
Federico Raúl Molinari
Hay formas y formas de alejarse de la Primera División de nuestro país. Están quienes se diluyen de a poco, yendo de equipo en equipo sin encontrar el rumbo, y están también los que eligen desaparecer por completo, cortando por lo sano una relación insostenible con la exigencia del profesionalismo.
En este último grupo se cuadra la historia de Federico Molinari, un chico que irrumpió en la actividad nacional con la camiseta de Gimnasia y Esgrima de La Plata allá por 1999 y en cuestión de 3 ó 4 años terminó jugando en el soccer clase B.
En el puesto de enganche o como volante por izquierda, tuvo minutos en cancha gracias a la confianza del técnico Gregorio Pérez, pero el regreso de Timoteo Griguol lo obligó a irse a préstamo a Gimnasia de Concepción del Uruguay. Cuando volvió de su experiencia extrerriana percató que las posibilidades de jugar eran las mismas (nulas) y con sus 6 partidos en la Primera del Tripero se esfumó, aunque por poco tiempo.
En 2002 jugó en Deportes Quindío de Colombia (ante el DIM le hizo un gol a Leonel Rocco) y un año más tarde aterrizó increiblemente en el ignoto Western Mass Pioneers de los Estados Unidos. Quizás llegó engañado, pensando que se estaba anotando en una escuela de reparadores de estéreos. Lo cierto es que enseguida se puso a hacer lo que mejor sabe: jugar al fútbol, aunque más no fuera en una liga paralela a la MLS, y de menor importancia.
Después de un paso por el Cincinatti (2004/05) en septiembre de 2006 volvió a Western Mass Pioneers. No sabemos por qué permanece en un torneo de tan poco prestigio. Imaginamos que una de las razones está ligada a la tranquilidad. En USA no le deben preguntar si es pariente de María Eugenia.
Juan Pordiosero





