Especiales: Franco Meneghello

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Franco Meneghello
Podría haber sido figura, un eterno buscavida del ascenso, pero nada de eso pasó. La mala suerte le hizo marca personal hasta el hartazgo y no permitió que su carrera futbolística prosperara, obligándolo al retiro prematuro.
Pintaba bien en las divisiones inferiores de San Lorenzo de Almagro a fines de los 80’s y no tardó demasiado tiempo en tener un lugar en el plantel profesional. Tal es así que hasta fue suplente, según cuentan, en un oficial. Un día se le cumplió el sueño del pibe, lo vieron emisarios del Piacenza italiano y cruzó el oceáno. Desafortunadamente, un día antes de firmar el contrato se rompió un menisco.
Desde entonces apareció esporádicamente, como en mayo de 1995, cuando participó de un partido amistoso en Pergamino a beneficio de las víctimas que dejó la trágica inundación ocurrida el 7 de abril de aquel año. De ese encuentro formaron parte futbolistas reconocidos como el ex arquero de Olimpo de Bahía Blanca, Pedro Barrios, Esteban Pogany, Trapito Carranza, Marcelo Gómez, el Pepe Basualdo, los hermanos Mac Allister, Roberto Trotta y el Toro Acuña, entre otros, además de deportistas de distintas disciplinas y eventuales famosos como Alejandro Gravier, Eric Grimberg y Gaston Pauls. Divididos en equipo blanco (con camiseta de Argentinos Juniors) y equipo azul (casaca de Racing), empataron 4 a 4, llevándose el simio mufa la máxima ovación de la noche, seguido de cerca por Gastón Pauls (en pleno apogeo de Montaña Rusa), Manteca Martínez, Oscar Passet y Blas Giunta.
Desde aquella ocasión, fue cada vez más complicado enterarse algo de la vida de Meneghello. Hasta que a mediados de 2001, apareció… en la pantalla chica, y no en un programa deportivo, sino en un reality show. Fue así que conoció de cerca a Pamela David, Diego Plotino y el insoportable mexicano Tamir, con quien tuvo varios choques, en El Bar 2. Por aquel entonces tenía 34 años (era el más grande de los participantes), trabajaba como importador y según publicaban los medios «dejó la sensación de ser un hombre que odia todo lo que tenga relación con el trabajo». Dentro de la casa no duró mucho, pero, como dato anecdótico, pegó buena onda con el ganador de aquella edición (Diego Plotino). Nunca más volvió a dar señales de vida.

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Medina Diego

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Diego Hernán Medina
A mediados de 2000, la Tota Hernán Medina, sacudió el mercado de pases al pegar una transferencia de Belgrano a Boca. Con la posibilidad latente de colgarse de la fama del ex Pirata, Diego Hernán Medina prefirió seguir su camino barranca abajo. Claro que el volante ya había tenido su oportunidad de romperla en la Primera División, y la suerte pasó de largo. Apenas 3 partidos con la camiseta de Huracán de Parque Patricios le dieron cierto handicap para robarla en el ascenso y el exterior.
En julio de 1998, quedó libre y pasó a Nueva Chicago. Un año en Mataderos le sirvió de previa para unirse a Gimnasia y Tiro de Salta (1999/2000).
Cansado de cobrar en pesos argentinos, agarró el mate, cruzó el charco y se fue a Uruguay. Arrancó en Huracán Buceo (2001), después se paseó por Racing de Montevideo (2002) y terminó penando en Deportivo Colonia (2003/2004).
Cuando los orientales se avivaron ya era tarde y Medina había rajado rumbo a Paraguay. Se hizo unos mangos mientras jugaba en General Caballero, pero no aguantó o no lo aguantaron y rápidamente abandonó el tereré para volver a la Argentina.
Recaló en Temperley (2005/2006), donde duró poco y nada. Con la llegada de Walter Céspedes a la dirección técnica, en mayo de 2006, fue apartado del plantel al igual que Gabriel del Valle Medina, el ex Racing Lucas Ferreiro, Gastón Vales y Mariano Pasini, entre otros. Esa fue la última vez que se lo vio en una cancha.

