
Pablo Bastianini (La Bestia)
Atacante nacido en Zárate y fruto de las inferiores de Independiente que moldeó una curiosa trayectoria salpicada por un hecho confuso.
Compinche de Maxi Ayala y Emanuel Rivas en las divisiones menores del Rojo, compartió con ambos la experiencia de la primera pretemporada, allá por julio de 2001, en el complejo RCT de Chapadmalal.
Ilusionado, le decía a Olé: «Estamos al lado de jugadores que tienen más de diez años en Primera y te hacen sentir uno más. Ojalá podamos hacer la mitad de su carrera«. Y no estuvo lejos su pronóstico.
A mediados de 2002 el Tolo Gallego pasó la escoba para armar su equipo campeón y en la volteada cayeron juveniles como Tissera, Orellana, Marchesini, Carraro y el mismísimo Bastianini, que no llegó a debutar oficialmente.
Hasta ahí la carrera de cualquier pibe sin demasiadas oportunidades de mostrarse. Pero en el medio hubo un episodio poco difundido que involucró al jugador con un coterráneo, gloria del club.
Unos meses antes de su despedida de Avellaneda, en los medios de comunicación estalló una bomba bastante difícil de digerir: se decía que el padre del delantero había abonado 26 mil pesos para que su hijo llegase a Primera. ¿El destinatario del dinero? Ni más ni menos que el ídolo de Independiente, Ricardo Bochini.
Diarios como La Nación, Olé y Clarín se hicieron eco de ese rumor (en algunos casos, la cifra variaba entre los 30 y los 40 mil pesos) y en cuestión de horas el dirigente que habría deslizado la información, Carlos Bandrés, terminó renunciando.
Claro que no fue el único que voló. Un empleado del club llamado Eduardo Garbarini también acusó al Bocha y se tuvo que ir por la puerta de atrás. Un par de años más tarde daría su versión al periódico Río Negro: «De una vez por todas tenemos que desenmascarar a alguien que nos dio todo como jugador pero que como persona le hizo muy mal al club. Yo escuché cómo a los gritos el padre de Bastianini le dijo: ‘Te pagué 40 mil pesos y al pibe lo tenés en el banco‘». Y agregó «El padre de (Pablo) Bastianini fue al predio y dijo: ‘Estos hijos de p… me las van a pagar. Le di plata a él (por Bochini) y a Simonian para que pongan al pibe. Mañana si no me atienden los dirigentes los mato a trompadas a todos‘. Al día siguiente lo reciben Ducatenzeiler, Clausen y doce miembros de Comisión Directiva. Tras una fuerte discusión, el padre se va y yo hago pública la denuncia de lo ocurrido, que fue tomado por diferentes medios gráficos y radiales…Bochini entró a la reunión de Comisión Directiva y reconoció haber recibido el dinero pero dice no haberle echo mal al club. El presidente Ducatenzeiler reconoce que no puede salir a denunciarlo porque se trata de Bochini y que van a hacer silencio todos los miembros de la Comisión Directiva. Esto lo tengo grabado y es una prueba más de cómo se ocultan este tipo de cosas«.
El caso se cajoneó y nunca más se volvió a hablar del tema. De hecho, según dijo Garbarini, el padre de Pablo Bastianini desistió de seguir con el juicio que le había iniciado a él, a Bandrés y los medios involucrados, porque no tenía forma de refutar las pruebas.
El camino del pibe, manchado en su honor («Me quieren ensuciar gratuitamente, diciendo que yo pagué por jugar. Es injusto. Nunca le pagué a nadie«), continuó en el Nacional B con la camiseta de Defensores de Belgrano (2002/03) y luego recuperó altura con un pase a Quilmes (2003 a 2005) donde prometió en Reserva para que le den minutos innecesarios en el torneo local, la Copa Libertadores y la Sudamericana, convirtiéndose (según el foro de los hinchas cerveceros) en uno de los jugadores más puteados de la historia reciente.
Para agregarle otra cuota de rareza a su carrera jugó una temporada en el Yeovil Town (2005/06) del ascenso inglés y allí se dio el lujo de compartir charlas con Meloño, el ex Independiente Lucho Álvarez y un viejo aventurero que andaba por ahí.
¿El 2007? Bien, tranquilo. Sólo pasó un semestre en el Ionikos de Grecia y ahora intenta romperla en el Celano de Italia. Intuímos que en esa institución, habitué de las divisiones más bajas, dará sobradas muestras de su calidad y no estará ausente a la hora de meter la pierna fuerte. Si Bastianini tiene que poner, pone.
Juan Pordiosero