Fuera de stock: PSN

Si en algún momento se eligiera al canal deportivo más baldosero de la historia (Boca TV queda excluído al no poder considerarse un canal) Pan-American Sports Network (PSN) se llevaría todos los honores. Cuenta con varios requisitos, un arranque prometedor, una queda importante en el medio y una caída rápida y no menos dolorosa.

Cuando el 15 de febrero de 2000, en el Parque Antártica, Palmeiras y The Strongest pusieron en marcha el grupo 7 de la Copa Libertadores estaban formando parte de la primera prueba de fuego de PSN, un canal deportivo que venía a pelearle sin miedo el lugar de preferencia a TyC Sports, Fox Sports e ESPN.

PSN irrumpió en el mercado cuando se quedó con los derechos de transmisión de la Copa Libertadores, las Copas Intercontinental, Mercosur (a través del sistema pay-per-view, que luego fracasó) y Merconorte, las eliminatorias sudamericanas clasificatorias a Corea/Japón 2002, el Calcio Italiano, las competitivas (?) ligas de Francia y Portugal, además de la Liga Sudamericana de Básquet, la NBA y la WNBA, la Fórmula Uno, torneos de tenis y golf.

Pavada de inversión (se calculan alrededor de 500 millones de dólares, otros suben la cifra a 650 millones) la que hizo el grupo estadounidense Hicks, Muse, Tate & Furst (actualmente conocido como HM Capital Partners), aquel que en los noventas, gracias a su amistad con Pelé, gerenciara el fútbol del Cruzeiro y el Corinthians brasileño, y que intentara hacer lo propio en nuestro país con Racing Club de Avellaneda y River Plate, sin mayor éxito.

Si hay algo que caracterizó a PSN fue la diversidad, de esta manera se hizo frecuente ver (u oír) a relatores colombianos, uruguayos, chilenos y brasileños que veían goles que no eran (?). Claro que nada se compara al lujo de tener como comentarista a Diego Armando Maradona, en la final de la Libertadores entre Boca Juniors y Palmeiras. El 2000 no pudo ser el año de la consolidación, pero de todo modos, PSN mostró una nueva e interesante propuesta. Durante ese período el logo del canal apareció en la casaca del Blooming boliviano, y acompañó a Gastón Mazzacane en su experiencia en la Fórmula Uno en las escuderías Minardi y Prost.

Para 2001, la situación ya venía complicada. Sin embargo, Luis Baraldi, vicepresidente ejecutivo de programación, derrochaba optimismo: «Ni la crisis en Argentina, ni la desatada después del 11 de septiembre, han variado nuestra estrategia global de negocios en Latinoamérica. PSN tiene en Argentina su mercado más desarrollado porque es el país con mayor penetración. En este sentido, al igual que Argentina, Brasil, México, Colombia y Chile, siguen siendo objetivo prioritario«, dijo semanas después de presentar el plato fuerte del canal para la temporada 2001/2002, «El Show de Pelé«, un programa con entrevistas a personas destacadas del ambiente deportivo a cargo de O Rei.

La cosa se ponía cada vez más negra y no porque Pelé estuviera en pantalla, sino porque de un momento a otro, la señal desapareció por un tiempo de la grilla de Multicanal. Desde la operadora del Grupo Clarín alegaban que PSN pretendía aumentar el costo por abonado que se pagaba de 35 a 70 centavos, lo que representaba (en esa época) una suma cercana a los 3 millones de dólares en un año. Desde PSN argumentaron: «Ellos han cesado sus pagos y nuestra señal se encuentra autorizada a suministrar a cortar el servicio a quienes no cumplan con el contrato«. En noviembre de 2001, y luego de dos meses, PSN volvió a estar presente en Multicanal, pero no por mucho tiempo.

El toque final se dio en febrero de 2002, apenas dos años después del lanzamiento, cuando en plena crisis de nuestro país, Pan-American Sports Network presentó la quiebra al no poder afrontar los enormes gastos en dólares teniendo solamente ingresos en pesos.

De las cenizas de PSN, surgió Fox Pan American Sports, producto de la fusión con Fox Sports y que derivó en Fox Sports Premium, ese paraíso del cable que semana a semana nos trae el relato de glorias baldoseras como el Pollo Vignolo y el soporífero Rodolfo de Paoli.

