Em Uma Lajota: Adrián González


Hernán Adrián González

Adrián González, la puta te parió. Esa melodía, casi como un mantra, sonó una y mil veces en las tribunas del fútbol argentino. Es cierto, al menos en el ámbito nacional, Adrián González construyó una carrera digna. Muchos años en la Primera de San Lorenzo y se fue de la A nada menos que saliendo campeón con ¡Arsenal de Sarandí!

Entonces, más de un desprevenido se preguntará ¿qué hace acá? Sobre el final de su trayectoria, al lateral por derecha lo tentó una jugosa oferta del São Paulo brasileño, uno de los más grandes de ese país, acostumbrado a pelear arriba en todo lo que disputa. Además de hacerse de una buena diferencia económica, un hecho no menor, no había muchos jugadores en su puesto. Todo pintaba bien.

Su currículum casi no hace falta contarlo: arrancó en El Porvenir, donde debutó en 1995, y luego se sumó a San Lorenzo de Almagro en el invierno de 1998. En su primer paso por el Ciclón no jugó demasiado y tuvo que marcharse a Unión de Santa Fe para tener algo más de continuidad. Un añito en buen nivel en Banfield (2003/04) le bastó para regresar al conjunto de Boedo, donde se mantuvo hasta 2009, cuando emigró a Brasil.

«São Paulo cumple otro momento feliz con la presentación de este joven jugador, con historia en su ex equipo como capitán, y viene a suplir la carencia en el lateral derecho. Por sus características hasta nos hace recordar a un jugador que se destacó aquí, que es Cicinho», tiró el vicepresidente del equipo paulista cuando le tocó presentarlo. González, que a esa altura no era muy pendejo que digamos, llegaba con cierta chapa para ser titular y un contrato por dos años.

Por las dudas, y cual estrella de rock, el defensor trató de meterse al público en el bolsillo de entrada: «el fútbol brasileño es el mejor del mundo, cinco veces campeón mundial, entonces se hace difícil llegar a Brasil. Pero creo que la actitud del futbolista argentino hace que consiga andar bien aquí».

El chamuyo barato se hizo trizas cuando le tocó entrar al campo de juego del Morumbí. En un año plagado de competiciones, González apenas disputó 9 partidos con la camiseta tricolor y no convenció a nadie. A comienzos de 2010, para colmo, lo dejaron afuera de la lista de la Copa Libertadores y le trajeron de vuelta a Cicinho (que mostró un nivel bajísimo y lo devolvieron a la Roma). Es más, Ricardo Gomes, el DT de aquel entonces, prefería improvisar con otros jugadores en su posición con tal de no ponerlo. Todo mal.

En julio de 2010 le rescindieron el contrato. En el medio dejó un par de perlitas, como la vez que se desmayó después de una conferencia de prensa. Ojo, mal no le fue, fichó con Arsenal de Sarandí, donde dos años más tarde se despediría de la máxima categoría con un título bajo el brazo.

Actualmente quema sus últimos cartuchos con la camiseta de Platense en la Primera B Metropolitana, al mismo tiempo que escucha ese mantra, que no será la marcha peronista, pero que es un grito que sale del corazón y explota en las gargantas de los hinchas rivales (y sí, algunos propios también): Aaaadriaaán Gon-zá-lez, la puta que te parió.

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Farías Eduardo


Eduardo Daniel Farías

Paracaidista habitué del fútbol rosarino de los sábados, nacido en marzo de 1982, que aterrizó de casualidad en la primera de Central a mediados de 2007. Curiosamente, algunos años atrás, cuando jugaba en las divisiones inferiores, el mismo equipo lo había dejado libre. Nunca se supo bien por qué, pero el pibe, que acreditaba dudosos pasos por Argentino de Rosario (2004 a 2006), Sportivo Las Parejas (2006/07) y Monagas de Venezuela, reapareció de la noche a la mañana en el Gigante de Arroyito y se ganó un puesto como lateral por derecha en la defensa titular del Canalla, dirigido por Carlos Ischia.

