Moreno René

Rene Flavio Wilson Moreno

Volante por izquierda santiagueño, con nombre de colombiano, que asomó la cabecita en la pretemporada veraniega de 2007, en los albores de la primera etapa de Ramón Díaz como técnico de San Lorenzo. Si bien el semestre anterior, bajo la dirección de Oscar Alfredo Ruggeri, ya había sumado varios minutos en Reserva, fue con la llegada del riojano que Moreno, categoría ’86 y surgido de las divisiones inferiores de River, ganó algo más de notoriedad entre los hinchas del Ciclón.

El 12 de enero, ante Independiente, salió a la cancha al lado de Sebastián Saja, Adrián González, Cristian Tula, Jonathan Botinelli, Germán Voboril, Santiago Hirsig, Walter Acevedo, Claudio Acosta, Hernán Peirone y Leonardo Ulloa. Esa noche fue el encargado proyectarse por el carril izquierdo, pegado al banco de suplentes. Se ve que lo hartaron los comentarios del padre de Emiliano y Michael, porque en el entretiempo acusó una lesión (contractura en el muslo posterior izquierdo) y le dejó su lugar a otro juvenil que tampoco pudo hacer pie entre los grandes: Juan Martín Cadelago.

«Al principio sentí los nervios, pero con el paso de los minutos los fui superando», comentó el pibe al diario Olé un par de días después. Luego del estreno, no tuvo más oportunidades y la suerte tampoco acompañó. A comienzos de febrero sufrió una distensión en el ligamento interno de la rodilla izquierda que lo dejó out del arranque del Clausura.

Finalmente, el equipo del Boedo Almagro Bajo Flores se quedaría con el campeonato y Moreno, junto a los arqueros Bruno Centeno y Nereo Champagne, y los pibes Osvaldo Centurión, Gonzalo Rovira y Cadelago, fue uno de los que no sumaron minutos.

Consciente de que no tendría lugar (y tampoco mucho más para ofrecer) en el conjunto azulgrana, a mediados de año armó las valijas y partió a Paraguay. Nacional de Asunción lo cobijó durante ese semestre y le dio la chance de disputar 5 partidos. No convenció y rápidamente quedó libre. Se desconocé que hizo durante 2008.

Recién lo encontramos en 2009, defendiendo los colores del Unión y Fuerza de Magdalena, en la Liga de Chascomús, donde estuvo hasta mediados de 2010. En el intervalo tuvo algunas pruebas sin éxito en el fútbol boliviano con las camisetas de Jorge Wilstermann y Blooming.

Luego de fracasar en una prueba en Villa San Carlos, la última temporada la disputó en Atlético Policial de Catamarca en el Torneo Argentino B y desde abril de este año es una de las figuras (?) del Deportivo Sumalao, de la liga chacarera, aunque en los últimos días sonó como refuerzo del Poli para el próximo campeonato.

Kato Yusuke

Yusuke Kato

Nadie sabe cómo ni por qué llegó el delantero japonés Yusuke Kato a la Argentina. Lo cierto es que el tipo apareció una tarde de 2004 en Ezeiza con su valija y sus 18 años a cuestas para ganarse la vida a miles de kilómetros de su Osaka natal. Un día agarró sus botines, caminó por Amancio Alcorta, compró paco en la Zavaleta y se probó en Huracán, gustó y quedó.

En La Quemita se fue formando e hizo el típico camino de las divisiones inferiores. Allí se mezcló con pibes que luego tendrían cierto rodaje en Primera y otros ya afianzados, como Gastón Monzón, Paolo Goltz, Ignacio Anívole, Germán Leonforte, Mauro Milano, Matías De Federico, Cristian Sánchez Prette, Joaquín Larrivey, Iván Nadal, Claudio Úbeda, Hernán Vigna, entre otros.

El ponja pulió, enceró y esperó su chance entre los grandes, que un día llegó. Ya había jugado un puñado de minutos cuando tuvo su noche de gloria. Un jueves de abril de 2007, Huracán y Talleres de Córdoba empataban en Parque Patricios. Las realidades eran bien opuestas: el Globo peleaba un lugar en la Promoción para volver a Primera y La T no ganaba desde noviembre de 2006. A los cinco minutos del segundo tiempo, Nicolás Medina había puesto en ventaja a los cordobeses. Dos minutos más tarde, Claudio Guerra había empatado para el Globo. A los 22, el nipón reemplazó al baldosero Walter Coyette y a los 35 convirtió el 2 a 1 definitivo. El Ducó explotó y Kato, que un mes antes le había planteado a la dirigencia que quería volver a Japón porque extrañaba su país, fue emperador por una noche.

