La llegada de Quilmes a Primera, en 1991, permitió más de una rareza, más allá del futuro cantante de La 25 jugando con la número 10. Ese año, también, el Cervecero organizó un gran festejo que incluyó la participación de una selección internacional. Sí, está bien, no era Italia ni Alemania. Era Paraguay, pero no dejaba de ser un rival de jerarquía para un equipo recién ascendido a la máxima categoría.
Luego de la ceremonia con la banda de Granderos, el desfile de las distintas delegaciones del club y la caída de los paracaidistas (?) en el viejo estadio de Guido y Sarmiento, arrancó el espectáculo futbolístico, que estuvo por debajo de todo el resto. Quilmes intentó vulnerar el arco defendido por José Luis Chilavert para darle una alegría a sus hinchas en esa fría jornada, pero no pudo y el partido terminó 0 a 0.
Durante gran parte de los 80 y los 90, cuando el fútbol todavía era mucho más estético en el juego que en la indumentaria, los tobillos de algunos jugadores fueron protagonistas de una tendencia que hoy nos parece lejana y hasta nos genera algo de nostalgia: las vendas por encima de las medias. Es buen momento de recordarlo.
Si hay algo que diferencia a los futbolistas profesionales de los amateurs, además de que no tienen que pagar para jugar (salvo que los dirija el Richard), eso es el cuidado físico, que muchas veces implica la prevención en partes del cuerpo que son más sensibles o que simplemente están más expuestas a las lesiones. Los tobillos, en ese sentido, forman parte del podio entre las zonas delicadas.
La mayoría de los jugadores se vendan, por no decir todos. Sin embargo, no todos lo hacen de la misma manera. Existen diferentes técnicas y también puede variar la cantidad de vueltas, la presión que se ejerce sobre el pie (intentando no cortar la circulación sanguínea), si es interna, si es externa, y un montón de variables más, sin tener que llegar necesariamente al colmo de Pablo Michelini, que siempre prefería vendarse la cabeza antes que los pies (?).
Vendarse por encima de las medias (o usar tobilleras, en su defecto), fue una de las prácticas que más prendió entre los futbolistas de hace 20 o 25 años. Por comodidad, necesidad o simplemente por moda, algunos jugadores de nuestro país probaron el extraño método. Algunos, lo hicieron un par de veces hasta que se dieron cuenta de que no los favorecía en nada. Otros, por el contrario, lo adoptaron como un ritual más y utilizaron ese tipo de vendaje por el resto de su carrera. Y quedaron en la historia, claro.
Juan JoséEl YayaRossi, aquel que brillara en Newell’s y Banfield, fue uno de los más representativos adeptos de esta costumbre. No era el único que usaba las vendas por encima de las medias en La Lepra, pero sí uno de los que se nos viene a la memoria recurrentemente.
Otro al que es muy difícil recordar sin los tobillos blancos (y la rodilla sana) es al NegroJosé Luis Villarreal. El ex de volante de Belgrano, River y Boca, mantuvo el estilo, incluso en el final de su carrera, cuando las nuevas generaciones miraban con cara rara y algo de desprecio a esa tendencia que venía del siglo anterior.
El ChinoCarlos Daniel Tapia, actor de reparto en el Mundial 86, fue protagonista de las medias vendadas en la década del 90. Después tuvo que ver como su hija aparecía en #ElProgramaDeFantino, pero ese es un tema que otro día desarrollaremos (?).
El actual técnico de la selección argentina, Gerardo Martino, fue otro prócer de este hábito en los 80 y 90. Imaginarse al Tata sin las vendas visibles es muy difícil. Recién en el tramo final de su trayectoria, en el Barcelona de Ecuador, se lo pudo ver con las medias impolutas.
