López Esteban

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Esteban Fabián López

Durante el Clausura 2003 el Palacio Tomás Adolfo Ducó bien podría haber cambiado su nombre al «Baldosódromo de Parque Patricios«. Y es que durante las 19 fechas de aquel campeonato en el que el Globo apenas ganó un partido, empató 4 y perdió 14, pasaron por el verde césped infinidad de jugadores que alimentan y alimentarán este sitio.

Baldoseros de la talla de Ramón Pedro Ortíz, Raúl Hernán Ariel Fernández, Carlos Camejo, Francisco López Rojas, Sebastián Lipo, Marcelo Da Silva Lima, Darío Pranich, Edson Uribe y Cristian Gabriel Fernández, entre otros, vistieron la casaca de Huracán y sellaron el certificado de la baldoseridad al instante.

Y Esteban Fabián López no podía ser menos, debutó en la cuarta fecha, ante Colón de Santa Fe, en la derrota por 3 a 2. Luego se perdió varios encuentros, y en la segunda mitad del torneo se convirtió en una de las figuritas repetidas, siempre ingresando desde el banco en el complemento. Su mejor recuerdo seguramente sea su participación en el triunfo (el único) ante Banfield, por 1 a 0 con gol de Emanuel «Tito» Villa. A los 33 minutos de la segunda etapa, justamente reemplazó al goleador.

A duras penas hilvanó 11 encuentros en la máxima categoria (8 desde el banco, 3 como titular, 2 partidos completos) antes de despedirse para siempre de los flashes.

Desde entonces, López no le pudo escapar a la trayectoria que el destino les tenía preparada a él y a la mayoría de sus compañeros. A mediados de 2004 se sumó a Huracán de Comodoro Rivadavia (2004 a 2007) donde logró el ascenso al Argentino A en la temporada 2004/2005 y el descenso al año siguiente.

Al parecer, en Racing de Trelew, donde juega desde 2007, se destapó y se convirtió en uno de los goleadores del Torneo Argentino B, convirtiendo 17 tantos la temporada pasada, y ya lleva 2 en 4 presencias en este campeonato.

En estas épocas de vacas flacas donde la selección no le hace un gol a nadie, ya se ven venir las banderas: «Bianchi/Russo/Batista/Diegote: Esteban López es argentino«.

Torres Martínez Edison

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Edison Eliezer Torres Martínez

Defensor paraguayo, pero con nombre de pila extremadamente ecuatoriano que intentó ganarse la vida en el fútbol argentino, sin suceso alguno. Nacido en la localidad de Encarnación, no tardó mucho tiempo en darse cuenta que quería ser un jugador profesional y dejó el club Nueva Estrella para probar suerte en Buenos Aires.

Así fue que cruzó la frontera para sumarse a las inferiores de Los Andes, y un año más tarde, con edad de sexta división fichó con Racing Club. Actuando como volante por derecha o zaguero central, según la ocasión, en las juveniles de la Academia, se fue ganando la consideración de los técnicos hasta que Ángel Cappa lo subió al plantel profesional a mediados de 2003.

Es más, estuvo a punto de debutar en el Apertura de aquel año, ante Rosario Central, porque Jhon Galliquio debía jugar un partido con su selección y recién volvería sobre la hora del encuentro. Finalmente, el peruano llegó a tiempo para ser titular y el lugar en el banco de suplente fue ocupado por otro baldosero, Carlos Ramos.

En el verano de 2004, el conjunto de Avellaneda venció a Boca Juniors por 1 a 0 con gol de Rimoldi y el Pato Fillol mandó a la cancha a varios pibes para verlos en acción. Así fue que ese día ingresaron Juan Manuel Barrientos, Leonardo Baroni y el paraguayo en cuestión, que reemplazó a Gastón Casas a los 32 minutos de la segunda etapa.

Como si esto fuera poco, Torres Martínez se sacaría las ganas de comer banco en la primera fecha del Clausura 2004, en el Cilindro, ante Colón de Santa Fe, sentando al lado de Fillol y acompañando a Gastón Pezzuti, Lucas Rimoldi, Vicente Principiano y Gastón Casas.