Fuera de stock: La Copa Centenario

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Bajo los alegres efectos de la celebración por sus primeros 100 años, la Asociación del Fútbol Argentino organizó, en 1993, la tristemente recordada y cada vez más lejana Copa Centenario. La intención de los dirigentes del ente mayor era simular una Copa Del Rey o Copa de Italia, aunque el resultado final distó bastante de la idea original.

La primera gran diferencia con los trofeos europeos de ese estilo fue la cantidad de equipos, ya que no se contemplaron las divisiones de ascenso y todo quedó reducido a los clubes que habían participado de la temporada 1992/93 de Primera División, a excepción de los descendidos Talleres de Córdoba y San Martín de Tucumán.

Con 18 equipos, la AFA diagramó un sistema de eliminación doble (ronda de ganadores y perdedores), con muchos clásicos en la primera fase y varias desprolijidades en las instancias siguientes. El proyecto inicial era cubrir el hueco sin fútbol que en ese julio de 1993 había quedado entre un campeonato y el otro, pero el torneo se prolongó demasiado y recién culminó a fines de enero de 1994.

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Primera Fase

Se jugaron partidos de ida y vuelta. Racing eliminó a Independiente, River a Boca, San Lorenzo a Huracán, Newell’s a Central, Gimnasia a Estudiantes, Vélez a Ferro, Platense a Lanús y Belgrano a Mandiyú. Se observaron, entre otras cosas, un clásico rosarino con tribunas parcialmente cubiertas, un gol de Abelardo Vallejos, la dupla Ramaciotti-Sbrissa ocupando el banco de Gimnasia y el binomio Mandinga Percudani-Martín Palermo en la delantera de Estudiantes.

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Fuera de stock: las gorritas

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Se popularizaron en el Mundial de USA ’94 y fueron estigmatizadas como compañía innecesaria de los jugadores argentinos durante las ruedas de prensa, concentraciones y tiempo libre. Es común que cada vez que se enciende la crítica sobre aquella Selección de Basile que quedó afuera en octavos de final, salga a la palestra una enumeración de íconos de la culpa en la que no pueden faltar Maradona, la efedrina, Cerrini y…las gorritas de Telefé, Mastercard o el sponsor de turno según el cachet de cada futbolista.

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El fenómeno en el ámbito local

Lo que había ocurrido en el Campeonato del Mundo de Estados Unidos no fue por mera casualidad. En la Argentina, por necesidad y no precisamente por buen gusto, a principios de los 90’s se había impuesto como tendencia que uno o más players salieran a la cancha con un gorro estampado o bordado por marcas que iban desde una pizzería hasta una cancha de papi. Tipos como Carlos Netto y José Tiburcio Serrizuela hicieron escuela en eso de chivear de manera no tradicional. Después de USA ’94, la práctica se blanqueó y durante un plazo no muy prolongado algunos jugadores sacaron provecho de una moda que se venía a pique.

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Desaparición, reencarnación y sobrevivientes del fútbol puro (?)

Tras casi una década en la que fue muy difícil observar hombres viserados dentro de las canchas (a excepción de los arqueros), surgió en el ascenso una costumbre que ya había dado sus frutos 15 años atrás con el San Pablo de Brasil, equipo que comunmente formaba con sus once jugadores engorrados. Intentando emular el éxito de aquel elenco de Telé Santana, en la temporada 2004/05 Defensores de Belgrano también cayó en la tentación de dejarse auspiciar colectivamente con gorras. Pero como en las grandes catástrofes, hubo un paladín de la justicia que se negó ante ese aberrante hábito y fue en contra del proyecto. Ya todo el Mundo sabe que el Turquito Hanuch, antes de cometer la herejía de lucir una gorra con una publicidad, prefiere pasar por 14 clubes sin triunfar. Ah, Defe ese año descendió.

Fuera de stock: El PC Fútbol

Juego para computadoras creado por la empresa española Dinamic Multimedia en 1992, contó con nueve ediciones. Las primeras versiones eran más ágiles, venían en diskettes y eran fáciles de manejar. Las últimas fueron beneficiadas por la evolución de la tecnología a tal punto de generar un realismo que se transformó en enfermedad. ¿Quien no se creyó DT?

