Bordón Adolfo

Adolfo Enrique Bordón

Jugadores que vistieron las camisetas de dos equipos históricamente enfrentados los hubo y los habrá siempre. Acá y en cualquier lado. Pero si se trata de recordar futbolistas que únicamente acrediten pasos por esos clubes, la cosa se complica. Y si hay que hacerlo de memoria, sin la ayuda de Google, Wikipedia o aunque sea la Encarta, la tarea es titánica.

Y así resultó el caso de este marcador de punta, con una trayectoria tan breve como extraña. Surgido de las inferiores de Racing, debutó en 1981 como alternativa del Vasco Olarticoechea, Osvaldo Pérez o  Enrique Veloso. En la Academia acumuló 33 partidos oficiales hasta 1983 y se dio el mayor gusto de su carrera: compartir la tapa de El Gráfico con Maradona. De espaldas, medio cortado y mientras Diego se aprestaba a gambetearlo, eso sí.

Con Racing descendido, se consumó la traición (?): llegó a Independiente en 1984 para reforzar un equipo que jugaría los torneos Nacional, Metropolitano y la Copa Libertadores. Bordón sólo lo hizo en las competencias de cabotaje, algo lógico teniendo en cuenta las presencias del Loco Enrique, Rodolfo Zimmermann y Néstor Clausen. Apenas disputó 10 partidos, en su mayoría acompañando a los pibes que le daban descanso a los que disputaban la copa.

Después, la nada misma. En los diarios de la época, no figura. En la red de redes, no hay noticias sobre su paradero. Y en la mente de los hinchas, su apellido se esfumó. Desconocemos si a Bordón le importará algo todo esto. A veces, hay cosas que es mejor olvidarlas.

Oscar Fabbiani a River (1979)

Comenzaba 1979 y River Plate buscaba un goleador. Oscar Fabbiani, un argentino de 28 años que la estaba rompiendo en el Palestino de Chile, fue el hombre elegido. El acuerdo constaba de un pase de 300 mil dólares y la recaudación de dos amistosos, una importante inversión para la época. Las negociaciones estaban tan encaminadas que en la edición de El Gráfico del 30 de enero Popeye posó con la camiseta del Millonario.

Sin embargo, hubo un problema contractual (al parecer, el delantero la caruseó pidiendo un porcentaje) y el pase se cayó. El  tío del Ogro terminó ganando buenos dólares en el fútbol de Estados Unidos y River fue campeón de los torneos Metropolitano y Nacional, sin necesidad de ver hinchas que causaran vergüenza ajena en las tribunas.

Merecido

Dicen los libros que el prejuicio es el proceso de formación de un concepto sobre algo o alguien de forma anticipada. El prejuicioso, critica de forma positiva o negativa, sin tener suficientes elementos para tal evaluación. Por esa misma razón, trataremos de no guiarnos por la primera sensación que nos genera esta foto de Pablo Vitti, para optar por el camino más adecuado, el del análisis detallado y la fundamentación.

A ver, repasemos: sombrero negro, remera rosa estampada, escote en V, reloj, cadenitas, jardinero de jean. Ahora sí, tenemos todas las pruebas. Todos esos trofeos al más hijo de puta del mundo los tiene bien ganados. No es prejuicio, es sensatez.

Gracias a Mariano

San Lorenzo 2 (1) – Juventus 2 (3) (1994)

¿Cómo olvidar a aquel glorioso equipo noventoso de la Juventus? Tenía grandes jugadores, tenía personalidad, tenía estilo y, por sobre todas las cosas, tenía EPO, la sustancia que, según se supo años más tarde, le permitió mejorar el rendimiento físico del plantel, favoreciéndolo a la hora de conseguir títulos nacionales e internacionales.

Aquel conjunto italiano se dio una vuelta por la Argentina, en diciembre de 1994, para enfrentar en sendos partidos a Vélez Sársfield y a San Lorenzo de Almagro. Al Fortín, que venía de consagrarse campeón intercontinental, le ganó caminando por 2 a 0. Pero con el Cuervo la cosa no le fue tan sencilla.

En los 90 minutos, disputados en un poco colmado Estadio José Amalfitani, argentinos y tanos igualaron 2 a 2. ¿Los goles? El Pampa Biaggio y Netto (de penal) para el Ciclón; Gianluca Vialli y Conte para la Vecchia Signora.