En total fueron 6 partidos consecutivos, todos desde el arranque, durante el Apertura 2007. Desde su debut, el 11 de septiembre, ante Gimnasia de Jujuy en Arroyito, se convirtió en una especie de talismán del Pelado. «Farías no jugó antes porque tenía cinco fechas de suspensión y después tuvo un problema muscular. Ya cuando lo vi en videos me gustó por lo que puede darle al equipo, porque no sólo marca sino también tiene proyección y muy buena pegada», comentó Ischia cuando le preguntaron por qué no lo había puesto antes.

En ese torneo, Central todavía no conocía el triunfo y se desvirgó (?) recién en la ¡novena fecha! nada menos que en el clásico ante Newell’s, con gol del colombiano Martín «Rodilla» Arzuaga. Esa tarde, Farías también fue titular y lo volvería a ser durante los próximos cuatro encuentros: San Lorenzo (derrota 1-3), River (empate 3-3), Estudiantes (empate 2-2) y Racing (empate 2-2).

Hay que reconocerlo, durante esa media docena de partidos no se le vio mucha proyección, ni pegada y mostró varias falencias en la marca. Es más, la crónica de su último match, contra la Academia, habla de «un grosero error de Eduardo Farías«, que derivó en un gol de Facundo Sava. Cuando finalmente Carlos Ischia se dio cuenta de que Farías no era tan talismán como parecía, lo borró y dispuso el ingreso de Juan Manuel Azconzábal. El bueno de Edu jamás volvió a vestir la camiseta del Canalla e Ischia aguantó un partido más antes de despedirse. Rosario Central sumó su segunda victoria del campeonato en la penúltima fecha (3-2 ante San Martín de San Juan) y, claro está, terminó último cómodo.

Después de un semestre en el que no registró apariciones, y finalizada su pasantía en la categoría grande, regresó al fútbol de los sábados de donde nunca tendría que haber salido para defender sin demasiado éxito los colores de Almagro en la B Nacional (2008/09) y 9 de Julio de Morteros (2010) en el Argentino B. El año pasado se lo vio haciendo de las suyas como volante por derecha en Belgrano, de la Liga Casildense, e intuímos que se trata del mismo Eduardo Farías que actualmente alterna malas con peores y alguna que otra buena en Central Argentino Olímpico, de la pintoresca Liga Ceresina, en el under provincial.

Em Uma Lajota: Adriano Gabiru


Adriano Gabiru

«Todo pueblo tiene su Claudio Benetti, su Matías Arce, héroes efímeros con quince minutos de fama que con el paso del tiempo se hundieron en el mar de las intrascendecia». No, no lo dijo el general Perón cuando bajó del avión en Ezeiza Morón en 1973 después de los tiros. Adriano Gabiru, alguna vez bastardeado y puteado por la hinchada de su propio equipo, fue el tipo más querido de Río Grande do Sul (o al menos de la mitad) por una noche.

Surgido de las inferiores del CSA de Alagoas -aquel que alguna vez definió (y perdió) la importantísima Copa Conmebol ante Talleres de Córdoba-, este enganche se hizo conocido con los colores de Atlético Paranaense, donde jugó de manera intermitente entre 1998 y 2005 y ganó cuatro campeonatos estaduales y el Brasileirão de 2001. En el medio, tuvo pasos por el Olympique de Marsella francés (firmó un contrato por cuatro años, pero apenas estuvo seis meses en 2000) y el Cruzeiro (2004/05).

Su buen desempeño en el rojinegro le valió la convocatoria a la selección Sub 23 de Brasil que disputó el Preolímpico de Londrina a comienzos de 2000. También tuvo un breve paso por la mayor que fue un fiasco en la Copa de las Confederaciones en 2003. En ese torneo, en el que Carlos Alberto Parreira improvisó un mix entre titulares e inventos como Maurinho, Fábio Luciano, Gil e Illan, jugó un rato ante Camerún y, claro está, jamás volvería a vestir la camiseta de la Canarinha.

