescindir su contrato, pasó un semestre pobre en el San Luis Quillota de Chile (2010) y volvió a nuestro país para vestir los colores de Independiente Rivadavia (2010/11) en la B Nacional. En el conjunto mendocino mostró su mejor versión. Fue una pieza clave de la defensa y un gol suyo en la Promoción (si, por tercera temporada seguida) ante Defensores de Belgrano en el choque de vuelta ayudó a que La Lepra se quedara en segunda.

Su buen desempeño durante aquel año convenció a los dirigentes del Correcaminos de la UAT mexicano (2011/12) y Menghi partió al país de Speedy González y el Chavo del Ocho, donde otra vez se topó con la falta de oportunidades jugó bastante y se consagró campeón del Apertura 2011, aunque su equipo luego cayó ante el León en la final de ascenso.

A mediados de 2012, pasó al Atlético Venezuela, donde permanece hasta hoy, gracias a su buen rendimiento. Sí, aunque parezca increíble.

Mal Pase: Adhemar a la NFL

Como futbolista, el brasileño Adhemar se destacó en el humilde São Caetano, con el que logró el subcampeonato de la Copa João Havelange en 2000, consagrándose como uno de los goleadores de aquel campeonato.

Cuando colgó los botines, en 2006, recibió una extraña propuesta de un empresario allegado a los Tampa Bay Buccaneers, aquel equipo que pocos años atrás fuera campeón de la NFL con el argentino Martín Gramática en cancha.

Aparentemente, otros conjuntos de fútbol americano ya le habían echado el ojo a Adhemar y los Buccaneers mandaron a un emisario a Brasil para convencer al ex delantero de convertirse en el pateador oficial de la temporada 2007.

Tan a fondo llegó el interés que incluso el brasileño realizó unas pruebas que lo pusieron con un pie y medio en la NFL. Y no era para menos. En las prácticas, acertó ¡nueve! de los diez remates que realizó desde 50 yardas, es decir, desde la mitad de la cancha. Una bestialidad solo comparable con las figuras de ese deporte.

Cuando parecía que estaba todo encaminado, el acuerdo se enfrió. Es que Adhemar debía pasar sí o sí tres meses en una escuela de pateadores en los Estados Unidos, alejado de su familia por no tener la visa de trabajo correspondiente. Por ese motivo, finalmente, el brasileño declinó la oferta y se quedó en su país.

Publicado en simultáneo con Un Mundial Para En Una Baldosa.

Mal Pase: Renato Gaúcho y Leandro a México ’86


Apenas una derrota (en el partido más importante, ante Italia, que luego sería el campeón) había dejado a Brasil afuera de la Copa del Mundo de 1982. Cuatro años después, la verdeamarelha llegaba a México 1986 con la obligación de, una vez más, ser protagonista. Y la presencia de Careca, Zico, Sócrates, Falcão, Junior, Mauro Galvão, entre tantos otros, permitía soñar en grande.

En las vísperas del viaje a territorio azteca, un hecho curioso marcó a fuego el destino de aquel grupo. Renato Gaúcho, delantero del Grêmio de 23 años que estaba en el auge de su carrera, fue separado del plantel, aunque no por razones futbolísticas.

Aprovechando el rato libre que les había dado Telê Santana, el mítico DT de aquella selección, Renato Gaúcho y su compañero Leandro (defensor e ídolo del Flamengo) salieron a dar una vuelta por la noche de Belo Horizonte con la promesa de retornar a la concentración a las 22, horario pactado de antemano con Telê. A decir verdad, fueron muy pocos los que cumplieron. A muchos no les quedó otra opción que saltar el muro del Toca da Raposa, el predio del Cruzeiro donde Brasil se preparaba para el Mundial, y hacerse los boludos.

Pero Renato y Leandro (las malas lenguas decían que eran más que amigos) aparecieron bien entrada la madrugada, ante la atenta mirada de varios de sus compañeros, que se habían quedado despiertos esperándolos. Al día siguiente, Santana estalló y dejó a Renato Gaúcho, quien ya por aquel entonces tenía bien ganada su reputación de fiestero, afuera de la lista.

¿Qué pasó con Leandro? Siguió en el plantel, pero el día que debía viajar a México, en solidaridad con su compañero, con mucha culpa y alegando que estaba lejos de su mejor forma física, pidió que lo bajaran del avión. En su lugar entró Josimar, jugador del Botafogo, que convirtió un memorable golazo ante Irlanda y otro ante Polonia, pero no le llegaba ni a los talones al experimentado defensor. Nadie reemplazó a Renato Gaúcho. Muchos años después, el eterno doctor Sócrates, emblema de esa selección, seguía culpándose por no haberle pedido a Santana que lo excluyera a él también.

