Especiales: Fabio Garibaldi

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Fabio Garibaldi Diniz
Historia extraña la de este ex arquero de Ferro Carril Oeste que desde chico supo rodearse de futuras figuras como Carlos Tévez, Pablo Zabaleta y Javier Mascherano; habitues de las tardes de ascenso como Diego Ludueña, David Reano, Paulo Rosales (también conocido como el Rosales trucho), Federico León; ladrones de guante blanco de la talla de Maxi López, Raúl Osella, Lucas Correa, Marcos Mondaini y Hugo Colace; y también perfectos desconocidos como Mario Lugo, Marcos Ballarino y Diego Suárez.
En 1999, con 15 años y luego de una brillante actuación en la Copa Nike, Hugo Tocalli lo convocó para disputar en Londres el torneo sub 17 Tres Naciones, enfrentando a Inglaterra y Francia. Años más tarde en una entrevista con el Suplemento Sí! de Clarín afirmó: «En la etapa nacional no me hicieron ningún gol y estaba en Ferro. Jugábamos con River, Newell’s y Racing, que nos cascoteaban el rancho».
En su momento de gloria, peleaba la titularidad de la selección con el malogrado Lucas Molina pero un infortunio le jugó una mala pasada: «Empezamos turnándonos. Y en Wembley me saqué el dedo de lugar. Desde ahí quedó él».
Garibaldi siguió su camino en el fútbol y en 2003, mientras alternaba entre cuarta y Reserva con el club de Caballito, se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla. A fines de ese año, con un partido en el banco de suplentes en el ascenso, quedó libre. En una pierna se probó en varios clubes sin posibilidades de fichar por no pasar la revisación médica. Finalmente, tras frustarse su llegada al Avellino de Italia, Argentinos Juniors se ofreció a costearle la operación y lo incorporó a sus filas, aunque no por mucho tiempo. La vuelta del clandestino Juan Ignacio Carrera lo marginó demasiado en la lucha por un lugar y Garibaldi quedó, otra vez, con el pase en su poder. «Después me llamaron de equipos de la B, pero era muy poca plata. El fútbol es un sacrificio y desde los 15 lo veía como un trabajo.». Ese fue el punto de inflexión para colgar los guantes definitivamente, y los botines, al menos por un rato.
A las pocas semanas volvió a las canchas para jugar al fútbol… americano. «Siempre me gustó. Rezaba que acá haya esto. Me enteré por mi hermano que en el Club Comunicaciones funcionaba la Liga Argentina y me acerqué. Practiqué tres meses con los novatos adonde te enseñan las reglas y los movimientos del deporte y después fui elegido por los Tiburones, uno de los cinco equipos que existe. Los otros son Osos Polares, Corsarios, Cruzados y Jabalíes», comentó en aquella entrevista. Dando cuenta de su fanatismo por el deporte yankee tiró: «Una vez iba corriendo y apenas toqué la pelota sentí una cosa en las costillas y dije: ‘¿Dónde estoy?’. Te juro que me levanté con una sonrisa de oreja a oreja. Eso es lo que quería».
Su buen desempeño como receptor (cuya función no es otra que atrapar la pelota y avanzar la mayor cantidad de yardas posibles) en los Tiburones lo llevó a ser un indiscutido de los Halcones, nombre con el que se conoce a la selección nacional de fútbol americano.
El año pasado, Los Halcones, con la presencia de Garibaldi se impusieron a su similar de Uruguay en Montevideo y lograron conquistar por primera vez en la historia el Silver Bowl, una especie de versión sudaca del Super Tazón.
Así transcurre hasta el momento la historia de Fabio Garibaldi, un seguidor a ultranza de ese embole llamado Super Bowl, del jugador Randy Moss y de los Tampa Bay Buccaneers. Un pibe como cualquier otro que un día pasó de sacar fuerte y para arriba buscando a Carlos Tévez, a correr como loco y esquivar muñecos para tratar de convertir touchdowns.

KeyserSoze

El Negro juega al ahorcado

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¿Se dieron cuenta? No hay colores llamativos ni dibujos extraños. Todo bastante sobrio, como la carrera de Fernando Cáceres. Pero hay algo que salta a la vista y que no podemos obviar. El cinto nunca (jamás de los jamases) puede estar a 5 centímetros del bolsillo de la camisa.
La sonrisa forzada lo dice todo: estaba conteniendo la respiración.

