Ya estaba todo arreglado. Si hasta había viajado a Rosario a firmar el contrato y aprovechó para presenciar un partido de pretemporada. Habló con los medios y se dejó retratar con la camiseta. Era una incorporación rutilante para el Nacional B que comenzaba, más allá de su deslucida última etapa en Independiente. Pero Luisito Islas siempre tuvo un as bajo la manga.
Cuando el acuerdo era inminente, surgieron diferencias con los dirigentes a raíz de algunas pautas que incluía su contrato. Nunca quedó aclarado que fue lo que motivó la no-llegada de Luis Islas a Tiro Federal. Lo cierto es que el arquero nunca jugó en el club rosarino. Incluso le puso punto final a su carrera en el fútbol profesional.
Ya hemos contado, alguna vez, en qué consistió Camino a la Gloria, aquel reality show de la productora Cuatro Cabezas que en el 2002 evaluó a 12 mil pibes para terminar eligiendo a uno y darle la posibilidad de probarse en un club gigante de Europa. Lo que no hemos desarrollado demasiado es lo que pasó con el ganador de aquel certamen en tierras españolas. Era hora: el paso de Aimar Centeno por el Real Madrid.
Nacido en la localidad bonaerense de Agustín Roca, Centeno tenía apenas 16 años y se destacaba por su perfil bajo. Es más, ni siquiera era de los jugadores más habilidosos en el concurso. ¿Su posición en la cancha? Un poco de todo, pero concretamente nada. Era volante, jugaba por derecha, por izquierda, en el medio y hasta de enganche. Quizás eso fue lo que terminó convenciendo al jurado integrado por Roberto Perfumo, Carlos Mac Allister, Javier Castrilli y José Basualdo.
Luego de una peleada final con el chico Santiago Fernández (adquirido luego por el representante Gustavo Mascardi), Aimar Centeno se terminó quedando con el premio económico y la posibilidad de viajar a España para probarse, nada más y nada menos, que en el Real Madrid.
En noviembre de aquel 2002, Aimar se tomó un avión por primera vez en su vida y llegó a la capital española, donde lo esperaba la Casa Blanca. Las expectativas eran enormes: hacer el tour Bernabéu, entrenar, jugar partidos, ir creciendo en el más alto nivel, estar en la consideración del primer equipo, ser contratado, debutar en la liga e invitar a todo el pueblo para que lo fuera a ver. Total, entradas Real Madrid le iba a dar. Pero todo eso sólo ocurrió en nuestra imaginación. En su cabeza, lo único que daba vueltas era la idea de hacer una buena primera práctica. Pero el plan falló.
Ya en el entrenamiento de bienvenida, al pibito lo tiraron a la cancha para que hiciese un poco de fútbol. Tocó una pelota, dos, tres…y se lesionó. Sintió un pinchazo en el aductor y tuvo que abandonar el campo de juego. Mucha mala leche, demasiada. Todavía le quedaban algunas semanas en España y ni se le cruzaba la idea de volver, como quedó retratado en una nota para el periódico ABC:
—Se le acaba el tiempo…
—Vine para disfrutar y para quedarme. Aún no ha terminado el plazo.
—¿Se ve con probabilidades?
—Condiciones tengo, pero uno nunca sabe qué es lo que va buscando el técnico.
—Algún truco tendrá para convencerlo.
—Jugar a la pelota, nada más.
—¿Ha conocido a Jorge Valdano?
—No. Sólo a Butragueño y a Vicente del Bosque.
—Entonces, ¿no sabe qué es el miedo escénico?
—No.
—Es lo que siente el rival cuando juega en el Bernabéu.
—Eso es nerviosismo, nada más. No hay que ponerle nombres tan raros a las cosas.
—Pero ahora se acabó el programa y las cosas van muy en serio para usted.
—Yo me tomé aquello muy en serio, no como un programa, sino como un concurso de fútbol. Si hubiera sido de música, no me hubiese presentado.
Bastante firme y centrado por tratarse de un chico de 16 años que se la jugaba solo en Europa, dejó pasar los días para ver si recuperaba y le daban otra chance, pero eso nunca sucedió. Volvió a la Argentina, integró las inferiores de River y Rosario Central, jugó en la liga de Venado Tuerto y terminó poniéndose la camiseta rojinegra de Origone FC, el único club de Agustín Roca.