En 2006, Internacional de Porto Alegre tenía una agenda plagada de competiciones y necesitaba un plantel amplio para enfrentar tantos torneos: el estadual gaúcho y la Libertadores en el primer semestre y las 38 fechas del Brasileirão en la segunda parte del año. Adriano Gabiru se sumó al Colorado con la esperanza de sumar minutos en campo y con cierta chapa de jugador rendidor.

Pero las cosas no salieron bien de arranque y más de una vez la torcida le solicitó al técnico de aquel entonces, Abel Braga -que lo había pedido y lo había llevado al fútbol francés porque lo conocía del Paranaense-, que no lo pusiera ni en el banco. Se sabe que en Porto Alegre se vive el fútbol casi como en Argentina, pero pocos creían que podían copiar el pedido de los hinchas de Huracán con Fernando Ávalos.

Ese año, Inter se quedó con la Libertadores por primera vez en su historia y debió enfrentar nada más y nada menos que al Barcelona en la final del Mundial de Clubes. Por esas vueltas que tiene el fútbol, Gabiru, puteado hasta el hartazgo durante toda la temporada, reemplazó a Fernardão, ídolo eterno del Colorado y actual entrenador del equipo, a los 31 minutos del segundo tiempo del partido definitorio.

Apenas cinco minutos después, y mientras millones de brasileños seguramente puteaban por lo bajo, Gabiru recibió un pase de Pedro Iarley y marcó el único gol del encuentro. Inter fue campeón del mundo y Adriano, en un abrir y cerrar de ojos, pasó a la inmortalidad. Se consagró ídolo de la gente y metió un LTA más grande que el propio territorio brasileño.

Después de un primer semestre de 2007 flojo en la deportivo (aunque ya nadie se animaba a putearlo) y tras la salida de Abel Braga, pasó a préstamo a Figueirense, pero no estuvo mucho tiempo. Meses después se sumó a Sport Recife, aunque corrió la misma (mala) suerte.

Volvió a Internacional en 2008 pero pasó dos meses entrenando separado del grupo principal por decisión de Abel Braga (que había vuelto al equipo del que lo habían echado cuatro meses atrás) y ahí se dio cuenta de que tendría que salir a buscar oportunidades en otro lado, lejos de Porto Alegre. Apareció en Goiás, donde jugó durante buena parte de 2008.

Desde entonces se convirtió en una hormiga viajera, deambulando por clubes de escasa reputación del interior de Brasil: pasó por Guaraní (2009, donde consiguió el ascenso), Mixto de Mato Grosso (2010), Corinthians Paranaense (2011), CSA (2012) y desde junio hasta octubre de este año en Guarany de Bagé, de la tercera división de Río Grande do Sul, donde quedó libre tras disputar 9 partidos en los que no convirtió ningún gol.

Mientras las lesiones se lo permitan, tiene pensado seguir baldoseando en 2013.

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Em Uma Lajota: Creedence Clearwater Couto


Creedence Clearwater Couto

Uno de los momentos más complicados en la vida de los futbolistas brasileños es la elección del apodo por el que serán conocidos (o no) el resto de su carrera deportiva.

La costumbre en el país vecino es que los hijos lleven el apellido tanto del padre como de la madre. Sumado eso a los nombres de pila -muchas veces estrafalarios-, sería imposible incluir todo en un pedazo de tela.

Desconocemos en verdad cuántas veces Creedence Clearwater Couto (sí, así reza su documento) tuvo que explicar que ese era su nombre real y no un invento del marketing o algún representante chanta. Sus padres, fanáticos de John Fogerty, ni lo dudaron y bautizaron a su tercer bastardo hijo, nacido en 1979, con el nombre de la banda estadounidense. Sí. Creedence. Sí. Clearwater.

Creedence Clearwater Revival debutó en 2000 en el modesto Iraty de Paraná. Ese año, su representante de aquella época, el polémico Juan Figer (investigado en la actualidad por el tema de las triangulaciones en los pases de los futbolistas, práctica que realiza desde tiempos ancestrales) lo llevó a prueba al Arsenal de Inglaterra. Cuenta la leyenda que cuando el histórico DT Arsene Wenger le preguntó sus cualidades, el pibe dijo: «Soy un buen cabeceador, le pegó con las dos piernas», a lo que Wenger contestó: «Si eso es verdad, sos un crack». Si bien nunca llegó a jugar en los Gunners, Creedence participó de algunos entrenamientos al lado de Thierry Henry y el nigeriano Kanu. Desconocemos también cuántas veces algún pelotudo compañero le preguntó si alguna vez había visto la lluvia.

