Clara Jorge

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Jorge Luis Clara

Puntero izquierdo juninense de la raza de futbolistas con nombre/apellido/apodo de mujer, como José Orlando Berta, Teresa Cancelarich, Samanta Rodríguez Peña, la Tota Fabbri y muchos más. Debutó en la primera de Independiente en 1981 y en apenas un par de años fue prestado a Sarmiento de Junín (1983, 20 tantos en 37 cotejos), donde cumplió con una destacada labor y se ganó el regreso al Rojo.

Hasta su partida a Gimnasia y Esgrima La Plata en la temporada 1985/86, disputó 35 partidos y convirtió 5 goles en torneos locales para el cuadro de Avellaneda, dejando a los hinchas con las ganas de ver su verdadero potencial. ¿A su favor? Integró el equipo que ganó la Libertadores en 1984.

Una vez en el Lobo, ratificó su condición de promesa estancada (aunque vale decir que en sus inicios se vio perjudicado por una lesión) y sólo jugó 2 encuentros que le sirvieron de despedida en la máxima categoría. Su melena rubia y enrulada se fue familiarizando cada vez más con el ascenso y terminó regalando su juego en Morón, El Porvenir y otros clubes del interior.

En los últimos tiempos de lo vio integrando equipos de veteranos de Independiente, donde se reencontró con compañeros consagrados como Bochini y Mandinga Percudani; y también formó parte de un rejuntado de Gimnasia que disputó un clásico ante Estudiantes con figuras ochentosas, en el Día Provincial de la Lucha contra las Adicciones. Ese día seguro que se animó a tirar un caño.

Manis con parche (1987/88)

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El glorioso Mandiyú de la temporada 1987/88 no era un canto a la elegancia, está claro. Algunas camisetas tenían el «Cablex» borroneado, casi imperceptible. Y el arquero Oscar Manis, acostumbrado a cambiarse de equipo como de medias, no tuvo mejor idea que parchar el viejo sponsor de su buzo con cinta blanca.

Cravero 1996

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El Apertura ’96 nos regaló un momento difícil de olvidar: el Chango Cravero atajando para Lanús. Eso ocurrió el 30 de noviembre de ese año, cuando el Granate recibió al ilusionado Independiente de Menotti.

El conjunto de Cúper se puso en ventaja en el primer tiempo con un gol del mismísimo Daniel Cravero, pero no pudo sostener el resultado y se encontró con el partido igualado a los 19 minutos de la segunda parte gracias a un tanto José Luis Calderón. Todo empeoró a los 46 minutos, cuando se fue expulsado Carlos Roa por la ley del último recurso y, con un tiro libre en contra, Cravero tuvo que hacerse cargo del arco en los últimos segundos.

Aprovechando al máximo la última bola de la noche, el Toro Acuña tocó corto para Caldera, que sacó un zurdazo mordido que rebotó en el Chupa López y descolocó al improvisado arquero, que nada pudo hacer para evitar la caída de su valla. Ganó el Rojo 2 a 1.

Toledo Víctor

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Víctor Gabriel Toledo

Delantero surgido en Newell’s (1997/98) que supo alimentar sus cachetes a tal punto que algunos amigos llegaron a confundirlo con Quico y Adrián Dárgelos. Detalles físicos al margen, logró debutar de manera sorprendente en enero de 1997, metiéndole un gol a Lanús por el hexagonal de Necochea que llamó la atención de un periodista de Clarín: «Un toque corto de derecha del debutante Víctor Toledo (un atrevido de 19 años, al que solo un tirón pudo pararlo) al primer palo de Roa (…) puso la justicia«.

Al mes siguiente tuvo su estreno oficial, cuando ingresó por Bruno Marioni en el empate 1 a 1 ante el Boca del Bambino Veira. Ese año disputó otros 4 encuentros pero nunca pudo hacerlo de forma completa.

Repetiría su acotada participación al año siguiente, aprovechando unos pocos minutos repartidos en 3 cotejos. En uno de ellos, ante San Lorenzo y en el Nuevo Gasómetro, se sacó las ganas de gritar un gol en Primera cuando le convirtió al Flaco Passet. Ese día La Lepra se llevó un buen punto gracias a nuestro homenajeado.

Como la mayoría de las promesas sin consolidar de Rosario, bajó hasta el Nacional B para ponerse la camiseta de Argentino (1999-2000), en un paquete que incluía a Pablo Pooli, Damián Teres, Andrés Malvestitti, Ariel Ruggeri, Matías Gigli, Mauro Gerk y Nicolás Pavlovich.

Luego de años de no saber nada de él (tampoco fue que nos preocupamos taaaaanto), lo encontramos en el fútbol regional donde, a juzgar por la imagen, no la pasa nada mal. Después de vestir los colores de 13 de Junio de Pirané, volvió a Santa Fe y defendió la divisa de América Cañada de Gómez.

A comienzos de 2008 se incorporó a El Porvenir del Norte, donde seguramente habrá esperado un recibimiento descomunal. Pero no, la vida suele ser injusta y su nombre ni siquiera aparece en la encuesta de las mejores incorporaciones del año que publicó el sitio El Canducho.

¿Cuatro meses? La sacaste barata

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La pendeja se había encaprichado, quería tener a un jugador de Boca como padrino de su fiesta de quince años. Los padres, que no toleraban ver triste a la nena, hicieron todo lo que tuvieron a mano para cumplirle el deseo. Llamaron a Márcico pero el Beto se excusó diciendo que ese día tenía que hacer un tratamiento para dejar la Coca Cola. Telefonearon a Navarro Montoya, pero en medio de la conversación se cortó la luz y por las dudas no siguieron adelante.
Cuando parecía que el sueño era imposible, a la madre se le prendió una lamparita «¡Ya está, llamemos a Giuntini! Ese seguro agarra por dos mangos«

Así fue como lo citaron para un domingo y el rubio aceptó. Despistado como pocos, el defensor no se percató de que ese día jugaba un partido ante Vélez. Para no quedar mal con la familia que lo había contratado, no le dijo nada a sus compañeros y ni bien terminó el match se puso la bermuda rayada, agarró el botinero multicolor y salió rápidamente hacia el salón. Una vez en la puerta, se sacó una foto con la cumpleañera, saludó a un típico fan xeneize y volvió a Liniers para hacer el control antidoping del encuentro que había jugado minutos antes. Cuando llegó se encontró un panorama desolador. El médico no estaba y sus compañeros tampoco. Sólo un ácido plateísta velezano lo vio perdido y le gritó «¡Giuntini, te vas a comer 4 meses de suspensión!«. ¿Por llegar tarde?», contesto el pelilargo. «No, por vestirte así, hijo e’ puta«.