Fuera de stock: los fotógrafos dentro de la cancha

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«¿Qué sería del fútbol sin el hincha fotógrafo? El fotógrafo es todo en la vida«, diría Enrique Santos Discépolo si fuera posteador de En Una Baldosa (?). Las viejas imágenes de los partidos, para este sitio y para la mayoría de los medios que nos nutrieron como lectores años ha, fueron la esencia misma. ¿Cuántas veces creímos haber vivido una jugada sólo por haber visto una secuencia de la revista El Gráfico? Muchas. Eso ya no sucede, claro, porque en las publicaciones deportivas hoy prefieren ocupar el espacio con una publicidad o, en el mejor de los casos, con un texto mal redactado.

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En su afán por lograr tomas cercanas y con ángulos exclusivos, los reporteros gráficos de comienzos del siglo XX se plantaban dentro del terreno de juego, dejando de lado el protocolo, para gatillar y obtener de esa manera el testimonio de un gol o una atajada imposible.

Con el tiempo, los fotógrafos fueron ubicados detrás de los carteles publicitarios, medida que durante años no impidió que se metieran a la cancha para retratar el momento del festejo. El espíritu, siempre, fue el de acercar al lector a los protagonistas.

Luego, la evolución tecnológica, el reglamento, la formalidad de la FIFA y el sentido común, estancaron a los trabajadores bien alejados de la línea de cal e impedidos de pisar el césped.

Dicen los que saben que aquella costumbre empezó a desmoronarse cuando Lalo Maradona jugó para el Nápoli y el desmadre fue tal (?) que hasta camarógrafos y simpatizantes quisieron entrar a la cancha en plena disputa del partido. Ese día, los fotógrafos empezaron a pagar los platos rotos.

Fuera de stock: torneos con partidos de 45 minutos

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El drama de vivir sin fútbol en el receso que se produce entre un campeonato y otro provoca que la gente ingrese en estado desesperante y apele a cualquier espectáculo deportivo que se parezca a un partido por los puntos, así sea una copa de verano o el showbol, para tratar de saciar su sed.

En ese contexto surgieron en la Argentina, allá por mediados de los 90’s, los torneos amistosos con encuentros de 45 minutos. ¿Lo qué? Sí, jornadas futboleras con al menos 3 equipos que intentaban ganarse la gloria (?) en partidos de un sólo tiempo.

La extraña modalidad, supuestamente importada de Europa, tenía otras características inusuales, además de la escasa duración del juego. En caso de igualdad, los equipos definían el match con ¡tiros desde el córner! Sin arquero, claro.

La empresa Telemarket organizó en 1993 la Copa Libertad en la cancha de Huracán. Con transmisión de Canal 9, el domingo 17 de enero de ese año se enfrentaron Nacional de Montevideo, Newell’s y el club local.

Aquí el detalle gracias a la colaboración del periodista Diego Jolodovsky:

 

Huracán 0 – Nacional 1 (8′ José García)
Newell’s 0 – Nacional 0
Huracán 1 – Newell’s 3 (39′ Leiga / 13′ Mendoza, 28′ Pochettino y 36′ Ruffini).

Definición por córners:

Para Nacional: José García y Vidal González (arriba del travesaño), Wilson Núñez (gol).
Para Newell’s: Zamora (pegó en el palo), Llop (arriba del travesaño) y Saldaña (no convirtió).

Los uruguayos ganaron el torneo por goles olímpicos. El único que convirtió con un remate desde el tiro de esquina fue Wilson Núñez, delantero que en Argentina jugó para Mandiyú y Deportivo Español.

Estadio: Tomás A. Ducó
Público: 2000 espectadores.

 

Al año siguiente, la empresa que organizaba (y que sigue organizando) los torneos veraniegos decidió rajarse de Mar del Plata y llevar el fútbol a Mendoza. Así fue como la ciudad costera se quedó sin uno de sus atractivos y tuvo que recurrir a un triangular con partidos de 45 minutos. El Gráfico, en aquel febrero de 1994, publicó lo siguiente:

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El mini torneo entre Alvarado, Yokohama de Japón y Newell’s, fue ganado por los marplatenses, que bajo el mando de Menotti se preparaban para uno de los mayores fiascos de su historia.

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Los Leprosos, mientras tanto, ya parecían experimentados en la materia y provocaban entusiasmo. Y no sólo por su gran tirador de córners, Julio Zamora, sino también por Diego Maradona, jugador que pese a integrar el plantel jamás se presentó al triangular ni al amistoso ante Vasco Da Gama unos días antes (foto), en lo que fue el inicio de la famosa desaparición pública que terminó con los balinazos en la quinta de Moreno. Pero esa es otra historia.

Los torneos con partidos de 45 minutos y definición desde el córner en caso de empate, pasaron a mejor vida y casi nadie los extraña. Pero qué bien vendrían en épocas de pretemporada.

Fuera de stock: arqueros usando ropa de jugador de campo

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Desde que el fútbol es fútbol, el arquero es el bicho raro de cada equipo. Puede agarrar la pelota con las manos, reclamar falta por cualquier roce en el área chica, vomitar (?) y, por supuesto, vestirse de forma particular.