En junio de 2007, con Kato en cancha, Huracán venció a Godoy Cruz y regresó a Primera. En el receso invernal partió a su país sin aviso, pero, sin embargo, a la vuelta firmó su primer contrato. Aquella temporada (2007/08) disputó apenas 2 partidos. Uno en el Apertura y otro en el Clausura 2008. Al menos le alcanzó para convertirse en el segundo futbolista japonés en jugar un partido en Argentina. El pionero, claro está, fue Naohiro Takahara.

Ya para mediados de 2008 estaba más que claro que no volvería a jugar con la camiseta del Globo. Le dijeron que quizás podría sentirse más como en casa cerca del Barrio Chino y lo mandaron a Defensores de Belgrano. En el Pasquale disputó un puñado de encuentros y no demostró grandes cosas. Terminado su préstamo, retornó a Huracán y desapareció.

Recién lo encontramos este año, ya en la tierra del sol naciente, poquitos días antes del violento tsunami que sufrió su pais, defendiendo los colores del MIO Biwako Kusatsu, de la tercera división. Esperamos que no le haya pasado nada.

Especiales: Carlos Henrique Kaiser

Carlos Henrique Raposo (Carlos Henrique Kaiser)

Fantasma. No, no nos referimos a la banda de electrocumbia. Tampoco hablamos de ese nene con una B en el pecho que acecha a un equipo de Núñez. Para En Una Baldosa remitirse a fantasma es traer a la memoria a un delantero brasileño desconocido, incluso para sus propios compatriotas. Un chanta con todas las letras.

Carlos Henrique Raposo, más conocido (aunque no tanto) como Carlos Henrique Kaiser, es un ladrón profesional. Durante casi 20 años formó parte de planteles de fútbol y jugó unos pocos partidos. ¿Cuál era la estrategia del muchacho? Simple, mucho lobby. Siempre fue amigo de los grandes jugadores de Brasil como Carlos Alberto Torres, Renato Gaúcho, Ricardo Rocha (sí, aquel que pasó por Newell’s), Romário, Edmundo, Gaúcho (sí, el que jugó en Boca), Branco, entre otros. Y siempre que alguno de ellos era contratado por un equipo, Kaiser entraba en el combo, una práctica frecuente en el fútbol brasileño (por caso, no hace mucho tiempo, Matías Defederico se sumó al Corinthians y Mariano Torres, ex Boca, firmó contrato con el Timao, aunque poco después pasó a préstamo al Santo André).

Carlos Henrique siempre aprovechó su pinta de jugador para estirar la mentira. Así pasó por Brasil, Francia, Estados Unidos, México y hasta jura y perjura haber tenido un paso por el fútbol argentino. Lo cierto es que el tipo en los entrenamientos físicos se destacaba, pero a la hora de patear la pelota se lesionaba misteriosamente (muchas veces formaba parte de algún arreglo previo con un compañero) y quedaba al margen del equipo por semanas o incluso meses.

«Partidos completos debo tener unos 20 o 30, como mucho. En todos los partidos arrugaba. Siempre salía lastimado. Hasta en los entrenamientos. No me arrepiento de nada. Los clubes ya han engañado tanto a los jugadores, alguien tenía que vengarse por todos ellos», comentó hace algunos días cuando el sitio Globo Esporte le hizo una entrevista.

Su currículum (tan incomprobable como mágico) incluye pasos por Flamengo, Puebla de México, donde dice haber sido campeón y afirma que quisieron naturalizarlo, Fluminense, Vasco da Gama, Botafogo, América de Río de Janeiro, Bangú, Palmeiras y Ajaccio de Francia, donde estuvo varios años jugando «de a 20 minutos por partido».

En Argentina, el ladrón brasileño asegura haber estado en Talleres de Córdoba e Independiente, llevado por un tal Alejandro, amigo de Jorge Burruchaga. Lo más loco: jura haber sido campeón de la Copa Libertadores e Intercontinental de 1984 (ver video a partir de 5:15). Incluso, muestra orgulloso la foto grupal de aquel plantel. Nadie logra ubicarlo. Es simple, no está. El tipo se hace pasar por Carlos Enrique, el hermano del Negro Héctor, ayudante de campo de Diego Armando Maradona en el último mundial.

