Luna Damián

Damián Oscar Luna

No tenía la pegada del Canario, ni el poder de gol del Chino, tampoco estaba bueno como Silvina, pero así y todo, Damián Oscar Luna se las ingenió para jugar un buen rato en la Primera División con los colores de dos equipos grandes.

Con apenas 17 años, de la mano de Rubén Darío Insúa, debutó como volante en San Lorenzo de Almagro, en un partido ante Olimpo de Bahía Blanca correspondiente al Apertura 2002. En 2003 parecía que la iba a romper, se ganó la titularidad y la convocatoria para la selección sub 20 que se preparaba para el Mundial de Emiratos Árabes. Pero quedó afuera.

En el Ciclón, donde había hecho todas las divisiones inferiores, estuvo hasta mediados de 2005 y jugó bastante: 65 partidos y convirtió 6 goles. Por torneos internacionales (ganó la Sudamericana en 2002) disputó otros 14 encuentros y marcó una vez. Su último partido en Boedo fue en febrero de 2005, ante Boca. Esa tarde se rompió y, desde entonces, su carrera se desmoronó. Volvió algunos meses más tarde, en Reserva ante River, pero sufrió una nueva rotura de meniscos en su rodilla derecha que lo marginó una vez más de las canchas.

En medio de una larga recuperación, a mediados de 2006, quedó libre y fue comprado por Independiente. En Avellaneda intentó reflotar su carrera, que alguna vez supo ilusionar a más de uno, pero no pudo. Recién logró debutar en el Clausura 2007 y hasta su despedida, a fines de 2008, apenas sumó otras 8 presencias a su curriculum.

En el verano de 2008, cuando ya habían pasado por el banco Burruchaga, Santoro y Troglio, Lunita se despachó: «Pasa el tiempo y es peor para todos. Que no juegue no le conviene al club ni tampoco a mí. Me desvalorizo como jugador. No me dieron la oportunidad de demostrar si estaba bien, si estaba mal, si podía rendir o no. Y diez minutos, o 15, no los considero una chance para saber si ayudás a tu equipo. No sé si llegué a completar 90». Se ve que ese día en Avellaneda nadie compró el diario, porque, como ya dijimos antes, Luna durante ese año casi ni jugó.

En enero de 2009, sospechado de tener un pasaporte trucho, cruzó la Cordillera de los Andes y se sumó a otro grande: la Universidad Católica de Chile. Debutó en un amistoso antes Olimpia de Paraguay y mostró algunas cosas interesantes. Cuatro meses después, lo de siempre: bajo rendimiento y pelea con el técnico Marco Antonio Figueroa, que responde al mágico apodo de Fantasma. «Ya no aguanto más a este tipo, ya no lo banco. No dice las cosas a la cara, no trata bien a los jugadores y las cosas te las enteras a través de la prensa. Él nunca va de frente. Además, para mí, es alguien que no le ha ganado a nadie», dijo Chilavert Luna. Obviamente, el que se alejó del club fue él.

En agosto armó el bolso y se fue a Brasil. Los dirigentes del São Caetano, de la segunda división, lo habían visto en su veranito de partidos buenos con la Católica y compraron un buzón. Eso sí, no fueron tan boludos. «Esperamos a que terminara su contrato con Independiente para empezar las negociaciones», explicó el presidente del equipo paulista, Nairo Ferreira de Souza. Así, Luna se convirtió en el tercer extranjero en vestir la camiseta de ese club, detrás los colombianos Kilian Virviesc*s y un tal Martín.

Mientras tanto, Lunita vendió un poco de humo: «Quiero hacer historia en el São Caetano. En Argentina siempre escuché hablar bien de este equipo, que es reconocido por haber llegado a la final de la Libertadores en 2002». Un puñado de partidos fue el saldo de la excursión de Damián Luna por Brasil, que no dejó una buena huella. Bueno, en realidad sí la dejó, pero en la humanidad de Max Carrasco, del Ipatinga, a quien le pegó una linda patada que lo obligó a salir de la cancha. Luna, obvio, vio la roja ante la atenta mirada de los 867 hinchas que estaban en el estadio Anacleto Campanella.

A fines de 2009 rescindió el contrato, que era de dos años, y regresó a la Argentina. En el segundo semestre de 2010, luego de analizar ofertas de Almirante Brown, Atlético Tucumán, Olimpia de Paraguay y el fútbol boliviano (de donde lo habían tentado años atrás, y donde jugó su padre, Sergio Oscar), volvió al club de sus amores, Nueva Chicago, para disputar la Primera B Metropolitana.

