
La Bombonera, Buenos Aires, 1997. Selección colombiana.
Juan Pordiosero (Gracias Bestiario)

La Bombonera, Buenos Aires, 1997. Selección colombiana.
Juan Pordiosero (Gracias Bestiario)
No nos cuesta reconocer equivocaciones. Tampoco somos partidarios de la demagogia. Pero teniendo en cuenta las reacciones del pueblo por la canonización (para muchos insólita) de Facundo Villalba, queremos saber que opina el soberano mediante la tradicional encuesta que ya pueden ver en el sidebar.
Si le pifiamos feo, queremos saberlo. Si estamos en lo cierto, también. No garantizamos ningún cambio en nuestras decisiones, pero aceptamos todas las objeciones posibles. Si lo desean, pueden argumentar por mail o en el polémico post del Luigi.
UPDATE (03/12/06) : confiábamos en un veredicto rotundo, en una sentencia definitiva. Pero no, la opinión estuvo dividida (50% por el SÍ y 50% por el NO). Eso, más las argumentaciones que salieron a la luz, hablan a las claras de algo evidente: dimos en el clavo. Hallamos el punto exacto donde se separan el baldosero y el futbolista consagrado. Es por eso que decidimos sacarlo de la lista de jugadores posteados, aunque no lo creemos merecedor del indulto. Quedará su post, como única excepción, a modo de muestra, en ese espacio intermedio que algunos denominan limbo.
En Una Baldosa

De Carlos Fernando Navarro Montoya se conocían sus maduros gustos por la ropa de vestir clásica y el pantalón muy por encima de la cintura, pero el Mono también fue joven y vaya si lo demostró.
Alguna vez en moto, decidió bajarse y posó como un galán sport. Bermuda de jean bien alta que entre parches y escudos con frases en inglés sin sentido le ocuparon media pierna. Sumado a ello, la tres dibujos en la remera que curiosamente también se hallan sobre su izquierda, que terminan formando un desagradable conglomerado de estampados.
Lo que resta saber es si la fotografía fue tomada el mismo día, porque pertenecen a diferentes ediciones de una despertigiada revista deportiva de la actualidad.
Cucu
Patricio Miguel Negreira (El Pato)
«Lecciones básicas para hacer una carrera baldosera«. Así se podría titular un libro de Patricio Negreira, en el caso de que fuera escritor. Pero no, se dedicó sólo a ser futbolista, una profesión que no le dio ni un poco de fama pero si mucho para contar.
Primero, integró aquél inolvidable equipo de Ferro que tenía a jugadores como Hernán Oviedo, Pablo Fiorentini, Ornaldo Claut, Rodrigo Infantino y Ariel Giaccone en la temporada 1997/98. Sobrevivir en un plantel de 32 futbolistas no se le hizo nada fácil. De hecho anduvo bastante cerca pero se quedó con las ganas de jugar algunos minutos en el equipo de Cacho Saccardi.
En reserva se había destacado junto a otro valor de la cantera de Caballito como Sergio Rodríguez pero ese antecedente no le sirvió para ser tenido en cuenta.
Defensor rubio, espigado y por lo tanto referencia obligada en las pelotas aéreas, se las rebuscó para ser alguien en el fútbol pese a no haber logrado trascendencia en la Primera División. En la C, había surgido con los colores de Flandria en la temporada 1993/94 y a base de buenos rendimientos y de una larga cabellera fue despegándose del resto. Después de su paso por Caballito regresó al Canario y estuvo un par de años (1999-2001) que le sirvieron de trampolín. Sí, porque su verdadera carrera la hizo en el exterior.
En la poco difundida liga de Honduras encontraría su lugar en el Mundo. Llegó en 2002 y jugó un poco más de un año en el Deportes Vida. En ese equipo vivió cosas increíbles. Por ejemplo, se puso a la cabeza de una protesta contra los dirigentes por sueldos atrasados, y convenció a otros compañeros de que no se presentasen a jugar un partido por el torneo oficial. De hecho sólo fueron 8 jugadores de su equipo y el encuentro se suspendió.
En la 2003/04 pasó al San Pedro y luego al Real España (2004/05), donde no encontró la titularidad y lo pagó con un préstamo (necesitaban liberar el cupo de extranjeros) a la Universidad de Honduras, donde jugó el segundo semestre del año pasado. Allí le sucedió algo bastante feo. Su propio DT, Denis Allen, lo criticó de forma muy dura tras un partido que terminó 0 a 0. «Patricio Negreira se comió el gol que pudo haber significado los tres puntos, sólo tenía que saltar un poco, pero él llegó a cabecear sin saltar, creo que estamos desperdiciando algunas oportunidades«, dijo el entrenador.