Lo curioso es que, teniendo la posibilidad de lucir una indumentaria completamente distinta a la de sus compañeros, durante muchos años los arqueros de nuestro país optaron por mimetizarse con el equipo, utilizando el mismo pantalón y las mismas medias que los jugadores de campo. ¿Falta de personalidad? ¿dejadez? ¿ausencia de visión marketinera? Tal vez un poco de todo.

Lo cierto es que, incluso bien entrados los 90’s, algunos Nº 1 trataron de mantener la costumbre, aunque el sentido común, el buen gusto y las tendencias internacionales indicaran lo contrario. No hacía falta ser entendido en diseño para darse cuenta de quedaban muy ridículos con shorcitos y medias que no combinaban ni a palos con los buzos.

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Sifonazo a la moda

Uno de los últimos en sostener esta tradición fue Javier Sodero, que estando en River y pese a que sus antecesores en el arco habían hecho uso correcto de las bermudas, se atrevió a utilizar, de la cintura hacia abajo, la misma ropa adidas que sus compañeros.

Luego, con los años, esta práctica fue quedando de lado y los arqueros, para tratar de parecerse a los jugadores de campo, empezaron a utilizar la camiseta alternativa (y a veces la oficial) para atajar. Pero eso será material de un futuro fuera de stock.

Fuera de stock: los goles comentados por los jugadores

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Cuando se indagan en las posibles causas del embrutecimiento de los jugadores, hay varios factores que escapan al análisis. ¿Por qué? Porque antes, prepararse para jugar en Primera también implicaba el ensayo frente al espejo de la majadera (?) que acababan de hacer, con un peine oficiando de micrófono.

Hubo un tiempo en el que Mauro «¿Cómo se llama usted?« Viale relataba fútbol, acompañado del eterno narrador de repeticiones que omitía apellidar a los guardametas para generalizarlos bajo la expresión «el arquero». No tan lejano, pero sí sanguinario. Antes del telebeam, de las cámaras super slo–mo, de la sobreexposición del free jazz en los clips de partidos, hubo un tiempo en el que había una innovación estética en las transmisiones deportivas. La piedra basal del aggiornamiento fue un recurso que hoy causa ternura: después de cada gol o jugada peligrosa, los jugadores aparecían explicando su jugada en no menos de 140 caracteres. In your face, Twitter.

Hasta entrados los 90 fue un recurso de Fútbol de Primera. Inclusive la cuestión se extendió al que realizaba el saque inicial «Muevo yo, Mauro. Franco Navarro« es una de esas sentencias que son 80´s. Con el advenimiento de las nuevas tecnologías (?), murió tan rápido como había llegado.

Fuera de stock: las definiciones por penales de la 1988/89

En tren de una mejora en los espectáculos deportivos, la AFA sacó un conejo de la galera para la temporada 1988/89 y metió mano a fondo en el torneo de Primera División. ¿Cómo? Muy simple. Con el caramelito (?) de que los partidos que terminaran empatados, pasarían a definirse por penales, poniendo en disputa un punto extra para el ganador.

Con más contreras que adeptos desde el vamos, a una semana del comienzo del campeonato todavía no estaba bien definido cómo iba a implementarse el sistema en la práctica, cosa que provocó la veloz organización de un amistoso para el domingo 4 de septiembre de 1988. La prueba piloto entre Boca e Independiente, en la Bombonera, por suerte (?) terminó 1 a 1 con goles de Latorre y Ubaldi y se llegó al momento tan esperado por todos: la definición por penales. Pero el desconcierto copó la escena.

El bochorno de la prueba piloto

Desde que terminó el partido hasta que Walter Perazzo pateó el primer penal de la serie pasaron 9 minutos. Si a eso le sumamos que hasta el último penal, el número 18 pateado y convertido por Bochini, pasaron 24 minutos, el chiste duró algo más de media hora. Un bodrio mayúsculo con poca emoción, justamente todo lo contrario a lo que se buscaba. Hasta hubo hinchas de ambos equipos que comenzaron la retirada en medio de la tanda de penales. ¿Qué fue concretamente lo que ayudó muchísimo a hacer la definición un homenaje al aburrimiento? Lo que hasta ese momento pretendía la AFA: que cada equipo pateara su tanda de penales con una pelota distinta y en arcos diferentes.

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Fuera de stock: las Liguillas Pre-Libertadores de América

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A mediados de la década del ochenta, la organización de los campeonatos argentinos pegó un volantazo y, como siempre, para mejor (?). Por eso se desecharon los Nacionales y vieron la luz las Liguillas Pre-Libertadores de América. Aquellos viejos y queridos mini torneos que duraron siete temporadas, variaron constantemente de cantidad  de equipos participantes y formas de competición, pero siempre tuvieron un mismo objetivo: lu lucha encarnizada entre los mejores equipos ubicados en la tabla para meter a uno por la ventana en la Copa Libertadores.