Sin ser un especialista en la materia, Diego Armando Maradona jugó varios partidos con el vendaje externo, tanto en Boca como en el Nápoli. Y también en Newell’s, como muchos de sus compañeros en esa época. Incluso uno puede recordar jugadas históricas en las que el Diego le dio a la pelota vendado de esa manera: la rabona frente a Islas, por ejemplo. Y cómo no mencionar su penúltimo encuentro en la Selección, ante Grecia, donde las vendas blancas acompañaban a los botines totalmente negros.
Hay algo fundamental que no mencionamos: para que las vendas blancas se hayan destacado, siempre fue necesario la utilización de medias de otro color. El contraste de equipos con medias oscuras, favoreció a algunos jugadores de esa época. Y si uno ve, por ejemplo, los partidos del Mundial 94, se dará cuenta de que Maradona también usó vendas por encima de las medias ante Nigeria.
Para destacarse, en ese caso, había que hacer la gran Sensini y clavar unas tobilleras azules. Porque incluso teniendo al Diego al lado, algunos intentaban ser diferentes.
Con los años, la costumbre fue desapareciendo de las canchas nacionales, aunque algunos pocos intentan revivirla cada tanto. En tiempos donde se privilegia lo estético por sobre cualquier otro aspecto, parece difícil que aquella tendencia vuelva para instalarse. Igual, no perdemos la esperanza y confiamos en la justicia, que tiene los ojos vendados.
Cuando escuchamos (o decimos) que perder un partido por goleada, irse al descenso o caer humillados frente al clásico rival es una verdadera tragedia, no tenemos una clara noción de lo que significa esa expresión. La calentura del momento, tal vez, es lo que nos lleva a no tener real conciencia de lo que estamos hablando. Cuando sucede algo realmente grave, nos damos cuenta.
Hernán Maldonado fue un defensor que generalmente actuaba como lateral derecho. Hizo su debut por el Apertura 1998 con la camiseta de Vélez Sársfield, en una victoria 5 a 3 frente a Platense. Entre torneos locales y Copa Mercosur llegó a disputar 15 partidos en el Fortín hasta el Clausura 2001, en los que no convirtió goles y vio la tarjeta roja en una oportunidad.
El 30 de junio de 2001 fue dejado libre por la entidad de Liniers y recién volvió a competir un par de años más tarde en el Cartagena FC, del ascenso profundo de España. En 2005, volvió al país, para jugar el Torneo Argentino A con Atlético Tucumán. Lamentablemente, su estadía en el Decano sería muy breve.
Tras un demorado estreno debido a la demora en la llegada del transfer internacional, Maldonado se hizo rápidamente de un lugar en el costado de la defensa del equipo tucumano y, por su entrega, se ganó el cariño de los hinchas. El 15 de octubre jugó su último partido (derrota 2 a 1 frente a Gimnasia y Esgrima, en Concepción del Uruguay, donde se fue expulsado). Unos días después, recibió la visita de su novia, Daniela, que residía en Buenos Aires. Y el sábado 22 de octubre de 2005 se produciría la tragedia.
Después de compartir un almuerzo con su amigo y compañero Aníbal Roy González y su familia, la pareja fue al departamento que habitaba Maldonado. Ambos sintieron un fuerte malestar y mareos, por lo que Daniela se fue a recostar al dormitorio, mientras que Hernán se quedó en el living mirando televisión. Al levantarse, la joven se encontró con su novio tirado en el piso, con síntomas de haber vomitado. Desesperada, de inmediato llamó a Roy González y luego a un centro médico de urgencia. Pero era demasiado tarde: un escape de gas había desembocado en la muerte del futbolista, asfixiado por monóxido de carbono.
Desde aquí, nuestro respetuoso recuerdo para él. Y un pedido para todos: si perdemos un partido o si nos vamos al descenso, tengamos cuidado con lo que decimos. Porque una tragedia es otra cosa.