De nuevo en Brasil, regresó al Iraty, donde se consagró campeón estadual. Al año siguiente pasó al Guaraní paulista (2003) y se hizo más conocido a nivel nacional. En ese entonces, cuando uno veía los resúmenes del fútbol brasileño en los canales de cable era común toparse con dos nombres asombrosos y que marcaban goles bastante seguido: el propio Creedence y otro delantero llamado Allan Dellon. En 2004 firmó con Fortaleza, pero ¡a los diez días! recibió una oferta del Brasiliense. Se ve que le chupaba un huevo eso de la fidelidad al equipo que acababa de contratarlo y partió hacia el Distrito Federal. En el club de la capital fue campeón estadual y logró el ascenso a Primera División.

Durante el primer semestre de 2005 vistió los colores de Figueirense. Ahí se destacó cuando convirtió un gol desde la mitad de la cancha en tiempo de descuento ante el poderoso (?) Remo que le dio la clasificación a su equipo a la próxima instancia de la Copa do Brasil. Tras el final del campeonato catarinense, tuvo la posibilidad de jugar en Flamengo, pero Figer pidió mucho dinero y la transferencia, lógicamente, se cayó.

Creedence rompió relaciones con su representante, lo llevó a juicio y se quedó con su pase. Arregló contrato en América de Río de Janeiro, pero no estuvo mucho tiempo. El empresario Eduardo Uram compró su ficha y lo vinculó a Tombense (2005), club de su propiedad, pero poco después pasó a préstamo al Lierse de Bélgica (2005), donde tampoco jugó demasiado.

Más tarde empezó un derrotero interminable por su país: deambuló por Marília (2005), Volta Redonda (2006), Santa Cruz (2007), Madureira (2007) y Comercial (2008). Así, sumó tantas millas que se convirtió en el enemigo público número uno de las aerolíneas.

En 2009 se incorporó a Sertãozinho de Sao Paulo, pero se rompió el ligamento cruzado de la rodilla izquierda y estuvo alejado de las canchas durante un año y medio. Reapareció en 2011 en el Yenicami de Chipre. Después de tres meses, le quisieron bajar el sueldo y volvió a Brasil para sumarse al Taubaté (2011). Desde entonces pasó también por Sampaio Correa (2011) y desde este año juega -siempre y cuando sus articulaciones lo permiten- en Santa Cruz de Río Grande do Sul.

Se espera que cambie de equipo mientras publicamos este post.

Lapietra Juan Ignacio


Juan Ignacio Lapietra

Para el futbolero medio, ese que cada tanto se engancha con un partido en la televisión y va a la cancha no muy seguido, «La Pietra» es la actriz Andrea Pietra, novia del empresario Daniel Grinbank, ligado en algún momento al Rojo de Avellaneda y alma mater de ese proyecto trunco que fue el Leganés español en la temporada 2003/04. Para el enfermo del fútbol, Lapietra es Juan Ignacio, un tímido defensor nacido en enero de 1987 y surgido de las divisiones de (oh, casualidad) Independiente.

Si bien nunca llegó a debutar en la Primera del Rojo, sumó algunos minutos en el verano de 2007. Ante San Lorenzo, por caso, fue de la partida y compartió la primera línea con Leandro Gioda, Carlos Báez y Matías di Gregorio. Y no anduvo mal: intentó proyectarse algunas veces y controló a los delanteros rivales. No había mucho más que pedirle en un partido tan choto que terminó en un olvidable 0 a 0 y que fue un verdadero dolor de ojos.

