
En los años 90’s las marcas encargadas de vestir a los equipos del fútbol argentino comenzaron a exigir que los arqueros, acostumbrados a tener un contrato individual, usaran ropa de la misma firma que sus compañeros. Recordado es el caso de Navarro Montoya, que tuvo que resignar el hecho de utilizar su modelo personalizado y acatarse a las reglas de la internacional Nike, en 1996.
Uno que no se hizo demasiados problemas ante esa modalidad fue César Labarre, portero de San Lorenzo que en un encuentro ante Boca, en 1992, optó por pegar una cinta de tela con la inscripción «Topper» sobre su buzo Reusch. Se ve que ante las presiones de la empresa que vestía al conjunto Cuervo, agarró una birome en el vestuario e hizo lo que pudo. Muy desprolijo.
Juan Pordiosero