Juan Pordiosero

Valencia 1 – Argentina 1

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La previa al mundial de 1990 dejó varios encuentros anecdóticos en el camino de nuestra selección nacional. El 25 de mayo de aquel año, a menos de un mes de instalarse en Italia, el equipo de Bilardo se midió en el estadio Luis Casanovas ante el Valencia español. Aquel día, unas 25.000 personas presenciaron en directo el 1 a 1. La albiceleste formó aquel día con Pumpido; Simón, Ruggeri, Fabbri, Olarticoechea; Lorenzo, Batista, Troglio, Burruchaga; Maradona y Caniggia. Los goles fueron marcados por Cuxart, para el local y Dezotti, quien había ingresado en el complemento, al igual que Basualdo, Sensini y Balbo.

Chelo

Weber Mauricio

Mauricio Enrique Weber Texeira
Delantero uruguayo de buenos antecedentes en inferiores e improductivo paso por el fútbol profesional. Como si fuera poco, supo rapiñar con la camiseta de Instituto de Córdoba, ganando así sus consabidos segundos de gloria que, a decir verdad, si los hubiésemos cronometrado no nos hubiera dado la velocidad del pulgar para darle stop a tiempo.
Surgido en el modesto Atlanta de Young, pasó por la selección del pueblo y luego de marcar muchos goles en la Quinta de Nacional de Montevideo, se hizo hombrecito cuando debutó en Primera con la camiseta de Rentistas (2000/2004).
El 2005 fue su año. Un día le dieron un folleto de Buquebus, vio que le alcanzaba para el pasaje y se mandó para la Argentina.
No se sabe si los goles los perdió en el Eladia Isabel o si los extravió en el trayecto Buenos Aires-Córdoba. La realidad es que Weber hizo poco y nada en Instituto. En 5 partidos (sólo 2 como titular) no pudo convertir y encima lo ponían casi siempre de local (fuera de la Docta sólo le tocó jugar en la cancha de Arsenal). Asqueado de tomar mate con Pilipauskas, Deivis Barone y Josemir Lujambio, se despidió de Sanchírico, Cobo y Maxi Ayala para regresar al fúbol charrúa.
Así fue como recaló en Rampla Juniors y prometió darle alegrías a Ricardo Espalter, Víctor Hugo Morales y a Natalia Oreiro, reconocidos picapiedras. Cuando le explicaron que las alegrías a Naty sólo podía dárselas con goles, se sintió engañado y empezó a maquinar la idea de mandarse a mudar. A principios de 2006 firmó para el Santiago Morning de Chile, donde no hizo demasiado (sólo se le recuerda un tanto al Huachipato).
Extraño fue cuando, teniendo ya sobre sus hombros un historial para robarla tranquilamente en otra liga sudamericana, regresó al pequeño Atlanta de Young para jugar por el chivito y la Pilsen.
En 2007 se incorporó, junto al argentino Walter Gigena y al charrúa Daniel Cardozo, al Victoria de Honduras, un equipo que había tenido mala suerte con los extranjeros. Ellos se metieron rápidamente a la gente en el bolsillo y en ese contexto Weber se agrandó y declaró en la previa de un partido importante: «Dentro de la cancha somos once contra once y ahí es donde se miran los verdaderos hombres. A Motagua no le tenemos miedo«. Como para tenerle miedo a un equipo que se llama Motagua. ¡De-ja-te de jo-der!

Juan Pordiosero

Cuca 2008

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Envalentonado por la racha positiva en el torneo carioca, y ante la falta de arqueros (el uruguayo Castillo en su país, los suplentes Marcos Leandro y Roger lesionados y el juvenil Renan en la sub 19 brasileña), el técnico del Botafogo, Alexi Stivel, más conocido como Cuca no tuvo problemas a la hora de calzarse los guantes y pelotear durante un buen rato con Lúcio Flávio. Un hecho poco frecuente en el fútbol actual que deja por sentado que los buenos resultados todo lo pueden.

KeyserSoze