Sin espacio en el conjunto de Avellaneda, no le quedó otra opción que salir a buscar oportunidades por otros pagos. Aterrizó en Jujuy, para vestir la camiseta de Gimnasia y Esgrima durante seis meses. El debut entre los grandes le llegó en el Apertura 2008, en el norte, ante Banfield. Esa tarde, el Lobo se impuso 2 a 0 y Lapietra, que en ese torneo fue al banco en otras cinco ocasiones pero no ingresó, jugó sus únicos 22 minutos en la máxima categoría cuando le tocó reemplazar al chileno Sebastián Roco.

De nuevo en Independiente y sin chances, se mudó a Deportivo Merlo (2009) en la B Nacional, donde conoció a Mauro Pajón y el majestuoso Sinencio León. ¿De fútbol? Poco y nada. Siguió bajando escalones y llegó a la B Metropolitana. A comienzos de 2010 se lo vio paseando su sombra por el estadio Juan Pasquale, enfundado en los colores de Defensores de Belgrano. Tuvo muy poca actividad y seis meses después se marchó sin dejar mayores recuerdos en la parcialidad rojinegra.

A mediados de año se sumó a Deportivo Roca (2010/11), para encontrarse al ex Camino a la gloria Alexis Luna. Desde 2011 forma parte del plantel de Sportivo Rivadavia de Venado Tuerto, equipo en el que juega el interminable Federico Lussenhoff.

Desde acá, nuestro deseo es que vuelva a Primera para que el pasante de algún diario deportivo pueda sacarse el gusto de titular “Lapietra fundamental” o que meta algún papel protagónico. La vemos difícil.

Carrizo Juan Carlos

Juan Carlos Carrizo

Llegó a la Capital Federal proveniente de su Tucumán natal para jugar en las divisiones inferiores de Argentinos Juniors. En el Bicho se destacó y de ahí pasó a San Lorenzo, donde se convirtió rápidamente en una de las promesas más interesantes de la cantera azulgrana.

Con la categoría 1987 del Cuervo, el mediocampista con llegada al ataque la rompió en un torneo disputado en 2005 en Uruguay. Ahí lo vieron emisarios del PSV Eindhoven holandés, que, ni lerdos ni perezosos, le ofrecieron una prueba. El pibe armó su bolsito, llegó a la tierra de las putas y la falopa legal y cumplió, porque el PSV desembolsó algo más de dos millones de dólares para quedarse con su pase como una apuesta a futuro.

Después de jugar algún tiempo en la Reserva del equipo holandés, y sin espacio en el plantel principal, Carrizo se sumó a préstamo al Elche español (2006/07), pero tampoco fue tenido en cuenta.

Barranca abajo, en 2007, ya con 20 años, regresó a la Argentina para incorporarse a Olimpo de Bahía Blanca (2007/08), que por aquel entonces era dirigido por Guillermo Rivarola. Debutó en la tercera fecha, en la victoria por 1 a 0 ante Arsenal de Sarandí, y compartió la mitad de la cancha con Diego Barrado, Rogelio Martínez y Matute Morales y, a decir verdad, anduvo bien.

Volvió a actuar ante Lanús y Rosario Central, pero no rindió, el técnico lo borró y los malos resultados del equipo terminaron por comerse a Rivarola, que dejó el club. La amnistía llegó de la mano de Gustavo Echaniz, técnico interino que lo puso un rato ante Huracán, pero su nivel fue muy pobre otra vez. Ya con Roberto Saporiti como entrenador jugó ante Colón y Estudiantes y no desentonó, lo que le dio un poco más de aire. En el Clausura 2008, ante Racing y Vélez sumó sus últimas presentaciones olvidables con el equipo de Bahía Blanca. Le rescindieron el contrato y volvió a Holanda para también desvincularse definitivamente del PSV Eindhoven.

A mediados de 2008 regresó a su vieja casa, Argentinos Juniors. Según medios partidarios, el Bicho se quedó con el 50% de su pase y el pibe firmó un contrato por tres años. Jugó poco en Reserva y a mediados de 2009 apareció en el Huracán de Ángel Cappa. En el Globo debutó como titular en la segunda fecha, ante Newell’s, en la derrota por 1 a 0. Reapareció en la séptima jornada, en el triunfo por 3 a 1 ante Racing, cuando reemplazó a Gonzalo García. Ya con Héctor Rivoira, como DT, se despidió en la fecha 17 ante Banfield (derrota 1-0) cuando ingresó en lugar de Luciano Nieto. A fin de año, claro, lo dejaron libre por bajo rendimiento.

