Valente Saverio

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Saverio Valente

Otro espécimen de esa inagotable fuente de baldoseridad que fue Boca Juniors en la primera mitad de los 80’s. Los que nutren la memoria con recuerdos innecesarios dicen que Valente fue un mediocampista que vistió de mala manera la camiseta azul y oro entre 1983 y 1984. Las estadísticas afirman que sólo disputó 6 encuentros. Y el sentido común aclara que, en esa época, cualquiera hacía sapo en el Xeneize.

Arribó luego a Temperley, con el que obtuvo más rodaje y llegó a jugar 31 partidos entre 1985 y 1987. Ah, en el Gasolero, marcó el único tanto en la máxima categoría. Después hizo algunos más con el club sureño en el ascenso.

También jugó el Torneo Regional 1987/88 para Ferrocarril Sud de Tandil y hasta tuvo tiempo para actuar en el fútbol canadiense, donde comprobó que el chivito es un invento uruguayo.

Y está clarísimo que nunca llegó a indentificarse con Boca. De hecho trabaja desde hace algunos años como entrenador de las inferiores de River.

Especiales: el hermano de Calderón

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Ismael Santiago Calderón (Calderita)

Hacer una carrera digna siendo el «hermano baldosero de» no es moco é pavo. Ya hemos comprobado largamente con casos como Hugo y Lalo Maradona, Waldo Spontón o Carlos Desio, que muchos mueren en el intento. No es raro, entonces, que al hermano menor de Gabriel Calderón le haya costado bastante ganarse un lugar en el fútbol profesional.

También delantero, vivió futbolísticamente a la sombra de su pariente más famoso. En nuestro país, algunos pocos tuvieron la fortuna de verlo cuando vistió fugazmente la camiseta de Atlético Tucumán (3 partidos y ningún tanto en la temporada 1990/91). Luego partió a Suiza para sumarse al Saviese (1991/92), que inesperadamente accedió a los 16º de final de la Copa de Suiza, donde enfrentó al poderoso Sion de Enzo Trossero, que contaba en sus filas con Gabriel Calderón. El duelo de hermanos, por supuesto, terminó con goleada y clasificación para el equipo del mayor.

Despues de su aventura europea, regresó a la Argentina y disputó 4 partidos para Ituzaingó (1992/93) en el Nacional B, en los que tampoco pudo marcar goles. Triunfar en el fútbol, parecía, iba a estar difícil.

Los años pasaron, hasta que un día, charlando con su mujer, a la que había conocido en Suiza, se encontró con una posibilidad enorme. «Mirá, Ismaelito (?), creo que nunca te lo dije, pero conozco un club donde podés consagrarte«, le habría dicho ella. «¿En serio, mi amor?«, preguntó él. «Sí, es el equipo de mi pueblo, en España. Creo que da con tu perfil«, retrucó la esposa. «Y buee, daaaale«, cerró Calderita.

Así fue como el delantero abrochó, a mediados de 2002, su incorporación al Chantada, del municipio homónimo. Y ahí, en ese paraíso de la mentira, se sintió tan a gusto que en su primera nota al diario local se animó a decir que era ex jugador de River Plate y que había compartido vestuarios con Batistuta y Ruggeri. Y dobló la apuesta: «lo único que quiero es ponerme bien físicamente para poder entrar en el equipo y tratar de marcar goles. Toda mi carrera lo hice y espero que continúe así, aunque nunca se sabe y a lo mejor resulta que no hago ni uno este año«. ¡Ja! Un grande.

Delirium Stremiz: Combatiendo el ostracismo

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No hay peor sufrimiento para los técnicos que no laburar. Y hay momentos en que el técnico al que echaron del sistema, está esperando un puesto que cree merecer y no merece, o en su defecto algún destino exótico donde robar. En ese momento que puede durar largos años, es importante que el entrenador no se desespere y consiga un microemprendimiento para llegar a fin de mes porque, lamentablemente, Niembro no tiene más vacantes en La Última Palabra, producto de la competencia de árbitros mediocres y corruptos, ex jugadores peseteros y técnicos más impresentables y chantas.

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Como el Patón Bauza, que se animó a meter clases de tenis para ganarse el mango, hay otros técnicos o ex jugadores que aspiran a serlo, que también se animaron:

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¡Ho visto Bastianini!

Repasamos los hechos más importantes del mundo baldosero en los últimos días:

Pablo Bastianini hizo dos goles en la victoria 3 a 2 de Boca Unidos en Tucumán, ante San Martín. El segundo, una joya de taco. Por algo acá siempre lo bancamos (?).

– ¿Se acuerdan de Eros Pérez? Bueno, está jugando en el Cóndor de Chile…equipo de Futsal. Un detalle menor.

– Llegan malas noticias desde Uruguay. El ex Independiente, Yair Rodríguez, fue desafectado de Cerro Largo por bajo rendimiento.

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Especiales: un alemán en Argentina

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Uwe Wolf (El Lobo)

Mucho antes de que Lothar Matthäus se mofara de los dirigentes de Racing a través de un SMS, otro alemán estuvo pidiendo un lugarcito en la historia negra del fútbol argentino.

Nacido en la localidad de Neustadt an der Weinstraße (la traducción sería algo así como «Bernardo, cuidado que se te escapa«) en 1967, se hizo medianamente conocido en su país vistiendo las camisetas de SV Waldhof Mannheim (1985/86), SV Edenkoben (1986 a 1989), 1. FC Nürnberg (1989 a 1994) y TSV 1860 München (1995/95). Hasta ahí todo más o menos bien.

La raro es que de un día para el otro apareció en México y firmó contrato con el Necaxa (1995/96), que venía de ser campeón después de 56 años. Con Uwe en la defensa y jugadores como Alex Aguinaga, Alberto García Aspe, Luis Hernández y Sergio Zárate, el team dirigido por Manuel Lapuente volvió a quedarse con el título. Pasó también por Puebla (1996/97) y Venados de Yucatán (1997/98), antes de regresar a Europa para integrar el plantel de SV Austria Salzburg (1998/99). A esa altura ya quería probar en un torneo más competitivo y por eso le hizo caso al empresario Hugo Issa cuando le propuso viajar a la Argentina.

El club de su desembarco fue Unión de Santa Fe, que por entonces se preparaba para afrontar el Apertura 1999. «Voy a entrenarme con el plantel hasta la semana que viene. Soy marcador central, puedo jugar de líbero, de stopper o adaptarme perfectamente a una línea de cuatro, que es el sistema que utiliza Unión para marcar«, tiró el germano a su llegada. Pero su supuesta versatilidad no le alcanzó para convencer a Juan José López, que prefirió a José María Paz.

Estuvo más de una semana practicando a la par de hombres como Martín Perezlindo, Miguel «no me digan Gisela» Barreto y Juan José Jayo, hasta que el entrenador le bajó el pulgar. Otra hubiese sido la historia si el técnico tatengue hubiera sido el Otto Craviotto. Pero faltaban dos años para ese episodio.

Para despedirse del fútbol eligió volver a su tierra y jugar en el modesto equipo insignia de la Alemania Oriental, el Dynamo Dresden (1999/2000). Pero claro, culo inquieto como pocos (?), tiró una fichita en Portugal y se puso la casaca del SC Freamunde (2000/01). Y ahí si, dijo adiós.

Desde hace algunos años trabaja como entrenador de las divisiones menores (y también con los mayores) del 1860 München, equipo que tiene los mismos colores que Racing. Ojo, no lo descarten para la próxima vez que La Academia busque técnico. Por las dudas, acá tienen la página web para contactarlo. ¿O piensan mandarle un mensaje de texto?