Damián David Pessacq
No es una festividad judía ni nada que se le parezca. Es un jugador de fútbol que se propuso jugar en Primera División y lo logró, aunque esto haya sido lo último que hizo en su efímera carrera.
Volante zurdo iniciado en las divisiones menores de Quilmes, pegó el gran salto cuando pasó a Independiente con edad de Séptima. Alí imaginó que crecería hasta consolidarse pero, después de un año donde prácticamente no jugó, quedó libre y se tomó revancha. Caminó un par de cuadras por Avellaneda y se fue a Racing. En La Acadé vivió por momentos un cuento de hadas. Mientras jugaba con la Cuarta (ese equipo salió campeón con jugadores como Diego Milito, Gustavo Arce, Luciano Sapia, Manuel García y Leo Tambussi) lo subieron a Reserva y con sólo 5 partidos fue promovido al plantel superior. Sin tener ni siquiera un entrenamiento con los consagrados salió a la cancha como titular, en un encuentro ante Belgrano de Córdoba. Eso sucedió en el Clausura 1999, cuando Gustavo Costas le dio una palmada y lo metió en la jaula de los leones junto a otros pibes como Julio Suárez y el uruguayo Gonzalo Rodríguez. Esa noche Racing empató 1 a 1 y Pessacq fue reemplazado por Vicente «robé varios años con un partido contra Chicago» Principiano.
A fines de ese año, el club dejó en libertad de acción a 71 pibes de las inferiores, entre los que se incluían algunos que pintaban más o menos bien como el arquero Kondratzky, Emiliano Yocco y el mismísimo Pessacq. «Se tomó la decisión para que no quedaran tantos chicos en el medio. Él tenía adelante a Bastía, Arce y Nordfors. Volver a amontonar más gente es tapar el camino«, explicó en su momento a Olé, el DT de la Reserva, Juan Barbas.
Quizás ilusionado con la billetera de Daniel Lalín, recaló luego en ese fantasmal proyecto de Racing de Montevideo (2000) que tenía al Coco Reinoso, a Juan Carlos Kopriva y a Pablo Islas como protagonistas.
En Uruguay jamás se volvió a escuchar ese apellido. Acá mucho menos.
Juan Pordiosero




