Fuera de stock: posar con dos arqueros

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La vida del arquero suplente, según cómo se mire, puede ser maravillosa o tristísima. Algunos como el Flaco Saccone, lograron hacer un click para convivir dignamente con eso de sentarse todos los domingos en un banco con techito. Otros, como el Ruso Kondratzky o Bernardo Leyenda, sufrieron la postergación de un modo menos grato.

Es por eso que es entendible que, en otros tiempos, cuando no había superpoblación de medios dedicados al fútbol, los arqueros suplentes hayan querido llamar la atención, formando junto a los 11 titulares. Por más insignificante que parezca, el posar junto a los jugadores más conocidos debe ser, de alguna manera, un premio al esfuerzo y a la dedicación.

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Esta práctica, que tuvo su pico de furor en los 60’s y en los 70’s, con muchos conjuntos del ascenso e incluso de Primera División como protagonistas, sobrevivió como pudo en las últimas décadas, teniendo al Pato Abbondanzieri como uno de sus últimos abanderados. Desde acá, el reconocimiento para los eternos número 12.

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Fuera de stock: iniciales en la ropa

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La costumbre comenzó a tomar forma en las primeras décadas del siglo XX y tuvo su pico de popularidad en los años 40’s y 50’s, cuando los integrantes del cuerpo técnico de cualquier equipo solían posar para las fotos. Para todos ellos, llevar en la indumentaria una letra que identificara su función era de lo más normal.

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Cosidas, pegadas, estampadas o hechas con cinta adhesiva, las iniciales marcaron una era que perduró hasta mediados de los 80’s, cuando desaparecieron de los sacos de los pocos entrenadores que, por amor al arte y desprecio a la elegancia (?), mantenían la tradición.

Las más utilizadas:

DT: Director Técnico.
T: Técnico.
E: Entrenador.
D: Doctor.
K: Kinesiólogo.
M: Masajista.
U: Utilero.
A: ¿Asistente? ¿Ayudante? ¿Aguatero?.

La televisación de todos los partidos y el abuso de protagonismo que tomaron los técnicos y sus colaboradores en los últimos tiempos, hicieron innecesarias las aclaraciones y a pesar de algunos esfuerzos por revivir la práctica (por ejemplo, en 1999 Luanvi hizo buzos con la inscripción B/S para los jugadores que conformaban el banco de suplentes de San Lorenzo), mostrar una T o una E pasó al olvido.

Fuera de stock: el jugador fantasma

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En la escuela, la premisa para ordenar a los alumnos siempre fue bastante sencilla: los más bajitos adelante y los más altos al fondo, manteniendo un brazo de distancia para no alterar los nervios de la Directora que todavía no cobró el aguinaldo. Pero, ¿cómo debe formar un equipo de fútbol?

No hay un reglamento que indique cómo deberían colocarse los jugadores a la hora de la foto, aunque tendría que existir. No es que sea muy complicado, para nada. Pero el sentido común, que determina que sean seis los futbolistas defensivos que aparezcan parados y cinco los atacantes que posen en cuclillas, no siempre llega con claridad a los planteles. Nunca falta ese conjunto kamikaze en el que nadie quiere sentirse defensor o, por el contrario, ese team carusiano que no pretende dar aspecto de ofensivo ni de casualidad y pone sólo 3 hombres en la línea inferior.

Un hueco en la pared

Revisando diarios y revistas para encontrar imágenes de las distintas maneras de formar, nos topamos con la punta del ovillo de un misterio que hasta el día de hoy nunca había sido develado y que, entendemos, podría rellenar tranquilamente media hora de un programa de Facundo Pastor: ¡El jugador fantasma!

Más de una decena de fotos, que siempre estuvieron ahí aunque nunca habían sido observadas con detenimiento, demuestran la existencia de un personaje extra, imperceptible para el ojo humano, que solía ubicarse entre los defensores. Y para nuestro asombro, también comprobamos que muchos futbolistas fueron cómplices, generando el hueco necesario para la inserción del compañero invisible y ocultando la verdad durante años.

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Acá (no) lo vemos entre Zanetti y Biaín, en el Talleres de 1987/88.

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En Español, Martelotto solía chequear que Ortega dejara el lugar vacío.

La revelación
Saber que en los años 80’s y 90’s el fútbol argentino había sido el oscuro escenario para un espectro al que nadie se atrevió a denunciar, nos golpeó pero no nos detuvo. Investigamos, tocamos timbres, consultamos a personas del ambiente que, por supuesto, no quisieron dar la cara, y finalmente hallamos la foto que certifica el paso del jugador fantasma por las inferiores de Atlanta, cuando apenas era un alcanzapelotas que soñaba con jugar en Vélez y todavía no le había agarrado la mano a la invisibilidad.


