Flores Gabriel

Gabriel Alejandro Flores

Se comenta en los pasillos de En Una Baldosa (?) que cuando los integrantes del staff no saben a quién corno homenajear, recurren a un viejo truco, un as en la manga que lucha sin cesar contra la sequía de baldoseros: el plantel de San Lorenzo del Clausura ’92. Con sólo meter la mano en esa galera imaginaria, uno puede sacar un conejo sin tironear demasiado. Un Di Marco, un Sanfilippo, un Ricatti, un Regules, un Coronel, un Carrasco, un Nartallo, un Rodríguez, un Nardozza, un Ovelar, un Roa o un Monarriz, estuvieron siempre a la orden del día para arrancarle una sonrisa o una puteada a los lectores reconocibles como Destro, nicobanfield, el inolvidable colita, nicovw3, Gabi Canch, danii esp. y también a los anónimos que representan la muda mayoría.

Gabriel Flores fue parte de ese centro de evacuados del fútbol profesional, que reunía a 39 tipos con al menos un minuto en el campeonato. En aquel torneo debutó como titular en una derrota 3 a 2 ante el Vélez de Eduardo Luján Manera y luego, aunque le dieron más chances de actuar desde el inicio, le costó afianzarse en el puesto de volante por izquierda. Hasta su partida, a mediados de 1994, alcanzó la cifra de 13 partidos disputados y ningún gol.

Una categoría más abajo, en el Nacional B, vistió la camiseta de Los Andes (1994/95 y 1998/99, 44 partidos, 5 goles) y San Martín de San Juan (1997/98, 9 partidos). En Primera B sudó la ropa de El Porvenir (1996/97) y por los torneos regionales jugó para Regatas (2003) y La Emilia de San Nicolás (2004/05). ¿Más? Sí, en la temporada 1995/96 estuvo en Blooming de Bolivia y predijo que un santiagueño les iba a hacer 5 goles, pero como no le creyeron le pegaron un voleo y recién volvió al exterior cuando lo contrataron de Inter Turku de Finlandia (2000 a 2003) y pudo hacerse un asado a orillas del río Aura junto a otros argentinos como Luciano Alvarez, Fernando Décima, Diego Corpache, Fernando Della Sala y Arístides Pertot.

(Gracias Cazador y Diego)

All Boys de Tucumán 2008

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Estando en juego el pase a la final de la Liga Tucumana de Fútbol, el Club Atlético All Boys enfrentaba al poderoso (?) Amalia, en un choque a partidos ida y vuelta. Ya con el Deportivo Aguilares esperando para definir quién jugaría la próxima edición del Torneo Argentino C, los gallegos, como se hacen llamar los homónimos del club de Floresta, iban a recibir al equipo que no tiene nada que ver con esta señora , en ocasión de un desempate para definir al segundo finalista.

Claro que la dirigencia de All Boys no estaba nada contenta por tener que disputar esta instancia. Y no por tener miedo de perder, sino porque su rival había entrado al repechaje por un empate que el Tribunal de Penas le dio por ganado.

La cuestión es que los directivos del club habían pensado en no presentar al equipo en forma de protesta, pero eso significaba un gran riesgo para el club, incluso de desafiliación. Pensando, se encontraron con este post y se dijeron, ¿por qué no?.

No contentos con la idea de presentar irónicamente sólo siete jugadores, formaron un equipo con siete juveniles sin experiencia en la categoría superior del club. O por lo menos eso dicen, tal vez antes del partido agarraron a seis pibes que andaban por ahí y los metieron a la cancha (?).

Por si el hecho no era suficientemente bizarro, los siete muchachitos salieron ya vestidos desde una camioneta, por lo que ni siquiera tocaron el vestuario. Ni bien empezó el partido, el visitante convirtió el primer gol de lo que se prometía una goleada histórica. Sin embargo, sólo pasados 14 minutos de partido, al arquerito local, César Porven, se lesionó, por lo que el árbitro Aldo Córdoba se vio obligado a suspender el encuentro por desventaja numérica.

Según declaró después, para el árbitro fue un mentirón lo de Porven: «No constatamos la lesión que supuestamente sufrió el arquero. El masajista de All Boys me dijo que se resintió de una lesión anterior. Esperé el tiempo suficiente y agoté todas las instancias para reanudar el juego. Cuando comprobé que no tenían intenciones de seguir, lo di por terminado«.

Claro está que el partido se dio por terminado y Amalia pasó a la final, pero tal vez a All Boys le salga mal la jugarreta, porque el presidente de la Liga anunció que la intención es desafiliarlo al club por conducta antideportiva. Así que tal vez no sólo perdió una importante chance de jugar por primera vez el torneo más federal del país (?), sino que tal vez perdió la posibilidad de jugar algún partido.

