Walter Fabián Berón
Hay algunos defensores que nacen con el ceño fruncido y entonces simplemente se tienen que dedicar a repartir patadas y pegarle de punta hacia arriba. Fisic du rol, que le dicen. Otros, en cambio, tienen que fingir la cara de malo para tratar de sobrevivir en el espeso ambiente del fútbol, que hasta hace algunos años no aceptaba de ninguna manera caritas aniñadas jugando de marcador central. Ahora los tiempos han cambiado bastante, pero algunos intentan mantener la tradición.
Allá por mediados de la década del 80 el gesto adusto estaba instalado en casi todos los planteles del país. Racing, recién retornado a Primera División, no era la excepción, aunque tenía un par de valores que conspiraban contra la idea de atemorizar al rival. Bah, el único que desentonaba era Gustavo Costas, que no causaba miedo, sino gracia (?).
Walter Berón fue uno de los tantos juveniles que utilizaron la cara de malo para sostenerse en la máxima categoría, al menos por un puñado de partidos. Debutó en 1986 e integró la defensa de La Academia en 6 oportunidades, hasta 1988, cuando se jodió la rodilla y tuvo que parar un largo rato.
¿Qué hizo después? Poco se sabe. Anduvo por Defensa y Justicia (1990/91), junto a Carlos Taracido, Ricardo Bersuit Kergaravat, el Sapo Cuartas y el Lute Oste, entre otros. A esa altura, el Nacional B era una división más acorde a su pinta de recio, pero la experiencia le duró poco: apenas 24 partidos.
Luego participó del Torneo del Interior representando a Sportivo Barracas de Colón (1991), junto a figuras como Trebino, Pimpinela Tessone y el Flaco Hugo Lamadrid, ex compañero suyo en Racing, ambos categoría 66.
Los que lo conocen dicen que, pese a la cara de malo que tuvo que impostar para jugar en Primera, Berón fue, es y será un pan de Dios. No por nada hoy tiene una panadería en Laferrere.









