
Eduardo Domingo Sisca
Fe de erratas. Cuando en el post Gustavo Scolari hicimos mención a la formación xeneize más baldosera de la historia, debimos haber puesto «más baldosera de los 90’s». Nobleza obliga, hay otras alineaciones en décadas anteriores que merecen ingresar en la discusión.
Por caso, el 11 de noviembre de 1984 Boca Juniors se vio obligado, por una huelga de profesionales, a presentar juveniles en un clásico ante River. Ese día Mario Zanabria tiró a la cancha a Marcelo Medina; Schinocca, Hugo Ávalos, Fornés, y Latorre; Valente, Sisca, Angarola y Rafael Horacio Herrera (luego reemplazado por Aranda); Gustavo Torres y Vales (Denny Ramírez).
Sisca era un volante ofensivo que, como muchos, no pudo saltear la mediocridad de esa época en el club y terminó jugando en el ascenso sin demasiado reconocimiento. Había debutado en 1983 con un empate 1 a 1 ante Vélez Sársfield. En total se puso la camiseta azul y oro en 17 oportunidades y no hizo goles.
Para la temporada 1987/88 pasó a Belgrano de Córdoba con la necesidad lógica de agarrar continuidad. Pero de nuevo se dio la cabeza contra la pared, porque sólo le otorgaron participación en 15 encuentros de la temporada.
Para hacer un poco más decorosa su trayectoria en el Nacional B, añadió un paso por Defensa y Justicia (1989/90), donde apenas alcanzó la cifra de 12 partidos jugados.
Su apellido, inevitablemente, trae recuerdos de una era bien decadente de la historia de Boca, que en nada se parece a este presente lleno de títulos y jugadores que están en la cresta de la ola.






