Racing/Argentino de Mza. 1986


El infierno de los dos años de Racing en la B culminó el 27 de diciembre de 1985, con el empate 1 a 1 ante Atlanta que le devolvió la categoría. Nadie imaginó que aquel grupo de héroes estaría jugando días más tarde en una liga del interior. La Academia se había ganado el derecho de volver a Primera, pero por esas cosas de los calendarios reestructurados, la temporada recién arrancaba en la mitad de 1986, para emular a los europeos.
Las urgencias económicas no recomendaban tener a los jugadores parados. No le convenía el club ni a los futbolistas. Intentaron recaudar fondos haciendo partidos amistosos en el exterior pero eso no alcanzaba para mantener al plantel. Fue ahí cuando dos hinchas de Racing pertenecientes a una filial en Mendoza hicieron de nexo con el Club Atlético Argentino, con idénticos colores y apodo.
Dadas las condiciones (unos 150 mil dólares más 150 australes por partido ganado y mil por clasificar), la institución de Avellaneda le alquiló por dos meses el equipo al club mendocino, para que jugase el torneo local que otorgaba una plaza para el nuevo Nacional B.

La leyenda cuenta que ese conjunto que tenía entre sus nombres más reconocidos a Gustavo Costas, Walter Fernández, Colombatti y Attadía , sufrió la presión de los simpatizantes anti-porteños y ni siquiera pudo clasificar al cuadrangular final, ya que terminó quinto. La histórica cesión de un equipo entero es una curiosidad más en la larga lista de infortunios que tuvo La Academia en su vida.

Juan Pordiosero

Pumar Fabián

Fabián Diego Pumar
Insistente zaguero uruguayo que repitió su magra labor en el fútbol argentino para que no quedaran dudas de sus condiciones poco confiables.
Eficaz por momentos, pero propenso a los errores infantiles en otros, nunca terminó de convencer a los fanáticos de los equipos que defendió.
Surgió y se afianzó en Bella Vista de su país. Allí asomó a la superficie en 1997, consiguiendo el ascenso a Primera en un gran cuadro que dirigía Julio Ribas y permaneció hasta mediados de 2002, dando falsas señales de crack con algunas actuaciones destacadas que le valieron la convocatoria a la selección charrúa. De hecho integró el plantel que llegó a la final de la Copa América de 1999, aunque no jugó ningún partido.
En julio de 2002 cruzó el Río de la Plata y se incorporó a Racing, que atravesaba por el proceso de depuración del equipo que había ganado el Apertura 2001. Además, le tocó vivir el cambio de mando en la dirección técnica. Llegó cuando estaba Mostaza Merlo (que lo dirigió en una gira previa por México y Estados Unidos), junto a Julián Maidana, Mario Cuenca, Julio Marchant y Gonzalo Belloso, y le tocó presenciar el arribo de Osvaldo Ardiles. Antes de firmar su contrato declaró «me siento muy contento porque uno estaba libre entrenando con la Mutual, al cual le estoy muy agradecido porque no me dejaron caer ni en la parte física ni en la moral, y ellos fueron los que hicieron posible que uno este listo para esto«. Nunca nadie entendió a qué se refería con «esto».
Su debut oficial fue ante Huracán, en Parque Patricios, por la primera fecha del torneo Apertura 2002. Y cumplió con una labor aceptable. Pero después, su forma de jugar no fue del agrado ni del Pitón ni de la gente, por lo que se vio condenado al abandono futbolístico. Después de 12 partidos por el torneo local (una expulsión y un partido en la Sudamericana, ante San Lorenzo), en enero de 2003 Blanquiceleste le propuso la rescisión del contrato esgrimiendo dos motivos fundamentales: bajo rendimiento y tendencia al juego violento.
Buscó una rápida salida y recaló en Universitario de Perú, un competidor inmediato de la Academia ya que estaban en el mismo grupo de la Copa Libertadores de ese año. Todo hacía ver que el uruguayo buscaba una revancha personal. Pero la taba se le dio vuelta. En el primer partido de la competición internacional, tuvo que enfrentar a los de Avellaneda, en Lima, y por esas cosas del destino convirtió un gol en contra de su propia valla que le dio el empate a los dirigidos por Ardiles. A partir de ese momento, los hinchas peruanos comenzaron a mirar a Pumar con bastante recelo. Lo curioso es que ni haciéndose responsable logró conquistar al público. «Soy consciente de mi responsabilidad si no ganamos fue por mi error. Pero esto fue una fatalidad. Un autogol es algo que le puede pasar a cualquiera«, afirmó.
A su ida, repartió munición gruesa para los dirigentes y sus colegas. «Pensé que la U era un club grande, pero lo de grande es sólo por su historia. Hoy en día la U se maneja de manera lamentable. En Uruguay hay equipos de segunda que son más serios. Me deben mucha plata. Llamé muchas veces al presidente Aspauza a su oficina, y la secretaria me dijo: ‘No quiere hablar con periodistas ni futbolistas’… Sólo me deseó buen viaje...». Y agregó «Yo digo que la U es un circo y yo fui uno de sus principales payasos. Los jugadores sólo piensan en divertirse. Al futbolista peruano le falta más seriedad. Ser más profesional«.
Para el segundo semestre de 2003 ya estaba de vuelta en nuestro país, con los colores de Argentinos Juniors, que afrontaba una nueva edición del torneo de la B Nacional. Le costó jugar de movida por temas administrativos (por la misma situación pasó Facundo Bonvín), pero con el tiempo se dio el lujo de formar dupla central con Luis Medero. El ascenso, ante Talleres de Córdoba, lo logró armando una línea de 3 con David Charles Pérez y Leandro Fleitas.
Con la gloria en el bolsillo, regresó a Uruguay para jugar en Fénix, en el Torneo Especial. Pero 2005 no fue un año fácil y culminó con el descenso que derribó un mito popular en forma de pregunta: «¿El Fénix no baja?«.
En julio de ese año marchó hacia nuevos horizontes. Lo recibió el Comunicaciones de Guatemala, dirigido por Luis Cubilla. Pero interpretó mal el concepto de «garra charrúa» y en vez ganarse la admiración por su juego se equivocó de camino y se quiso hacer el guapo. Segun cuentan varios medios, en diciembre de 2005 participó de una gresca en la salió herido un fotógrafo del diario «El Periódico». Todo comenzó cuando finalizó el clásico decisivo ante Municipal (que se alzó con el título), cuando un reportero llamado Salvador Revolorio le tomó unas fotos al futbolista Carlos Pavón. » Él me insultó cuando le tomé unas fotos y me dijo que era un hijo de p…, lo cual me molestó y yo le contesté. Luego me quiso agredir por lo que tuve que defenderme pues quiso pegarme«, dijo Revolorio. Y añadió «Luego, varios jugadores me agredieron en el suelo, en especial Fabián Pumar, quien me pateó causándome una herida en el brazo«. No fue el único hombre que acusó ataques físicos. Otros hombres de prensa culparon a Pumar y a sus compañeros de haberlos agredido en medio de la trifulca.
El ex jugador de Racing continúa en Guatemala a la espera de un golpe de suerte que lo coloque de nuevo en la vidriera del fútbol sudamericano.