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La primera versión del PC Fútbol con equipos argentinos fue la 3.4 del Apertura 1995. Contaba con la modalidad Mánager. Uno tenía que elegir un club de Primera División y llevarlo al título. El concepto era claro: ser director técnico de un equipo de fútbol. Seleccionabas a los titulares, a los suplentes y a los que quedaban afuera de la convocatoria. También se podía declarar transferible a algunos hombres que no se iban a tener en cuenta, y contratar a futbolistas de otros equipos e incluso jugadores de Europa. Por ejemplo, entre las noticias aparecía «El equipo de Le Saux o Le Tissier puso en venta al jugador«, pero no decía qué club lo tenía.

Se podía escoger la táctica, poner el precio de las entradas y agrandar el estadio. Uno de los trucos era estipular el valor de los tickets lo más alto posible y recaudar lo suficiente para adquirir jugadores de categoría.

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El cambio drástico se dio para el Apertura 1997 cuando la versión 5.0 introdujo los relatos de Marcelo Araujo y otras funciones mejoradas. Se podían hacer ofertas a diferentes clubes del fútbol local y también estaba la chance de ofertar a jugadores del viejo continente que no estuvieran transferibles.

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La explosión máxima del juego se dio con la edición 6.0, en 1998. En marzo de ese año apareció la versión española y para junio la italiana, que contaba en el CD con el 5.0 de Argentina y también el 5.0 de Francia. Ya para el verano de 1999 se instaló en nuestro país la versión local, muy mejorada con respecto al año anterior. Víctor Hugo Morales fue, en esa oportunidad, el hombre escogido para los relatos.

Se podía elegir cualquier equipo en modo manager, o bien empezar con un equipo de la B Nacional y pasar luego a ser el DT de Boca o de River, según las campañas realizadas en los equipos de la divisional de ascenso.

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A esa altura el juego no abarcaba un solo torneo como en la versión 3.4. También poseía la opción de la Copa Libertadores, una tabla del descenso de Primera división y un campeonato de la B Nacional donde ascendían dos equipos.

Ya en el 6.0 uno podía observar qué jugadores de otros clubes estaban en su último año de contrato y asegurárselos para la temporada siguiente con una buena oferta.

Además esa edición contaba con preparador físico, secretario técnico, buscador de jugadores y otros tantos empleados del club que ayudaban a la función del usuario, que cumplía el rol de manager del equipo. Era bastante completo.

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Jugadores destacados

El caso más emblemático es el de Juan Manuel Suligoy, ignoto player de la vida real que tenía un promedio de 91 puntos en el plano virtual. El delantero de Atlético Rafaela no era un crack ni mucho menos, pero era una tentación comprarlo para rellenar el plantel o, mejor aún, hacerse cargo de La Crema para venderlo y hacerse de una buena cantidad de dinero.

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Otros valores como Grecco (Olimpo), Watson (Godoy Cruz) y Alianello (Douglas Haig) le daban vigor al torneo del Nacional B, con buenos rendimientos. Y no podemos olvidar al gran Poorters, un futbolista del Lierse de Bélgica que ostentaba la denigrante media de 8 puntos. Una lágrima.

El 7.0 ya era internacional. Es decir que el juego comprendía los torneos de España, Italia, Francia, Inglaterra, Alemania y Argentina. Salvo ese detalle, que hizo más pretencioso al PC Fútbol en cuanto a requerimientos técnicos, no tuvo otros cambios considerables con respecto a la versión anterior.

Las ediciones de 2000 y 2001 sí sufrieron algunas modificaciones en relación a sus antecesoras, pero siguieron siendo buenos juegos. En la última, la del 2001, si el equipo estaba mal posicionado el entrenador era despedido de su cargo y si se ponía la opción resultado en el último partido era casi imposible ganar para evitar la catástrofe.

Cuando Dinamic Multimedia cerró, el PC Fútbol estuvo cinco años sin volver a aparecer, pero luego la empresa Gaelco editó las versiones de 2006 y 2007, que no lograron superar el clásico e insuperable 6.0.

Diego

Ver también: Nota a Juan Manuel Suligoy.

Fuera de stock: Los Salieris de Chilavert

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La dominante figura de José Luis Chilavert como arquero goleador, generó en sus colegas una marcada tendencia ofensiva que encontró su pico a mediados de los 90’s y fue menguando a medida que se fue desarrollando el nuevo siglo.

