Junior 0 – Argentina 0

Difícilmente la Selección Argentina enfrente a un club, pero esta fue modalidad que se repitió bastante hasta la década del ’90. Luego de ello, sólo se registra uno sólo partido frente al Espanyol de Barcelona.

En cambio durante la era Bilardo a la albiceleste se le registran siete amistosos con equipos y uno de ellos fue frente al Junior de Barranquilla en Colombia el 15 de mayo de 1986, previo al Mundial.

Como ya es sabido, el técnico y los jugadores fueron muy cuestionados antes de viajar a México y uno de los motivos fue este aburrido 0 a 0.

Quizás lo más atrayente pudo haber sido la curiosa camiseta que aquí modela Sergio Batista.

Cucu

Por los pasillos de la villa se comenta…

A las prendas de Antonio Barijho por separado no se las puede criticar, aunque ver a un futbolista profesional con la camiseta de algún equipo suele ser bastante extraño, más aún si no es una producción por una transacción.
Pero el corte de pelo, la cara y el que viene caminando atrás con calzas y bolsas dan que hablar.
El paisaje también, con piletones naturales y llanura, aunque es la muestra de una realidad. Un Chipi aún no civilizado, después llegó Bianchi con sus jaulas, lo encerró y lo llevó a la ciudad.

Cucu

Nápoli 4 – Racing 1

«Racing no podía ganar» tituló la revista El Gráfico la nota que hablaba sobre la pésima actuación de La Academia en Italia, en agosto de 1988. El conjunto dirigido por Basile había recorrido 25 mil kilómetros en 10 días, con partidos cada 48 horas (3 ante la selección de Corea del Sur) y había soportado temperaturas de 45 grados. Excusas aparte, el Nápoli de Maradona (en la foto junto a Fillol) fue superior en todo momento y se llevó un abultado resultado del estadio Partenio del Avellino, cercano a Nápoles.

Racing había sido invitado como Campeón de la Supercopa y además del beneficio económico de la gira tenía la intención de mostrar a Néstor Fabbri, pero la «Tota» no viajó por estar afectado a la Selección. Desprolijidades muy argentinas.

Juan Pordiosero

González Celso

Celso González (El Paragua)
Se especula que en Paraguay, cuando una persona va al registro civil a anotar a su hijo sin estar en sus cabáles, los empleados le dan «Celso» como primera opción de nombre y «González» como apellido provisorio, hasta que el responsable recuerde el verdadero. En general la mayoría parece elegir una de las dos sugerencias. Pero siempre hay excepciones, claro. Los padres del futbolista Celso González no dieron muchas vueltas y aceptaron sin vacilaciones el combo estándar.
Estamos tan convencidos de la veracidad de esa teoría que no nos sorprendió el haber encontrado diferencias en los registros de su segundo nombre. Para algunos es Ramón, para otros Pablo y para otros Daniel. Esa dicotomía certifica que hubo irregularidades en su documento. Es más, hasta hallamos escritos que lo señalan como defensor, volante y delantero. A menos de que estemos en presencia del Lothar Matthäus sudaca, interpretamos que la existencia de otros Celsos González entorpeció la labor de muchos periodistas de la región que confunden a unos con otros.
Con todo ese quilombo en la cabeza era lógico que no se destacara en el fútbol. En su país era un verdadero Juan Pérez y en Argentina, apenas un baldosero más que venía a ganarse unos pesos. Su carrera por estos pagos fue breve aunque alcanzó a disputar 19 partidos (anotó 1 gol) en la temporada 1997/98, con los colores de Unión de Santa Fe. Si bien muchos no lo recuerdan, hizo dupla con el Loco Marzo, por ejemplo en la derrota 2 a 1 ante Colón (tanto de Agoglia sobre la hora), por el Apertura ’97.
No sabemos que hizo después, pero no creemos que sea el Celso González que salió a hablar en los medios sobre el accidente de su hijo Julio. Tampoco abonamos la posibilidad de que sea el mismo Celso González que juega en Tacuary (es defensor y clase ’80). Nos costaría aceptar que se haya muerto y reencarnado en tan poco tiempo. Si hubiera nacido en Encarnación todavía, pero nació en Asunción.

