
Ricardo Lavolpe. Arquero argentino. Jugó desde 1970 a 1983.
Cuccioletti Diego
Diego Edgardo Cuccioletti (El Cuchogol)
Breve e intenso fue el paso del homenajeado en cuestión por la Primera División de nuestro fútbol. En poco tiempo se las arregló para dejar su huella. Primero, gracias a los efectos mágicos de su apellido, inolvidable, fantástico. Segundo, por la exclusiva responsabilidad de su talento: En el día de su debut, con la camiseta de Platense, convirtió un gol que definió un partido ante Racing. Eso ocurrió en la fecha 37 de la temporada 1989/90, cuando Cucho marcó de cabeza y el Calamar se llevó la victoria por 1 a 0.
Otros 4 partidos en la máxima categoría le darían un poco más de rodaje pero lo realmente importante ya lo había hecho. Un par de años más tarde abandonó la institución y en la temporada 1992/93 apareció jugando en el ascenso con los colores de Comunicaciones, donde tuvo la suerte de marcar un tanto ante El Porvenir. Y fue precisamente el Blanquinegro quien lo contrató en la 1994/95 para reforzar sus filas. Eso si, cuando al delantero le avisaron que Akira Misu se iba demorar más de 10 años en llegar al club se tomó el palo.
Aprovechando que el traje de puntero derecho en cancha de 11 le estaba empezando a quedar grande, se hizo invisible y nunca más se supo de él en el ámbito profesional. Porque a decir verdad, su figura siempre estuvo presente en el Torneo de Ex Alumnos del Colegio La Salle Florida, una especie de logia que se toma muy en serio lo que hace y pretende que sus campeonatos tengan la misma seriedad que los de AFA (a esta altura, igual, no es mucho pedir). Por el torneo, que tiene ascensos, descensos y equipos increíbles como «Taxi Comunista» o «Hay Chorizo», han pasado glorias como Lucas Pusineri, Norberto Alonso (Hijo) y el periodista Federico Ladrón de Guevera, entre otros. Claro que nadie pudo igualar jamás la talla de Cuccioletti, el histórico top-scorer que año a año alimenta su estirpe de leyenda. Ni siquiera el Colo Carco, un chabón que a mediados de 1999 tuvo el tupé de pelearse feo con nuestro ídolo.
Hoy, el ex Platense reparte sus horas entre la pelota número 5 a nivel amateur y su laburo de preparador físico que le ha dado algunas satisfacciones importantes, como el título mundial por equipos logrado en 2006 por Cecilia Reiter, una jugadora de pádel que pone su cuerpo al servicio del Cuchogol.
Juan Pordiosero (Gracias Darío)
Burdieri Juan Patricio
Juan Patricio Burdieri
«Si tiene un ratito libre, haga lo siguiente. Tome un lápiz, un papel y anote: Juan Patricio Burdieri. Después guárdelo en un cajón y en un par de años vuélvalo a ver. Quizás se sorprenda cuando se entere de que hay en el Milan un pibe que estuvo a punto de jugar en River. O mejor dicho, que durante cuatro meses practicó en las canchas auxiliares del Monumental con la categoría 82 -y eso que nació en 1984- y hoy lo hace ahí nomás del Guisseppe Meazza, el estadio del Milan. El mismo Milan de Fernando Redondo.«, ni más ni menos, eso decía el Suple River del diario Olé del 1 de noviembre de 2000.
Nacido en Ramos Mejía, el 14 de abril de 1984, arrancó jugando al baby en el Club Don Bosco, luego se mudó a Tandil para defender los colores de Grupo Universitario. Allí lo vio Abud Selim, un veterano dirigente que lo puso en contacto con Roberto Valerstein, director de Fútbol Internacional Sociedad Anónima (FISA). Al mismo tiempo, se fue a probar a River Plate. Quedó, pero no pudo ser fichado porque el libro de pases había cerrado. Estuvo entrenando en el club e incluso trabó amistades con varios compañeros. De haber podido jugar hubiese peleado el puesto con Gastón «La Gata» Fernández y Juan Carlos Menseguez.
Cuenta la historia que Silvano Flavorea, enviado del Milan de Italia, había llegado a nuestro país para observar a Rafael Maceratesi, por aquel entonces jugador de Rosario Central. Fue ahí cuando FISA le recomendó que observara al juvenil Burdieri. Fue a ver una práctica del Millonario, quedó fascinado con el pibe y se lo llevó para el Viejo Continente.
Su arranque fue prometedor, metió goles y hasta le gritaron: «Bien Bati», comparándolo con el ídolo de Fiorentina. En el equipo milanés hizo buenas migas con Leandro Depetris, actualmente en el Brescia. Al ser consultado sobre su nuevo estilo de vida contestó: «Camino solo y aún no lo creo. Es todo irreal. Cuando bajé del avión me estaba esperando un Mercedes Benz con dos tipos con traje».