En 2006 volvió al equipo que le abrió las puertas, el Deportes Vida y hoy comparte vestuarios con el entrañable Balín Bennett. Ya casi consolidado como un hondureño más (hizo los trámites para nacionalizarse), se anima a dar detalles de su forma de vida y sus valores humanos:
¿Qué es lo que más le gusta de Honduras?
El entorno natural, las posibilidades que tiene para vacacionar y relajarse en aire libre; las playas de Islas de la Bahía; la costa atlántica es muy hermosa, en lo humano la gente es muy agradable y muy acogedora, por eso digo que Honduras es como mi segunda patria, aquí tengo a mi mujer y a mi hija de ocho meses.
¿Cómo es Patricio Negreira?
Soy una persona transparente, honesta, doy mucha confianza, muy amistosa, doy mucho arriesgando no recibir, me gusta mucho estar en mi casa y los que me conocen dicen que soy bromista, extrovertido a pesar de no parecerlo y dar una primera expresión de una persona seria y tímida.
Juan Pordiosero
Facundo Luis Villalba (Luigi)
Se trata de uno de esos jugadores a los que muchos le han tomado cariño y prácticamente no tuvo odios ni enemistades. Por eso, hubo que analizar bastante si este talentoso jugador debía ser homenajeado en el sitio. Y realmente fue complicado, ya que supo mostrar interesantes condiciones y no anduvo «robando» por los clubes.
Nacido en Dock Sud y ya siendo casi profesional, había anticipado que se retiraría en el club del barrio. Pero previo a ello realizó las divisiones inferiores en River Plate e irrumpió en primera en 1992.
Su debut no pasó desapercibido y si bien estuvo tapado por algunas figuras, siempre supo hacerse un lugar y al menos integró los planteles en los títulos de 1993, 1994, 1996 y 1997, con Copa Libertadores incluída. Sin lugar a dudas su momento de gloria fue cuando marcó el 2-3 en un clásico con Boca que luego sería empate con una conquista de Celso Ayala.
La presencia de estrellas y sus reiteradas lesiones jugando apenas 39 partidos en 5 años con 6 goles, lo alejaron del club y fue transferido al Atlas de México por 800 mil dólares.
Allí se encontró con el entrenador Ricardo La Volpe y otros argentinos como Darío Franco, Pablo Lavallén y Rodolfo García, pero no pudo hacer pie y tras algunas oportunidades, abandonó la institución.
Para mitad de 1998 pasó a préstamo a Racing Club, en donde confiaron en los rendimientos que el delantero había tenido en Núñez. Se volvió a encontrar con «Tapita» y curiosamente ninguno de los dos colmó las expectativas. La dupla de ataque titular fue Delgado/Latorre y él debió pelear un lugar en el banco con el entonces juvenil, Maxi Estévez. No obstante, aún se recuerda su gol en la victoria frente al Corinthians, en Brasil, por la Copa Mercosur.
Una nueva lesión lo tuvo marginado y ya no pudo despegar. Habiendo quedado nuevamente relegado (esta vez por Canobbio y Milito) dejó la institución con un saldo de 27 partidos y 3 conquistas oficiales.
Imprevistamente y cuando nadie lo esperaba, Villalba bajó de categoría para jugar el Nacional B por San Martín de Mendoza en el año 2000.
El nivel para continuar en la A lo tenía, pero al pasar de divisional terminaría emparejando hacia abajo hasta convertirse en uno más.
Claro que en el inicio mostró lo suyo y en su primer campeonato marcó 7 goles y el equipo llegó hasta las semifinales del reducido.
Con el dolor de quedarse en las puertas del ascenso, se quedó para tomarse revancha y en el 2001 visitó la red en 12 ocasiones. Pero como el torneo se dividió en dos etapas, a principio del 2002 pasó a Arsenal de Sarandí, señaló 2 veces y logró el ascenso en compañía de Facundo Gareca y Palavecino, aunque siendo suplente.
No renovó y buscó otro desafío. Belgrano de Córdoba se interesó en sus servicios y lo contrató.