Juan Pordiosero

Padra Juan Carlos

Juan Carlos Padra
Petiso, flaco, flequillo prolijo, gambeta endiablada. Así asomaba Juan Carlos Padra en la Primera de Huracán a fines del milenio pasado. Claro que su historia en el fútbol venía de antes, del baby de Franja de Oro de Pompeya, al lado de su amigo Leandro Romagnoli, de las divisiones inferiores en el Quemero y una prueba en el Barcelona de España, que a los 16 no lo pudo fichar por no tener la doble ciudadanía.
Debutó en 1999 en la B Nacional jugando unos minutos ante Deportivo Español. Al año siguiente se ganó el puesto de enganche a fuerza de talento y los hinchas comenzaron a ilusionarse.
Tras lograr el ascenso a la A, se cumplió su sueño de jugar en Primera. Pero con el paso del tiempo y los técnicos quedó marginado detrás del Rolfi Montenegro y Lucho González. Babington lo colgó y no le quedó otra que buscarse club.
A fines de 2002 estuvo en Corea. El Daewoo Football Club estaba interesado en contratarlo, pero el clima asiático le jugó en contra. «Durante estos días de licencia que pedí en Huracán estuve en Corea, en Seúl. El club Daewoo me había hecho una oferta inmejorable, viajé para concretar la transferencia, pero decidí no aceptar cuando vi que el lugar era casi inhabitable. Imposible sobrevivir ahí, hacía 14 grados bajo cero, así que preferí quedarme acá. Tal vez psicológicamente no iba a poder aguantar«, dijo cuando pegó la vuelta. Días después pasó a préstamo al Logroñes del ascenso español. A cambio de 10.000 dólares y con una opción de compra de 400.000 partió seis meses rumbo al Viejo Continente para jugar, por problemas burocráticos con su pase, apenas 9 partidos y convertir un gol.
Cuando retornó, el Globo ya había descendido y se quedó a pelearla en la B Nacional. Sus números totales en el club de Parque Patricios cerraron en 90 partidos y 12 goles (58 encuentros con 10 tantos en la A).
Tras haber estado en carpeta de Los Andes y Cobreloa de Chile, a mediados de 2004 se mudó a Caballito. En Ferro disputó 4 cotejos y no convirtió goles. Sin embargo le alcanzó para conocer a figuras de la talla de Carlos Bangert, Cristian Ayala, Muhamed Nsubuga, Ibrahim Sekagya, Juan Pablo Caffa, Roberto Molina, Diego Cochas, Félix Décima, Mariano Campodonico y Federico Lagorio.
Para 2005 volvió a sacar el pasaporte a la luz y luego de fracasar su pase a Millonarios de Colombia fue hasta México. Fichó con el Lobos B.U.A.P, donde redondeó 14 encuentros y 3 anotaciones.
A mediados de año coqueteó con Olimpo de Bahía Blanca, pero terminó en Defensa y Justicia, donde apenas repartió 163 minutos entre 5 partidos.
En 2006 recaló en All Boys, para jugar el primer semestre del año, sin embargo no descolló y volvió a probar suerte en Europa.
En Italia defendió los colores del poderosísimo Nuovo Campobasso de la Serie D. «Me fue muy bien en el aspecto futbolístico. Pero en el club había muchos problemas entre los dirigentes y no me sentía cómodo. Además tengo una familia y ellos (su esposa y su hijo Román) no podían acostumbrase a la vida de Europa. Por eso preferimos volver y probar suerte acá«, declaró meses después.
A principios de 2007 estuvo a prueba en Temperley, pero no llegó a un acuerdo económico. También anduvo por Deportivo Morón, donde no convenció al cuerpo técnico. Por estos días está libre, buscando su destino en alguna cancha de nuestro país.
Hasta acá llegó la carrera de Juan Carlos Padra, un pibe que podría haber conocido el mundo y terminó conociendo gran parte de Buenos Aires a la perfección.

KeyserSoze

España también baldosea

Mientras terminamos de pulir algunos detalles de la mudanza que tanto necesitábamos, queremos compartir con ustedes la aparición de otro blog que se une a la Comunidad. Se trata de Renaldinhos y Pavones, un sitio español de estirpe baldosera que desde hace algunas semanas amenaza con dejar en evidencia los grandes chascos que han pasado por el país ibérico, combinando tan gratificante tarea con verdaderos homenajes a jugadores veteranos como Amadeo Carboni y camisetas dignas de placard.
¡Salud!