De esa manera tuvimos la suerte de ser contemporáneos de la ola de los porteros como protagonistas de penales, tiros libres e incluso cabezazos. Algunos como Pontiroli, Cuenca, Luchetti o Saja, trascendieron la atractiva moda y con el tiempo se fueron metiendo al club de los clásicos guardavallas con gol, como Rogerio Ceni e Higuita. Pero otros, sólo fascinados por la posibilidad de salir en la tapa de un diario o simplemente por el hecho de imitar e incluso vengar al prócer paraguayo, terminaron prendiéndose a una movida que no en todos los casos dio buenos resultados.

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Tú no has ganado nada

Sandro Guzmán declaró, jugando para Boca y en la previa de un match ante Vélez, que tenía en mente hacerle un gol a Chilavert. Como se imaginarán, ocurrió lo opuesto y el que embocó a su rival fue el que popularizó el Bulldog en el pecho.

Faryd Mondragón también se hizo el valiente aprovechando la pena máxima ante el capitán del Fortín, en el Apertura ’97. Pero nadie le avisó que además de convertir tenía que atajar. Ese día Independiente se comió 5 en su propia casa.

Roberto Bonano, en una etapa donde estaba cambiando de personalidad y quería ser provocador, le hizo un gol desde los once pasos al paragua, en aquel recordado encuentro de la Copa Mercosur de 2000 que encuadró el arquero vencido con una declaración contundente: «le pegó con un periódico«. Esa noche Chila también mojó.

Nacho González (8 tantos en la temporada 1996/97) y Terremoto Cejas (7 entre 1999 y 2001), demostraron cierta regularidad pero no se afianzaron como referentes del arquero artillero. Labarre, Sodero, Sala, Sanzotti, Varisco, Yorno, Campestrini, Roa y Ustari también se encargaron de los penales a favor.

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Con barrera
Envalentonado por el cartelito de «Chila bueno» que le había adosado la revista El Gráfico, Sebastián criollita Saja fue uno de los tantos que se animaron a patear tiros libres, como Peratta o Cejas. Ninguno tuvo efectividad en Primera.

Tampoco la tuvo el Flaco Vivaldo en 1999, cuando ejecutó una falta en la campaña que terminó con el ascenso del Funebrero. Bossio, después de su recordado gol de cabeza ante Racing, también probó con una pelota parada ante Ferro pero su intento se estrelló contra el caño horizontal.

Uno que pasó vergüenza fue Leo Díaz, el ex arquero de Colón e Independiente. Jugaba para el Sabalero cuando cruzó toda la cancha en un partido ante Boca, en el Apertura 2000, y sacó un disparo que salió 2 metros encima del travesaño. Encima el caradura, sabiendo de su limitación a la hora de jugar la pelota con los pies, declaró «Estas cosas no se practican, salen. Antes del partido, habíamos planeado con Javier Delgado una jugada para distraer en caso de que hubiera un tiro libre. Por eso fui, para hacer lo que habíamos conversado. Pero creo que no me entendió, se quedó parado y por eso no la pudimos hacer. Entonces, finalmente decidí patear directo al arco«. Lamentable.

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De cabeza a la gloria

Como ir, van todos. Cuando las papas queman y se consumen los segundos finales, los arqueros suelen correr hasta el área de enfrente para convertirse en héroes. Sin embargo, son muy pocos los que han provocado el milagro. Chiquito Bossio, en el Clausura ’96, se apoderó de un pedazo de historia cuando metió un cabezazo en el Cilindro de Avellaneda que sirvió para igualar 1 a 1 ante Racing.

Un par de años más tarde, César Labarre se tuvo a fe en un córner e impulsado por los insultos de su gente se tiró de palomita, convirtiendo el agónico tanto con el que Nueva Chicago le empató a Arsenal de Sarandí en tiempo de descuento.

En 2004, Pablo Santillo utilizó el recurso del testazo en un partido que Atlanta perdía ante Central Córdoba, en Rosario. El ex guardameta del Chacarita colocó el empate sobre la hora y desató la locura de los hinchas bohemios.

Aparte otra cosa

Hoy que la costumbre de convertir ha mermado en el puesto, queda en evidencia que aquella seguidilla de arqueros arriesgados sólo fue una moda impulsada por la admiración, el odio o el sentimiento de venganza hacia uno de los mejores extranjeros que han pisado canchas argentinas. Gracias a Chilavert tuvimos la fortuna de ver a Leo Díaz, un tipo que sólo usaba los pies para caminar, parado frente a una barrera y poniendo cara de «la voy a poner en un ángulo».