Cuenta la historia que una vez, defendiendo los colores del Bangú, el técnico mandó a todos los suplentes a hacer el calentamiento precompetitivo y el bueno de Kaiser, para no ser descubierto, no tuvo mejor idea que pelearse con los hinchas que puteaban al equipo. Obviamente fue expulsado. Ya en el vestuario, el gerenciador del Bangú, Castor de Andrade (el rey del juego clandestino en Brasil), lo encaró y Kaiser le dijo «te estaban puteando, decían que sos un ladrón, vos sos un padre para mí y yo no lo iba a permitir». Automáticamente, De Andrade le agradeció y le renovó el contrato por seis meses más. Un genio.

 

Links

La historia de Carlos Henrique Kaiser, el Forrest Gump del fútbol brasileño.
Peleas con hinchas, pelotazos a la tribuna, celular falso… las aventuras de Kaiser.

 

Luiz Alberto

Luiz Alberto da Silva Oliveira (Luiz Alberto)

Llegó en el mayor de los anonimatos para tapar los baches de una defensa que hacía agua por todos lados. Su arribo generó desconfianza. Y no era para menos. Su edad (32 años), los pasos en falso de Jorginho Paulista y Baiano por la línea de fondo de La Bombonera y la inactividad que cargaba luego de su polémica salida de Fluminense hacían presagiar que se trataría de otro defensor brasileño, con cierto currículum en su país, pero incapaz de vestir la camiseta de Boca Juniors en un momento complicado.

Para colmo, apenas llegó a comienzos de febrero de 2010, en su primera práctica se vio exigido físicamente y solo aguantó 20 minutos. «Ese día me desperté a las 6 y no desayuné, tenía que sacarme sangre apenas llegaba al país. Viajé en avión cuatro horas y me fui directo al consulado. Estuve dos o tres horas de pie, sin comer nada… Y llegué acá, practiqué…», comentó dos semanas después, antes del choque ante Estudiantes, que marcaría su debut. El 26 de febrero de 2010 fue titular en La Bombonera y no desentonó.

Parecía que finalmente Luiz Alberto era el que iba a terminar con ese karma de los defensores brasileños en el Xeneize, pero no. Contra Vélez (4-4) y Racing (1-2) cometió varios errores que Boca pagó caro. El 0-3 ante Tigre en Victoria fue uno de sus partidos más flojos y el principio del fin.

Se destacó en el Superclásico (2-0, con goles del chileno Gary Medel), en el que formó la dupla de zagueros con el colombiano Breyner Bonilla. Pero después llegó el golpe de gracia. Sendas derrotas ante los posteriormente descendidos Chacarita (1-4) y Rosario Central (1-2) sellaron el fin prematuro de la estadía de Luiz Alberto en Argentina. Fueron suficientes 7 partidos con la camiseta del Xeneize para que, el 19 de abril, dos meses después de su llegada, rescindiera el contrato.

Había debutado a los 16 años en la primera de Flamengo (1993 a 2000), donde jugó 166 partidos y convirtió 5 goles, antes de partir al Viejo Continente. En Europa defendió los colores del Saint Ettiene francés (2000/2001) y la Real Sociedad española (2001/2002 y 2004/2005). En su país, además, vistió las camisetas de Internacional (2002), Atlético Mineiro (2003/2004), Santos (2005/2006) y Fluminense (2007 a 2009).

Incluso, la historia de Luiz Alberto guarda un capítulo con la selección brasileña. Fue en la Copa Confederaciones de 1999, disputada en México (que se quedó con el título al derrotar en la final a la verdeamarelha) donde, dirigido por Vanderlei Luxmburgo, compartió plantel con Dida, Ronaldinho Gaúcho, Alex, Marcos, Flávio Conceição, Zé Roberto y Vampeta, entre otros.

Hace algunos meses fue entrevistado por el sitio GloboEsporte y recordó su experiencia en el fútbol argentino. “Fui con muchas ganas de jugar y demostrar que había sido injusta mi salida del Fluminense. Quería dar vuelta la mala imágen que había dejado, pero no sabía lo que pasaba internamente en el club y en el grupo. Pensé: Argentina, Boca y fui. El equipo estaba dividido, había problemas con los directivos y las cosas no andaban bien en el torneo local. Llegué en el peor momento de la historia y las cosas salieron mal. Jugué con tipos que ya habían ganado todo, que hicieron historia, pero ya no tenían ese hambre de gloria. No esperé a terminar mi contrato y faltando una semana pedí para volver a Brasil con mi familia».

Por estos días, espera una oferta para volver al fútbol, mientras divide sus días administrando un taller mecánico y un club, ambos en Niterói, en la región metropolitana de Río de Janeiro.

