All Boys con y sin inscripción (1979)

He aquí (?) un pequeño detalle que convierte una camiseta prolija y simple en una camiseta prolija y aún más simple. No se trata del gigantesco escudo del club en el pecho, algo habitual por aquellos años. Hablamos de la inscripción “C.A. All Boys”, presente en la indumentaria adidas de todos los jugadores de campo, excepto en Mier Segovia (segundo de los parados) y en Rodolfo Juárez (anteúltimo de los agachados). Tres décadas más tarde, el nombre de la institución desaparecería y el escudo sería remplazado por una vaca. Cosas del progreso.

Nueva Chicago con buzo rojo (1990)

La imagen parece de 1922 (?), pero aunque usted no lo crea es de 1990, más precisamente del día en el que Nueva Chicago disputó el partido más austral de su historia: ante Bancruz de Río Gallegos, por la revancha de la primera ronda del Zonal Sureste del Torneo del Interior. Sí, así de largo.

En el encuentro de ida, el cuadro de Mataderos no tuvo inconvenientes para superar a los sureños por 3 a 0, con goles de Capovilla en contra, Gustavo González y Domingo Irala Saravia. Parecía que aquel primer paso en el duro camino hacia el Nacional B era un trámite, pero faltaba lo peor: jugar en Santa Cruz.

El desquite ante Bancruz se jugó el 6 de mayo de 1990 en unas condiciones pésimas para la práctica del fútbol. El frío extremo, el viento y una cancha llena de piedras y charcos pusieron en duda el encuentro. Sin embargo, el árbitro Sliwa habló con los capitanes de ambos equipos (Burgos y Almirón) y optó por jugarlo.

Fue así como Nueva Chicago saltó al campo de juego con una indumentaria insólita. Nada de camisetas verdinegras ni alternativas blancas: Buzos rojos con el logo de adidas en el pecho. Los mismos que usaban para entrenar y para concentrar, pero con números en la espalda añadidos de forma precaria. ¿Pobreza? No, los jugadores estaban cagados de frío. Y ni hablar de los jueces de línea, que estuvieron los 90 minutos con pantalones largos.

Para darle más colorido al asunto, el Torito ese día fue alentado por un grupo de colimbas que le llevaban la contra a los lugareños. ¿Resultado? Ganó Chicago 2 a 1 en el partido más helado de su vida.

Gracias a Chicago Total

Talleres sin el logo de adidas (1989/90)

Vaya uno a saber si algunas de las camisetas que Adidas le entregó a Talleres no llevaban su logo, o si el parche de “Cabalgata” estaba pegado demasiado arriba. Lo cierto es que Bustos (el último de los mohicanos parados), Iglesias y Albornoz (abajo, segundo y tercero) no lucen la marca alemana. Otra desprolijidad más en el equipo cordobés. Y eso que no hablamos del buzo de Genaro.

Central con dos marcas (1993)

La imagen corresponde al empate 3 a 3 entre Rosario Central y Mandiyú de Corrientes, por la décima fecha del torneo Apertura 1993. A simple vista no hay nada raro, más que Ricky Maravilla con la 10 Úbeda festejando, pero si hacemos foco en la indumentaria encontramos algo bastante llamativo.

El Canalla, que ese año comenzó a vestirse con la firma brasileña Penalty, combinó la nueva camiseta con unos viejos pantalones de Uhlsport, su antiguo sponsor técnico. El hecho no fue aislado, ya que en ese campeonato pudo verse más de una vez.

Al año siguiente Central se acostumbraría, por fin, a utilizar los pantalones azules de Penalty, su proveedor oficial.

Boca copia del Parma (1993 a 1995)

El vínculo entre Boca Juniors y una empresa familiar como Olan dejó algunas particularidades, pese a que no fueron muchas las camisetas que presentaron entre 1993 y 1996.

El único modelo alternativo que el Xeneize utilizó en aquel período estuvo inspirado, de principio a fin, en la indumentaria Umbro que el Parma de Italia había estrenado en 1993: conjunto blanco, con cuello azul y mangas con bordes bicolores. La firma Olan, no demasiada esmerada en sus diseños, se apropió de la idea y hasta copió los detalles de los pantalones y las medias.

Para colmo, el sponsor del club italiano era el mismo de Boca: Parmalat. ¿Resultado? Una camiseta idéntica que debutó en 1994 y que incluso llegó a usar Maradona en un accidentado encuentro ante Deportivo Español, a fines de 1995.