En los tiros desde el punto del penal, se lució Angelo Peruzzi, conteniendo los remates Biaggio y Netto, y viendo como el Diablo Monserrat estrellaba su remate en el travesaño. La figura, sin embargo, fue el gran Gianluca Vialli, quien la picó en el último penal y se tuvo que comer un pelotazo de Oscar Passet. Genio.

De esa manera, Juventus se quedó con la Copa Omar Sívori. Y sí, con EPO cualquiera (?).

Acosta Fernando


Fernando Martín Acosta

El paseo que se comió en México ante las Chivas de Guadalajara y el posterior escándalo unos días más tarde en La Bombonera no hicieron más que apurar la salida del Chino Benítez de la dirección técnica de Boca Juniors.

El manotazo de ahogado tras la renuncia de Miguel Ángel Brindisi (que había salido bien porque el Xeneize había ganado la Sudamericana 2004) terminó abruptamente, unos ocho meses después, en medio de escupitajos faciales photoshopeados y un clima de tángana digno de la Libertadores.

Como se disputaban las últimas fechas del torneo Clausura 2005, y Boca no tenía más aspiraciones que cumplir con sus compromisos de la manera más digna posible, la dirigencia del club de la Ribera apeló a lo que tenía más a mano mientras craneaba la llegada de un técnico que los pudiera sacar de ese mal momento.

Y el marido de la esposa de Abel Alves parecía ser la mejor opción. El Chueco era del riñón del club y conocía a los pibes de inferiores. En ellos -los juveniles- confió, mitad por motu proprio, mitad por obligación, para afrontar los últimos encuentros de aquel campeonato, en el que Boca terminó decimoquinto.

Ante Quilmes -que tenía a los baldoseros Agustín Lastagaray, Pablo Bastianini y los mufas Gabriel L*b*s y Raúl S**vedr*-, por ejemplo, por la fecha 18 y en el estadio de San Lorenzo (La Bombonera estaba suspendida por los incidentes en la Libertadores), mandó a la cancha a Ezequiel Medrán; Fernando Acosta, Matías Silvestre, Aníbal Matellán, Matías Cahais (también debutante); Matías Donnet, Eduardo Casais, Pablo Ledesma, Luis Miguel Escalada; Edgar Espíndola y Mauro Boselli. En la segunda mitad, cuando el cero parecía irreversible, ingresaron Rodrigo Palacio, Guillermo Barros Schelotto y, bien sobre la hora, el Bombón Baiano. El partido tuvo varias situaciones de gol para los dos equipos, pero no salieron del cero.

Para Fernando Acosta, nacido en Avellaneda y lateral por derecha de profesión, esos 87 minutos que trascurrieron hasta que lo reemplazó el brasileño fueron los únicos que tuvo oficialmente con la camiseta azul y oro. Y ojo, las crónicas del día siguiente lo dejaron bastante bien parado. Es que el pibe, de 18 años recién cumplidos, se destacó con sus proyecciones y sus saques laterales que, al menos, generaron algo de peligro. La única perla negra fue el calambre que lo sacó de la cancha antes de tiempo.

Después no hubo mucho más. La llegada de Alfio Basile implicó el arribo de un container de jugadores experimentados con los que el Xeneize ganó todo y Acosta tuvo que conformarse con alternar entre juveniles y reserva. Las cosas no cambiaron durante la nefasta era Lavolpe ni con el enfermo del $exo Miguel Ángel Russo ni mucho menos con Chirolischia Carlos Ischia. Recién volvimos a leer su nombre en un diario a comienzos de 2007, cuando Hugo Tocalli lo desafectó de la selección argentina que disputó el Sudamericano Sub 20 en Paraguay.

Para mediados de 2008 ya sabía que ni de casualidad volvería a ponerse el manto sagrado y por eso ni dudó cuando le preguntaron si quería ir a probar suerte a Portugal, donde llegó con otros dos compañeros de las inferiores de Boca como Maximiliano Asis y Nicolás Scoppa. Estuvo entrenando en Leixões y Portimonense, pero no convenció a nadie y retornó a la Argentina un año más tarde, en septiembre de 2009, para sumarse a Deportivo Merlo, aunque ninguna crónica registra actuaciones suyas.

En 2010 su nombre sonó con fuerza como posible refuerzo de Mandiyú de Corrientes. Es más, lo esperaban para firmar el contrato, pero adujo un problema familiar y nunca apareció.

Como para agregar más misterio a su ya extrañísima carrera.