Hasta acá nos aguantamos las ganas de hacer chistes con Thomas Alva Edison, pero la situación ya se hace insostenible. Desde mediados de 2004 la carrera de Edison Torres Martínez entró en un pozo ciego.

Intentó enchufarse en Guaraní, pero lo devolvieron rápido. Volvió a Avellaneda a mediados de 2005 y quedó libre a la par de Cristian Pereyra, Luis Rueda, Juan Manuel Barrientos, Carlos Ramos, Néstor Ruiz, Ezequiel Ceballos, Manuel García y Nahuel Roda. Reapareció en 2006 defendiendo los colores del Universal paraguayo, y continuó apagándose de a poco.

En 2007 se fue a Uruguay, para tratar de salir a la luz con la divisa de Tacuarembó. Y estuvo cerca, cuando se enfrentó al ex Banfield Héctor Ignacio La Luz por aquel entonces en Nacional de Montevideo.

A comienzos de este año, intentaron sacarlo del foco, y lo mandaron al Deportivo Pereira de Colombia, pero no aguantó demasiado, seis meses más tarde estaba de vuelta en tierra charrúa jugando para Tacuarembó.

No hay caso, por más que intente prenderse en todas, la carrera de este Edison, paraguayo y con pocas luces, alumbra menos que una lamparita de 25 watts.

Rodríguez Pablo

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Pablo Fernando Rodríguez

Futbolista con nombre y apellido ideales para para la confusión. ¿Cuál Pablo Rodríguez? ¿El de Morón? ¿El de Argentinos? Ninguno de los dos, aunque en su patrón genético baldosero guarde rasgos de ambos.

Asomó su humanidad en el Belgrano de Córdoba dirigido por Gustavo Alfaro. A la par de otros no consagrados como Mariano Guzmán, Mauricio Verón, Marcelo Amaya y Julio Mugnaini, fue puliendo sus virtudes de marcador de punta por derecha. Entre 2001 y 2002 disputó 20 encuentros en Primera, más un partido por la Promoción ante el Quilmes que nunca ascendía.

Para el Apertura 2002, Carlos Ramacciotti le pegó un chiflido y le hizo señas para que lo acompañase a La Plata. Rodríguez, que había quedado libre del Pirata, se sumó al plantel de Gimnasia bajo la conducción del creador de la frase «Ferrari, tirala afuera que sino no salís vivo«. Chaces de jugar no tuvo pero al menos acumuló un club más a su currículum.

Pegó bache informativo grosso hasta agosto de 2005, cuando Alumni de Villa María le hizo una propuesta y él la aceptó. Lo curioso es que el mismo día que llegó a la ciudad también lo hicieron otros dos jugadores de apellido Rodríguez. Estimamos que, como suele ocurrir, los dirigentes no quisieron pifiarle con la elección y por las dudas contrataron a los tres.

Ya más experimentado y conocedor del paño del Argentino A, B y C, transitó los últimos años de su carrera con 9 de Julio de Río Tercero (2006/2007) y Estudiantes de Río Cuarto (2007), donde formó parte de un equipazo (?) junto a Martín Herrera, Edgardo Parisi, Daniel Verón, Marcelo «tengo página en inglés por si me quiere contratar el Manchester» Trimarchi y Mugnaini, que cada dos por tres lo linkeamos y no entendemos por qué si lo único que hizo fue un gol a Quilmes. Ah, debe ser por eso.

Fernández Raúl

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Raúl Hernán Ariel Fernández

Durante mucho tiempo escapó a este homenaje, favorecido por el apellido común y su contemporaneidad con Cristian, otro Fernández, también defensor, que se fue al descenso con Huracán al finalizar la temporada 2002/03.

La participación de Raúl en el Globo fue más acotada que la de su compañero, pero no viene mal destacar los hits de su trayectoria poco difundida, que arrancó gracias a una promo llamada «jugá todo lo que puedas contra equipos que tengan rojo y negro en su camiseta«.