Ahí, en su pueblo, ese que le debe su denominación a la estación ferroviaria porque en realidad se llama Coronel Marcos Paz, ahí donde se hace la Fiesta Nacional del Fiambre Casero, ahí donde el último censo dijo que apenas existen 331 habitantes, Aimar Centeno es uno más. Apenas un chico que se dedica a vender Coca Cola. No durante los partidos, claro. Es polifuncional, pero tampoco la pavada.
El 24 de septiembre de 2012, Central Córdoba recibió a Almagro, por la 9º fecha de la Primera B Metropolitana. El arquero titular del Tricolor, Nicolás Peranic, se fue lesionado y su lugar lo ocupó Bruno Centeno. Hasta ahí nada demasiado raro.
El detalle es que el ex campeón Sub-20 no tenia la indumentaria completa: le faltaba el buzo. ¿La solución? Usar el mismo que había estado transpirando su compañero y agregarle una cinta en forma de “2”, que lógicamente si iría desprendiendo con el correr de los minutos. Un remedio 100% ascenso.
Que a comienzos de la década del 90 existiesen jugadores rapados era toda una rareza. Por aquel entonces el pelo largo dominaba los escenarios de todo el mundo, sobre todo en la Argentina, donde el perfil de la música tropical comenzaba a contagiar a la sociedad. Recordemos la famosa Banda del Gol y El Toque, integrada casi exclusivamente por jugadores con colita o vinchita en la cabeza. Era una condición indispensable para jugar en la Selección.
En la actualidad, donde el corte reglamentario del wachiturro está a la orden del día, los distintos son aquellos que se dejan crecer el cabello. Y no sólo acá, también en Europa. El delantero inglés Andrew Thomas Carroll, o simplemente Andy Carroll, es un claro ejemplo.
Apodado «Caballo Salvaje», el atacante de 24 años apareció en la Primera del Newcastle allá por el año 2006, convirtiéndose en el jugador más joven en debutar con la camiseta blanquinegra. Tenía apenas 17 años y 300 días. Un dato bien de Wikipedia, así a lo Niembro (?).
Supo con Las Urracas lo que era irse al descenso, pero en la Championship la rompió y se ganó una transferencia al Liverpool, a comienzos del 2011. Carroll no sólo llamó la atención por su altura (1,91 m.), sino también por su cola de caballo, la misma que llegó a mostrar en su selección.
A mediados de 2002, Carroll fue cedido a La Orquesta Sinfónica de Londres, el West Ham United. Y tras una temporada complicada en la que sufrió algunas lesiones, el mes pasado fue adquirido definitivamente.
Este año, el conjunto dirigido por Sam Allardyce, vestido por adidas y patrocinado por Alpari, intentará dar el salto de calidad en la Premier League. Si hasta incluso estuvo cerca de contratar a Duván Zapata (Estudiantes), pero el pase se pinchó.
Veremos si el bueno de Andy, con su altura y sus mechas al viento (ahora con vincha), puede retornar a su mejor nivel. Oh, Carroll (?).
Antonio Piergüidi, atacante nacido en Henderson, el mismo pueblo que Claudio Paul Caniggia, en agosto de 1985, forma parte de ese selecto tercer grupo. Dueño de una jeta complicada y un comedor al que le faltan unas cuantas sillas, Pedro Troglio lo hizo debutar en la Primera de Gimnasia y Esgrima La Plata en la cuarta fecha del Clausura 2006, nada menos que en el clásico ante Estudiantes (empate 1 a 1), en el Estadio Único.
Aquella tarde, el pibe de 20 años debió reemplazar en el segundo tiempo al Turbo Gonzalo Vargas. Con una delantera bastante concurrida (además de Vargas, estaban Juan Carlos Ferreyra, el cagón, mala leche y cornudo delChapulín Cardetti, Juan Cuevas y Hugo Gatti), Piergüidi se convirtió en una especie de fetiche de Troglio, que durante ese torneo lo hizo jugar en otros 10 partidos, en los que hizo 3 goles (a Rosario Central y dos a Argentinos Juniors, ambas victorias del Lobo platense).