Fuera de stock: la AIFP de Maradona

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Empecinado en hacerle frente a la FIFA sin medir costos ni responsabilidades, Diego Maradona le sacó brillo a su capricho más ambicioso cuando fundó, en septiembre de 1995, la Asociación Internacional de Futbolistas Profesionales, una entidad que prometía luchar por los derechos de los jugadores a sol y a sombra. ¡Ja!

El chiste arrancaba bien. El Diego de Presidente, otras 13 figuras de primer nivel (Ruud Gullit, Ginaluca Vialli y Eric Cantona, entre otros) poniendo la caripela y una expresa voluntad de defender los intereses de los trabajadores que, por aquel entonces, ya se autodefinían como «lo más sano del fútbol«.

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La Sede

París. Allí se hicieron las primeras reuniones, como la que tuvieron en 1996 para ver hacia dónde salían jugando. «Hasta ahora, los futbolistas han sido marginados en la toma de decisiones de los grandes organismos del fútbol mundial. Es algo que se debe cambiar. Hay multitud de cuestiones que afectan directamente a los jugadores, que, sin embargo, nunca son consultados«, declaraba Didier Roustan, secretario general de la AIFP.
Personalidades del ambiente como Jean Bosman, Raí, Alfredo Di Stéfano y Jorge Valdano se involucraron con la causa pero a último momento el Presidente Maradona acusó unos problemas personales y no se presentó.

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El objetivo

El mal mayor, según los nuevos dirigentes sindicalistas, era el criminal horario de los partidos. Jugar al mediodía en los Mundiales, por ejemplo, significaba (y significa) una inmensa recaudación para la FIFA en concepto de televisación. De esa lectura se desprendía que la AIFP no sólo estaba preocupada por la salud de sus laburantes sino que además quería ser parte del negocio. «Hasta el día de hoy, Blatter, que es un tipo a sueldo, y Havelange, que jugó al waterpolo, deciden lo que se hace en un campo de juego. En el futuro queremos participar«, decía el volante de Boca Juniors.
Los jugadores por primera vez estaban decididos a reclamar por lo suyo a través de un gremio internacional. La idea no estaba tan mal.

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El resultado

Lo más importante y lo último que logró la AIFP de Maradona fue la realización de un partido a beneficio del belga Bosman en abril 1997. El escenario elegido para ese rejunte de glorias del balompié fue el Estadio Olímpico de Montjuich, Barcelona. Para ese entonces el diez estaba a punto de retirarse, excedido de peso y con demasiados inconvenientes en la cabeza, como si alguna vez hubiese estado librado de ellos.

El encuentro fue un reflejo de lo que era la asociación. Poca gente en las tribunas, rechazo de los invitados, camisetas conseguidas de apuro, pelotas desinfladas y un espectáculo lamentable. El más criterioso fue el brasileño Sócrates, que afirmó: «los futbolistas somos gente demasiado individualista, tenemos mucho que aprender para que esto tire hacia adelante«.
La realidad golpeaba crudamente a Maradona y compañía. Para declararle la guerra a la FIFA tenían que estar mínimamente organizados. Y no lo estaban.

Fuera de stock: el partido de los lunes

Estaba Fútbol de Primera, sí. También estaba el asado, la revista Viva de Clarín y la depresión por tener que levantarse temprano al otro día. Los domingos, a mediados de los 90’s, eran casi como ahora. Pero faltaba algo y no nos referimos a Silvio Soldán saltando frente al cofre de la felicidad. Al terminar el fin de semana uno actualizaba la tabla de posiciones de la A y se daba cuenta de que dos equipos debían un partido. Pero no cualquiera: faltaba «el partido final«.

A partir de la llegada de la señal de TyC Sports en 1994, todos los lunes desde las 21.10 (o eventualmente 20.10) se podía disfrutar del encuentro que cerraba la fecha. Generalmente animado por equipos chicos, ese cotejo rezagado extendía la semana futbolera para aquellos amantes del balompié que no se conformaban lo acontecido el viernes, el sábado y el domingo.

