Pastorutti José María

José María Pastorutti (Joy)
Desde el nacimiento de En Una Baldosa hemos conocido muchas historias de «hijos de» (jugadores, no sean mal pensados), «hermanos de», «primos de», entre otros. Así es la vida de José María Pastorutti, tal como su apellido lo indica, es el primo de la popular Soledad y de la no tan conocida Natalia.
Delantero santafecino nacido en Arequito, fue todo un referente de las baldoseras divisiones inferiores de Boca Juniors, donde llegó siendo un desconocido y se fue (casi) de la misma manera.
A medida que iba subiendo de categoría tenía sus 30 segundos de fama, siempre era presentado en las notas como el «primo de Soledad Pastorutti», mote que nunca se pudo sacar, a pesar de conseguir una buena cantidad de goles. Alguna vez dijo al Diario Olé: «Ser el primo de Soledad no me sirve para jugar, pero lo puedo aprovechar para hacerme conocer».
En inferiores formó un trío explosivo con Sebastián Monesterolo y Miguel Caneo. En 2001 jugando en Quinta anotó 7 goles. En 2002 sólo convirtió un tanto para la Cuarta. En 2003, en la misma categoría, visitó la red en 4 oportunidades.
A su vez participó de entrenamientos con la Primera de Oscar Washington Tabarez y Carlos Bianchi. Eso fue lo más lejos que pudo llegar, ya que nunca integró el plantel profesional y jamás fue al banco de suplentes. Lentamente fue perdiendo protagonismo y a mediados de 2003 se lo vinculó con Tigre y Unión Atlético Maracaibo de Venezuela, donde nunca jugó.
Lo cierto es que se quedó estancado y nunca le hicieron el primer contrato, por lo que quedó libre.
Actualmente, despunta el vicio en Belgrano de Arequito. Se acaba de recuperar de una lesión en los ligamentos de la rodilla derecha y es la figura de su equipo.
Cuando largue el fútbol probablemente se dedique a vivir de sus primas famosas, y recordar los viejos tiempos, cuando compartía prácticas con Carlos Tévez, Guillermo Barros Schelotto, Nicolás Burdisso y Roberto Abbondanzieri, a quienes ahora, igual que antes, mira por televisión.

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Maier Diego

Diego Rafael Maier
Debutar y al mismo tiempo despedirse de la primera categoría, a esta altura, ya es un hecho más que frecuente entre los jugadores que integran la elite baldosera. Pero que ese único partido no sea otro que un clásico, cosa de privilegiados, no hace más que agregarle un plus a una baldosa cantada. Esta la historia de Diego Maier.
Nacido en Esperanza, provincia de Santa Fe (el mismo pueblo en el que vio la luz Matías Donnet), el 6 de junio de 1980, y volante por excelencia, comenzó su carrera futbolística en Mitre de Esperanza.
Con el paso del tiempo se unió a las divisiones inferiores de Unión de Santa Fe. Se dio el gusto de compartir tardes con grossos de la talla de Manduca, Wernly, Mosset, Desvaux, Parmiggiani, Israilevich y Saad, entre otros.
El 12 de noviembre de 2000, Unión y Colón igualaron 2 a 2 por la decimocuarta fecha del Torneo Apertura 2000. A los 28 minutos de la segunda etapa, Maier reemplazó justamente a Matías Donnet. En los 17 minutos que estuvo en cancha, según las crónicas, cumplió una digna labor. Sin embargo jamás volvió a pisar el césped de una cancha de primera división en el fútbol local.
Para la temporada 2001/2002 fichó con Ben Hur para disputar el Torneo Argentino A. Desde un comienzo, la transferencia tuvo inconvenientes porque entre Mitre, club dueño de su pase, y Unión no lograban un acuerdo. Como si eso hubiese sido un presagio, el jugador rescindió el contrato cuando el torneo todavía no había finalizado.
En pleno año mundialista llegaría a Panamá, donde haría carrera. Primero vistió la casaca de Plaza Amador (2002), donde se consagró campeón del torneo Clausura dirigido por el argentino Sergio Giovagnoli. A comienzos de 2003 jugó un puñado de partidos amistosos en Independiente Petrolero de Bolivia. Una de las crónicas de su paso por el país del altiplano indica: «El argentino Diego Maier se sumó a este tipo de conductas antideportivas, mostró muy poco en el oficio del fútbol y sacó a relucir sus dotes artísticas puesto que en cada contacto con el balón terminaba en el suelo e increpaba a sus adversarios.» Digno de un baldosero. Luego pasó por San Francisco FC. Para la temporada 2003/2004 retornó al Plaza Amador. En enero de 2005 reapareció en Santa Fe para entrenar durante unos días con el plantel de Unión, sin embargo se volvió a ir. A mediados de 2006 se desempeñaba en el Alianza FC y tenía una oferta del Árabe Unido panameño cuando decidió volver a la Argentina para jugar en San Lorenzo… pero de la liga esperancina, donde los contratos son suculentos, pero el nivel futbolístico deja bastante que desear.
Habida cuenta de esto, a comienzos de 2007 retornó a Panamá para volver a vestir los particulares colores del Alianza FC.
Todavía no sabemos cuál es el hecho que lo hizo festejar tanto, según se aprecia en la foto.

