Especial: Jamaiquinos en Banfield

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A mediados de 2003, unos desconocidos futbolistas de Jamaica cayeron por estos pagos y se probaron en Banfield con resultados no satifactorios. Mofarnos de ellos haciendo abuso de la asociación directa entre la marihuana y su país de origen a esta altura sería poco original y hasta despreciativo de su cultura. Pero que la empresa que los trajo a la Argentina se llame Loco Sports echa por tierra todas nuestras intenciones de ponerle seriedad al asunto. Con ustedes, los Reggae Boyz del Taladro:

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Gregory Simpson
Surgido a mediados de los 90’s en la Primera del Village United Falmouth de Jamaica, estuvo a préstamo en el Seba (1996) y luego volvió a su club de formación. Allí se destacó y llegó a formar parte de la Selección Sub 23 de su país en 1999.
Lateral izquierdo con mucho gol, recaló en el Banfield de Garisto en mayo de 2003, junto a dos compatriotas. De más estar decir que no quedó en el plantel y se tuvo que conformar con algunos entrenamientos de la Reserva.
Después de esa experiencia retomó su relación con el Village United y desde hace poco actúa para el Harbour de la Premier League jamaiquina. Ah, como si fuera poco, simultáneamente defiende los colores de su bandera jugando para el combinado nacional de Beach Soccer.


Fabian Dawkins
Defensor nacido en 1982 que también se inició en el Village United Falmouth. Allí estuvo entre 2002 y 2004, con un impasse provocado por su prueba en Banfield, en 2003.
Después de conocer la Argentina volvió a Jamaica y en la temporada 2004/05 pasó al Arnett Gardens Kingston. En los últimos años anduvo repartiéndose entre el Harbour View (2006) de su país y el Atlanta Silverbacks de Estados Unidos (2005 y 2006/07). También jugó en su Selección.

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Teafore Bennett
El más reconocido de los tres a nivel internacional y el único que se anima a poner a Banfield en su currículum vitae. Quizás se enamoró de la institución del Sur y hoy lamenta haber desperdiciado esa chance de triunfar en nuestro fútbol.
Delantero de profesión, se destaca por su velocidad…para cambiar de equipo. Surgió en el Village United Falmouth (sospechamos que todos salen de ahí) y después pasó al Portmore United. Fuera de su nación vistió la camiseta del Virginia Beach Mariners de Estados Unidos, el Pahang de Malasia y en la actualidad la del Östers de Suecia.
Desde 2004 a esta parte ha disputado 20 partidos con su Selección, en los que ha marcado 4 goles. Nos jugamos la cabeza que en la Argentina le decían balín.

Tal vez algún dia vuelvan de la mano de su coterráneo Max Higgins.

Juan Pordiosero

Independiente 2005

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Los mandaron al muere. Mientras los profesionales de Independiente descansaban de la dura pretemporada de Menotti en Chapadmalal, los juveniles del Rojo dirigidos por Norberto Outes y Osvaldo Ingrao se presentaron ante Boca, en Salta, por el Pentagonal de verano de 2005. Eso sí, para que no sintieran tan desprotegidos, contaron con el apoyo del arquero experto en irse al descenso.
Esa noche, el conjunto de Avellaneda formó con Carlos F. Navarro Montoya, Leandro Pereyra, Leonardo Mussin, Rubén Salina, Mariano Viola; Martín Morello, Fernando Lorefice, Martín Fabbro; Hernán Losada; Esteban Rivas e Ismael Sosa. En el banco de suplentes, además, estuvieron Daniel Mielnicchuck, Emiliano Romero, Roberto Carboni, Maximiliano Vallejo, Lucas Cariati, Lucas Ojeda y…Sergio Agüero.
El Xeneize, también con algunos juveniles, ganó 2 a 0. A más de dos años de ese partido podriamos afirmar que salvo al Kun y en menor medida a Ismael Sosa (por ahora), parece que a la mayoría le pesó ese incendio veraniego.