Más colores que un iPod

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No podemos afirmar que ser apodado Nano es sinónimo de lamentable porque le tenemos mucho respeto a Joan Manuel Serrat. Pero creannos que guardamos varias pruebas que dejan en evidencia una directa relación entre ese sobrenombre y el mal gusto. Sin ir más lejos, el propio Fernando Areán ya había dado muestras de su particular modo de vestir. Con la foto que ilustra este post, nos termina de cerrar la historia. El reproductor de Apple no es el único Nano que se puede conseguir en todos los colores.

(Gracias Cazador)

Boyero Hernán

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Hernán Eduardo Boyero

La prueba más flaca de que no hace falta ser mal jugador para estar en este sitio. Boyero es un esmirriado atacante que, sin demasiada suerte en nuestro país, encontró su lugar en Bolivia, donde se ganó el respeto a base de goles. Divertido, pintoresco y hasta con un pasado en la Primera División de la Argentina, ingresa al no tan selecto grupo por ser extravagantemente baldosero.

Nació el 30 de diciembre de 1979, síntoma inequívoco de su mala fortuna. De entrada se perdió por poco la posibilidad de recibir la primera visita de Papá Noel. Y en los años posteriores, las tías amarretas seguramente deben haber aprovechado la opción del 2 x 1 para meter el simbolismo del cumpleaños y el regalo navideño en el mismo juguete.

Su camino en el fútbol no estuvo plagado de pétalos de rosas pero siempre se las arregló para llamar la atención. En 2001, ya bastante grandecito, jugaba en Juventud Católica de Río Segundo y al mismo tiempo juntaba chatarra junto a su padre para subsistir. Ese mismo año se fue a probar a Instituto de Córdoba y quedó.

Entre 2002 y 2006 disputó una buena cantidad de partidos y en ese mismo club conoció la sensación de actuar en la máxima categoría. En el Apertura 2004 salió a la cancha frente a Argentinos Juniors, Racing y River. Entre los 3 partidos apenas arañó los 50 minutos y no pudo convertir. En el plantel, además, había otros delanteros que tenían más chapa como Martín Vilallonga, Diego Quintana y Miliki Jiménez.

En el Nacional B, además de vestir la camiseta de La Gloria, anduvo por Juventud Antoniana de Salta (2005) y Tigre, donde convirtió 6 tantos que le valieron 12 kilos de falda, favorecido por un extraño arreglo con un carnicero de su ciudad natal, Río Segundo. La intención del coterráneo, quizás, era la de alimentar bien al atacante, que por ese entonces medía 1.94 m. y sólo pesaba 74 kilos.

En 2007 tomó la decisión de irse a Bolivia y le salió realmente bien, ya que hizo varios goles con Blooming e incluso se mencionó la posibilidad de nacionalizarlo para que actúe en la Seleción. En la nota que adjuntamos se observa, tal vez, la mayor cualidad de Hernán Boyero, un gran declarante que, como todo cordobés, hace del humor una forma de vida.

¿Cómo es Hernán Boyero futbolísticamente?

Soy un jugador que pese a la altura tengo gran dominio de balón. No soy un delantero que se queda quieto, esperando que le llegue el balón, sino que lo busco.

¿Es verdad que el jugador alto es un poco torpe con el balón?

No todos. Tengo buen dominio de pelota y puedo eludir a un rival con los pies y también los superó con la cabeza.

¿Vio jugar a Peter Crouch?

Sí, lo vi jugar (sonríe), me parece un gran jugador, ¿por qué?

¿Le dijeron que su juego es parecido al del inglés?

Todos me preguntan lo mismo (sonríe), salvando las distancias trato de ser sólo Boyero.

¿Qué hace en su tiempo libre?

Acá en Bolivia no hago nada especial, en Argentina tenía una metalúrgica donde fabricábamos cosas de campo e instrumentos agrícolas. Además soy Martillero y Corredor Inmobiliario, una carrera que se estudia en mi país.

¿Cómo ve el fútbol en Bolivia?

Hay buenos futbolistas a nivel individual, pero por encima de eso hay que poner el tema de la organización, aquí me parece que no están bien organizados; termina el campeonato y no se sabe quién salió primero y quién segundo.

¿Y la indisciplina?

Todo es relativo, quizás al ser más jóvenes no se cuidan lo suficiente y lo ven a uno tomando un vaso de Coca-Cola y dicen que tomó un vino. La gente habla y al jugador lo castigan. Seguramente que habrá un indisciplinado, como hay en Argentina, Italia y Venezuela.

Link

Se comenta que en esta nochebuena, además de recibir el clásico slip + pack de medias como obsequio de cumpleaños y navidad, va a brindar con tanta Coca-Cola que va a poder canjear las tapas por frascos, sandwicheras y batidoras de mano.

