Aldosivi 1994/95

deformacionesaldosivi9495.jpg

El conjunto del Puerto de Mar del Plata reunió, en la temporada 1994/95, una importante cantidad de futbolistas que con el tiempo se harían de un cartel respetable a nivel zonal, nacional e internacional. Sin embargo, en el viejo Torneo del Interior ni siquiera pasó a instancias finales.
Integraron aquel caldo de cultivo, jugadores de la talla de Pablo Corti, Esteban Solabarrieta, Pablo Piro, Mariano Miginini, Gustavo Giustozzi, El Novillo Claudio García y el Campeón del Mundo en Alemania 2006, Mauro Camoranesi.
Desde aquí el recuerdo para un plantel de Aldosivi que no hizo historia colectivamente pero que otorgó grandes valores a la escena mundial.

Juan Pordiosero

Boca 1 – Tirol 0

bocatirol

Curioso encuentro amistoso disputado el 23 de enero de 1990. El Boca del Cai Aimar enfrentó al Tirol de Austria en Mar del Plata y lo derrotó 1 a 0, con un gol de Walter Perazzo, que se sacaba de esa manera una mufa de largos meses (el 15 de octubre de 1989 había marcado ante Instituto de Córdoba). A los pocos días el Xeneize jugó ante Rosario Central en el inicio de la segunda ronda de la temporada 1989/90 y ganó 2 a 0.

Juan Pordiosero

Labarre Topper/Reusch

enelplacardlabarretopper.jpg

En los años 90’s las marcas encargadas de vestir a los equipos del fútbol argentino comenzaron a exigir que los arqueros, acostumbrados a tener un contrato individual, usaran ropa de la misma firma que sus compañeros. Recordado es el caso de Navarro Montoya, que tuvo que resignar el hecho de utilizar su modelo personalizado y acatarse a las reglas de la internacional Nike, en 1996.
Uno que no se hizo demasiados problemas ante esa modalidad fue César Labarre, portero de San Lorenzo que en un encuentro ante Boca, en 1992, optó por pegar una cinta de tela con la inscripción «Topper» sobre su buzo Reusch. Se ve que ante las presiones de la empresa que vestía al conjunto Cuervo, agarró una birome en el vestuario e hizo lo que pudo. Muy desprolijo.

Juan Pordiosero

Dos bichicomes sin termo

uruguayos

Postal charrúa en Buenos Aires. El Riachuelo es testigo de la llegada de dos eximios futbolistas uruguayos. Ellos vienen a demostrar sus condiciones, pero no se dan cuenta que posando para la foto deterioran su imagen. Por un lado, Ruben Paz quiere conquistar los corazones académicos con un jean nevado y una campera blanca de mangas enormes. Tan grandes que necesitan ser arremangadas. Casi que ni se nota la chomba celeste.
A su lado, un recién levantado Polilla Da Silva no quiere ser menos y con las manos en los bolsillos, enseña un lompa de hippie de feria que nada tiene que ver con el reloj de oro que asoma de su muñeca izquierda. El sweater azul, híper lanudo y de cuello redondo, desentona con el noviembre porteño. Y digan que jugaban tan bien, porque el cuadro ameritaba para hacerlos volver por la corbeta Uruguay.

Juan Pordiosero

Bellino Gabriel

bellinogabriel.jpg

Gabriel Andrés Bellino (El Gringo)
Denominado también Mostacita durante sus épocas de juvenil, sufrió la comparación instantánea con Reinaldo Carlos Merlo, su entrenador en la Selección Sub 20 de 1991.
Volante central y para colmo rubio, disputó con ese combinado el Sudamericano de Venezuela y el polémico Mundial de Portugal, recordado por una escandalosa actuación argentina que derivó en una sanción deportiva.
A pesar de que el mismísimo Mostaza decía que Bellino “juega mejor” cuando le hablaban de similitudes, el pibe no alcanzó la trascendencia de su espejo futbolístico y tampoco la de algunos de sus compañeros de equipo, como Juan Esnaider, el Chelo Delgado y el Rulo París.
Tanto es así que su estreno en Primera División le llegó bien tarde. En 1995 tuvo su debut y despedida con la camiseta de Ferro Carril Oeste.
Había llegado desde Paraná en 1989, junto a su amigo Roberto Fabián Ayala, que en su primera evaluación fue bochado por los entrenadores del verdolaga.
Bellino la siguió peleando pero sus breves y olvidados pasos por All Boys (1996/97, 26 partidos, 1 gol) y Godoy Cruz de Mendoza (1997/98, 29 partidos,1 gol), en el Nacional B, y la experiencia en el Maccabi Petah Tikvah de Israel, hablan de una trayectoria por demás humilde. Pudo ser el sucesor de Mostaza. No lo fue.

Juan Pordiosero

Daouda Mariko

marikodaouda.jpg

Mariko Daouda
¿Vieron la foto? No es un congoleño tratando de hacer andar una Pentium II con energía cinética. No. Es casi más bizarro que eso. Es un futbolista de Costa de Marfil, con pasado en Talleres de Córdoba, haciendo la revisación médica para incorporarse a un equipo rumano.
Su convivencia con lo increíble comenzó en junio de 1999, cuando cayó en la Docta con una carpetita bajo el brazo y un par de botines para entrenarse en el conjunto que dirigía Ricardo Gareca.
Al Tigre no le importaron sus antecedentes de Sub 20 (en su CV decía que había jugado el Mundial de Malasia ’97 y que había sido capitán de su selección en Nigeria ’99) y declaró «No sabía ni quién era y tampoco que había llegado. Igual, lo voy a ver como a cualquier jugador que traigan«.
Parece que al Richard no le interesó este marcador central africano y lo dejó vegetando en las inferiores de la T durante largos meses.
Como suele pasar con los extranjeros paracaidistas, de un día para el otro desapareció. Dicen que anduvo por el Bellinzona de Suiza antes de recalar en Rumania para actuar en el Universitatea Craiova (2002 a 2005) y en el Dinamo de Bucurest (2005).
Desde el año pasado es un estandarte del FC Arges y salvo hechos aislados (en 2006 los hinchas del Dinamo lo hostigaron con cantos racistas) la pasa bastante bien hablando en castellano con el ex Boca Elias Bazzi.

Juan Pordiosero