Posadas, Misiones, 1992. Partido a Beneficio, Selección del interior de Misiones.
Capobianco Horacio
Horacio Capobianco
La imagen escaneada de la revista El Gráfico nos traslada a las sierras cordobesas, allá por enero de 1993. La Academia, casi sin proponérselo, reunía en un fragmento de la foto grupal a 4 de sus máximos ídolos: el Piojo López, Gustavo Costas, Rubén Paz y…Horacio Capobianco (?). ¿Quién?
El pibe Capobianco jugaba de defensor en la Cuarta División de Racing y gracias al técnico Eduardo Solari pudo hacer la pretemporada con la Primera. Aquel plantel de Roa, Matosas, Vallejos, Ademir, Graciani, Akselman, Kohary, Allegue, Galeazzi, Zaccanti y Cabrol, entre otros, llegó a ilusionar tibiamente a los hinchas con la obtención de la Copa «Diario La Capital», puesta en juego en un triangular en Rosario junto a San Lorenzo y Central.
Vale aclarar que nuestro homenajeado fue apenas un extra en toda esa historia y que eso fue lo más cerca que estuvo de la consagración, pero al menos le serviría para ir adentrándose en el profesionalismo del fútbol, mundo donde se insertó años más tarde.
Tras quedar libre, se dedicó a su otra pasión: Huracán. Hincha ferviente del Globo, solía frecuentar la popular y hasta impulsó la creación de la bandera «Grande se nace«. Después, cuando el lugar junto al paravalanchas le quedó chico (?), se hizo cargo de la utilería del club y actualmente se desempeña en ese puesto. Así que ya saben, si ven por Parque Patricios a un pibe de rulos todo vestido de Kappa, grítenle «¡baldosero!» que seguro se da vuelta.
Gatti a Español 1990

El retiro del fútbol del Hugo Gatti no fue el que él hubiese deseado. Por eso, más de una vez, se vio tentado a calzarse los guantes nuevamente. En Boca, o en donde sea. Y todos lo sabían. Muestra de ello fue el interés del Deportivo Español a mediados de 1990. Es que todo podía suceder en el club de Ríos Seoane. «Firmé un precontrato, estoy inscripto», afirmaba el Loco. Y no era lo único que decía.
«¿Por qué me decidí por Español? Primero, porque quiero jugar; después, porque es una institución simpática y fue el único club que movió el mercado. Se reforzó bien, con jugadores como el Negro Enrique, Bevilacqua, el Toti Iglesias. Y si a eso le agregamos mi poder de convocatoria, van a tener que agrandar las canchas», arrancó. Y no se quedó ahí: «tengo que demostrar que soy el mejor, ése es mi desafío y lo que me impulsa a seguir. Pero me voy a ganar el puesto en las prácticas, nunca me lo gané con la cédula y tampoco lo haré ahora». Para terminar, cerró con: «en veinticinco días como máximo tengo que estar jugando. Estoy muy bien físicamente, sólo me falta un poco de arco. Me van a ver pronto, Español es una linda novia para mi. Ahora sí, juego un año más y largo». La expectativa por ver al Loco otra vez en el arco duró poco, y este, con 46 años, no pudo tener el final que siempre soñó.
San Lorenzo Luanvi copia de Barcelona Nike 1999
En abril de 1999 la empresa española Luanvi se hizo cargo de la indumentaria de San Lorenzo de Almagro y tal vez sabiendo que no iba a durar muchos meses en el mercado, se apuró en diseñale 5 camisetas distintas. Una tradicional, una alternativa con una franja azul al estilo Ajax, un modelo rojo para la Mercosur, otro suplente en tono azul y…una imitación de la ropa que antes había estrenado el Barcelona para celebrar los 100 años de su fundación. Azul del lado izquierdo del pecho, rojo del lado derecho y un azul más oscuro en las mangas, pantalones y medias. Un robo evidente.
Especiales: Carlos Henrique Kaiser
Carlos Henrique Raposo (Carlos Henrique Kaiser)
Fantasma. No, no nos referimos a la banda de electrocumbia. Tampoco hablamos de ese nene con una B en el pecho que acecha a un equipo de Núñez. Para En Una Baldosa remitirse a fantasma es traer a la memoria a un delantero brasileño desconocido, incluso para sus propios compatriotas. Un chanta con todas las letras.