En Una Baldosa

Lezcano Pablo

Pablo Víctor Lezcano (El Mono)
A diferencia de quien se autoproclama como el padre de la cumbia villera, a este Pablo Lescano (disparidad ortográfica al margen) no se le dio por robar. Y si lo hizo, trató de que fuera de la forma menos notoria posible. Sin un tecladito ni el ruido de lata característico de la bailanta y con una pelota número 5 en los pies. Así intentó ganarse la vida.
Nacido el 24 de enero de 1980, delantero nato hincha de Chacarita y fanático de las milanesas con papas fritas (no es joda), se formó bien de abajo.
Se destacaba en una liga de Claypole, donde fue goleador, hasta que un cazatalentos lo vio y se lo llevó para las divisiones inferiores de Banfield. Fue subiendo escalones hasta que disputó unos minutos en la temporada 2000/01, en la B Nacional.
Con el ascenso consumado y sin oportunidades de jugar, a mediados de 2001, fue cedido a préstamo a Racing de Olavarria para pelear el Torneo Argentino A. Sin embargo, seis meses después ya estaba otra vez en el Sur defendiendo los colores de Banfield en Primera División. El uruguayo Luis Garisto le dio la oportunidad de mostrarse y en su primer partido, ante Rosario Central, anotó el gol que le dio el triunfo a su equipo. «Cuando la pelota cruzó la línea me acordé de dos cosas: mi señora y mi hijo Nahuel, de cinco años. Me costó mucho llegar acá y, entonces, lo que me pasó es el sueño de cualquier futbolista«, dijo. Como si fuera poco se ganó los elogios de un peso pesado como Josemir Lujambio. La posterior llegada de Julio Falcioni le restó muchas oportunidades, quedando bastante relegado, y debió buscar suerte en otros horizontes. En total con la camiseta verde del Taladro disputó 15 partidos y convirtió 2 goles (a Rosario Central y Estudiantes LP).
A comienzos de 2004 se vinculó con Brown de Adrogué, donde tuvo la chance de disputar más minutos en cancha. Al parecer dejó un grato recuerdo en el equipo de la zona sur.
A mitad de año partió para Chile para jugar en Rangers llevado por la «Vieja» Reinoso. De entrada la tiraron la número 9. Según los amigos de «La Rompieron» tuvo muchas oportunidades y no convirtió ningún gol. Para colmo, su mala relación con la prensa lo condenó al ostracismo: «Primero cuando llegué la relación era buena…pero no conocía a nadie, luego, al pasar los partidos y después de la lesión… fue lamentable… fueron mala leche conmigo. Trato de no hablar mucho, no me gusta hablar… por eso mismo no me gusta escuchar programas… Yo a las personas las trato bien… delante de mí me trataban bien y después hablan mal, pero eso conmigo no va. La prensa te puede subir o bajar… si andas mal estas por allá abajo y luego si marcas un par de goles estás por allá arriba… eres una estrella, por ahora no me interesa la prensa, ya que en un momento me faltaron el respeto, pero mientras hablen de lo futbolístico todo bien, pero no de la persona.« Como era de esperarse, antes de finalizar el contrato pegó la vuelta.
Quedó libre de Banfield y pese a las ofertas de Brown de Adrogué y Los Andes fichó con Deportivo Morón y al llegar siguió refiriéndose a su experiencia chilena: «No fue una buena experiencia. El clima era muy distinto al nuestro, muy cambiante. Es increíble pero a veces había lluvia, calor y frío en el mismo día. Me costó bastante adaptarme. Además, fui sin haber realizado la pretemporada, con lo que dí ventajas en lo físico». En el Gallito, donde se encontró con un viejo conocido como Fernando Zagharián, logró convertir un par de goles y pelear al campeonato hasta las instancias finales aunque no rindió como se esperaba.
Seis meses más tarde, otra vez se puso la camiseta de Brown. No se sabe cómo fue su desempeño en esta segunda etapa, pero a juzgar por el poco tiempo que permaneció, su rendimiento no fue satisfactorio.
A comienzos de 2006 decidió bajar un poco sus pretensiones y jugar en el Torneo Argentino B con Central Córdoba de Santiago del Estero, de donde se fue en abril con un puñado de goles en su cuenta personal.
Tras un largo tiempo perdido, apareció en este 2007 jugando contra Cerámica Argentina defendiendo los colores de Independiente de Chivilcoy, en el Torneo Argentino C.

KeyserSoze