
Walter Adrián Cuvertino (El Pepino)
Dicen que Dios tenía facebook y que se había hecho fan de vacacionar en Argentina. De hecho algunos aseguran que el famoso séptimo día descansó luego de la resaca que había ganado el sábado en una bodega mendocina. No hay fotos, claro. Pero testigos que prefieren reservar su identidad afirman que el Todopoderoso se mamó al límite de ponerse denso e incontrolable. Incluso cuentan que, abusando de la impunidad que le daba un planeta recién terminado por él mismo, peló la chaucha en la cima de la Cordillera de Los Andes y meó lo más lejos que pudo, marcando involuntariamente la zona cuyana. A partir de ese histórico día, las provincias de Mendoza, San Juan y San Luis quedaron fertilizadas y delimitadas por la orina del chabón que creó a la mujer, el viento e increiblemente la coliflor.
Después de todo ese bardo no fueron muchos los habitantes de Cuyo que pudieron atravesar la frontera con algo de dignidad: Domingo Faustino Sarmiento, Nicolino Locche, Sabrina Rojas y paremos de contar. En el terreno futbolístico, un tal Walter Cuvertino quiso desafiar a su suerte y desde Mendoza se tomó un micro a La Plata, donde baldoseó con la camiseta de Estudiantes en la temporada 1987/88. Tras 7 encuentros y 1 gol, se dio cuenta de que era mejor volver a su terruño silbando bajito. Y así lo hizo, para el bien de todos.
Zonalmente ganó cierta chapa a raíz de su capacidad para jugar aceptablemente con cualquier camiseta. Pasó por muchos equipos en torneos regionales, sumando estadísticas realmente pobres a su etapa como delantero del Nacional B: Deportivo Maipú (1989/90, 20 partidos, 4 goles), San Martín de San Juan (1990/91, 2 partidos), Deportivo Italiano (1991/92, 33 partidos, 7 goles), Godoy Cruz Antonio Tomba (1994/95 16 partidos, 1 gol) y el San Martín mendocino (1997/98, 9 partidos).
Además de su paso por Chile, agregó un buen momento en el Tigre que ganó el Clausura 1994 de la Primera B, con nombres como Daniel Cirrincione, Adrián Arana, Oscar Monje y Christian Fernández.
¿Ustedes piensan que después de todo ese esfuerzo el tipo dejó una imagen inmaculada ante la sociedad? Ni de casualidad. Acabó derrumbando todo lo que había construido cuando lo invitaron a representar a su provincia en un partido de showbol y terminó agarrado de las paredes para no caerse con sus zapatillas encintadas.
Y todo por culpa de aquel quilombo que armó Dios en Mendoza. ¿O fue Charly García? Ahora nos quedó la duda.