No se sabe en qué momento se desvinculó del equipo rossonero. Sabido es que permaneció en Italia aunque prefirió alejarse de los flashes y mantenerse en el anonimato absoluto. Solo se conoce que jugó hace algún tiempo en la «Lega Nazionale Dilettanti», algo así como una liga para aficionados representando a los equipos de Lentigione Calcio y Scauri Minturno. Bastante pobre su reseña actual, él tampoco hizo demasiados méritos como para figurar.
Ahora sí, ese papelito ya amarillo de lo añejo con la inscripción «Juan Patricio Burdieri» lo puedo tirar tranquilo, total, no me sirvió de nada.
KeyserSoze
Prieto Livio
Livio Armando Prieto
Una jugada, un momento, un instante, pareció marcar su vida para siempre. Y no solo la suya, sino también la de un rival circunstancial que le hizo la segunda en aquella histórica escena.
El 6 de diciembre de 2000, en la Doble Visera de Avellaneda, el Boca de Carlos Bianchi sumaba esfuerzos impotentes para tratar de nivelar un partido que psicológicamente ya tenía perdido ante Independiente. En el Rojo, un zurdito habilidoso del que se hablaba bastante pero se sabía poco y nada, sacaba chapa de atrevido con un firulete inolvidable. Con un caño alevoso dejó en ridículo a Sebastián Battaglia, que por acción y gracia de esa misma jugada sufrió la rotura de ligamentos cruzados de su rodilla derecha. Belleza para algunos, una pena para otros. Augurios de una carrera plagada de éxitos para el burlador y pronóstico reservado sobre la suerte del burlado. Cómo explicarle a la razón que el tiempo cambió los roles y años después la víctima (aún lastimada) se convirtió en un jugador de Selección y el héroe de los líricos se transformó en un típico fantasma en botines, que deambuló por cientos de lugares sin encontrar su rumbo.
Así empezó la desafortunada carrera de Livio Prieto, aunque a decir verdad, su trayectoria había arrancado unos años antes. Su talento comenzó a asomar en Córdoba, cuando jugaba en el club Bella Vista. Ahí lo vio Pekerman y lo llevó a la Selección Sub 17, donde sacó credencial de promesa para estar en la mira de varios equipos de Buenos Aires. Boca e Independiente ofrecieron 50 mil pesos por su pase pero el Deportivo Español ofreció el doble y se lo llevó. Así fue como en 1998, y con tan solo 16 años, debutó oficialmente en el fútbol de la Primera División con los colores del Gallego. No era el ámbito ideal, claro. Una institución con problemas financieros y deportivos no era la mejor vidriera. Por eso en enero de 1999 se incorporó a las divisiones inferiores de Independiente, donde embelesó a Bochini (un fiasco a la hora de elegir jugadores) y seis meses más tarde éste lo recomendó para el plantel superior. El DT de los grandes, Enzo Trossero, le dio bola y lo puso a entrenar con los consagrados. Eso sí, la chance de salir a la cancha otra vez recién le llegaría en octubre de 2000, con Osvaldo Piazza sentado en el banco. Sin tener un puesto definido (lo ponían de enganche, de media punta o de volante por izquierda), logró entusiasmar a varios futboleros con su juego desfachatado y provocador. El partido contra el Xeneize lo lanzó a la fama. Y a partir de allí no hizo otra cosa que decepcionar.
En el Rojo permaneció hasta junio de 2002 (42 partidos, 1 gol) y en el medio le pasó de todo: tuvo problemas con su contrato, se lesionó varias veces (incluso se fracturó un hueso de la mano) y se perdió el Mundial Sub 20 de 2001 por un desgarro inoportuno que le abrió las puertas a Andrés D’Alessandro, luego figura.
Con la libertad de acción en el bolsillo, se especuló con su llegada a San Lorenzo pero terminó en el AEK de Atenas (2002/03). No se supo demasiado de su estadía en Grecia pero se presume que no la rompió o que no se adaptó, porque en lugar de seguir escalando posiciones en Europa retornó al país para actuar en Nueva Chicago (2003/04). El Torito no supo aprovecharlo. Lo tuvo siempre entre los suplentes y apenas le dio algunos minutos en el torneo Apertura.
Su paso instrascendente por Mataderos tuvo como secuela un cambio de categoría. Bajó al Nacional B para jugar en Belgrano de Córdoba (2004) y cuando ya todo hacía imaginar que se convertiría en un clásico futbolista del ascenso, terminó firmando en 2005 para el Atlético Mineiro. Sí señores, un 10 argentino jugando en Brasil. Con un par de toquecitos engañó durante los primeros partidos a la torcida que estaba deseosa de un crack que lo salvara de las penurias futbolísticas. Prieto no fue el salvador ni mucho menos, pero por un rato los ilusionó. Todo terminó mal cuando le rescindieron el contrato en septiembre y el macanudo de Livio pidió casi 6 millones de dólares de indemnización (no es joda, los pidió). Al final arregló por 160 mil de la moneda estadounidense. Lo que se dice rebajar un poquito el precio.