Juan Pordiosero

Bastianini Pablo

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Pablo Bastianini (La Bestia)
Atacante nacido en Zárate y fruto de las inferiores de Independiente que moldeó una curiosa trayectoria salpicada por un hecho confuso.
Compinche de Maxi Ayala y Emanuel Rivas en las divisiones menores del Rojo, compartió con ambos la experiencia de la primera pretemporada, allá por julio de 2001, en el complejo RCT de Chapadmalal.
Ilusionado, le decía a Olé: «Estamos al lado de jugadores que tienen más de diez años en Primera y te hacen sentir uno más. Ojalá podamos hacer la mitad de su carrera«. Y no estuvo lejos su pronóstico.
A mediados de 2002 el Tolo Gallego pasó la escoba para armar su equipo campeón y en la volteada cayeron juveniles como Tissera, Orellana, Marchesini, Carraro y el mismísimo Bastianini, que no llegó a debutar oficialmente.
Hasta ahí la carrera de cualquier pibe sin demasiadas oportunidades de mostrarse. Pero en el medio hubo un episodio poco difundido que involucró al jugador con un coterráneo, gloria del club.
Unos meses antes de su despedida de Avellaneda, en los medios de comunicación estalló una bomba bastante difícil de digerir: se decía que el padre del delantero había abonado 26 mil pesos para que su hijo llegase a Primera. ¿El destinatario del dinero? Ni más ni menos que el ídolo de Independiente, Ricardo Bochini.
Diarios como La Nación, Olé y Clarín se hicieron eco de ese rumor (en algunos casos, la cifra variaba entre los 30 y los 40 mil pesos) y en cuestión de horas el dirigente que habría deslizado la información, Carlos Bandrés, terminó renunciando.
Claro que no fue el único que voló. Un empleado del club llamado Eduardo Garbarini también acusó al Bocha y se tuvo que ir por la puerta de atrás. Un par de años más tarde daría su versión al periódico Río Negro: «De una vez por todas tenemos que desenmascarar a alguien que nos dio todo como jugador pero que como persona le hizo muy mal al club. Yo escuché cómo a los gritos el padre de Bastianini le dijo: ‘Te pagué 40 mil pesos y al pibe lo tenés en el banco‘». Y agregó «El padre de (Pablo) Bastianini fue al predio y dijo: ‘Estos hijos de p… me las van a pagar. Le di plata a él (por Bochini) y a Simonian para que pongan al pibe. Mañana si no me atienden los dirigentes los mato a trompadas a todos‘. Al día siguiente lo reciben Ducatenzeiler, Clausen y doce miembros de Comisión Directiva. Tras una fuerte discusión, el padre se va y yo hago pública la denuncia de lo ocurrido, que fue tomado por diferentes medios gráficos y radiales…Bochini entró a la reunión de Comisión Directiva y reconoció haber recibido el dinero pero dice no haberle echo mal al club. El presidente Ducatenzeiler reconoce que no puede salir a denunciarlo porque se trata de Bochini y que van a hacer silencio todos los miembros de la Comisión Directiva. Esto lo tengo grabado y es una prueba más de cómo se ocultan este tipo de cosas«.
El caso se cajoneó y nunca más se volvió a hablar del tema. De hecho, según dijo Garbarini, el padre de Pablo Bastianini desistió de seguir con el juicio que le había iniciado a él, a Bandrés y los medios involucrados, porque no tenía forma de refutar las pruebas.
El camino del pibe, manchado en su honor («Me quieren ensuciar gratuitamente, diciendo que yo pagué por jugar. Es injusto. Nunca le pagué a nadie«), continuó en el Nacional B con la camiseta de Defensores de Belgrano (2002/03) y luego recuperó altura con un pase a Quilmes (2003 a 2005) donde prometió en Reserva para que le den minutos innecesarios en el torneo local, la Copa Libertadores y la Sudamericana, convirtiéndose (según el foro de los hinchas cerveceros) en uno de los jugadores más puteados de la historia reciente.
Para agregarle otra cuota de rareza a su carrera jugó una temporada en el Yeovil Town (2005/06) del ascenso inglés y allí se dio el lujo de compartir charlas con Meloño, el ex Independiente Lucho Álvarez y un viejo aventurero que andaba por ahí.
¿El 2007? Bien, tranquilo. Sólo pasó un semestre en el Ionikos de Grecia y ahora intenta romperla en el Celano de Italia. Intuímos que en esa institución, habitué de las divisiones más bajas, dará sobradas muestras de su calidad y no estará ausente a la hora de meter la pierna fuerte. Si Bastianini tiene que poner, pone.

Juan Pordiosero

Atado a la ridiculez

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El verano de 1988 también fue propicio para el reencuentro de viejos amigotes. El escenario, la confitería del estadio Mundialista de Mar del Plata. Los protagonistas, dos ex jugadores de Boca. Por un lado, el Tigre Ricardo Gareca, inexplicablemente con un sweater rayado en una noche muy calurosa que posiblemente haya provocado una transpiración bastante molesta bajo ese frondoso flequillo. Acompañándolo y señalando la cámara de la revista El Gráfico, un exaltado Potro Domínguez, afrancesado a raíz de su paso por el fútbol galo, luce una camisa blanca a lunares negros que, si observamos bien, contiene en su bolsillo izquierdo un paquete de cigarrillos Marlboro. ¿Sería de 10 ó de 20? Es bien 80’s, de eso estamos seguros.

Juan Pordiosero