Capella Julio Carlos

Julio Carlos Capella

Hijo de Carlos, histórico masajista de Boca Juniors, y hermano de Matías, utilero del Xeneize. Como jugador desarrolló una carrera intrascendente, sin demasiado para contar, pero con los pergaminos necesarios para integrar los anales de En Una Baldosa. Alejado del rectángulo de juego, aunque no de las canchas, desarrolló otra faceta, más nefasta y digna de repudio. Quisimos homenajearlo hace un tiempo, allá por 2007, pero nos faltaba algo fundamental: su foto. Y la encontramos, como quien no quiere la cosa, años después en la sección policiales.

Dirán los libros de fútbol que Julio Capella, como marcador de punta del Deportivo Español, disputó un encuentro de Primera División, correspondiente al torneo Clausura de 1998, ante Estudiantes LP, que terminó con triunfo del Pincha por 1 a 0. Con el descenso de equipo de Bajo Flores, Capella siguió en el plantel y sumó algunas presencias más en la B Nacional. En 2001 pasó a El Porvenir, que por aquel entonces jugaba en la B Metropolitana, y ahí se terminaron sus datos certeros. Algunos dicen que luego estuvo en el Atlético de Madrid B y que encerró sus días como futbolista con la camiseta del Puteolana, en el under italiano.

Desde su retiro forma parte de una facción de la barrabrava de Huracán y viajó al último mundial dentro del grupo Hinchadas Unidas Argentinas. Todo muy lindo, si no fuera porque saltó a la popularidad cuando a comienzos de diciembre pasado se lo vio, en cueros y con un pantalón del Globo, mostrando un interesante disparo (bueno, a decir verdad y a juzgar por los videos fueron unos cuantos) en las inmediaciones del Parque Indoamericano. Días más tarde intentó arreglarla diciendo que el arma era de juguete. Sin (?)

Impallari Emiliano

Emiliano Impallari

Dueño de un apellido que remonta irremediablemente al fútbol de los sábados al mediodía o en su defecto a los martes a la noche, ese que se disputa en canchas despojadas de todo lujo (y también de hinchas visitantes, claro), en alguno de los miles de puntos del Conurbano Bonaerense. Fue ahí que Emiliano Impallari se hizo fuerte, en medio de otros de su especie, antes de conocer las mieles del viejo continente.

Rosarino de nacimiento, surgido de las divisiones inferiores de Newell’s y Central, este delantero goleador mostró cosas interesantes en la categoría ’82 del Canalla que se quedó con el torneo Gobernador Molinas en 2003 al lado de Matías Escobar, Damián Ledesma y Matías Irace. Sin embargo, a los 21, cuando tenía que firmar el primer contrato, le dieron las gracias por los servicios prestados y no le quedó otra que partir.

En el verano de 2004, apareció en La Plata y se sumó a Gimnasia y Esgrima, porque ya lo conocía Carlos Timoteo Griguol de su paso por el conjunto rosarino. De la mano de Carlos Ischia tuvo su bautismo en Primera en la octava fecha del Apertura ante Vélez. Y también su despedida, en la novena jornada, casualmente contra Central, en su única presentación como titular. Antes había tenido una racha de seis goles en cinco partidos de Reserva que ilusionó al ex técnico de Boca y a los hinchas pero quedó todo ahí.

A comienzos de 2005 fue borrado por el ex presidente del Lobo, José José Muñoz, junto a Cristian Castillo, Enzo Noce, Gustavo Barros Schelotto, Andrés Yllana, Carlos Córdoba, Francisco Foronda, Martín Pautasso, Gonzalo Choy González, Hugo Gatti, Germán Castillo, Gustavo Bartelt, Federico Turienzo y Juan Di Bártolo.

A mediados de año armó el bolso de nuevo y retornó a Rosario. Descartados Central y la Lepra, tuvo que elegir entre Tiro Federal y Central Córdoba. El Charrúa fue el club que lo cobijó durante la temporada 2005/2006. Allí, según sus propios números, Impallari disputó 15 partidos y convirtió 4 goles.

En 2006 retornó a Buenos Aires para sumarse a Deportivo Morón. En el Gallito disputó 30 encuentros, marcó 7 tantos, y, como era de esperarse, se quedó en las puertas del ascenso. Al año siguiente se mudó de estación. Recaló en Temperley, donde convirtió 9 tantos en 26 cotejos, aunque su equipo deambuló por la mitad de la tabla.

