
Fernando Martín Acosta
El paseo que se comió en México ante las Chivas de Guadalajara y el posterior escándalo unos días más tarde en La Bombonera no hicieron más que apurar la salida del Chino Benítez de la dirección técnica de Boca Juniors.
El manotazo de ahogado tras la renuncia de Miguel Ángel Brindisi (que había salido bien porque el Xeneize había ganado la Sudamericana 2004) terminó abruptamente, unos ocho meses después, en medio de escupitajos faciales photoshopeados y un clima de tángana digno de la Libertadores.
Como se disputaban las últimas fechas del torneo Clausura 2005, y Boca no tenía más aspiraciones que cumplir con sus compromisos de la manera más digna posible, la dirigencia del club de la Ribera apeló a lo que tenía más a mano mientras craneaba la llegada de un técnico que los pudiera sacar de ese mal momento.
Y el marido de la esposa de Abel Alves parecía ser la mejor opción. El Chueco era del riñón del club y conocía a los pibes de inferiores. En ellos -los juveniles- confió, mitad por motu proprio, mitad por obligación, para afrontar los últimos encuentros de aquel campeonato, en el que Boca terminó decimoquinto.
Ante Quilmes -que tenía a los baldoseros Agustín Lastagaray, Pablo Bastianini y los mufas Gabriel L*b*s y Raúl S**vedr*-, por ejemplo, por la fecha 18 y en el estadio de San Lorenzo (La Bombonera estaba suspendida por los incidentes en la Libertadores), mandó a la cancha a Ezequiel Medrán; Fernando Acosta, Matías Silvestre, Aníbal Matellán, Matías Cahais (también debutante); Matías Donnet, Eduardo Casais, Pablo Ledesma, Luis Miguel Escalada; Edgar Espíndola y Mauro Boselli. En la segunda mitad, cuando el cero parecía irreversible, ingresaron Rodrigo Palacio, Guillermo Barros Schelotto y, bien sobre la hora, el Bombón Baiano. El partido tuvo varias situaciones de gol para los dos equipos, pero no salieron del cero.
Para Fernando Acosta, nacido en Avellaneda y lateral por derecha de profesión, esos 87 minutos que trascurrieron hasta que lo reemplazó el brasileño fueron los únicos que tuvo oficialmente con la camiseta azul y oro. Y ojo, las crónicas del día siguiente lo dejaron bastante bien parado. Es que el pibe, de 18 años recién cumplidos, se destacó con sus proyecciones y sus saques laterales que, al menos, generaron algo de peligro. La única perla negra fue el calambre que lo sacó de la cancha antes de tiempo.
Después no hubo mucho más. La llegada de Alfio Basile implicó el arribo de un container de jugadores experimentados con los que el Xeneize ganó todo y Acosta tuvo que conformarse con alternar entre juveniles y reserva. Las cosas no cambiaron durante la nefasta era Lavolpe ni con el enfermo del $exo Miguel Ángel Russo ni mucho menos con Chirolischia Carlos Ischia. Recién volvimos a leer su nombre en un diario a comienzos de 2007, cuando Hugo Tocalli lo desafectó de la selección argentina que disputó el Sudamericano Sub 20 en Paraguay.
Para mediados de 2008 ya sabía que ni de casualidad volvería a ponerse el manto sagrado y por eso ni dudó cuando le preguntaron si quería ir a probar suerte a Portugal, donde llegó con otros dos compañeros de las inferiores de Boca como Maximiliano Asis y Nicolás Scoppa. Estuvo entrenando en Leixões y Portimonense, pero no convenció a nadie y retornó a la Argentina un año más tarde, en septiembre de 2009, para sumarse a Deportivo Merlo, aunque ninguna crónica registra actuaciones suyas.
En 2010 su nombre sonó con fuerza como posible refuerzo de Mandiyú de Corrientes. Es más, lo esperaban para firmar el contrato, pero adujo un problema familiar y nunca apareció.
Como para agregar más misterio a su ya extrañísima carrera.