Después de varios meses de incertidumbre, en 2011 regresó a Tucumán para jugar en San Jorge de Las Breñas, que actualmente disputa el Torneo Argentino A. Hoy ya nadie espera que explote.

Trípodi Mariano

Mariano Sebastián Trípodi (El León)

Rubio, fachero, putito, delantero y goleador. La carta de presentación de Mariano Trípodi, nacido en julio de 1987, compró a todos de antemano. Desde pendejo, cargó con el karma de que lo catalogaran como el próximo Batistuta. Su parecido con el ex delantero de la selección y su desempeño en las divisiones inferiores de Boca Juniors hacían presagiar que se trataría de la próxima estrella del fútbol argentino. Pero como dijo Tu Sam: puede fallar. Y esta vez, como tantas otras, falló.

Desde el vamos, le tocó debutar en la Primera del Xeneize en un momento complicado, luego de la eliminación bochornosa de la Copa Libertadores ante las Chivas de Guadalajara la noche que los periodistas photoshopearon el supuesto garzo del Chino Benítez al Bofo Bautista. Para colmo, en la lucha por un lugar en la delantera tenía adelante nada más y nada menos que a Martín Palermo, Rodrigo Palacio y Guillermo Barros Schelotto.

Mientras sus competidores en el puesto gozaban de sus vacaciones adelantadas, Trípodi jugó su único partido con la camiseta de Boca en la despedida del Clausura 2005, esa tarde en la que Almagro, ya descendido, sorprendió al equipo de la Ribera, dirigido interinamente por Abel Alves, y le ganaba por 3 a 2 cuando pintó la tángana en las tribunas y el partido se suspendió.

Sin lugar en el equipo de Alfio Basile, reacio a darle minutos a los juveniles, a mediados de 2006 pasó a préstamo por un año al Köln alemán, que al tiempito lo mandó a su equipo filial, el Köln II, donde tuvo algo más de rodaje con la camiseta número 12. En 2007 regresó a Argentina para sumarse a San Martín de San Juan, que estaba de paseo en la Primera División. Disputó 4 encuentros, no convirtió goles y así como llegó volvió a emigrar.

En febrero de 2008, luego de que una empresa comprara su pase, firmó sorpresivamente un contrato de 3 años con el Santos brasileño. En el Peixe, el León no estuvo a la altura de las circunstancias y con la salida del polémico técnico Emerson Leão perdió mucho terreno. Eso sí, siempre será recordado por el gol agónico al Cúcuta colombiano que le dio la clasificación al equipo brasileño a los octavos de final de la Copa Libertadores.

Sin espacio en el conjunto paulista, y después de que se hablara de una transferencia al Betis español, en agostó pasó a préstamo al modesto Vitória, donde casi ni jugó. En 2009 volvió al Santos, pero Vagner Mancini no lo tenía en cuenta y lo mandó a entrenar con los juveniles. En marzo, Emerson Leão lo pidió otra vez para Atlético Mineiro. Pero de nuevo la misma historia, en mayo, con la llegada de Celso Roth a la dirección técnica del equipo de Minas Gerais, Trípodi tuvo que irse por la puerta de atrás.

Con el pase en su poder, luego de que Santos le rescindiera el contrato y tras una prueba en el Leeds United de Inglaterra, volvió a Brasil para fichar con el desconocido Clube Atlético Metropolitano de Blumenau (2010), de Santa Catarina. Ahí anduvo bien y fue uno de los puntos altos del equipo que llegó a las semifinales del primer turno del campeonato catarinense.

A mediados de 2010 se sumó por un año a Arsenal de Sarandí, pero no jugó nunca y poco después se marchó al Tochigi japonés (2011), donde sufrió de cerca el sismo que mantuvo en vilo al mundo. Desde mediados de 2011 forma parte del plantel del Vaduz de Liechtenstein, que disputa la liga suiza, al lado de otras figuras del fútbol mundial, como Mariano Hassell.