Marinelli Carlos

Carlos Marinelli

Catalogado alguna vez como el nuevo Maradona, jamás consiguió demostrar en Primera las cualidades futbolísticas que exhibió en las inferiores y, con actitudes infantiles y excusas increíbles, sepultó el futuro promisorio que se le auguraba y se transformó en un enganche trotamundos con escaso (más bien nulo) poder de gol.

Su nombre se hizo conocido allá por 1997, cuando, con 15 años, Boca Juniors se lo compró a Argentinos Juniors en aquel paquetazo que incluía a Juan Román Riquelme, César La Paglia, Fabricio Coloccini, Pablo Islas y Emanuel Ruiz, entre otros. En la Ribera apenas tuvo tiempo para disputar un partido en Reserva (ante Independiente, en agosto de 1999) y, con 17 pirulos, fue vendido en un millón y medio de libras al Middlesbrough de Inglaterra.

Debutó en la victoria por 1 a 0 ante el Sheffield Wednesday, pero después se le hizo difícil conseguir un hueco entre los 11 titulares. A duras penas disputó 42 encuentros y anotó sólo 2 goles. Muy poco para lo mucho que se esperaba de él.

En enero de 2003 fue prestado al Torino italiano. A pocas semanas de su arribo, el club de Turín debía enfrentar al Milan y el técnico Carlo Ancelotti dijo que de su rival le preocupaban dos cosas: «su carácter y Marinelli». Como era de esperarse, Milan ganó 2 a 0.

En el Calcio tampoco pudo hacer pie y, después de irse a la B, retornó a Inglaterra con siete partidos en su curriculum. Antes de pegar la vuelta a Argentina, jugó 1 partido más para el Boro y convirtió en una derrota ante el Fulham.

A comienzos de 2004 cumpliría su sueño de vestir oficialmente la camiseta de Boca. «Me fui del país con el sabor amargo de no poder jugar en la Primera de Boca. Ahora quiero hacerlo mejor para poder quedarme», decía por aquellos días, al lado de Mauricio Macri. «Quizás la diferencia que exista entre mi anterior paso por Boca y éste que vamos a iniciar es que ahora tengo una buena experiencia de mi paso por el fútbol europeo», comentaba ante la prensa.

Tuvo un arranque prometedor (algunos incluso le cuentan un gol a Vélez, que en realidad fue de Walter Alcaraz en contra), pero una tonta expulsión ante Lanús, jugando en Reserva, hizo que Carlos Bianchi perdiera la confianza en él. Así, tuvo que conformarse con partidos en Tercera al lado de Joel Barbosa, Mikael Yourassowsky, Pablo Doffo, Miguel Caneo y Víctor Ormazábal.

Frustrado su sueño de triunfar en el club de sus amores, buscaría una segunda oportunidad, no tan lejos, y con otros colores. En Racing (segundo semestre de 2004) tampoco rindió. Después de 11 encuentros dijo adiós y, con bronca, regresó al Torino: «Tuve que pagar para volver, pero estoy contento por estar nuevamente en este club. De mi paso en 2003 mantengo un gran recuerdo y fue eso lo que me impulsó a rescindir el contrato que tenía con Racing hasta junio próximo», dijo en su vuelta a tierras italianas. Mientras hacía lo que podía en la Serie B, aprovechó una entrevista de la revista El Gráfico para pegarle a Carlos Bianchi y sus ex compañeros con frases dignas de un Oscaruso de Oro como:

 

«¿Cómo me va a enseñar (Carlos Bianchi), si no me hablaba?. Nunca me dio ni una sola indicación».
«Tenia preferencias. Yo llegué me saludó y no me habló más».
«Algún referente del plantel seguro que hizo algo para que me fuera».
«Hay que ser amigo de la prensa para que te pongan buenos puntajes. Algunos ni la tocaban y les ponían 6 o 7 puntos».
”En Inglaterra al lugar te lo ganas jugando, no yendo a comer con los hinchas”.

