
Fabián Eduardo Bonhoff
Promesa surgida en Newell’s Old Boys que pese a los buenos augurios que cargaba desde inferiores no pudo consolidarse en la Primera División de nuestro fútbol, teniendo que emigrar al mercado europeo, donde tampoco fue gran cosa.
Debutó como marcador central en La Lepra allá por 1986, pero enseguida lo prestaron a Huracán de Parque Patricios (1987/88) para que se curtiera en el Nacional B. Allí convivió junto a Pedro Fóppoli, Hebert Birriel, Carlos Torino y Ariel Paolorossi, entre otros, pero apenas pudo disputar 10 encuentros, en los que llegó a marcar 1 tanto.
Volvió a Newell’s (1988/89) pero apenas pudo agregar otro match a su legajo. En busca de una posibilidad economica más grande, marchó al Viejo Continente para sumarse al Castellón, conjunto español del ascenso que también contaba con el experimentado Luis Mario Cabrera. En su temporada inicial Bonhoff fue titular, marcó 2 goles y logró subir a Primera. Todo un éxito. Quizás el único de su efímera carrera.
En la máxima división del país ibérico, claro, la cosa no fue tan sencilla. No sostuvo su puesto en la defensa (apenas 11 encuentros desde el arranque) y a pesar de que el equipo logró el objetivo de mantenerse, al comenzar la temporada 1990/91 debió buscar nuevos horizontes. El Palamós lo cobijó en Segunda, donde terminó zafando del descenso por diferencia de 1 punto. Casi casi.
Tras varios años en los que no supimos nada de él (ojo, tampoco es que lo buscábamos todos los días), en junio de 2010 reapareció en los medios cuando fue convocado por la dirigencia de Newell’s para la inauguración de un complejo de canchas de césped sintético. Sintético, sí, como su andar en el fútbol.