Click en la foto para agrandar.

Fuera de stock: la lambada de Roger Milla y sus imitadores

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El Mundial ’90, para muchos de los que hacemos y leemos esta página, nos marcó de una manera especial. Pasan los años y seguimos diciendo como viejos chotos que jamás habrá una canción como Un Estate Italiana, que no se podrá igualar la emotividad de los penales atajados por Goyco, que nunca jugamos tan bien como lo hicimos contra Brasil…Bueno, esto último no, pero la idea era esa (?).

Otra imagen inolvidable de ese Mundial es la de Roger Milla celebrando los goles con un particular baile en el banderín del córner. La prensa especializada, apoyándose en el éxito musical del momento, no tardó en adosarle el nombre de «lambada» a esa danza protagonizada por el delantero camerunés.

Y vaya si habrá sido significativo ese festejo que durante la primera mitad de la década del ’90 surgieron cientos de imitadores en todas partes del Mundo y, por supuesto, también en la Argentina.

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El baile de Milla, cosa de turcos

Por entonces, el fútbol de nuestro país comenzaba a contaminarse de vinchas, colitas, pulseras, calzas y cuanta cosa fluo anduviese dando vuelta por ahí. Evidentemente, el ámbito local era una esponja que chupaba todo lo que sonara jóven, moderno y atractivo. En ese contexto, el desembarco de la lambada estaba asegurado.

No se recuerda quién fue el primer valiente de nuestros campeonatos en festejar un gol de esa manera, pero Claudio García y Omar Asad fueron los más distinguidos bailarines en aquellos tiempos.

Años de furor y lógica desaparición

Durante los primeros meses posteriores al Campeonato del Mundo, los jugadores argentinos casi no homenajearon al goleador africano, quizás por un excesivo respeto o también por un temor a quedar como plagiadores ante una sociedad futbolera que todavía tenía fresco el recuerdo de Italia ’90.

La moda de festejar en el banderín del córner recién se empezó a popularizar por estas pampas a mediados de 1991 y se extendió incluso hasta 1994, obteniendo su pico de fama cuando el Turco Asad lo hizo ante el San Pablo de Brasil en la final de la Copa Libertadores.

El ocaso del fenómeno, para algunos, estuvo relacionado con la llegada del Mundial de USA ’94 y la aparición de nuevas celebraciones, con coreografías ensayadas y la participación de dos o más jugadores. Para otros, en cambio, la muerte del festejo de Roger Milla, o mejor dicho, del festejo de sus imitadores, se debió exclusivamente a la pereza de los propios futbolistas que comenzaron calcando los movimientos del camerunés y con el pasar de los años terminaron haciendo una versión acelerada, reducida, que ni siquiera contemplaba la posibilidad de usar el banderín del córner como pareja de baile. Por eso, entre otras cosas, nos quedamos sin lambada.

Fuera de stock: atarse los cordones por encima del tobillo

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La costumbre se inició en épocas de imágenes en blanco y negro, allá por la década del ’50 y del ’60, pero se popularizó recién en los 70’s, cuando los futbolistas comenzaron a salir más asiduamente en televisión y a protagonizar publicidades de botines en los medios gráficos.

Por aquel entonces, amarrarse los botines del modo convencional (como cualquier zapato o zapatilla) parecía demodé. La nueva tendencia obligaba a atarse los cordones sobrepasando la imaginaria línea de los tobillos.

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Había distintas escuelas, claro. Estaban los que hacían una simple vuelta y anudaban de la manera más sencilla para sentirse sueltos; Y estaban también los fundamentalistas, que empezaban aprisionando el pie con nudo marinero a la altura de la lengüeta y seguían enroscando la pierna aprovechándose del largo del cordón, obteniendo un verdadero matambre listo para presentar batalla. Todo eso multiplicado por dos, claro. Los jugadores utilizan ambas piernas. Bah, todos no.

Como era de esperar, la moda que impusieron los futbolistas dentro de la cancha, no tardó en trasladarse a las calles, las plazas y los potreros. Los pibes de cualquier barrio de la Argentina querían usar los cordones como sus ídolos, por supuesto. Pero eso generó más pérdida de tiempo que otra cosa a la hora de hacer un picado. Nunca faltaba aquel imprudente que con tal de imitar a Mario Zanabria o la Rana Valencia podía perder más de 10 minutos en ajustarse los botines, dejando a su equipo en inferioridad numérica. Imperdonable.