En ese Mundial, Brasil fue eliminado en cuartos de final luego de caer por penales ante Francia, tras igualar 1 a 1 en tiempo reglamentario.

Con el paso del tiempo, Renato Gaúcho, el papá de la bella Carol, que se pudo sacar la espina en Italia 1990 (aunque era suplente de Careca y Müller, jugó un rató ante Argentina por los octavos de final), se convirtió en uno de los entrenadores más polémicos de Brasil y actualmente dirige al Fluminense de Darío Conca. Leandro, por su parte, se retiró joven, en 1990, y es dueño de una posada en Cabo Frío, su tierra natal.

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Em Uma Lajota: el Vitória gerenciado por el grupo argentino Exxel

El Grupo Exxel, liderado por el empresario uruguayo Juan Navarro, fue uno de los fondos de inversión que más (y mejores) negocios hizo durante la década men*mista. Abarcando un amplio abanico de rubros, el fútbol, obviamente, no le fue ajeno. Luego de arreglar el gerenciamiento de Quilmes, y con un cambio monetario más que favorable, en 2000 se fueron a Brasil y comenzaron a tantear el terreno.

En pleno auge de los gerenciamientos (con la quebrada ISL a la cabeza), estuvieron cerca del Fluminense, que por aquel entonces era un grande caído en desgracia, y terminaron comprando el 51% de las acciones del Vitória de Bahía, una de las revelaciones del Brasileirão de 1999 al haber conquistado el tercer puesto, detrás de Corinthians y Atlético Mineiro.

El flirteo arrancó en el verano y se oficializó recién en junio, tras el pago de seis millones de dólares. Dos años antes, en 1998, el hasta entonces Esporte Clube Vitória se había convertido en una empresa: Vitória S/A.

El acuerdo preveía el préstamo de 12 millones de dólares para invertir en las divisiones inferiores. El club, por su parte, le cedió al Exxel el control de todos sus activos: es decir, los jugadores, la marca, los derechos de televisión y su estadio, el Barradão.

Gustavo León, director de deportes del Exxel, comentaba: “Vitória nos interesó por su capacidad de producción de futbolistas”. Es que el equipo bahiano era uno de los que más jugadores aportaba a las juveniles de la verdeamarelha. “Es como Argentinos Juniors o Newell’s en Argentina”, agregaba.

Pero la relación entre el club/empresa y el Grupo Exxel comenzó a ponerse tensa muy rápido, agravada por la crisis argentina de fines de 2001, que acabó con la convertibilidad. Algunos meses atrás, los inversores ya habían emprendido la retirada de Quilmes y desde fines de 2002 buscaban la forma de irse de Brasil para poner el foco en otros negocios.

En 2004, Paulo Carneiro, el mismo que cuatro años antes había puesto el gancho para la venta del club, decidió recomprar las acciones al Grupo Exxel. “Renegocié las acciones que vendí en 6 millones de dólares por apenas 500 mil dólares”, decía en aquella época. Pero el valor informado a la prensa tras el cierre del acuerdo fue muy distinto: 7,5 millones de dólares a pagar en cuotas en 60 meses.

Para colmo, al desmoronamiento institucional y los rojos en rojo, se le sumó el derrumbe deportivo. Necesitado de dinero para afrontar las deudas, Vitória vendió a sus principales figuras (entre las que claramente no estaba Elvis Sá) por pocas monedas. Pero el equipo no resistió. A fines de ese mismo año, descendió a la Serie B del fútbol brasileño y enseguida cayó a la C. Tobogã. Tras batallar en el ascenso, en 2006 subió a la B y en 2007 consiguió el ascenso a Primera.

El fantasma del fondo de inversión, ya sin ninguna injerencia en las decisiones de la institución, siguió sobrevolando el Barradão hasta comienzos de 2010, cuando se pagó la última cuota de la recompra de acciones. Algunos meses atrás, Vitória S/A había dejado de existir formalmente.

¿Qué es del club en la actualidad? Tras dos temporadas en la B (2011 y 2012), en 2013 fue uno de los animadores del Brasileirão y estuvo muy cerca de clasificar a la Copa Libertadores. Al menos, se aseguró su participación en la próxima Copa Sudamericana. Allí jugaron, en buen nivel, los argentinos Maximiliano Biancucchi (más conocido como el primo de Messi) y el ex Boca Damián Escudero.

Manfredi Rubén


Rubén Eduardo Manfredi

Dos partidos marcaron a fuego el paso de Rubén Eduardo Manfredi, un producto genuino del Xemillero, por la Primera de Boca Juniors.

