
Leandro Agustín Prego
Su apellido de basquetbolista lo excluyó del ambiente futbolero. Incluso habiendo debutado antes que el ex alero de Boca y Ben Hur de Rafaela cargó con esa indiferencia del público. Nadie le tuvo fe al pibe Prego. Y eso se vio reflejado en su diminuta vida en la actividad local.
Mostró su rulienta porra en la Copa Centenario, aquél torneo ganado por Gimnasia en la temporada 1993/94. Independiente hizo un papel bastante flojo (cayó con Racing) y quedó eliminado de la ronda de perdedores tras sufrir un adverso 3 a 0 ante River. Ese último encuentro el Rojo lo jugó con juveniles, entre los que se encontraban Regules, Boldorini, Cassano, Aragón, Brocardi, Rambert, Cristian Fernández, Mahía, Carlos Desio, Matute Morales, Venier y un desconocido ser humano denominado Dolce, que hoy debe estar sufriendo las consecuencias de llamarse así.
Prego (en la foto, despatarrado ante la presencia de Silvani y la mirada del Burrito Ortega) no volvió a conquistar el corazón del técnico de la Primera y en cuestión de meses pasó al olvido.
Como cualquier hijo de vecino que no triunfa en ese sector de Avellaneda bajó de categoría para actuar en Arsenal (1994/95), y ahí fue donde disputó una veintena de encuentros en el Nacional B. Luego se esfumó, como lo hubiese hecho cualquier ilusionista de este siglo. No es por algo en especial, pero nos gustaría saber si sigue usando rulos.
Juan Pordiosero