Los últimos meses de 2005 los vivió en la incertidumbre hasta que, a principios de 2006, firmó para el Sportif Sfaxien de Túnez (sí, ya había perdido el prestigio hace rato). A mitad de año demostró una vez más que no le importa nada y se incorporó al Santa Clara, de la segunda división de Portugal. Hoy, con el 2007 en pañales, el pibe que alguna vez sorprendió al Bocha debe soñar con su vuelta a los primeros planos, para dejar de rebobinar una y otra vez la cinta del gastado VHS que lo muestra tirando un caño, triunfante, con el avergonzado cuerpo de un rival retorciéndose en el suelo.
Juan Pordiosero
Argentina previa Seúl ’88
Es difícil recordar esta camiseta de la Selección. El modelo, llamativo por el tono claro del celeste y las franjas angostas, fue presentado por Le Coq Sportif en los días previos a los Juegos Olímpicos de 1988. Aquél equipo que tenía a Hernán Díaz, Néstor Lorenzo y el Chacho Cabrera (foto) llegó a Seúl con esa ropa pero en la competencia usó indumentaria adidas, que vestía a la delegación argentina. La pilcha de la marca francesa quedó guardada en el placard y nosotros la desempolvamos.
Juan Pordiosero
Combinación fatal
Cualquier ser humano que haya visitado esta página asiduamente podría tener como sueño conocer intimamente a Luisana Lopilato y tener de amigo a Kurt Lutman. Por ahora, lo más parecido en plaza es el número de enero de Maxim, que en su interior trae un informe sobre el ex hombre de Newell’s y fotos de la ex Chiquititas para morir de asco. Aunque la sección baldosera a esta altura sea lo que menos importa de la revista, invitamos a que la descubran. En poco tiempo ya desfilaron por esas páginas las historias del Cabezón Allegue, Fernando Kuyumchoglu y el gran Lutman. Abundante, como Luisana.
En Una Baldosa
Vacaría Pablo
Pablo David Vacaría
Delantero nacido en Monte Maíz, provincia de Córdoba, el 25 de noviembre de 1980. Iniciado en las divisiones inferiores de Rosario Central, fue escalando posiciones hasta julio de 2001, cuando se le dio la oportunidad de debutar en Primera. Fue en la derrota por 4 a 1 ante Racing, en la que también actuaron por primera vez otros chicos. Ese día, con el dorsal número 44 reemplazó a Javier Becerra a los 84 minutos.
Luego, una lesión lo hizo perder mucho terreno y el avance de Luciano Figueroa y César Delgado decretó su salida del club, tras jugar segundo partido. Como recuerdo le quedarán las tardes compartidas con Emiliano Buttanzzoni, Paulo Ferrari, Mariano Echagüe y Sebastián Gasparini, entre muchos otros.
En 2002 fue cedido a préstamo al Olmedo de Ecuador donde convirtió, según sus palabras, 3 goles en 12 partidos.
En 2003 retornó al país para jugar el Torneo Argentino A con la camiseta de Tiro Federal. Tras ganar el ascenso a la B Nacional vendió un poco de humo: «En lo personal, el logro tiene otro sabor por el hecho de haber sido titular desde que llegué al club a mitad del campeonato. Pero en líneas generales me siento orgulloso por formar parte de este grupo, el mejor que me ha tocado conformar desde que arranqué en el fútbol profesional«. Permaneció allí hasta mediados de 2005 obteniendo el ascenso a Primera División. En Tiro disputó 55 partidos y anotó 11 tantos.
En la temporada 2005/2006 formó parte del plantel de Almagro que disputó la B Nacional y tenía la intención de retornar lo antes posible a la máxima categoría. El objetivo del grupo no se cumplió pero a nivel personal Vacaría convirtió 12 goles en 35 encuentros. En junio de 2006 estuvo a prueba en Dinamo de Moscú, donde no quedó. Tiempo después fichó con el Blooming de Bolivia pero una lesión provocó su despido. Se marchó criticando al club: «Cuando llegué no me quisieron dar ropa para entrenar y luego el técnico me comunicó que no estaba en sus planes. Yo tengo contrato firmado y no estaba en mis planes rescindir«. No llegó a debutar en el conjunto boliviano y debió buscarse otra institución.
En los últimos meses de 2006 defendió los colores de Sportivo Las Parejas en el Torneo Argentino B y ya casi cuando se estaba terminando el año, se convirtió en una de las nuevas incorporaciones de Defensa y Justicia de cara al Clausura 2007.
KeyserSoze
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En Una Baldosa