Que la mayoría de los hinchas nunca tuviera muy claro el nombre exácto es un detalle menor. Porque aunque oficialmente fue mutando entre Liguilla Pre-Libertadores, Torneo Clasificación y hasta Octogonal, en los colegios, bares y demás lugares de discusión fue, es y será la Liguilla. Así nomás, a secas.

Y estas Liguillas no sólo regalaron momentos bizarros al fútbol criollo sino que fueron el sostén de ilusión para que miles de hinchas de Boca, Racing, San Lorenzo y hasta Platense, vean hecho realidad el sueño de una vuelta olímpica. Y si hablamos de vuelta olímpica es porque efectivamente, las hubo, sobre todo en sus primeras ediciones, cuando las tribunas reventaban de gente y hasta los equipos intentaban chapear gritando «dale campeón…«.

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Fuera de stock: escudos grandes en el pecho

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A fines de la década del ’70, cuando la publicidad todavía no había invadido las camisetas de los clubes argentinos, surgió una tendencia que se mantuvo durante varios años: lucir el escudo bien grande en el pecho.

Hasta ese entonces, no era muy común que un equipo mostrara la insignia dentro de la cancha. La ropa utilizada, en general, respetaba el diseño y los colores tradicionales pero no había muchos detalles que diferenciaran, por ejemplo, la casaca de Newell’s de la de Colón.

Entonces a alguien se le ocurrió estampar o coser un escudo de grandes dimensiones en el pecho. Y la moda prendió, sobre todo en las instituciones de camisetas lisas.

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La ola verde

Ferro Carril Oeste fue, sin dudas, el equipo que llevó más alto la bandera del escudo gigante. No sólo consiguió sus dos únicos títulos sumergido en esa moda, sino que la mantuvo hasta comienzos de los 90’s de la mano de Topper e incluso mostró un modelo revival en la temporada 2000/01…pero descendió a la Primera B.

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Otros conjuntos como Vélez, Defensores de Belgrano, Defensa y Justicia, Deportivo Armenio, Sacachispas, Belgrano de Córdoba, Estudiantes de La Plata, Atlanta, Huracán y All Boys, también se sumaron a la movida en los 80’s. Incluso hubo un intento noventoso por resucitar la costumbre por parte de Talleres en el Nacional B. Uno de los últimos en desafiar al tiempo fue El Porvenir, que en la temporada 2001/02 se las ingenió para disimular su falta de sponsoreo.

Hoy, con equipos de Primera y del ascenso con publicidades hasta en los lugares más recónditos del pantalón, es difícil imaginar la vuelta de esta tendencia de los escudos grandes. Aunque tratándose de moda, todo puede ocurrir.

Fuera de stock: Karina Morales

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Karina Morales

¿Quién no sueña con tener un hijo como Tomasito que juegue de 10 en la Selección? Pocos lo pueden hacer realidad, claro. Y uno de ellos fue el papá de Karina Morales, una nena que vino al Mundo en agosto de 1971 y que, contra todos los prejuicios, se dedicó al fútbol con singular éxito.

Zurda como el Diego y porteña como Pekarnik (?), empezó a mezclarse en los picados con los varones y un poco más grandecita, con 16 años, se incorporó al equipo femenino de Yupanqui. En 1988 el padre la llevó a probarse a River Plate y ahí arrancaría una carrera que tendría su pico de popularidad casi 10 temporadas más tarde.

En efecto, 1998 fue su gran año. Figura del Millonario (salió goleadora de dos torneos seguidos), obtuvo su 5º título en forma consecutiva y ratificó su nivel en la Selección subcampeona del Sudamericano. De Karina se hablaba, y no sólo en el ambiente de las chicas.

Por aquel entonces, Morales era parte del recordado programa de entretenimientos «Locos por el Fútbol» (Canal 13), que se transmitía semana tras semana desde algún estadio de la Argentina. Su función, básicamente, era la de patearle penales a los participantes que eran escogidos entre el público. Pero también, cuando la necesitaban, integraba el equipo del staff (Matías Martín y el Matador Kempes, entre otros) que solía enfrentarse a viejas glorias.

Episodio violento y desaparición mediática

Aquellos que recuerdan a Karina Morales saben que, a pesar de ser una mujer, no se achicaba cuando jugaba contra los hombres. Y eso, quizás, le hizo perder la noción del peligro frente a uno de los jugadores más asesinos de todos los tiempos.

En uno de los tantos partidos que el team del programa enfrentó a un combinado de ex futbolistas, la piba tuvo la mala fortuna de enfrentar mano a mano al Moncho Monzón, que sin medir sexo, raza ni religión, la levantó por el aire con una hermosa plancha que dejó inmóviles a propios y extraños. Recién después de algunos segundos de silencio y estupor, Morales alcanzó a dar señales de vida desde el suelo y la tranquilidad volvió al ambiente. Monzón, se excusaría como tantas otras veces, culpando al césped mojado y a los tapones inadecuados. Ese día, sin saberlo, le indicaría el camino del retiro televisivo a una fugaz estrella que tuvo el fútbol, la hoy olvidada Karina Morales.