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Decadencia y muerte de la costumbre

Hacia finales de los 80’s el uso de este método comenzó a sentir el paso de los años. De 11 jugadores que salían a la cancha, sólo 2 ó 3 se animaban a mantener la tradición. Encima, ya iniciados los 90’s empezó a circular con más fuerza el rumor que decía que «atarse los cordones encima de los tobillos corta la circulación…un chico que vivía acá a la vuelta perdió las dos piernas y después se murió«. Ese fue el fin de esta práctica tan particular, que dio paso a los vendajes por encima de las medias, fomentada por el Tata Martino primero y el Gatito Mignini después. Pero esa es otra historia.

Desde acá un simple recuerdo para los que se ataban los cordones por encima de los tobillos. Ese simple acto, por más que parezca una boludez, también forma parte del fútbol que nos tocó ver y que tanto queremos.

Fuera de stock: La Copa Pelé

La idea, convengamos, era genial: juntar a viejas glorias del fútbol y hacerlas participar de un mini-Mundial que se transmitiría por televisión. La propuesta resultó tan atractiva que muchos se prendieron, incluso el mismísimo Pelé, que a cambio de unos buenos billetes le dio su nombre a la Copa y además disputó un partido de la primera edición.

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Copa Pelé, Brasil 1987

Presentado como el primer torneo de seniors (mayores de 35 años) de selecciones campeonas del Mundo, resultó un éxito desde lo comercial ni bien arrancó. La red de TV Bandeirantes aprovechó la movida en su país para cautivar nueva audiencia y, como si fuera poco, 50 mil espectadores se hicieron presentes en el estadio Pacaembú, en San Pablo, para ver el debut del scratch ante Italia. Había un motivo importante, claro: volvía O’ Rei a las canchas.

Pese a que Brasil ganó 3 a 0, Pelé no tuvo una buena jornada y se retiró de la competición. Igualmente el local contaba con figuras como Rivelino, Jairzinho y Edú, material de sobra para llegar a la final, donde enfrentó a Argentina y cayó por 1 a 0 (gol de Felman), pese a ser claramente superior en el desarrollo.

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Argentina Campeón. Arriba: Mouzo, Squeo, Buttice, Piris, Berta y Cortés.
Abajo: Brindisi, Pedro González, Babington, Más y Felman.

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Fuera de stock: los goles antes que en Fútbol de Primera

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El 2002 no fue un año fácil para los argentinos. La crisis del año anterior todavía mantenía aturdidas a muchas personas y el pueblo, en general, era testigo zombie de hechos que golpeaban cada vez más abajo, como la eliminación del equipo de Bielsa en el Mundial de Corea-Japón, la devaluación de la moneda y la ida de Fonseca de River (?).

Entre tanta sordidez, un programa de televisión se animó meter una ficha de entusiasmo que no tardó en mover la cascada de los futboleros. Desde la pantalla de Canal 9, se fogoneó durante toda una semana la llegada de un ciclo que haría historia con algo simple, pero jugado. Pasaría los goles de la fecha dos horas antes que Fútbol de Primera, la emisión que contaba (y que todavía cuenta) con los derechos exclusivos.

El domingo 20 de octubre a las 20, miles de personas prendieron sus televisores para ver de manera anticipada las imágenes prometidas. A esa altura ya no importaba nada. Ni siquiera que «Fútbol no pares» (sí, se llamaba así) estuviera conducido por Enrique Sacco y Chiche Ferro. Con tal de ver los goles la gente estaba dispuesta a cualquier cosa. Pero algo falló.

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La estafa televisada

En su estreno, el programa trató de mantener la expectativa el mayor tiempo posible y finalmente en el segundo bloque puso en el aire el primer gol de la fecha…que no fue tal. Imposibilitados de emitir las imágenes (algo que ya sabían desde el vamos), a los productores no se les ocurrió mejor idea que mostrar animaciones que simulaban las mejores alternativas de los partidos de Primera División. ¡Una vergüenza!

Como si fuera poco, las animaciones (término generoso) eran propias del siglo pasado. Los jugadores jamás pateaban con la pierna derecha, se movían con cierta dificultad y los arqueros se tiraban menos que Chilavert en su última etapa en Vélez.

