«¿Qué sería del fútbol sin el hincha fotógrafo? El fotógrafo es todo en la vida«, diría Enrique Santos Discépolo si fuera posteador de En Una Baldosa (?). Las viejas imágenes de los partidos, para este sitio y para la mayoría de los medios que nos nutrieron como lectores años ha, fueron la esencia misma. ¿Cuántas veces creímos haber vivido una jugada sólo por haber visto una secuencia de la revista El Gráfico? Muchas. Eso ya no sucede, claro, porque en las publicaciones deportivas hoy prefieren ocupar el espacio con una publicidad o, en el mejor de los casos, con un texto mal redactado.
En su afán por lograr tomas cercanas y con ángulos exclusivos, los reporteros gráficos de comienzos del siglo XX se plantaban dentro del terreno de juego, dejando de lado el protocolo, para gatillar y obtener de esa manera el testimonio de un gol o una atajada imposible.
Con el tiempo, los fotógrafos fueron ubicados detrás de los carteles publicitarios, medida que durante años no impidió que se metieran a la cancha para retratar el momento del festejo. El espíritu, siempre, fue el de acercar al lector a los protagonistas.
Luego, la evolución tecnológica, el reglamento, la formalidad de la FIFA y el sentido común, estancaron a los trabajadores bien alejados de la línea de cal e impedidos de pisar el césped.
Dicen los que saben que aquella costumbre empezó a desmoronarse cuando Lalo Maradona jugó para el Nápoli y el desmadre fue tal (?) que hasta camarógrafos y simpatizantes quisieron entrar a la cancha en plena disputa del partido. Ese día, los fotógrafos empezaron a pagar los platos rotos.