Lo que parecía ser el capítulo inicial de una novela con final feliz se cortó abruptamente en abril, por la fecha 17 ante Tiro Federal de Rosario, cuando sufrió una rotura de ligamentos que lo tuvo fuera de competencia durante el resto del año. Y nada volvió a ser igual.
Ya con el colombiano Pacho Maturana en lugar de Troglio, Gimnasia arrancó el 2007 disputando al mismo tiempo el torneo local y la Copa Libertadores. En el certamen nacional, Piergüidi sumó 13 presencias a su CV y marcó 3 tantos (a Quilmes, Belgrano y Nueva Chicago). Por la Libertadores, donde el Tripero quedó eliminado en primera ronda por diferencia de gol, jugó 5 veces y le convirtió al Deportivo Pasto (que perdió todos los encuentros).
La llegada de Julio César Falcioni, a mediados de 2007, sumada a las presencias de Luciano Leguizamón, Santiago Silva, Germán Herrera, Juan Neira, Juan Cuevas y el genial Néstor Martinena, lo marginó casi por completo. Apenas rapiñó 183 minutos, diseminados en 9 presentaciones (una sola como titular), y anotó una sola vez, ante Racing. Y justo ahí la mala suerte volvió a tocar su puerta.
«Sentí la molestia justo antes del gol. Falcioni me dijo de hacer el cambio y yo le pedí que me dejara unos minutos más, para probar y ver cómo estaba. Y justo cuando le pego en el gol, ahí siento la molestia más importante, y no pude más», comentó algunos días después. “Me quedé muy caliente. El gol para mí fue muy importante, pero no sirvió de nada porque perdimos un partido que no merecimos perder. Pero lo peor de todo es la lesión, porque seguramente no voy a poder jugar los próximos partidos y yo tenía muchas ganas de jugar desde hace tiempo. Volver a ser titular y jugar 20 minutos nada más, la verdad me parte el alma”, agregó.
Para comienzos de 2008, su permanencia en el Lobo pendía de un hilo. Sin embargo, el Topo Sanguinetti le dio varias chances más. En el Clausura, donde Gimnasia terminó penúltimo, disputó 440 minutos en 9 partidos (2 como titular), aunque no visitó la red.
Con las valijas hechas, a mediados de año, se tomó el tren y bajó en la estación Quilmes. El Cervecero tenía la esperanza de volver a Primera de la mano del Beto Pascutti y la llegada de Piergüidi, en un principio, entusiasmó a los hinchas. Pero la paciencia se terminó rápido. Entre lesiones varias y malas actuaciones, el Tony se convirtió en uno de los jugadores más resistidos de la hinchada. Para colmo, Quilmes terminó lejos de los puestos de ascenso.
El tobogán de su carrera comenzó en la temporada 2010/11, cuando apareció en Huracán de Comodoro Rivadavia, en el Argentino B, y siguió –previo mal pase al fútbol de Israel– en Rivadavia de Lincoln, de la misma categoría. A mediados de 2011, viajó a Italia como parte de una comitiva híper baldosera para sumarse al Nardó, de la quinta categoría. A algunos problemas con su transfer, se le sumaron una serie de complicaciones físicas que le impidieron jugar con continuidad.
En el Viejo Continente, también vistió los colores del siempre candidato (?) Unione Sportiva Feltreseprealpi (2012), de la liga Eccellenza Veneto, donde marcó algunos goles. Pero a mediados del año pasado, le pintó la nostalgia y regresó a la Argentina para incorporarse a Barracas Central, en la Primera B Metropolitana.
Luego de un semestre con muy poca acción y un nivel muy pobre, el técnico Juan Carlos Kopriva lo incluyó en la lista de prescindibles, aunque la lesión de Mauro Boaglio le dio la chance de continuar durante la primera mitad de 2013. ¿Cambió algo? Nada. Apenas entró a la cancha en cuatro ocasiones.
Hace algunas horas se transformó en uno de los refuerzos estelares de Huracán de San Rafael para el próximo Argentino B.
EUB Bonus Track
El Best Of (?) del Tony, musicalizado con No one knows de Queens of the Stone Age. Belleza.