La mentira duró poco y unos días más tarde, el productor ejecutivo del programa, Fernando Tribuno, declaró en el Olé: Decir que defraudamos es subestimar al público. Todos saben que los goles reales no se pueden pasar antes que Fútbol de Primera. Para mí, la expectativa de la gente estaba en qué íbamos a mostrar y cómo. Hoy por hoy, pensar que se podía llegar a violar el contrato más conocido de la Argentina, es una locura. La promo no fue un engaño: se trata de generar expectativa para producir luego este shock y este golpe«.

Como si fuera poco, se intentó desde la producción justificar el mediocre producto: «Técnicos especializados se encargan de procesar en el sistema computarizado las imágenes que graban los cámaras en la cancha. Así, logramos una recreación de la jugada real ¿Por qué los jugadores virtuales son zurdos? El equipo llegó hace poco tiempo y necesita tomar movimientos que se sacan de la imagen real. La urgencia de salir con el programa nos implicó estar limitados en muchos detalles como ése. Pero con el tiempo todo se va a ir perfeccionando«. Lamentable.

Torneo Interdivisional: Copa ABCDiario

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En el verano de 2003, paralelamente al torneo Pentagonal de grandes, el Proyección 2006 y la Copa de Tandil, la televisión impuso un torneo que tuvo hasta el momento una única edición. El Torneo Interdivisional (o Copa ABCDiario, en alusión al programa de TyC Sports que cubría, por ese entonces, las cinco categorías del fútbol argentino).

Por Primera División el representante fue Lanús, que en aquel momento vivía los años de transición que le habían costado, seis meses antes, jugar la Promoción ante Huracán de Tres Arroyos con riesgo de perder la categoría.

El representante de la Primera B Nacional era Argentinos Juniors, descendido en el semestre anterior y segundo de Atlético Rafaela en ese Apertura 2002. Ese año perdería la final por el segundo ascenso contra Qulmes y la Promoción ante Nueva Chicago.

Ferro Carril Oeste que venía de capa caída tras los descensos consecutivos desde Primera División hasta la B Metropolitana. A mitad del año anterior se le había escapado increíblemente, a manos de Deportivo Español, la chance de volver a la B Nacional. Había ganado en diciembre el Apertura y le esperaba el ascenso, en junio.

El mediático Villa Dálmine de Campana, que contaba por entonces con José Basualdo, Roberto Monserrat, Pedro Troglio y Mario Pobersnik, llegaba por entonces como ganador del Apertura 2002 de Primera C. Luego se quedaría en las puertas del ascenso al perder las finales frente a Colegiales.

Por último, Fénix fue la cara visible del Torneo de la Primera D. En ese año la menor de las categorías no se dividió entre Apertura y Clausura, sino que se jugó en dos zonas a tres ruedas. Fénix quedó cuarto en la Zona Norte. Su máxima figura era Sebastián Neuspiller.

Ya presentados los cinco equipos, se dio marcha a la primera fecha:

Clasificado Lanús por ser de Primera División, se enfrentaron en la primera fase los cuatro equipos del ascenso, el 18 de enero.

FERRO 3 – FÉNIX 2 (Díaz, Grassano, Molfeso / Neuspiller -2-)

ARGENTINOS 0 (1) – VILLA DÁLMINE 0 (4).

La segunda fecha se disputó el 21 de enero. En primer turno se enfrentaron los perdedores de ambos partidos y a continuación los vencedores.

ARGENTINOS 5 – FÉNIX 0 (Montenegro, Barrios y Oberman -3-)

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FERRO 2 – VILLA DÁLMINE 0 (Molfeso de penal y Díaz)

Con este panorama, Ferro quedaba clasificado a la final del torneo, Villa Dálmine se enfrentaba en la semifinal contra Lanús, y ya quedaba estipulado el cuarto puesto para Argentinos y el quinto para Fénix.

El 25 de enero se jugó la llave que clasificaría al equipo granate al match decisivo:

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LANÚS 4 – VILLA DÁLMINE 0 (Mannara -2- y Bustos Montoya -2-)

La final del torneo se llevó a cabo dos días más tarde, el 27 de enero. Y Lanús, en una ratificación del sentido común, se impuso por sobre el resto de los equipos, pertenecientes a categorías del ascenso.

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LANÚS 5 – FERRO 0 (Hugo Morales, Bustos Montoya -2-, Moreno y Risso)

POSICIONES
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Campeón: Lanús (1º A)
Subcampeón: Ferro (1º B Metropolitana)
Tercero: Villa Dálmine (1º C)
Cuarto: Argentinos (1º B Nacional)
Quinto: Fénix (1º D)

Diego