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Da Silva Lima Marcelo

Marcelo Da Silva Lima
«Zurdo y como tal, habilidoso y le pega muy bien a la pelota. Buen quite y pasa al ataque con frecuencia y peligrosidad. Muy buen disparo con pelota parada y en movimiento, mucha precisión. Ejecutor de tiros libres. Muy inteligente, siempre elige la mejor posición.»
Por lo bien vendido que está su currículum podría tratarse de uno de los pilares del Scratch brasileño, sin embargo, lejos está de serlo.
Vale aclarar que tampoco tiene ningún tipo de parentesco con el Marcelo da Silva que fue fichado hace unos meses por el Real Madrid ni mucho menos con Celio Marcelo da Silva, el delincuente apodado «Bin Laden» que secuestró a la madre de Robinho hace tiempo atrás.
Este lateral izquierdo esquivaba tiros y ladrones (literalmente) en las favelas de São Paulo hasta que Jorge Célico y Claudio Morresi lo trajeron a Argentina para que jugara en las divisiones inferiores de Huracán.
Con 20 años, debutó el 14 de marzo de 2003, por la quinta fecha del torneo Clausura en la derrota por 3 a 0 ante Chacarita. Jugó los noventa minutos y cometió reiteradas infracciones que no fueron castigadas por el árbitro Gustavo Bassi. El destino le jugó una buena pasada y tuvo la oportunidad de disputar otros 2 partidos completos con la casaca quemera logrando un record, ser amonestado siempre. Quedó libre en 2003 dejando atrás a Ignacio Bordad, Gabriel Lobos, Carlos Camejo, Sebastián Lipo e Ismael Villalba.
Tras un año en el ostracismo extremo en 2004 fue en busca de nuevos horizontes. Partió para la zona sur y recaló en Talleres de Escalada para ser constantemente suspendido por juego brusco y dobles amonestaciones. Pese a esto jugó con cierta regularidad.
Al año siguiente cayó en El Porvenir, pero en Gerli disputó un solo partido. En su única oportunidad de mostrarse dejó una marca, pero fue en la cabeza de Mariano Barale, al darle un codazo que le provocó un corte por el cual tuvo que ser internado. Acto siguiente, se ganó los insultos de todos los hinchas del equipo de Caballito. A fines de 2005 se fue del club.
Apareció en Platense, donde al final de la temporada logró al ascenso a la B Nacional. Sin embargo, casi ni jugó y a mediados de 2006 rescindió su contrato.
Había arreglado con Flandria, incluso disputó amistosos al lado de Juan Gambandé, pero terminó abandonando Buenos Aires. Todo esto para hacer buenas migas con Maximiliano Ayala, Diego Ordoñez y Juan Grabowski en Sarmiento de Chaco. Tuvo la oportunidad de jugar seguido, pero fiel a su estilo de player golondrina ya se alejó del club.
Ahora tiene dos opciones, retornar a Brasil y perderse en alguno de los miles de equipos del hermano país o quedarse en Argentina y predicar la palabra de Dios en una de las tantas iglesias de culto brasileño que hay por estas latitudes.