Bajo ese lema, su estreno en la máxima categoría se produjo en la segunda fecha del Clausura ’03, actuando como lateral derecho en un empate 1 a 1 ante Newell’s. Un par de jornadas más tarde volvió a ser titular en el equipo dirigido por Babington que de local cayó frente a Colón por 3 a 2. Una semana más tarde, se despidió de forma oficial en un partido que Chacarita ganó por 3 a 0. Fin de un sueño.

Cuando le preguntaron qué cuernos quería hacer dijo «jugar en el exterior«. Así fue como viajó hasta Paraguay y firmó con Guaraní (2004). Duró poco su estadía en la tierra del gran Eumelio Palacios, porque ese mismo año regresó a nuestro país para sumarse al plantel de Huracán de Comodoro Rivadavia (2004/05). El Torneo Argentino y el frío le sentaron bastante bien durante un lapso considerable, pues en el primer semestre de 2006 defendió la divisa de Brown de Puerto Madryn (2006).

Para la segunda mitad de ese año no encontró nada mejor que la Primera D y arregló su contrato con Ferrocarril Midland (2006), donde debió interrumpir su andar ante la posibilidad de probarse en el Persela Lamongan de Indonesia. La experiencia internacional fue corta otra vez y en Midland le volvieron a abrir los brazos. Hoy debe estar agradecido porque juega con el grosso de Fernando Garitonandia y un Mariano Martínez que no tiene nada que ver con el tráfico de efedrina.

Peirotti Germán

Germán Alejandro Peirotti (El Mancha)

Entre la posibilidad de jugar en el Piacenza de Italia y terminar haciéndolo en un equipo de Sunchales hay una gran diferencia. La historia de Germán Peirotti trazó ese recorrido de una manera bastante particular, que vale la pena rememorar.

Tenía 20 años cuando, integrando el plantel de Unión de Santa Fe (dorsal número 35) y con escasas presencias en el banco de la Primera, se encontró con una chance tan concreta como asombrosa: pasar a un equipo de la B del Calcio. En aquel momento era el enganche de la Reserva tatengue y gracias a la gestión del abogado Luis Hilbert se le abría la puerta al universo híper profesional: «Quiero asegurar un par de condiciones, como por ejemplo a dónde va a estar el jugador, para tranquilidad de su familia«, decía el encargado de negociar su pase, en diciembre de 2002.

El tiempo pasó pero la transacción no se concretó. Así fue como en enero de 2003 le surgió una propuesta, para nada despreciable:jugar en Grecia. «Estamos esperando que confirmen la fecha de los pasajes para ir hacia allá. Pero con Unión y con el club está todo acordado«, anunciaba Ramiro Carrasco, otra persona que manejaba su destino.
Provocando un déjà vu en el marote del pibe, el pase se volvió a caer y no le quedó otra que sentarse a esperar su debut, que recién llegaría en el Nacional B.

El 5 de octubre de 2003 hizo su estreno junto a Walter Cuder, Hugo Alves y Mauro Aranha, en la victoria 3 a 1 de Unión sobre Huracán. Suficiente antecedente para ser convocado por Matías Donnet a un partido a beneficio del terruño ambos: Esperanza, un pueblito ubicado a 50 kilómetros de Santa Fe que no tiene nada que ver con Costa Esperanza. De hecho a ese encuentro solidario no acudieron Nahuel Mutti, Juan Ponce de León, Agustina Cherri, Agustina Lecouna y Jazmín Stuart, sino que lo hicieron César Carignano, Cristian Favre, Cristian Wenrly, Horacio Humoller, Gonzalo Baroni y Guillermo Imhoff.

Dos temporadas en el tatengue le bastaron a los simpatizantes para entender que Peirotti jamás explotaría. La calidad estaba, sí. Pero faltaba algo más. Y encima el equipo no lograba el ascenso.

A mediados de 2005 recaló en Atlético Tucumán para disputar el Argentino A. Lo curioso es que, estando en la pretemporada, de un día para el otro desapareció y marchó hacia Córdoba, con la firme intención de arreglar con Belgrano. Como de costumbre, no pasó nada y tras su 4° mal pase de forma consecutiva se comió una espera bastante larga hasta su primera transferencia real.