A mediados de 2008 emigró a Europa para jugar en España. ¿Barcelona? ¿Real Madrid? ¿Rayo Vallecano? ¿Badajoz? No, más abajo. ¿Hay más abajo? Sí, hay. Fue así que Impallari firmó contrato con La Roda, donde marcó 10 goles en 23 fechas. De allí saltó al fútbol italiano. ¿Milan? ¿Inter? ¿Parma? ¿Bari? No, Sapri (2009) de la Serie D, en el que señaló 2 veces en 18 encuentros. Ahí se mantuvo hasta mediados de 2010, cuando se incorporó al Nissa, de la misma división, en donde lleva anotados 4 tantos en 8 jornadas. Nada mal para tratarse de un baldosero.

Valenti Sergio

Sergio Damián Valenti

Hubo una época en la que, créase o no, Atlético de Rafaela solía derrotar a Gimnasia y Esgrima La Plata. Corría la sexta fecha del Apertura 2003 cuando la Crema venció al Lobo como local. Pasaron otros 18 partidos y el conjunto de Santa Fe jamás volvió a quedarse con los 3 puntos. Alternó empates y derrotas hasta que, por la sexta jornada del Clausura 2004, volvió a cruzarse con Gimnasia.

Esta vez en El Bosque parecía que la historia se iba a repetir. Promediaba la segunda etapa y el Tripero, dirigido por Carlos Timeteo Griguol, le ganaba 3 a 2 al conjunto de Osvaldo Piazza con goles de Gonzalo Choy y Cristian Castillo -2-. Gonzalo Del Bono y Lucas Bovaglio habían marcado para los santafesinos y mantenían el suspenso del encuentro.

A los 74 minutos de juego, Griguol dispuso la salida de Castillo para la entrada del debutante Sergio Valenti, delantero de profesión, goleador histórico de las divisiones inferiores del Lobo (según dice en su blog) y baluarte de la categoría 85. No le vamos a echar la culpa al pibe, que no tuvo nada que ver, pero desde su ingreso le tocó ver de cerca los goles de Darío Gandín y Rubén Forestello. Sí, una rueda después, Rafaela volvió al triunfo, contra Gimnasia y en el Bosque. Por las dudas, Valenti no volvió a jugar en ese torneo.

Reapareció un año más tarde, con muchísima menos competencia (Enría, Impallari, Vargas, Savoia y Hugo Gatti), y con Pedro Troglio en el banco. En el Clausura 2005 disputó 10 partidos y marcó sus únicos 2 goles, uno a Vélez (derrota 4 a 2) y otro a Colón (triunfo 2 a 1), con los que obtuvo un poco de prensa.

En el Apertura 2005 el Lobo fue subcampeón con la dupla matadora (?) Delorte – Vargas. Así y todo, Valenti fue una especie de talismán y participó, siempre desde el banco, en 10 encuentros, sin marcar goles.

A comienzos de 2006 emigró al fútbol mexicano. Con la camiseta de Irapuato no hizo demasiado, porque a los seis meses estaba de vuelta en la Argentina, defendiendo los colores de Talleres de Córdoba en la B Nacional.

Algunos goles en el Tallarín le dieron el handicap suficiente para rapiñar unos minutos más en La Plata. De vuelta en el Tripero, tuvo que esperar bastante para tener un poco de actividad. Dirigido por el Pacho Maturana, recién apareció en la fecha 17 del Clausura 2007, ante Newell’s, en el Parque Independencia. Esa tarde reemplazó a Sergio Leal a cinco minutos del final del partido.

A mediados de 2007 fue a pasear su fútbol por Montevideo. En Defensor Sporting dejó su sello goleador ante River por la Copa Sudamericana y no hizo mucho más. Al año siguiente ya estaba en Rafaela, desparramando rivales enfundado en la divisa de Ben Hur. De allí pasó a Chile, donde mostró una guata interesante e hizo las delicias de nuestros amigos de La Rompieron cuando se fue al descenso con Curicó (2009).