Uno, el primero, por la última fecha del Metropolitano de 1983, ante Instituto en Córdoba. Esa tarde, el Xeneize, repleto de juveniles por la huelga de los profesionales, perdió ¡5 a 1! ante La Gloria y Manfredi, que tenía 20 años y actuó como marcador central, evidentemente, no paró a nadie.

Clavado en el pasto al lado de Claudio Lahorca, Nelson Iturrieta y Alberto Benítez, se cansó de mirarles el número de la camiseta a los cordobeses. Ojo, el resto del equipo tampoco ayudó demasiado y excepto Fabián Carrizo, ninguno permaneció en La Boca por mucho tiempo más.

El otro, el último, fue poco más de seis meses después en La Bombonera, el famoso día del fibronazo ante Atlanta (triunfo del Bohemio por 2 a 1), con Javier Franco, Marco Dos Santos y Jorge Latorre como compañeros de zaga. Aquel día, Manfredi arrancó el partido con el número 6 dibujado en la espalda y terminó con un manchón ilegible.

Lo que siguió, ya bien lejos de La Boca, fue un breve paso por Estudiantes de Río Cuarto y luego el ostracismo.

Gunino Adrián


Adrián Javier Gunino Duque

Su llegada pasó casi tan desapercibida como su salida. A decir verdad, toda su estadía en nuestro país fue un fiasco. Llegó para levantar la imagen pobre que había dejado su compatriota Álvaro González, pero estuvo muy lejos de alcanzar siquiera un rendimiento espantoso. Lisa y llanamente, el paso de Adrián Gunino por la Primera de Boca Juniors (2009/10) fue tétrico.

Apareció a mediados de 2009, con el antecedente de un puñado de encuentros con la camiseta de Danubio y cierto rodaje con la selección Sub 20 de su país. Con pocas opciones en el sector derecho de la defensa, y con un Negro Ibarra que estaba más afuera que adentro –y que finalmente se terminó quedando-, Alfio Basile presionó para la llegada de un 4.

Apenas se bajó del buque, al Colorado le pusieron un micrófono y se despachó a gusto: “Soy un lateral-volante con proyección al ataque, con mucha llegada, me gusta ir al fondo y tirar centros. También soy agresivo y tengo marca. Me gusta el huevo, huevo, huevo de Boca. Y estoy contentazo. Llegar a un club así me fascina. Soy un botija de 20 años al que le falta mucha experiencia, pero estoy seguro de que puedo jugar en la primera de Boca”. En algo tenía razón: estaba muy verde. En el resto, bueno… ya decía Tu Sam… puede fallar.

El uruguayo tuvo su estreno extraoficial con la casaca xeneize nada menos que ante el Milan, por la Copa Audi. Esa tarde en Alemania, con la misión de frenar a Ronaldinho Gaúcho, Alexandre Pato, Genaro Gattuso y compañía, le tocó compartir la zaga con Gastón Sauro, Gabriel Paletta y Juan Ángel Krupoviesa. Así y todo, Boca aguantó el empate como pudo y lo ganó por penales. Un par de días después, ante el Lask Linz austríaco, con Julio César Cáceres, Juan Forlin y Claudio Morel Rodríguez como compañeros en la última línea, jugó 45 minutos.

Un viaje con las juveniles de su país le hizo perder las primeras fechas del torneo Apertura, pero a la vuelta lo esperaba el debut por los puntos. Aunque bastante de sorpresa. A los 20 minutos del choque ante Newell’s Old Boys, en La Bombonera, Hugo Ibarra se lesionó y tuvo que ser reemplazado por el yorugua.

Quizás lo traicionaron los nervios, pero durante esos 70 minutos cometió errores propios de un jugador amateur. Perdió una buena cantidad de pelotas fáciles y casi nunca pasó la mitad de la cancha. Ese, según su CV, era uno de sus fuertes. Lo cierto es que su debut fue también su despedida oficial.

Tras el Mundial Sub 20 con Uruguay (eliminados en octavos a manos de Brasil), regresó a Boca, pero ya no era tenido en cuenta por Alfio Basile, que lo mandó al freezer del que solo salió en el verano de 2010 para un amistoso ante San Lorenzo que terminó 3 a 3 y en el que convirtió un gol… en contra. Ah, sí, lo sacaron en el entretiempo.

Producto de la inmensa generosidad del fútbol, luego de seis meses de inactividad pasó al Toulouse (2010/2011) francés, donde tampoco dejó grandes recuerdos. Un semestre en Peñarol (2011) y otro en Fénix (2012) en su tierra natal fueron la escala previa a su vuelta a Europa, donde defendió con cierta regularidad, y en un nivel un poco más digno, la camiseta del Almería español (2012/13).

Actualmente está libre y parece que no la pasa taaaaan mal.