Leandro Nicolás Evangelisti
Es bastante complicado no caer en la tentación del chiste fácil y dejar pasar por alto que un tipo de apellido Evangelisti arrancó su carrera defendiendo los colores de un club llamado La Armonía de Bahía Blanca. Hubiese sido muy gracioso que compartiera equipo con Pablo Paz, Guillermo Amor o alguien más cercano a su nivel, como Ariel Jesús.
Curiosamente, a lo largo de su carrera este bahiense se destacó por ser un tipo de emociones violentas que no escatima en responder que en un clásico de inferiores le pegó una piña a un rival.
Mientras era el tercer arquero de Estudiantes de La Plata (2000/2003) vio pasar en el banco de suplentes a Solari, Malbernat, Bilardo y Craviotto.
Sin lugar en la ciudad de las diagonales salió a buscar un club que le pagara el sueldo y le diera, al menos, un asiento entre los relevos. Fue así que recaló en Quilmes (2003/2005). En un principio postergado por la presencia de Pontiroli y Elizaga se recluyó en la Reserva para acompañar a Leandro «lo puteé a Grafite y caí en cana» Desábato, Diego Torres y un amigo de la casa como La bestia Pablo Bastianini. Calladito esperó su chance que llegaría al año y medio. En febrero de 2005, por la segunda fecha del Clausura, el Cervecero derrotó a Vélez por 2 a 0 y Evangelisti jugó desde el arranque. Compartió cancha con «lo que quedaba de» Diego Markic y el «Champeta» Velázquez.
Contento por haber ganado en su único partido en Primera y por haber conocido varias ciudades de Sudamerica gracias a los viajes por la Libertadores, torneo en el cual comía banco sentado al lado de Gabriel Lobos, decidió salir a buscar nuevos objetivos.
La posibilidad de ascender con Unión de Santa Fe lo entusiasmaba y hacia allá partió. Las cosas en el plano futbolístico no marchaban bien y eso repercutió en el seno del plantel. El 19 de febrero de 2006 San Martín de San Juan derrotó al conjunto santafesino por 1 a 0 y Néstor Craviotto presentó su renuncia. Al final del partido y con los ánimos muy caldeados, Darío Cavallo, jugador del Tatengue, le pidió a Evangelisti explicaciones por algunas recriminaciones en el transcurso del partido. Debido a la insistencia del ex Gimnasia y bastante tiempo antes del affaire Zidane-Materazzi, el Uno le tiró un cabezazo. Acto seguido se agarraron a trompadas y sus compañeros tuvieron que interceder para separarlos.
Claro que la historia no terminó ahí. Horas después y por intermedio de un empleado del club, Evangelisti se enteró que no iba a regresar a Santa Fe en el micro con el resto del plantel por decisión de los propios jugadores.
Así fue que pasó la noche en un hotel de San Juan y con algo de plata que le dio la comisión directiva (y mayoría de su propio bolsillo) emprendió la vuelta en taxi. Días más tarde rescindió el contrato.
Desconocemos si es el mismo que dejó su huella (horrores de ortografía al margen) en un foro de fútbol pero estamos seguros que después de meter un mal pase a Villa Mitre de Bahía Blanca se incorporó a Villa del Parque de Necochea. En la ciudad balnearia dio muestras de su calidad con grandes tapadas y hasta animándose a patear (y convertir) penales. En contrapartida, también exhibió una fuerte dosis de cabezadetermismo que una carta de lectores dejó en evidencia.
A mediados de 2007 pasó a San Telmo para pelear el puesto con los pibes de inferiores Juan Carlos Ávila y Marcos Fasanella. En una primera etapa del campeonato para el olvido (18º entre 21 equipos) disputó 6 encuentros y algunas lesiones le impidieron adueñarse del arco.
En fin, esta es la historia de Leandro Evangelisti, un personaje que de pacífico tiene poco y nada.
KeyserSoze