En un plantel de figuras como Uriel Pérez, Bordicio, Mugnaini, Favre, Alaniz y Artime, tuvo algunas buenas actuaciones sobre todo en el Apertura en el que marcó 7 goles aunque el equipo quedó en el fondo de la tabla de posiciones. En el Clausura se fue estancando, señaló apenas 2 tantos y el Celeste cumplió una mejor actuación y se ubicó en el batallón de arriba.
A fin de temporada volvió a buscar club y así su carrera se terminó de desdibujar. Defensa y Justicia fue su nuevo destino y haciendo dupla en algunas oportunidades con Czornomaz, Carraro o «Zapatilla» Sánchez, logró inflar la red 5 veces durante la 2003-2004.
En el inicio de una nueva campaña y para cerrar su trayectoria, firmó finalmente con el club de sus amores, el Sportivo Dock Sud (2006). Jugando por la pasión y no por la plata, disputó varios partidos pero el atraso de cuatro meses en los sueldos de sus compañeros le provocó una gran amargura y se volvió a su casa. Hoy, solucionado el tema y alejado de las grandes luces, sigue enviciado con la pelota y busca al menos tener un final feliz.
Cucu
Ndr: Ver consulta.

Belgrado (Serbia y Montenegro), 2005. Selección serbomontenegrina.
Juan Pordiosero

Curioso rumor este que anticipaba lo que podría ser en aquel 1980, el pase de la temporada. Pero su extrañez no tiene que ver con que era imposible por cuestiones económicas sino porque justamente Leao se manifestó siempre como un anti argentino. Y no sólo por prescindir de Tévez y Mascherano como entrenador del Corinthians, pelearse a trompadas con medio mundo en cancha de Lanús o decir que el cerebro de Maradona no funciona. La historia del arquero con el fútbol criollo viene de larga data.
Lo cierto es que la transacción no se hizo y el catalogado mejor arquero de la historia del Brasil desembarcó en el Gremio proveniente del Vasco da Gama.
Cucu
Walter Román Reyna (El Sordo)
Una jugada desafortunada cuando era chico lo marcó de por vida. De ahí su apodo. «Cuando era pibe un día Walter fue a jugar al Parque Sur y lo acompañé porque los otros eran más grandes. No quería que jugara porque tenía miedo de que lo lesionaran. El jugaba de 10 y el 5 no lo podía agarrar, hasta que en una jugada le pegó un cabezazo y le rompió el tímpano«, declaró alguna vez el Pocho Reyna, su padre.
Increíble o no, después de ese incidente se convirtió en un típico mediocampista de interior del país que tuvo su momento de gloria en la Primera División. Eso ocurrió en 1993, cuando vistió los colores de Newell’s con una efectividad envidiable. Disputó 3 partidos y convirtió 1 gol. Para un tipo que no es delantero y que además no era considerado titular, bastante bien.
Había irrumpido en el Nacional B, defendiendo la divisa de Central Córdoba de Rosario (1992/93), donde regresó tras su paso por La Lepra para jugar dos temporadas más (1994/96). Consolidado ya como un futbolista del ascenso, subió a la máxima categoría con Gimnasia y Tiro de Salta (1996-97) e inlcuso se quedó en el plantel un año más para estar al lado de César Paiber, Víctor Rueda, Jorge Cervera, Néstor Zanatta, Darío Scotto y el interminable Pedro Guiberguis.
Sin rodaje en cancha, optó por irse a Aldosivi de Mar del Plata, pero algo pasó porque rápidamente se fue a Tiro Federal de Rosario que hizo un campañón en esa misma temporada (1998/99) y subió al Argentino A. Aquel plantel tenía, entre otros, al gran Erie Banduine.
Después de un par de años donde anduvo desaparecido (según dicen, estuvo en el fútbol canadiense), en 2001 jugó en su amado Gimnasia y Tiro de Salta en el Argentino A y casi como en un déjà vu a la temporada siguiente volvió a irse a Central Córdoba de Rosario, en la Primera B. En el medio, tuvo un paso poco recordado por Luján de Cuyo (2001/02), en lo que sería el comienzo del fin como futbolista profesional.
Sus últimos cartuchos los gastó jugando en torneos regionales. Disputó la liga casildense para 9 de Julio de Arequito y se dio el lujo de definir el clásico ante Belgrano (en 2003), con un gol de taco. Memorable.
Según el diario La Capital de Rosario, en 2004 el viejo y querido Sordo Reyna estuvo despuntando el vicio en el Real Arroyo Seco. Y sí, le gusta jugar al fútbol.
Juan Pordiosero