Entre 2006 y 2007 vistió la camiseta de Unión Lara de Barquisimeto, club venezolano fundado en 1999. El karma de jugar toda la vida para un equipo llamado «Unión» no se lo podía despegar, asi que de regreso en Argentina viajó hasta Sunchales y en un acto de rebeldía terminó firmando para Libertad (2007).

En la actualidad, su ficha en My Best Play dice que es jugador de…¡Unión de Sunchales! Ya no sabemos que pensar. Si se hubiese quedado un tiempo más en Libertad hubiera podido charlar con Yocco sobre Verano del ’98 o de su frustrada transferencia al Piacenza. Ahora que aparece en la baldosa le van a creer.

Rojas Roberto

Roberto Carlos Rojas

Si de trayectorias bizarras hablamos (o escribimos), la de Roberto Rojas podría ilustrar la tapa de cualquier libro referido al tema. Su conducta a la hora de elegir camisetas siempre fue bastante particular, generando un lógico desconcierto en aquellos que intentan seguir el camino de cualquier futbolista. Un año acá, otro año allá. Así no se puede, viejo.

Se dio a conocer en Vélez Sársfield, cuando disputó 2 partidos de la Copa Conmebol ante el Deportivo Español y robó una foto junto a Bassedas y Raúl Peralta en las páginas de la revista El Gráfico. Después militó en cuanto equipo se le cruzó por el camino, sin medir categoría, ciudad y objetivos deportivos. Al menos eso sacamos en limpio de su desordenada manera de enhebrar clubes. Pasó por Talleres de Remedios de Escalada (1993/94),Villa Dalmine (1996/97), Xerez de España (1997/98), Motagua de Honduras (2000/01), Estudiantes de Caseros (2002), Mercedes (2004), Juventud Unida Universitario de San Luis (2004), Tigre (2005/06), Comisión de Actividades Infantiles de Comodoro Rivadavia (2006), Atlético Luján (2008) y también dicen que anduvo por Deportivo Morón, Talleres de Córdoba, Los Andes, Gimnasia de Entre Ríos, Rayo Vallecano de España, Costa Rica, China, El Salvador y Canadá.

¿Que falta info? ¿Que sobran clubes? Puede ser, no estamos en condiciones de afirmar nada. Lo único que se sabe perfectamente es que en su paso por Tigre disputó 9 encuentros e hizo un gol que le dio el triunfo al Matador de Caruso Lombardi sobre el Aldosivi de Alberto Pascutti, en noviembre de 2005. Ascenso puro.

¿Nos olvidamos de decir que es delantero? Y bueno, no jodan. No nos pidan rigor informativo en este post cuando está bien claro que el homenajeado nunca puso un poco de colaboración para la causa.

De La Corte Cristian

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Cristian Gabriel de La Corte

Atacante surgido en Lanús que luego de un puñado de encuentros en Primera División desapareció del mapa, dando esporádicas señales de vida que aquí intentaremos recolectar.

Surgió bajo el ala de Oscar Garré como entrenador granate en el Apertura ’97. En la fecha 4 de ese torneo ingresó por Marcelo Trimarchi en la derrota 3 a 1 ante el Ferro de Gerónimo Saccardi. Tapado generalmente por el mismo Petete, pero también por Bartelt, Raíces, Belloso, Vilallonga, Fernando Soler y José Luis Marzo, en dos años apenas juntó minutos en 11 partidos oficiales (sólo 3 como titular) y convirtió un gol frente a Newell’s, en el Clausura ’99.

La dificultad para ganarse un lugar recrudeció aún más con la llegada del año 2000. Sin oportunidades, el pibe nacido en Lomas de Zamora fue cedido a préstamo al Santiago Wanderers de Chile, donde no hizo los méritos suficientes para que el club trasandino desembolsara el 1.400.000 dólares de su opción de compra.