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Yoshika Matsubara

Yoshika Matsubara
Nadie en la faz de la tierra podrá discutir la grossez de Yoshika Matsubara, un delantero japonés nacido el 19 de agosto de 1974, con nombre de jugador de Los Supercampeones, vieja serie de dibujos animados.
En 1992 llegó a Sudamérica y , lejos de poner una tintorería, desembarcó en Uruguay para hacer goles en la reserva de Peñarol. Luego retornó a Japón para jugar en Jubilo Iwata (1994/1995 y 1998), Shimizu S-Pulse (1996), JEF United Ichihara (1997), NK Rijeka de Croacia (1999), Delemont de Suiza (1999), Shonan Bellmare (2000). También representó a las Selecciones Sub 17 y Sub 20 de su país e integró el plantel de los Juegos Olímpicos en Atlanta 1996.
El hecho que lo hace figurar en este sitio ocurrió a comienzos de 2001. Aterrizó en Argentina y con la excusa de comerse unos alfajores, comprarse la camiseta de Aldosivi o Alvarado, ver un Quilmes-Peñarol en básquetbol o simplemente conocer el lugar donde nacería En Una Baldosa, fue hasta Mar del Plata para presentarse en la pretemporada de Argentinos Juniors.
«El preparador físico de mi equipo me dijo que tenía que descansar. Pero soy un profesional y quiero aprender cosas del fútbol argentino, que es muy interesante. Por eso estoy acá», dijo Matsu (así lo apodaron en el Bicho) cuando llegó. «El representante le pidió permiso al Checho para que Matsubara se entrenara con el plantel. Sólo se sumará a nosotros para entrenarse», aclaró Norberto Batista, hermano del campeón del mundo.
«Hasta marzo no empieza el campeonato japonés. Por eso, quise venir a la Argentina. Aquí se juega al fútbol de verdad. Son muy buenos técnicamente y tengo mucho que aprender»,
dijo el «ponja» en perfecto español. Y hasta se animó a opinar de la comida: «Aunque la carne me cae pesada, el asado es muy rico. Y los chorizos son bárbaros, en Japón no hay».
Sin embargo, la suerte no lo acompañó y en la segunda práctica sufrió un pellizco en los meniscos de la rodilla derecha al intentar patear una pelota durante el entrenamiento en Parque Camet.
Terminada su estadía en el equipo de La Paternal, permaneció en el continente y retornó a Uruguay. Esta vez no para jugar en un grande sino en un equipo modesto como Progreso (2001).
Pegó la vuelta al Lejano Oriente para sumarse al Avispa Fukuoka (2001) y luego regresó a tierras charrúas para defender los colores de Defensor Sporting (2002). Después volvió a Japón para cerrar su carrera en Okinawa Kariyushi FC (2003/2004) y Shizuoka FC (2004/2005).
Actualmente es director técnico en su país.