 

Después de esas declaraciones, Marinelli la rompió, fue campeón de todo, se ganó un lugar en Alemania 2006 y Sudáfrica 2010, Argentina logró el tetracampeonato y las canchas de Boca y Argentinos Juniors llevan su nombre siguió con su carrera barranca abajo. Pasó por el SC Braga de Portugal (2005/2006), pero jugó muy poco. Tuvo algo más de continuidad en el poderosísimo Kansas City Wizards (2007/2008) de la MLS estadounidense y a fines de 2008 se sumó al Millonarios colombiano. Arrancó bien, con una buena actuación y un gol en un amistoso ante Argentinos Juniors. Claro que luego, por los puntos, se vio su verdadera cara. 10 partidos de bajo rendimiento y ¡tres expulsiones! bastaron para que, en abril de 2009, los directivos del club colombiano rescindieran su contrato. Ah, del país cafetero también se fue tirando mierda. Esta vez, el destinatario, según nos contaron los amigos del Bestiario de Balón, fue el periodista Iván Mejía Álvarez. «No triunfé por la constante crítica de un periodista gordito», dijo Carlitos. Mejía Álvarez, obvio, se cagó de risa.

De vuelta en Argentina, entrenó un mes en Huracán, durante la etapa de Ángel Cappa, y luego en Argentinos Juniors, con Claudio Borghi. En el Bicho, incluso, estuvo cerca de firmar contrato, pero todo quedó en el olvido. Reapareció en 2010, pero una categoría más abajo, en la B Nacional, con la camiseta de Aldosivi de Mar del Plata. En MDQ (?) demostró lo de siempre, bajo rendimiento y lesiones. En el segundo semestre se marchó al fútbol de ¡Hungría!, para ponerse la camiseta del Gyori ETO FC, aunque tampoco duró mucho. «La cultura de ese país es distinta. Mi familia no se acostumbró. Si ellos no están cómodos, yo no me quedo tranquilo. Por eso decidí terminar mi contrato», dijo después de irse. En realidad, cuenta la leyenda que quiso echarle la culpa a algún periodista húngaro, pero nunca se aprendió los nombres.

Desde hace algunas semanas, el pibe de 28 años es la principal figura (?) del Club Deportivo Universidad de San Martín de Porres, que disputa la Copa Libertadores. Apenas llegó a Perú, le pusieron un micrófono y tiró: «Yo soy Carlos Marinelli, no Pablo Vitti». No se hable más. Baldosero de por vida.

Fischer Juan Matías

fischerjuan

Juan Matías Fischer (El Lobito)

Para el futbolero medio, hablar de Fischer es hablar del Lobo Rodolfo Fischer, aquel delantero que jugó en San Lorenzo en las décadas del ’60 y ’70. Para el lector promedio de En Una Baldosa, hablar de Fischer es traer a la memoria al Lobito Juan Matías, el pibe, delantero también, que intentó, con más pena que gloria, hacer pie en la Primera de Boca Juniors a mediados de esta década.

Es cierto que no apareció en el mejor momento. A mediados de 2004, Boca se preparaba para una época de transición. Venía de perder la final de la Libertadores contra Once Caldas, había renunciado Carlos Bianchi, había caído en la final de la Recopa ante el Cienciano de Perú y el equipo de Miguel Ángel Brindisi no encontraba el rumbo en el torneo local y hacía lo que podía en la Sudamericana (que después terminaría ganando, de la mano del Chino Escupitajo facial Benítez).

A esa altura, Fischer era un pibe de 19 años (categoría ’85) que ya llevaba un tiempo largo en las inferiores del Xeneize, luego de pasar por River Plate… de Junín, su ciudad natal. Un poco para incendiarlo foguearlo, un poco por necesidad, Brindisi lo mandó a la cancha el 31 de octubre de 2004, ante Instituto de Córdoba, en la mismísima Bombonera. Esa tarde, en la fecha previa al superclásico, Brindisi empezó a quemar pibes y Fischer, que disputó los 90 minutos, no fue la excepción.

Con la salida del actual técnico de Huracán, en el vestuario del Monumental, y la llegada del Chino Benítez, Fischer no fue uno de los jugadores más activos. Apenas sumó a su curriculum otros 62 minutos en la derrota ante Arsenal en la fecha 16 del Apertura.

En 2005, estaba más que claro, su futuro estaría lejos de La Bombonera. Armó las valijas y se fue a buscar rodaje al exterior. Apareció en Bolivia, en La Paz. Parecía que la altura sería su rival más complicado. Pero no. Con la camiseta del Bolívar la rompió. Hizo goles de todos los colores y fue ídolo. ¿Lo compraron? No, terminado el préstamo no hubo acuerdo entre los dirigentes y Fischer volvió a Boca.

