Es difícil determinar cuál es la combinación precisa para acompañar a la tradicional camiseta de Belgrano. Lo cierto, es que a lo largo de su historia el Pirata supo adoptar su pilcha a pantalones negros (con medias blancas, negras o celestes), blancos (con medias blancas, negras o celestes) o celestes (con medias blancas o negras).
¿Y el conjunto monocromático? Casi no registra presencias, salvo por un par de apariciones a principios de los 80’s (aunque el tono de las medias no era el mismo del resto del conjunto) y en 2000: la imagen pertenece al Belgrano – Velez del Torneo Apertura, partido jugado en cancha de Instituto, que culminó con victoria de los de Liniers y regaló esta perla desde el punto de vista de la indumentaria.
De gira por México, en el año 2007, el ascendido Huracán del Turco Mohamed jugó varios partidos amistosos en los que utilizó una camiseta bastante extraña, no por su diseño, sino por sus publicidades, que por unos días reemplazaron a La Nueva Seguros, el principal sponsor del Globo por aquel entonces.
La imagen del partido ante Puebla nos muestra a Federico Nieto luciendo el chivo de Beach Property Holbox, una empresa de la que no hay demasiada información en internet, pero que seguramente tendrá que ver con las drogas casas en la playa, como su nombre lo indica. Sobre todo, teniendo en cuenta que Holbox es una paradisíaca isla de la península de Yucatán.
Además, tanto en el frente como en el dorso de la camiseta, aparecía el logo de Waldo’s Dolar Mart, una tienda con sede en Tijuana que se destaca por las ofertas irresistibles. Y sí, Huracán estaba regalado.
Ser ídolo de un equipo y pasar al clásico rival, esa acción denominada vulgarmente «la gran Cabrol», es lo que estuvo a punto de hacer Gustavo Ibáñez a fines de 2012, cuando anunció que no tenía problemas en pasar de San Martín a Atlético Tucumán.
“Seguro que a algunos les molestará lo que pueda suceder conmigo, pero la realidad es que deben saber que yo por San Martín dejé todo cada vez que jugué. De eso no queda ninguna duda. Por otro lado, en este caso también tiene que ver la parte personal y esto me convendría mucho en mi carrera, no lo voy a negar», decía por entonces el delantero, bastante molesto con la dirigencia del Santo.
Su pase al Decano no sólo fue un deseo del jugador, ya que en una reunión de la comisión directiva de Atlético, se llegó a tratar el tema. Ibáñez, mientras tanto, seguía metiendo fichas, imaginándose a sus futuros compañeros: «La camiseta número 7 es del Pulga (Rodríguez), yo me quedo con cualquier otra, no tengo ningún problema». Buen profesional (?).
Finalmente, el Súper Ratónse retractó y siguió jugando con la camiseta de San Martín hasta mediados de 2014, cuando pasó a Juventud Antoniana de Salta.
Alphonse Tchami no fue el precursor de los botines blancos en la Argentina, ni muchos menos, ya que el Indio Gómez los había usado bastante en la década del 70, jugando para Quilmes. Sin embargo, el camerunés llamó la atención de todos en los 90, cuando nadie se atrevía a utilizar un calzado que saliera de lo tradicional. Rareza y sensación por ser un jugador de raza negra, el delantero fue modelo de la empresa Puma, que aprovechó el contexto y lo mandó a la cancha con los Puma King blancos. La historia del contraste.
Era otra Argentina, por supuesto. En 1995, se ignoraba la pobreza y la desocupación, pero se valoraba lo exótico, lo despampanante. Dinero había, gracias al 1 a 1. Por eso daba lo mismo comprar una camisa de Versace o un futbolista africano. Fue así como, ese año, llegaron al país algunos valores como el Doctor Khumalo, Memory Mucherahowa y Ernest Mtawalli, entre otros. Todos al mismo tiempo. Y también Tchami.
A Alphonse, que venía de jugar en Dinamarca, enseguida lo señalaron por ser negro. Y ser negro, en esa época, era un arma de doble filo. Como también lo es ahora. Los aplausos, en los primeros partidos, están asegurados. Un negro que encara, levanta una platea. Un negro que hace un gol de entrada, comienza a ser ídolo. Ahora bien, si el negro demuestra no tener nivel o (peor) si al equipo le va mal con él dentro de la cancha, enseguida pasará a ser un muerto de hambre, un vendedor de oro al que rescataron de Pompeya. Sólo por ser de una raza que en nuestro país fue aniquilada.
Tchami tuvo la suerte de entrar con el pie derecho. Debutó bien en un partido ante Banfield y en su segundo partido, ante Newell’s, hizo un gol en La Bombonera. Ovación, «olé, olé, olé, negró, negró», y futuro prometedor. Después las cosas no le salieron del todo bien, porque aquella política de comprar jugadores como si fueran camisas, lo terminaría perjudicando. La llegada de un plantel casi nuevo, con Carlos Bilardo, lo fue relegando, sobre todo por la presencia de Maradona, que prefería a otros compañeros de ataque.
Sin embargo, el camerunés no se privó de disfrutar de su momento de fama. Salió en la tapa de varias revistas deportivas, fue de invitado a algunos programas por fuera del ámbito futbolístico y trajo a su hermano a probarse a la Argentina. ¿Algo más? Sí, tuvo unos botines que despertaron asombro por aquel entonces, porque eran bien diferentes a todos.
No eran ni más ni menos que los clásicos Puma King, pero en su versión white. Totalmente blancos (hasta los tapones), con su clásica curva negra. ¿Y cómo le fue a Alphonse con esos botines? Para nada bien, a tal punto que los abandonó enseguida y volvió a ponerse los oscuros, con los que hizo todos sus goles en Boca.
El marketing no siempre funciona. A veces, termina jugando en contra.