Godoy Cruz amarilla (2002)

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¿Improvisación? Lotto. La firma italiana había firmado un convenio con Godoy Cruz de Mendoza, pero al parecer uno de los puntos del contrato decía «nos compremetemos a vestir a estos mendocinos como se nos cante«. De otra forma no se entiende que el Tomba haya jugado con una camiseta genérica amarilla, con pantalones y medias negras, en un partido ante Instituto por la B Nacional. ¿Y la tradición? Quedó para otro momento.

Pérez García Matías

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Matías Augusto Pérez García
Dirán los libros que «Los Pérez García» fue uno de los mayores sucesos de la radiofonía argentina allá lejos y hace tiempo que dejó impregnada una frase que resiste el paso de los años: «Tiene más problemas que los Pérez García«. Para los Salieris del Bobo Contepomi, «Los Pérez García» son una banda del paradisíaco (?) conurbano bonaerense que entremezclan el rock y el reggae. Pero para los archivos secretos de En Una Baldosa, Pérez García significa mucho más que eso. Es sinónimo de fama efímera, pero fama al fin.

Promisorio enganche surgido de las divisiones inferiores de Lanús. Nacido en Tartagal, provincia de Salta, el 13 de octubre de 1984. Desde chico se destacaba entre sus compañeros y era figurita repetida entre las convocatorias de la selección Sub 17, donde compartió equipo con Javier Mascherano, Pablo Zabaleta, Patricio Pablo «este año exploto (de verdad)» Pérez, el malogrado Lucas Molina, D11os, Carlos Tévez, Gonzalo Rodríguez, Diego Ludueña, Ruben Salina y Hugo Colace, entre otros.

Su estreno en las juveniles fue en octubre de 2000, con 16 años a cuestas en un amistoso frente a Chile, cuando le tocó reemplazar a Tévez. En 2001, disputó 3 encuentros del Sudamericano de la categoría en Arequipa (Perú), enfrentando a Venezuela por la primera ronda, Paraguay y nuevamente la Vinotinto en la ronda final.

No pasó mucho tiempo hasta que empezara a ser tenido en cuenta en el conjunto de la zona sur. En junio de 2002, participó de su primera pretemporada al igual que los arqueros Guido Vidal, Horacio Ramírez, los volantes Diego Pelletieri y Marcos Aguirre, y el romperredes, Gonzalo Marronkle.

Sin embargo, su estreno en la primera división con la casaca granate, fue el 5 de julio de 2003, en Córdoba, ante Talleres, por la última fecha del torneo Clausura. Esa tarde, reemplazó a Rodrigo Mannara a los 78 minutos y se dio el gusto de tirar paredes con el Tati Bustos Montoya y el mencionado Marronkle.

En el Apertura 2003 con Miguel Ángel Brindisi, tampoco tuvo muchas chances, apenas jugó 2 partidos. En la octava fecha ante Chacarita ingresó a los 18 minutos del segundo tiempo en lugar del Ogro Fabbiani… y a los 26 minutos le dejó el lugar a Javier Almirón. Tuvo la oportunidad de redimirse en la última jornada, ante Arsenal, cuando reemplazó a Nelson Benítez a los 80 minutos.

Su cuarta y última aparición en Primera, la haría en el Clausura 2004, con Carlos Ramacciotti en el banco y contra Estudiantes, entrando en lugar de Sebastián Salomón. Esos 28 minutos, marcaron su despedida del fútbol grande a nivel nacional.

Después de una temporada con poca acción, el pibe se la veía venir y a mediados de 2005 le dieron el toque. Pasó a préstamo a la Comisión de Actividades Infantiles de Comodoro Rivadavia, pero no rindió como se esperaba. Dijo presente en 15 encuentros (12 correspondientes al torneo Apertura y 3 al Clausura), y no convirtió goles.

En 2006 bajó una categoría para sumarse a Talleres de Escalada, donde pareció reencontrarse con su juego. Disputó 39 cotejos y marcó en 12 ocasiones. Con los colores de Atlanta (2007) mostró su mejor versión futbolística, se puso el equipo al hombro y se ganó el cariño de una hinchada necesitada de ídolos. Pero lo bueno dura poco, y el tren pasa solo una vez, y Pérez García lo agarró a tiempo. A comienzos de 2008 cruzó el océano para defender la casaca del Chamois Niortais francés.

En la tierra de Wahiba Ribery y la baguette describen a Matías como «Uno de los mejores descubrimientos, un jugador con una técnica extraordinaria, capaz de desestabilizar a una defensa él solo. Provocador, gambeteador, un excelente definidor y gran pateador de tiros libres«. Una especie de Cristiano Ronaldo del subdesarrollo, ¿no será mucho?.