Ismael Santiago Calderón (Calderita)
Hacer una carrera digna siendo el «hermano baldosero de» no es moco é pavo. Ya hemos comprobado largamente con casos como Hugo y Lalo Maradona, Waldo Spontón o Carlos Desio, que muchos mueren en el intento. No es raro, entonces, que al hermano menor de Gabriel Calderón le haya costado bastante ganarse un lugar en el fútbol profesional.
También delantero, vivió futbolísticamente a la sombra de su pariente más famoso. En nuestro país, algunos pocos tuvieron la fortuna de verlo cuando vistió fugazmente la camiseta de Atlético Tucumán (3 partidos y ningún tanto en la temporada 1990/91). Luego partió a Suiza para sumarse al Saviese (1991/92), que inesperadamente accedió a los 16º de final de la Copa de Suiza, donde enfrentó al poderoso Sion de Enzo Trossero, que contaba en sus filas con Gabriel Calderón. El duelo de hermanos, por supuesto, terminó con goleada y clasificación para el equipo del mayor.
Despues de su aventura europea, regresó a la Argentina y disputó 4 partidos para Ituzaingó (1992/93) en el Nacional B, en los que tampoco pudo marcar goles. Triunfar en el fútbol, parecía, iba a estar difícil.
Los años pasaron, hasta que un día, charlando con su mujer, a la que había conocido en Suiza, se encontró con una posibilidad enorme. «Mirá, Ismaelito (?), creo que nunca te lo dije, pero conozco un club donde podés consagrarte«, le habría dicho ella. «¿En serio, mi amor?«, preguntó él. «Sí, es el equipo de mi pueblo, en España. Creo que da con tu perfil«, retrucó la esposa. «Y buee, daaaale«, cerró Calderita.
Así fue como el delantero abrochó, a mediados de 2002, su incorporación al Chantada, del municipio homónimo. Y ahí, en ese paraíso de la mentira, se sintió tan a gusto que en su primera nota al diario local se animó a decir que era ex jugador de River Plate y que había compartido vestuarios con Batistuta y Ruggeri. Y dobló la apuesta: «lo único que quiero es ponerme bien físicamente para poder entrar en el equipo y tratar de marcar goles. Toda mi carrera lo hice y espero que continúe así, aunque nunca se sabe y a lo mejor resulta que no hago ni uno este año«. ¡Ja! Un grande.