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Gatti Federico

Hugo Federico Gatti
¿Y qué dirá papá Hugo Orlando cuando vea que sus dos hijos futbolistas salieron baldoseros? Ya conocida es la historia de Lucas Cassius Gatti cuyas apariciones mediáticas en los últimos años se debieron más a las peleas con la madre de su hija que a su desempeño deportivo.
La carrera del menor de la dinastía arrancó en la séptima división de Argentinos Juniors. Paralelamente terminó el secundario en el Instituto River Plate mientras jugaba en el Bicho. En 1998 estuvo dos meses en el Millonario pero en La Paternal no le querían dar el pase. «Fui al colegio de River sabiendo que iba a Argentinos. Ahí ya estaba mi hermano Lucas. Después dejé Argentinos y me fui a River, pero no me dieron el pase, me quedé todo el año sin jugar y tuve que volver». A comienzos de 2001 finalmente se convirtió en jugador de River Plate.
Cuando llegó a Nuñez se hizo un tiempo para vender un poco de humo (tiene a quién salir): «En Argentinos me prometían que iba a jugar, pero yo sabía que no iba a jugar un carajo. Estuvimos como dos meses pidiendo el pase. Tuvieron que poner la guita mi viejo y unos amigos; no me querían dejar ir ni en pedo, aunque yo estaba decidido a irme. Si ahí no jugaba.» Y siguió: «Tuve un buen año y me iban a subir, pero me lesioné. Seguí jugando muy bien pero jamás me llamaron. Todos los años me quería ir y me decían que esta vez iba a jugar. Mac Allister decía que no corría, y como él pedía nada más que le pegaran para arriba, aunque fui el enganche que más goles hice el año pasado no me subió. Y con el Checho no estuve. En noviembre, como no me daban bola, dejé de ir. Habían hecho un selectivo de 20 pendejos y yo, que era el primero que iban a subir, me quedé abajo. Hasta promovieron pibes que estaban debajo mío, que ni jugaban en Cuarta.», señaló.
Y agregó: «Siempre te jode el apellido. Al principio te ayuda un poco, te ayuda en las conexiones en el club, pero cuando pasa el tiempo el apellido Gatti te jode. Tenés que hacer el doble de lo que hace el que juega en tu puesto. Siempre te miran de otra forma. Si tirás un caño y no sos nadie, te pegan una buena patada y pasó. Pero si sos Gatti quedás marcado como canchero. Pero no me arrepiento de ser Gatti. La gente es muy celosa, no de mí pero sí de mi viejo.» Todo esto para rematarla con un: «Mi viejo, después de Maradona, fue el ídolo más grande de Boca».
Sin haber jugado más que en Reserva, partió al Viejo Continente para emular a su hermano y baldosear en el ascenso español. En 2002 fichó con la Sociedad Deportiva Ponferradina. Sin embargo la Federación Española no admitió su ficha como amateur y al estar las plazas profesionales ya ocupadas debieron prestarlo al equipo filial (Ponferradina B) durante algunos meses. La lesión de un compañero le permitió debutar finalmente en el primer equipo.
Regresó a la Argentina y estuvo entrenando en Chacarita pero no fue fichado.
En octubre de 2003 volvió a ser noticias debido al secuestro express que sufrió. Fue liberado horas más tarde a cambio de 1.500 pesos y un reloj de su padre.
Se desconoce que fue de su vida hasta principios de 2006 cuando retornó al fútbol español para defender los colores del San Sebastián de los Reyes, lo curioso es que el club dueño de su pase según el boletín de AFA nº 3840 era Cañuelas, donde nunca jugó.
A finales de 2006 se lo encontró de regreso en nuestro país siendo el goleador de un equipo amateur llamado Claypole F.C., donde también figura un jugador histórico de las divisiones inferiores de River Plate como Luciano Scriminacci.

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Lagos Rodrigo

Rodrigo Esteban Lagos
Cuando se viene el descenso, las papas queman y los grandes se echan a un lado, el manotazo de ahogado es el piberío de las inferiores. En silencio y con la mejor cara de poker posible, los chicos deben ponerle el pecho a las balas.
Así es la historia de Rodrigo Lagos, un defensor nacido en 1979 en Granadero Baigorria. Surgido de la cantera de Ferro Carril Oeste, conoció la Primera División en tiempos que el equipo de Caballito estaba condenado al descenso.
Fue así que en el Clausura 2000 salió a la cancha junto a Roberto Galant, Cristian Tula, Hernán Santa Cruz, Fernando Sanjurjo, Edgar Bogado, Esteban Figún, Juan Pablo Cracco, Nicolás Hernández, Fabio Landaburu, Ariel Groothuis, Cristian Ayala, Maximiliano Velásquez y Diego González, entre otros.
Con la pérdida de la categoría ya consumada, se quedó en el club para pelearla durante algunos meses en la B Nacional.
En 2002 partió rumbo al fútbol de El Salvador, donde haría carrera. Primero en San Salvador hasta 2006 y luego en el siempre candidato Isidro Metapán, donde permanece hasta estos días.
Su vasta experiencia llamó la atención del entrenador del conjunto salvadoreño, el mexicano Carlos de los Cobos, que pretende nacionalizarlo para disputar la Copa de Oro de la CONCACAF de este año. «Podría estar si me llaman», dijo Lagos, dejando la puerta abierta.

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