Le dijo que no a Vélez, firmó con River, fue ídolo, decepcionó, lo colgaron, se desvinculó, se casó, se separó. De haber sido el futbolista argentino con más exposición mediática, en 2009, Cristian Fabbiani pasó a estar totalmente a la deriva, sin muchos equipos importantes que requirieran sus servicios. Fue así que, a comienzos de 2010, una posibilidad jamás pensada se le cruzó en el horizonte: River Plate…de Puerto Rico.
En marzo de ese año, el Ogro se estaba entrenando en Lanús, cuando recibió una oferta del cuadro boricua para jugar en el Campeonato Internacional del Caribe y una liga de los Estados Unidos. «Nuestra intención es hablar con él para invitarlo a jugar el campeonato, esperemos que este disponible porque sería muy importante para nosotros», decía Steven Álvarez, el presidente de la institución fundada el 1º de enero de 2007, en la ciudad de Ponce.
Finalmente, Fabbiani se quedó en la Argentina y no pudo ser dirigido por Walter Fabián Zermatten. Pero eso no es lo más grave, ya que se perdió la gran oportunidad de aparecer entre las celebridades del blog Mipuertoricoqueridogracias (?). Una pena.
Después de un mediocre Clausura ’95 que concluyó con el 17º lugar en la tabla, siendo el conjunto con más derrotas y menos goles a favor (¡apenas 12!), el Pirata encaró la siguiente temporada sabiendo que tenía que sumar muchos puntos para no tener dramas con el promedio. El intento terminaría en fracaso: Belgrano fue uno de los descendidos esa temporada, junto a un patético Argentinos Juniors.
Las frías estadísticas dirán que este equipo terminó último, siendo el que más derrotas acumuló (10) y menos triunfos se llevó (2). Aunque no estuvo muy efectivo a la hora de anotar (repitió los 12 goles a favor de la campaña pasada), tampoco fue el más goleado (de hecho, recibió un gol en contra menos que Racing, que terminó segundo). Los que peor la pasaron fueron los pacientes fanáticos que cada dos semanas fueron al Chateau Carreras: como local el Pirata jugó 9 partidos y no ganó nunca: empató 5 encuentros y perdió los otros 4. ¿Goles? Apenas 3 a favor y 10 en contra.
En su peor performance desde el regreso a Primera División en 1991, los de la Docta presentaron formaciones como la de la imagen, el día de la derrota 2-0 frente a Velez Sarsfield. Esa tarde, Belgrano alineó a Labarre; Ávalos, Brusco, Iribarren, Marcelo Flores; Cattáneo, Lencina, Mercado, Tosello; Cesar Leo Torres y Spallina. Otros jugadores de ese plantel fueron Laciar, Brane, Boujón, Artime, Bocco, Andrés Orellano, Santoni, Bessone, Binetti, Supichiatti, Baralle, Monarriz y un joven Juan Carlos Olave, que, aunque no jugó ningún encuentro, supo calentar el banco de suplentes en la mayoría de los partidos.
¿Y a quien culpar de semejante debacle? Fácil, al DT (?). Jorge Guyón fue el entrenador las primeras 11 fechas del Apertura ‘95. El resto del torneo, el plantel estuvo en manos de Enrique Nieto. Dos hombres de la casa que no pudieron torcer el rumbo. Lo curioso es que ambos técnicos habían trabajado como dupla en el Clausura anterior. Mejor malos conocidos que buenos por conocer, pensaron los dirigentes. Y así les fue.
Si hay alguien que supo explotar comercialmente la imagen del arquero, ese es Carlos Goyén, el ex hombre de Argentinos Juniors y Atlético Rafaela, que luego de ser modelo de la marca Reusch, se dedicó a representarla institucionalmente en Latinoamérica. Sin embargo, antes de estar sponsoreado por la firma de origen alemán, el golero uruguayo mostró algunas rarezas.
En 1981, mientras defendía la valla de Independiente de Avellaneda, Goyén utilizó un buzo gris con cuello azul de Dino Zoff, el arquero de la selección de Italia.