Atlanta con juegos distintos (1988/89)

Más allá de los pantalones amarillos, de un tono diferente al resto de la indumentaria, a simple vista no pareciera existir ninguna rareza en esta foto de Atlanta. Sin embargo, al hacer foco en la figura de Fernando Di Carlo nos damos cuenta de que El Tero tiene una camiseta distinta a la de sus compañeros, ya que el bastón central es azul y el logo de adidas está en blanco. Un pequeño detalle digno de Placard.

Chacarita con camisetas de la hinchada (1994)

«¿Qué sería de un club sin el hincha? Una bolsa vacía… ¡El hincha es el alma de los colores! Es el que no se ve, es el que da todo sin esperar nada… ¡Eso es el hincha! ¡Ese soy yo!», decía Enrique Santos Discépolo en la película El Hincha, de 1951, adelantándose varias décadas al mismo sentimiento que experimentaron los simpatizantes de Chacarita Juniors en un hecho por demás insólito.

El 26 de marzo de 1994, el Funebrero recibió en su estadio al Club Almagro, en un partido correspondiente al Torneo Clausura de la Primera B. Ambas instituciones, vestidas por Penalty, disputaban además un trofeo que ponía en juego la marca brasileña. Eran sus dos equipos fuertes en el ascenso y querían hacerlo notar. Lástima que se olvidaron un detalle: las camisetas.

Tanto el Tricolor de San Martín, como el Tricolor de José Ingenieros, salieron ese día al terreno de juego con sus uniformes blancos, los alternativos. Sólo se diferenciaban en algunos vivos, que lógicamente eran rojos en Chaca y celestes en Almagro. Desde lejos o desde cerca, los 20 jugadores de campo eran prácticamente lo mismo. Así no se podía jugar.

En la utilería del local no había ningún juego de camisetas suplentes. Ni hablar por parte del visitante, que nunca se imaginó semejante falta de sentido común. Fue ahí cuando, después de varios minutos en los que nadie sabía qué hacer y en los que todos miraban al árbitro con miedo de que suspendiera el encuentro, desde la voz del estadio se le pidió a los hinchas de Chacarita que colaboraran para solucionar el problema.

Sin pensarlo, los jugadores funebreros se acercaron a la popu, para recibir la ofrenda de sus hinchas. Voló una, voló otra y otra, hasta que completaron el juego de camisetas tricolores, con suplentes y todo.

Las casacas, obviamente, eran muy distintas entre sí. De diferentes marcas, talles, diseños y sponsors, aunque eso era lo de menos. Lo más preocupante en ese momento fue la falta de una camiseta número 4, evidenciando ya la falta de laterales en la Argentina (?). ¿La solución? Agarraron una 14 y le taparon el 1 con cinta. Lo atamo con alambre, lo atamo.

Con las camisetas de los hinchas, luego reemplazadas por otras en el entretiempo, Chaca terminó ganando el partido por 3 a 2, adjudicándose la Copa Penalty, que fue levantada por su capitán con una casaca Taiyo.

Ah, el cuadro de San Martín ese año fue campeón, dejando sin efecto aquel cantito que decía: «Sáquense la camiseta y dénsela a la hinchada que juega mejor».

Gracias a Chacarita Juniors y Futboglin.

Banfield tricolor (2008)

Durante mucho tiempo el Club Atlético Banfield debió someterse al dudoso buen gusto de los diseñadores de Nanque, la firma de indumentaria que lo vistió en 3 períodos distintos, entre 1980 y 2008. Desde una banda verde que sólo iba hasta la mitad del pecho, pasando por una casaca que parecía de Los Andes, hasta incluso diseños afanados a otras marcas. Cualquier cosa podía pasar en el universo del Taladro.

Las razones de tanta impunidad, claro, estaban ligadas a Carlos Portell, presidente del club durante muchos años y hermano del dueño de Nanque. Todo quedaba en familia, también las licitaciones, aunque hubiese otras marcas dispuestas a vestir a Banfield.

Fue así como, entre tantos diseños horrendos que mostró la institución en ese lapso, se destaca uno tricolor que llegó a utilizarse en el último año de la relación. La camiseta alternativa tenía bastones verdes y naranjas, como en el modelo utilizado el año anterior, pero separados por delgadas líneas blancas.

Por suerte, la pilcha sólo salió a la cancha en 2 partidos de ese Clausura 2008: ante Racing y Vélez. Un verdadero espanto. Y eso que no hablamos de Jairo Patiño.