Juan Pordiosero (Gracias Toto)

Pereyra Félix

Félix Ismael Pereyra
Juramos que tratamos de obviar las calificaciones como «muerto». Pero el destino se empeñó en colocarlo en un lugar indeseado para muchos. Fue un silencioso defensor nacido en 1973 que tuvo la suerte de jugar en Primera División con los colores de Unión de Santa Fe. El Tate le dio cobijo en el ascenso y también en la máxima división (1996/99). Después lo dejó libre junto Pocholo Sánchez y al arquero Iván Díaz. En sus 18 partidos en la elite compartió momentos con Lautaro Trullet, Eduardo Magnín, Alejandro Castro, Pablo Bezombe, Silvio Mendoza y Miguel Barreto, entre otros.
Regresó a Paraná, su ciudad natal, y jugó en Patronato, uno de los equipos más representativos de la región. También actuó para el Sportivo Urquiza en el Torneo Argentino B, junto a la Araña Maciel y Carozo Mir.
Hace unos meses, regresó a Santa Fe para el festejo por los 10 años del último ascenso de Unión, en el que tuvo participación. Allí se enfrentaron los equipos de 1996 (con nombres como Julio Werro, Mauricio Oggioni y Diego Mosset) y el de 1989 (con figuras como Víctor Rabuñal, Dante Fernández, Gustavo Brandt y Ariel Catinot).
No sabemos si en ese emotivo encuentro se habrá animado a contar frente a sus ex compañeros que estaba trabajando en el… sector de mantenimiento del Cementerio de Paraná.

Juan Pordiosero

Castro Gustavo

Gustavo Eduardo Castro
Típico integrante de un banco de suplentes de Primera División que forzadamente pudo construir su historia en el fútbol grande gracias a los pocos minutos que le dieron los entrenadores que pasaron por Racing desde 1994 a 1996.
En más de dos años este marcador central sólo disputó 8 encuentros, en los que no dejó demasiados recuerdos. A la espera de una lesión de Cacho Borelli, Gustavo Costas, Claudio Úbeda y hasta del mismísimo Abelardo Vallejos, se la pasó jugando en reserva y viendo los partidos desde afuera. Después, como muchos otros, terminó en Arsenal (1996-97), donde jugó 28 cotejos e incluso llegó al gol en una oportunidad.
Según pudimos averiguar, no es el mismo Gustavo Castro que hace unos años dijo haber matado a María Marta García Belsunce. Es más, ese tipo después se arrepintió y aclaró que había inventado la historia. Nosotros sabemos quién fue pero no lo vamos a decir.

Juan Pordiosero