Si alguno pensaba que su buen desempeño en el fútbol boliviano le daría, al menos, la chance de pelear por un lugar en Boca, se equivocó. Durante el primer semestre de 2006 se pegó el embole de su vida. En el verano redondeó 82 minutos entre Racing y San Lorenzo. Además, sumó otro minuto (sí, 60 segundos) en la victoria ante el Maccabi Haifa israelí, cuando ingresó a los 89 minutos en lugar de Martín Palermo, durante la gira de invierno. En el medio, metió un mal pase a Peñarol de Uruguay.

Lejos de La Boca intentó, como pudo, llevar adelante una carrera digna en Primera División. Arrancó bien, porque lo contrató Nueva Chicago (2006), y terminó mal, porque apenas disputó 5 encuentros del torneo Apertura. Y no convirtió goles, claro.

El sueño de romperla en la A se esfumó rápido y para 2007 aceptó bajar a la B Nacional. Vistió las camisetas de Chacarita, primero, y Almirante Brown (2007/08), después. Al año siguiente bajó otro peldaño y aceptó pelarse el lomo a la Primera B Metropolitana. Volvió a Junín, y se sumó a Sarmiento (2008 a 2010). Ahí pareció revivir, hizo varios goles y logró el ascenso a la B Nacional alcanzó a disputar la Promoción ante el Deportivo Merlo. Claro que enseguida volvería a caer a la B Metro. A mediados de 2010 pasó a Deportivo Español, donde lo declararon prescindible a fines de diciembre. Hace algunas semanas sonó como posible refuerzo de Comunicaciones.

Aunque tenga apenas 26 años, ya nadie espera que explote.

Carlinhos Bala 2011

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El fútbol brasileño tiene estas cosas. Sport Recife y Vitória de Santo Antão empataban 1 a 1 por la séptima fecha del torneo pernambucano 2011. En tiempo cumplido, Sport tuvo un tiro libre a favor. El arquero Saulo fue a buscar el gol al área rival… y lo encontró. En el festejo, se lesionó el tobillo y tuvo que salir de la cancha.
Como el técnico ya había realizado los tres cambios, la responsabilidad de defender la victoria recayó en un jugador de campo. ¿Pero quién? El gigante Carlinhos Bala, de apenas 1.65, agarró el fierro caliente e incluso metió una tapada improvisada que sirvió para que su equipo se fuera de la cancha con una victoria. Grosso.

Varea Juan Manuel

VareaJuanManuel

Juan Manuel Varea

La historia de Varea es una más entre tantas otras. La del goleador en inferiores y Reserva que llega a Primera, pega un grito y desaparece. Así de fugaz fue el paso de este delantero de la categoría 1986 de Vélez Sarsfield que disputó 5 partidos en el Apertura 2006 y que hoy hace las delicias de grandes y chicos (?) en el culo del mundo el Viejo Continente.

De la mano de Miguel Ángel Russo, debutó en la fecha 15, en el Bosque, ante Gimnasia. Esa tarde reemplazó a Lucas Castromán y mostró destellos interesantes. La semana siguiente, en el Estadio Luis Miguel José Amalfitani, fue de la partida ante Godoy Cruz, conformando la dupla de ataque junto a Mauro Zárate, autor de los 2 goles del Fortín.

Su bautismo en la red llegaría en la fecha 17, en el clásico ante Ferro San Lorenzo Nueva Chicago, en Mataderos. Federico Higuaín había puesto en ventaja al Torito y Varea, a quince de final, batió al sin manos Vega y decretó el empate definitivo para el delirio de los floggers la parcialidad velezana. La titularidad le duró hasta la penúltima fecha, en la que Lanús cacheteó al equipo de Liniers y lo derrotó por 2 a 0. La despedida quedó para la última fecha, en casa, ante River. Esa vez ingresó en lugar de Mauro Zárate a los 30 minutos del primer tiempo.

Lo que parecía ser el principio de la continuidad terminó siendo el principio del fin. Después de pasar seis meses colgado pasó a Social Español (2007). En el Gallego no tuvo un gran rendimiento y, como buen baldosero de ley, en el verano de 2008, armó las valijas y emprendió viaje a Colombia. Allí, junto a otro ex Vélez como Junior Ischia, defendió los colores del Depor Jamundi en el ascenso cafetero y fue dirigido por el Patrón Jorge Bermúdez.

En septiembre de 2008 regresó al fútbol local para romperse el lomo en el Torneo Argentino A enfundado en la camiseta de Central Córdoba de Santiago de Estero y desde mediados de 2009 es una de las figuras del NK Široki Brijeg de ¡Bosnia y Herzegovina!, donde obtuvo el premio al mejor jugador extranjero de la temporada pasada.