Después de pasar seis meses inactivo, y de fracasar en una prueba veraniega para incorporarse al Jorge Wilstermann boliviano, a mediados de 2010 se sumó a Villa San Carlos, donde a su llegada vendió un poco de humo. «Yo tenía muchas ganas de jugar en este club. Todos me dicen que es un club con mucho sentimiento, con mucha pasión por la camiseta y gracias a mi acercamiento a Dios que es lo que me cambió el carácter, mi forma de ver la vida y la de mi familia, este tipo de posibilidades son una bendición para mí. Por eso estoy eternamente agradecido por esta posibilidad a San Carlos, a los dirigentes y al cuerpo técnico», comentó.

Todo muy lindo, sí, hasta que nos enteramos que en 19 fechas del campeonato todavía no le vio la cara a Dios.

Bordaberry Juan Manuel

Juan Manuel Bordaberry

Defensor, últimamente devenido en volante de creación, surgido de las divisiones inferiores de Racing Club de Avellaneda que vio desmoronarse una y otra vez sus chances de debutar oficialmente en la categoría grande del fútbol argentino. De la misma camada que Fernando De La Fuente, Pablo Caballero, Diego Menghi y Waldo Brandán, jugó algunos amistosos durante la etapa de Ubaldo Matildo Fillol al frente de La Acadé, aunque más tarde no lo tuvo en cuenta.

Después de firmar su primer contrato, cansado de esperar su oportunidad para entrar a la cancha, bajó un par de categorías y se sumó a Sportivo Italiano (2006/07) con la esperanza de romperla y ganarse una chance en Primera. No la rompió, ni se ganó un lugar en la A, pero al menos en el Tano se reencontró con otro ex Academia como Guillermo Tambussi y pegó onda con el baldosero Mariano Curieses. Algo es algo.

A mediados de 2007 pasó a Defensores de Belgrano, que se armaba para volver a la B Nacional. Al menos su paso por el Dragón le sirvió para armar buena parte del video que acompaña este post. Parecía que 2008 iba a ser su año y se incorporó a Estudiantes. Estudiantes de Olavarría, claro, club con el que disputó la liga local. Tampoco estuvo mucho tiempo, eh. Seis meses después ya estaba defendiendo los colores de Racing de la misma ciudad en el Argentino B (2008/09).

En 2010 apareció en Ferro Carril Sud de Tandil, donde estuvo hasta agosto, cuando pegó, por fin, el tan ansiado pase al fútbol internacional. ¿Liga de Chipre? ¿Albania? No, nada de eso. Desde entonces forma parte del Ciclón de Tarija, de la segunda división del fútbol boliviano, donde alterna buenas y malas. Por caso, en la primera fecha de la Copa Simón Bolívar, disputada la semana pasada, metió el centro que terminó en gol de su equipo y un ratito más tarde desperdició un penal. Como para que no queden dudas de su baldoseridad.

Bonus track (?)

Alassia Pablo

Pablo Alassia

El fútbol es un método de catarsis, una forma de escaparle al psicólogo y olvidar los problemas por 90 minutos sólo puteando al peor jugador del equipo, al árbitro, a los dirigentes o al técnico del equipo rival. Los hinchas suelen ser muy crueles. Ya lo sabemos. Entonces imaginen lo que debe ser para un pibe que lo bastardeen hasta en un juego como el Football Manager. Un bajón.

Eso mismo le pasó a Pablo Alassia, un defensor de la categoría ’85 de Independiente que (en la vida real) intentó jugar un rato en la Primera y no pudo y que al parecer tampoco era bueno en los videojuegos. «Vendelo como puedas. Se lo di al São Caetano por Leandro Lima» dice sobre Alassia un jugador de Football Manager en un foro. Demoledor.

Después de dos pretemporadas con los grandes, en las que conoció a Rubén Salina, Tomás Charles, Leonel Bottaro, Leonardo Pekarnik, Maximiliano Vallejo, Román Gnochi, entre otros, y en las que no sumó ni un minuto, Alassia armó las valijas. Se tomó el bondi y se bajó en Gerli. Con la camiseta de El Porvenir (2004/2005 y 2006 a 2008) se curtió bien en eso de bajar categorías de un hondazo. Arrancó en la B Nacional y terminó en la Primera C.

En 2008 estuvo cerca de firmar con Cañuelas, pero el pase quedó en la nada. A comienzos de 2009 reapareció en el torneo Argentino B, defendiendo los colores de Deportivo Coreano. Desconocemos cómo terminó esa partida de Football Manager, pero al menos el que la armó hizo negocio. Hasta hace unos meses Leandro Lima jugaba en Cruzeiro y Alassia nadie sabe dónde anda.