Cristian Fernando Bravo
Uno puede llegar a irse de viaje, tener un prolongado matrimonio o hasta poseer una carrera futbolística respetable y, sin embargo, no tener nada interesante para contar. O puede tener un breve aunque escaso paso por cada una de aquellas situaciones y ser un anecdotario con patas, de esos que te animan cualquier asado o furiosa previa de sábado (?). No por meritos deportivas en si, claro. Sino por diferentes hechos y variables que aderezaron aquellos efímeros días. El precoz caso de Cristian Fernando Bravo es uno de ellos.
Este volante central categoría ´78 hizo las inferiores en Platense y a los 20 años le tocó subir a Primera División para integrar aquel más que condenado Calamar que incluía baldoseros de pura cepa (Walter Coyette, Guillermo Santo, Claudinho, Raúl Atenor García, Enrique Colliard, Paulo Miranda) y jugadores medio pelo que estaban tirando sus últimas fichas (Cancelarich, Spontón, Mandrini, Lenguita, Váttimos, El Chivo Peinado).
Con este desolador panorama, a Bravo le llegó la posibilidad de debutar -como titular y con un glorioso dorsal 34 en su espalda- por la decimosexta jornada del Apertura ´98; jornada en la que cayeron por 2 a 1 ante Colón como visitantes y donde lo primero que vio al saltar al campo fue la ovación que las dos escuetas hinchadas le brindaron al Profe Córdoba, quien dirigía su último partido en Platense y se encontraba en un comprensible estado de trance por la reciente desaparición física de uno de sus hijos.
Dos jornadas después y ya bajo la conducción de Raúl Grimoldi, Bravo volvió a ocupar el mediocampo en la derrota 1 a 0 con River Plate, para ser testigo privilegiado de un Monumental semi vacío por el descontento Millonario tras el primer título del Boca de Carlos Bianchi. Era otro mundo, claro (?). Luego participó de la victoria por 3 a 2 sobre Estudiantes en la última fecha de aquel torneo, donde marcó su único gol y el mar de lágrimas se los llevó Aníbal Hay quien, a Dios gracias, se retiraba del referato.
Al siguiente torneo agarró El Negro Marchetta, llegó El Popeye Herrera y sus chances de jugar se redujeron considerablemente. Con el regreso de Grimoldi, Bravo volvió a tener algo de acción y así pudo completar 10 partidos y dar fe de Martín Palermo convirtiendo un penal con ambas gambas. Luego asumió Carlos Rodríguez y, de esta manera, finalizaron los días de Cristian Bravo en Primera División y, al parecer, también en el fútbol, ya que todos los intentos de dar con su paradero conducen hacía otros homónimos que nada tienen que ver con aquel pibe de Platense.
Un destino demasiado extraño para quien alguna vez ganó “El Mejor Gol de la Fecha” del extinto Fútbol de Primera.