Regresó antes de tiempo a Lanús, donde le mostraron un cartel que decía «tomate el bondi a Sarandí». Sin protestar, se fue hasta la parada del colectivo y ahí se encontró con Patricio González, Rodrigo Mannara, el Chipi Soler y Javier Morales, que a pesar de ser rolinga reflexionó «nos hubiéramos pedido un remis para cinco personas y nos salía más barato«. Todos cayeron en Arsenal para el Apertura 2000, pero De La Corte no pudo adueñarse de un puesto y terminó esfumándose misteriosamente, mientras las frías letras del diario sólo indicaron que había quedado libre.

Reapareció en enero de 2004 como refuerzo de San Martín de Burzaco, elenco de la Primera C que supo tener una de las camisetas más feas de la historia de la humanidad. A esa altura ya teníamos la sospecha de que no volvería a jugar en la máxima categoría pero tampoco era para dejarnos con esta incertidumbre. Pasaron 4 años y no tenemos noticias. ¡Vamos Cristian! ¡Que no se corte!.

Campagna Darío

Darío José Campagna

No está de más recalcar que los homenajes en este sitio se hacen con respeto. Partiendo de esa base pudimos dedicarle un espacio al Pampa Bihurriet, Rubén Bernuncio y tantos otros que perdieron la vida de forma temprana. El humor, en estos casos, queda para otro momento, independientemente de su necesidad. Sin caer en golpes bajos y conscientes de que estas historias pueden despertar voces en contra, recordamos a Darío Campagna porque creemos que vale la pena.

Nacido en Rosario el 2 de febrero de 1962, hizo inferiores en Central y debutó en Primera el 22 de diciembre de 1982, contra Quilmes, ingresando por su viejo compinche, Claudio Scalise. Una semana después, tuvo su tarde consagratoria cuando jugó por primera vez desde el arranque y marcó dos tantos ante Unión de Santa Fe.

En un par de años logró calzarse la pilcha canalla en 60 oportunidades (11 goles), pero no logró enamorar a la hinchada, que quizás defraudada por las malas campañas que derivaron en el descenso de 1984, terminó canalizando parte de su furia en la humanidad de este volante con llegada al gol.

Campagna, que paradójicamente era apodado «el muerto«, se fue a Colombia, donde triunfó con la divisa del Deportes Quindío, formando un mítico equipo con sus compatriotas Carlos Prono, Maximiliano Cincunegui y Luis Erramuspe. En 1989 probó durante un tiempo la camiseta azul de Millonarios pero después de no tener muchos minutos en cancha prefirió volver a Quindío para despedirse del fútbol cafetero.

Tratando de devolverle a su país lo mucho que había hecho en el exterior, retornó a la Argentina y se sumó al plantel de Talleres de Córdoba en la temporada 1990/91. Disputó 28 encuentros y marcó en 3 ocasiones. Su mejor partido, tal vez, lo tuvo ante el Racing de Goycochea, Néstor Fabbri, Cosme Zaccanti y Hugo Lamadrid. Ese 28 de octubre de 1990 hizo dos goles en el Cilindro y los cordobeses ganaron 3 a 1.

Tras un paso por Aldosivi de Mar del Plata, sufrió un terrible rodillazo que le perforó un pulmón y que lo tuvo en terapia intensiva. Ese fue el factor desencadenante del retiro de Campagna con casi 37 años. Hizo el curso de entrenador junto a Scalise y tenía la posibilidad de sumarse al cuerpo técnico de Edgardo Bauza en Central cuando le salió la chance de viajar a Colombia. La idea era aprovechar el buen recuerdo que había dejado como persona y acercarle dos jugadores al Deportes Quindío. Hacia allí fue junto a Diego Montenegro y Rubén Bihurriet, en el fatídico verano de 1999.

Tras dos semanas de evaluaciones y entrenamientos en plena pretemporada, el 25 de enero los tres se encontraban en el hotel Armenia Plaza, dispuestos a firmar contrato, cuando un brutal terremoto convirtió la ciudad en ruinas. Los argentinos recien llegados perdieron la vida y Néstor Lo Tártaro, que ya integraba el plantel del Quindío, fue sobreviviente y testigo de la tragedia. No hubo mucho por hacer. El dolor se había apropiado de todo.