Hordas de fanáticos esperan su vuelta al fútbol argentino para cantarle “ese león, ese león, es un gatito comilón”.

Em Uma Lajota: Kerlon, el inventor de la Foquinha

Una jugada puede marcar a un futbolista. Un gol lindo, una chance perdida debajo del arco sin arquero, una salida en falso, una rabona en el travesaño. Hay diversas formas de quedar marcado a fuego en la memoria de los hinchas. En el caso del mediocampista brasileño Kerlon, hay que reconocerlo, fue por un recurso más estético.

En septiembre de 2007, su equipo, Cruzeiro, y Atlético Mineiro protagonizaban otra edición del tradicional clásico del estado de Minas Gerais. Los azules ganaban 4 a 3 y Kerlon decidió que era el momento indicado para cancherear y hacer la jugada que lo había hecho famoso un tiempo atrás: la foquinha. La foquinha consiste en levantar la pelota y moverse al mismo tiempo que el jugador controla el balón con su cabeza. Toda una provocación. Ya lo dijo Susana Giménez: “el que cancherea tiene que morir comerse una buena patada o trompada”.


La foquinha en acción. Kerlon cobró para el campeonato.

Y eso hizo el pibe. Una, dos, tres veces. Hasta que chocó, o mejor dicho, hasta que el defensor Coelho lo fue a buscar y le puso un codazo mítico que quedó grabado en la retina de todos los que estaban en el estadio Mineirão esa tarde. Y también en los millones y millones que vieron después esas imágenes por televisión en todo el mundo. Lo que siguió fue una sucesión de hechos bochornosos, una tángana o lo que en Brasil se conoce popularmente como hit & run: meter un golpe (preferentemente desde atrás) y salir corriendo para cualquier lado cual Pablo Migliore en Ruta 2.

Para esa altura, Kerlon ya llevaba un buen rato tratando de afianzarse en la primera de Cruzeiro y sufriendo las lesiones. La primera fue en agosto de 2005, pocos meses después de ser figura en el Sudamericano Sub 17, en el que fue campeón con Brasil, goleador y lo eligieron la figura del campeonato. Aquella rotura del tobillo izquierdo lo mantuvo alejado de las canchas por siete meses. Volvió en marzo de 2006 y cuando parecía que pegaba una racha de continuidad, chau. En marzo de 2007 se rompió el ligamento cruzado de la rodilla derecha. Volvió en septiembre y en enero de 2008, ante Cerro Porteño por la Libertadores, se destrozó la rodilla izquierda. Tras 44 partidos, apenas un gol, ya no volvería a vestir la camiseta azul de Cruzeiro.

Viajó a Italia para recuperarse y a mediados de año se sumó al Chievo Verona. Jugó poco: apenas cuatro partidos. De todos modos, a mediados de 2009 lo contrató el Inter de Milan, que lo cedió al Ajax holandés. Pero de nuevo la desgracia. Se volvió a romper y no pudo ni debutar en el conjunto de Amsterdam. Un año más tarde se reintegró al Inter, pero tampoco estaba en condiciones. En 2011 regresó a Brasil para sumarse al Paraná Clube. En junio, con apenas 4 partidos en el lomo (ninguno completo) pidió la rescisión del contrato.

Para empezar de nuevo, a mediados del año pasado apareció en Nacional de Nova Serrana, que juega en la Serie D de Brasil. ¡Diez meses! tuvo que esperar para ponerse bien físicamente y debutar en la última fecha del campeonato mineiro de este año ante Vila Nova. Hoy dice que ya no cancherea para evitar que lo rompan otra vez. Ya ni hace falta que le peguen, se rompe solo.

En resumen: en 7 años de carrera, Kerlon pasó por 6 equipos y tuvo la misma cantidad de operaciones: dos en el tobillo izquierdo, una en la rodilla derecha y tres en la rodilla izquierda.

Como para que Cristian Bardaro se muera de envidia.

Publicado en simultáneo en Un Mundial Para En Una Baldosa.