
Si algún integrante de la escenografía del fútbol debe mantener su perfil sobrio, ese es el árbitro. Si bien en los últimos años los jueces se han alejado un poco del inalterable negro luto que los supo identificar, la profesión que ejercen aún es una de las pocas que prefiere lo formal a lo extravagante. Y hay razones, por supuesto. No impondría demasiado respeto un referí enfundado en una camiseta multicolor con un mono manejando un camión estampado en el pecho.
Sin embargo, a Ángel Sánchez poco le importó el qué dirán y para dirigir un partido entre Racing e Independiente, en el verano de 2005, decidió hacer vanguardia. A su clásica chomba negra con ribetes naranja fluo (he aquí la primera incongruencia), le sumó unos alarmantes pantalones amarillos con medias al tono que completaban el conjunto. Duelen los ojos. Para roja directa.
Juan Pordiosero






