
Cristian Damián Ayala (El Ratoncito)
Barbita metrosexual, parentezco ineludible y por consiguiente un apodo en diminutivo. ¿Algo más para ser baldosero? Sí, una trayectoria en orden descendente que aún no tocó fondo y que promete contarnos en muy poco tiempo qué hay allá abajo, entre el Torneo Argentino C y los confines del infierno.
Marcador central como su hermano Roberto Fabián y su padre Roberto Camilo, una vieja gloria de Atlético Paraná de Entre Ríos, también inició su carrera en las divisiones menores de ese club. Una vez crecido y con el Ratón consolidado como jugador de Selección, se incorporó a las inferiores de Ferro Carril Oeste, donde tocaría la Primera División en el Apertura ’99.
Alto, cabeceador y con Gustavo Mascardi de representante, no se entiende como no llegó a más. Quizás lo afectó el hecho de compartir el departamento con Roberto Galant, un arquero del conjunto de Caballito que posiblemente lo haya invitado más de una a vez a pasar al «living del amor».
La mala época en el verdolaga lo obligó a perder la categoría después del Clausura 2000 junto a otros chicos incendiados como Rodrigo Lagos, Félix Décima y Juan Cracco. Permaneció un tiempo con la institución en el Nacional B pero luego se sumó a ese paraíso fiscal llamado Locarno (2001), de la segunda división suiza.
En Los Andes conocerían sus condiciones en la temporada 2002/03. Allí se recuerda una expulsión heroica tras un planchazo al jugador de Defensa y Justicia, Damián Cirillo. Heroica desde el momento en el que se hizo de público conocimiento la reputación de los Cirilos.
No pasaría mucho tiempo para un inevitable retorno a Ferro, en 2003, donde vivió dos años alternando buenas y malas (algún gol en contra, para no romper la tradición de sangre), con una rotura de ligamentos que le impidió sumar millas en cualquier paquete especialmente preparado por su apoderado.
Bajo esas condiciones, no puso muchos peros para volver a las fuentes. En 2005 llegó a Paraná y se puso la camiseta de Atlético, el equipo donde, en teoría, se tendría que retirar para hacer de esta historia un lindo cuento familiar. Pero no, acaba de pasar a Central Córdoba de Santiago del Estero, que participa del Torneo Argentino B.
Se sabe que los Ayala no son amigos de los buenos finales. Y esta no es la excepción.
Juan Pordiosero