Carlos Henrique Raposo, más conocido (aunque no tanto) como Carlos Henrique Kaiser, es un ladrón profesional. Durante casi 20 años formó parte de planteles de fútbol y jugó unos pocos partidos. ¿Cuál era la estrategia del muchacho? Simple, mucho lobby. Siempre fue amigo de los grandes jugadores de Brasil como Carlos Alberto Torres, Renato Gaúcho, Ricardo Rocha (sí, aquel que pasó por Newell’s), Romário, Edmundo, Gaúcho (sí, el que jugó en Boca), Branco, entre otros. Y siempre que alguno de ellos era contratado por un equipo, Kaiser entraba en el combo, una práctica frecuente en el fútbol brasileño (por caso, no hace mucho tiempo, Matías Defederico se sumó al Corinthians y Mariano Torres, ex Boca, firmó contrato con el Timao, aunque poco después pasó a préstamo al Santo André).
Carlos Henrique siempre aprovechó su pinta de jugador para estirar la mentira. Así pasó por Brasil, Francia, Estados Unidos, México y hasta jura y perjura haber tenido un paso por el fútbol argentino. Lo cierto es que el tipo en los entrenamientos físicos se destacaba, pero a la hora de patear la pelota se lesionaba misteriosamente (muchas veces formaba parte de algún arreglo previo con un compañero) y quedaba al margen del equipo por semanas o incluso meses.
«Partidos completos debo tener unos 20 o 30, como mucho. En todos los partidos arrugaba. Siempre salía lastimado. Hasta en los entrenamientos. No me arrepiento de nada. Los clubes ya han engañado tanto a los jugadores, alguien tenía que vengarse por todos ellos», comentó hace algunos días cuando el sitio Globo Esporte le hizo una entrevista.
Su currículum (tan incomprobable como mágico) incluye pasos por Flamengo, Puebla de México, donde dice haber sido campeón y afirma que quisieron naturalizarlo, Fluminense, Vasco da Gama, Botafogo, América de Río de Janeiro, Bangú, Palmeiras y Ajaccio de Francia, donde estuvo varios años jugando «de a 20 minutos por partido».
En Argentina, el ladrón brasileño asegura haber estado en Talleres de Córdoba e Independiente, llevado por un tal Alejandro, amigo de Jorge Burruchaga. Lo más loco: jura haber sido campeón de la Copa Libertadores e Intercontinental de 1984 (ver video a partir de 5:15). Incluso, muestra orgulloso la foto grupal de aquel plantel. Nadie logra ubicarlo. Es simple, no está. El tipo se hace pasar por Carlos Enrique, el hermano del Negro Héctor, ayudante de campo de Diego Armando Maradona en el último mundial.
Cuenta la historia que una vez, defendiendo los colores del Bangú, el técnico mandó a todos los suplentes a hacer el calentamiento precompetitivo y el bueno de Kaiser, para no ser descubierto, no tuvo mejor idea que pelearse con los hinchas que puteaban al equipo. Obviamente fue expulsado. Ya en el vestuario, el gerenciador del Bangú, Castor de Andrade (el rey del juego clandestino en Brasil), lo encaró y Kaiser le dijo «te estaban puteando, decían que sos un ladrón, vos sos un padre para mí y yo no lo iba a permitir». Automáticamente, De Andrade le agradeció y le renovó el contrato por seis meses más. Un genio.
Links
– La historia de Carlos Henrique Kaiser, el Forrest Gump del fútbol brasileño.
– Peleas con hinchas, pelotazos a la tribuna, celular falso… las aventuras de Kaiser.
Effeo, no hay dudas
Mucho antes de que Mau_19 fuese gold y de que La Pandilla Perfumada dejara su huella en un free shop de Paraguay, la moda flogger ya había penetrado en la familia de Vélez. El actual DT y ex jugador del Fortín a comienzos de los 90’s, Ricardo Gareca, fue precursor en la materia de los peinados raros, los lentes grandes y los colores fluo. Eso sí, por más que le puso la remera rayadita, el hijo le salió emo. Y sino miren esa cara de niño triste, esperando que que el padre le haga FF por reverse.
Wouters Jan

Jan Wouters. Mediocampista holandés. Jugó entre 1980 y 1996.
María Flora (de Araujo)