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Especiales: Fabio Garibaldi

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Fabio Garibaldi Diniz
Historia extraña la de este ex arquero de Ferro Carril Oeste que desde chico supo rodearse de futuras figuras como Carlos Tévez, Pablo Zabaleta y Javier Mascherano; habitues de las tardes de ascenso como Diego Ludueña, David Reano, Paulo Rosales (también conocido como el Rosales trucho), Federico León; ladrones de guante blanco de la talla de Maxi López, Raúl Osella, Lucas Correa, Marcos Mondaini y Hugo Colace; y también perfectos desconocidos como Mario Lugo, Marcos Ballarino y Diego Suárez.
En 1999, con 15 años y luego de una brillante actuación en la Copa Nike, Hugo Tocalli lo convocó para disputar en Londres el torneo sub 17 Tres Naciones, enfrentando a Inglaterra y Francia. Años más tarde en una entrevista con el Suplemento Sí! de Clarín afirmó: «En la etapa nacional no me hicieron ningún gol y estaba en Ferro. Jugábamos con River, Newell’s y Racing, que nos cascoteaban el rancho».
En su momento de gloria, peleaba la titularidad de la selección con el malogrado Lucas Molina pero un infortunio le jugó una mala pasada: «Empezamos turnándonos. Y en Wembley me saqué el dedo de lugar. Desde ahí quedó él».
Garibaldi siguió su camino en el fútbol y en 2003, mientras alternaba entre cuarta y Reserva con el club de Caballito, se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla. A fines de ese año, con un partido en el banco de suplentes en el ascenso, quedó libre. En una pierna se probó en varios clubes sin posibilidades de fichar por no pasar la revisación médica. Finalmente, tras frustarse su llegada al Avellino de Italia, Argentinos Juniors se ofreció a costearle la operación y lo incorporó a sus filas, aunque no por mucho tiempo. La vuelta del clandestino Juan Ignacio Carrera lo marginó demasiado en la lucha por un lugar y Garibaldi quedó, otra vez, con el pase en su poder. «Después me llamaron de equipos de la B, pero era muy poca plata. El fútbol es un sacrificio y desde los 15 lo veía como un trabajo.». Ese fue el punto de inflexión para colgar los guantes definitivamente, y los botines, al menos por un rato.
A las pocas semanas volvió a las canchas para jugar al fútbol… americano. «Siempre me gustó. Rezaba que acá haya esto. Me enteré por mi hermano que en el Club Comunicaciones funcionaba la Liga Argentina y me acerqué. Practiqué tres meses con los novatos adonde te enseñan las reglas y los movimientos del deporte y después fui elegido por los Tiburones, uno de los cinco equipos que existe. Los otros son Osos Polares, Corsarios, Cruzados y Jabalíes», comentó en aquella entrevista. Dando cuenta de su fanatismo por el deporte yankee tiró: «Una vez iba corriendo y apenas toqué la pelota sentí una cosa en las costillas y dije: ‘¿Dónde estoy?’. Te juro que me levanté con una sonrisa de oreja a oreja. Eso es lo que quería».
Su buen desempeño como receptor (cuya función no es otra que atrapar la pelota y avanzar la mayor cantidad de yardas posibles) en los Tiburones lo llevó a ser un indiscutido de los Halcones, nombre con el que se conoce a la selección nacional de fútbol americano.
El año pasado, Los Halcones, con la presencia de Garibaldi se impusieron a su similar de Uruguay en Montevideo y lograron conquistar por primera vez en la historia el Silver Bowl, una especie de versión sudaca del Super Tazón.
Así transcurre hasta el momento la historia de Fabio Garibaldi, un seguidor a ultranza de ese embole llamado Super Bowl, del jugador Randy Moss y de los Tampa Bay Buccaneers. Un pibe como cualquier otro que un día pasó de sacar fuerte y para arriba buscando a Carlos Tévez, a correr como loco y esquivar muñecos para tratar de convertir touchdowns.

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Cuca 2008

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Envalentonado por la racha positiva en el torneo carioca, y ante la falta de arqueros (el uruguayo Castillo en su país, los suplentes Marcos Leandro y Roger lesionados y el juvenil Renan en la sub 19 brasileña), el técnico del Botafogo, Alexi Stivel, más conocido como Cuca no tuvo problemas a la hora de calzarse los guantes y pelotear durante un buen rato con Lúcio Flávio. Un hecho poco frecuente en el fútbol actual que deja por sentado que los buenos resultados todo lo pueden.

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Andreoli Ezequiel

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Fernando Ezequiel Andreoli
Defensor de olvidado paso por el fútbol de primera división. Fue a comienzos de 1998, cuando enfundado en los colores de Huracán disputó 2 encuentros correspondientes al torneo Clausura. Actuando como lateral derecho fue titular en un choque ante Estudiantes de La Plata, aunque a la fecha siguiente fue reemplazado por Alejandro Giuntini y posteriormente ya no tuvo chances de reaparecer, teniendo que conformarse con algunos minutos en la reserva.
La continuidad que no encontró en Parque Patricios salió a buscarla en la zona sur, y así fue que apareció en Banfield (2000/2001).
Si bien tampoco jugó seguido (9 partidos) fue partícipe del plantel que logró el ascenso a la máxima categoría. Claro que a la hora de armar el equipo para la Primera, Andreoli fue uno de los primeros baluartes que abandonó el barco, al igual que Martin Mazzuco y Gonzalo Pavone.
Recaló en Independiente Rivadavia de Mendoza (2001/2002), entidad con la que a final de la temporada descendería al Torneo Argentino A.
Conoció la Primera B Metropolitana en 2003, cuando se acercó hasta Victoria, tentado por Tigre. Dieciséis encuentros y un gol después, poco para destacar, ya era hora de cruzar la frontera.
En Chile, con más pena que gloria, defendió la camiseta de Huachipato (2003/2004). Pegó la vuelta a mediados de 2004 para jugar en All Boys.
Apenas seis meses pasaron hasta que volvió a sacar el pasaporte. En Bolivia, vistió los colores del The Strongest, equipo que disputaba la Copa Libertadores, aunque Andreoli sólo podía participar en el torneo Adecuación.
En el segundo semestre, ya se encontraba en Villa Crespo, jugando en Atlanta. Su paso por el Bohemio le volvería a abrir las puertas del mercado internacional.
A mediados de 2006, el pibe de Haedo arribó a Perú, para sumarse al Sport Boys (2006/2007). Y desde este año, despunta el vicio en Juan Aurich, en compañía del Cuto Guadalupe, el ex Belgrano José Moisela y el ex portero de Lanús, Fernando Martinuzzi.
Diez clubes en diez años de trayectoria casi no dejan margen de dudas, ya afianzado en el fútbol peruano sólo resta saber qué combinación de colores defenderá el año próximo en las tierras de la La Tigresa del Oriente.

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