
Leo van Veen. Defensor holandés. Jugó en los 60’s y en los 70’s.

Leo van Veen. Defensor holandés. Jugó en los 60’s y en los 70’s.

Si bien la firma Umbro fue la primera en introducir el azul violacio en la indumentaria de Ferro Carril Oeste, nadie fue tan lejos como New Balance, la marca que vistió al verdolaga entre 1997 y 2000. Gran sensación generó el conjunto a lo Fiorentina que el equipo de Caballito usó en su primer triunfo del Apertura ’98, en el clásico ante Vélez. A partir de ese día se hizo más común ver a Ferro de violeta, aunque para el siguiente campeonato esa pilcha quedaría en desuso.
Juan Pordiosero

Con la soga al cuello a raíz de un pésimo semestre, Quilmes encaró el último tramo de la temporada 1991/92 con una mentalidad autodestructiva que tenía 3 objetivos: dejar libres a los consagrados (Vanemerack, el Nene Comisso, la Pantera Mir y Osvaldo Ingrao, entre otros), quemar algunos pibes (Junior de la 25) y reforzarse con extranjeros de dudosos antecedentes. Este último ítem, el más interesante, es el que exponemos en este post con aires descensivos. Con ustedes, los paraguayos del Cervecero.

Juan Esteban Peralta (El Tatu)
Llegó en las mismas condiciones que su coterráneo. A préstamo por 6 meses y con una opción de compra para el club del Sur. A pesar de su corta estadía y la mala tarea colectiva, individualmente pudo dejar un buen recuerdo en los hinchas cerveceros, que siempre rememoran dos episodios: un gol a Independiente (atajaba Islas) desde afuera del área y un terrible cabezazo al…cemento del viejo estadio de Guido y Sarmiento. Sí, entre las jugadas más festejadas de este delantero se encuentra un duro golpe contra una pared, luego de haber ido a pelear exageradamente una pelota con un hombre de Unión de Santa Fe. Glorioso.
Completó 11 partidos y 4 goles con la camiseta blanca, para perderse en el anonimato o lo que es peor, la confusión generalizada. En su país actuaron hasta hace algunos años dos jugadores llamados Juan Esteban Peralta. No damos crédito de que sea uno de ellos y tampoco descartamos la posibilidad de que ambos sean la misma persona. Después de aquel impacto craneano, que todavía retumba en los pagos de Juan Gujis, el Mono de Kapanga y la cerveza bien helada, es posible que le haya quedado (como mínimo) un síndrome de doble personalidad capaz de engañar a propios y extraños.

Víctor Hugo Ávalos Acosta
Respondía al patrón del típico baldosero paraguayo. Alto, con fama de cabecear bien y apellido estándar (las otras opciones en su tierra son Benítez, Cáceres, Cardozo, Caballero y Torres). Aterrizó en la Argentina, se sacó la foto con su compatriota y el técnico Trullet, y salió a ver qué onda en un Quilmes jugadísimo con el descenso.
En su doble función de delantero y volante ofensivo tuvo una labor discreta (12 encuentros) y se despidió de la máxima categoría sin ningún gol. Ni por asomo se barajó la chance de que permaneciera en la institución y sin que nadie lo notara se alejó con rumbo desconocido.
Recorriendo su trayectoria nos enteramos que además de haberse formado en Guaraní, también jugó en Olimpia de su país y en Independiente de Santa Fe de Colombia. Una vez en Chile, su lugar en el Mundo, se dedicó a responder entrevistas profundas y a tweetycarrarizar con los colores de Temuco (2004), Universidad de Concepción (2005), Puerto Montt (2006), Curicó Unido (2006), Santiago Wanderers (2007) y Arturo Fernandez Vial, donde aún continúa, aferrado a una frase que ya se convirtió en una filosofía de vida: «Mi teléfono está encendido las 24 horas del día y si me llaman, conversamos. No hay problemas«. Lo estamos llamando. Queremos saber cómo se dice baldosear en guaraní.
Juan Pordiosero – Fede de México

Pallaport dell’ Arsenale, Venezia (Italia), 1988. Extranjeros, partido a benefecio de Cáritas.

José María «Chaucha» Bianco. Volante central argentino. Jugó desde 1981 a 1997.

Joseph M`Barga
El camerunés llegó a Colombia sin saber una palabra de español. Su madre, preocupada por la suerte de su hijo en un país violento, le recomendó que no fuera impetuoso en sus reacciones y que si se la montaban, solamente esbozara una sonrisa. Y para no alebrestar los ánimos de algún pesado, la mamá de M`Barga le dejó una última recomendación: “Mijo, a todo diga ‘oui’ o ‘yes’”.
Es que M´Barga solamente había salido de su país para hacer una prueba a Boca Juniors en 1996 (ese mismo año jugó un amistoso con la camiseta de Nueva Chicago y le hizo un gol al Xeneize de Bilardo), y para el Mundial de Estados Unidos de 1994. Esta iba a ser su primera experiencia por fuera de su natal Yaoundé, donde jugaba en el Canon FC.
Cuando arribó al muelle internacional del Ernesto Cortissoz de Barranquilla en 1997, un lugareño que lo fue a recoger le dijo “¿Oye, sobrino, no quieres una ‘fría’?”. M´Barga, temeroso, dijo “oui” y con el chofer se bajaron todo un galpón de pola.
Luego un amigo del chofer le espetó: “Compadre, vamo´ a mamá ron”. M´Barga, algo aturdido por las cervezas consumidas, dijo: “yes”. Y bajaron Ron Caña hasta el amanecer.
En el Junior jugó poco y mal y además en su foto del debut, tuvo la mala fortuna de que el tiburón con ojos de stop de Ford Fairlane (Copyright Sensación) posara detrás suyo, como símbolo de mala suerte. Por eso cuando ante su falta de gol y su tendencia a la desidia dentro del campo, los directivos le dijeron “¿Joseph, no te quieres ir al Caldas?”, M´Barga, dijo “oui”. Y sin tener ni idea de lo que ocurría, terminó en la bella y fría Manizales, en donde la historia se repitió:
-¿Nos tomamos un güarito, José?
– Yes.
Un día la mamá de M´Barga lo llamó al hotel y le dijo “¿quieres devolverte a Yaoundé?”. Él dijo “oui”. Y nunca más se volvió a saber de él.
ustedesnoexisten (Gracias Bestiario del Balón)