Platense y Ferro, por lejos, fueron los equipos que más veces disputaron el match final. También fueron protagonistas Banfield, Deportivo Español, Argentinos Juniors, Estudiantes, Lanús, Colón, Unión y Gimnasia de Jujuy, entre otros. Por cuestiones excepcionales, hasta grandes como Racing o Independiente llegaron a jugar en el cierre de la jornada.

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La tradición de los lunes, esa que en algún momento se nos hizo familiar al punto que la reconocíamos con sólo escuchar las voces de Mariano Closs, Alejandro Fabbri, Cristian Garófalo, el Ruso Ramenzoni e incluso Cecilia Pirolo, dijo adiós el 11 de junio de 2001 con el choque entre Los Andes y Gimnasia y Esgrima La Plata. Esa noche ganó el Milrayitas 3 a 2. Los de Lomas festejaron, los del Lobo sufrieron. Pero nadie se percató de la abrupta muerte de una era en la historia del fútbol televisado.

Fuera de stock: la numeración de Español

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En la temporada 1997/98 la Asociación del Fútbol Argentino habilitó la designación de un dorsal fijo para cada jugador de Primera División. Hasta ese momento, la numeración se limitaba al uso correlativo del 1 al 11 para los titulares y del 12 al 16 para los suplentes. Así fue como se le dio el pie a una de las máximas locuras colectivas que se recuerde en los 90’s.

A pesar de la novedad, la mayoría de los planteles mantuvieron cierta cordura, a excepción de algunos caprichos personales, como el de Julio Zamora, que quería usar la 27 en honor a su amigo Carlos Hermosillo, o el de Sebastián Abreu, que se quedó con el 13, su número preferido.

Los que se definivamente se fueron al carajo fueron los jugadores del Deportivo Español que, impulsados por un utilero jodón, terminaron tomándose con gracia la elección de la casaca.

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«Cuando vi la lista que había confeccionado el utilero me puse furioso. Con el 1 aparecía Carrario y con la 10, yo. No entendía nada. Primero me sorprendí: yo odiaba ese número, no lo quería. Pero ahora estoy feliz. Realmente tiene un sabor especial«, declaraba unas semanas más tarde el arquero Sandro Guzmán a la revista El Gráfico.

El rey del Amor a la Guita, que por ese entonces creía ingenuamente que Rios Seoane le pagaría mil pesos por gol convertido, daba su punto de vista: «¿Por qué el 1? No sé: me parece extravagante, medio raro. No es nada en contra de Sandro, al contrario. Después de todo, él se quedó con la 10. ¿Qué más puede pedir?«.

Desde los medios de comunicación no tardaron en prestarle atención a la bizarrez que se observaba en la cancha cada vez que jugaba el Deportivo Español. La mencionada revista El Gráfico entrevistó al ignoto José Gallego, que en ese momento era dueño del número más alto, el 40. Y Juan Pablo Varsky, desde la pantalla de TN Deportivo, solía arengar al pibe Sebastián Fuentes (el Nº 38) para que convirtiese un gol. ¿Por qué tanto interés? Quería musicalizar ese instante con el clásico tema de Divididos. Se quedó con las ganas.

Otros futbolistas del conjunto gallego, como Juan Martín Parodi, pudieron cumplir el sueño de toda la vida: «A ese número lo quería desde chiquito. Cuando jugaba en las inferiores de Nacional de Montevideo, nos peléabamos con Fabián O’Neill, uno de mis mejores amigos, por usarlo. Cuando él se fue a Italia, lo pedí pero no me lo quisieron dar. La temporada pasada -cuando llegué a Español- no me animé. Pero este año, con un poco más de experiencia, cuando supe que se podía usar cualquier número, no lo dudé«.

Las razones de Osvaldo Canobbio, en cambio, iban por el costado timbero. «Al 23 lo juego a la quiniela desde siempre y también lo tengo entre los seis números del Quini. Me encanta porque siempre me dio satisfacciones«, decía el charrúa, sin aclarar por qué el número no le daba suerte cuando enfrentaba a un arquero.

También agregaron su cuota de bizarrez, el Pepe Basualdo con la 9, el arquero Gustavo Dalsasso con la 2, el Coco Reinoso con la 33, Carlos Moya con la 35, Armando González con la 37 y muchos otros que se aprovecharon de la novedosa reglamentación y fueron distintos por un rato. Ah, un dato casi irrelevante: a fin de la temporada se fueron al descenso.