Otake Naoto y Yamaguchi Motohro

Otake Naoto y Yamaguchi Motohro
Esta es la historia de dos tímidos japoneses que al no tener la valentía de venir por separado, apostaron a hacerlo juntos para poder zafarla. No existen precisiones acerca de su elección para probarse en La Paternal, pero es posible que hayan tenido recuerdos de la visita del Bichito a sus tierras en 1985 para disputar la final de la Copa Intercontinental.
Provenientes el Ana Yokohama, desembarcaron en 1991 en Argentinos Juniors para ser observados por el técnico Fernando Areán, pero no se trató de una prueba sino de una visita. Sin embargo, cuesta creer que no haya habido un empresario detrás que rezaba por que alguno sea fichado y obtener por ello una buena suma de dinero.

Otake Naoto
Naoto, de 21 años en aquel entonces, se desempeñó como defensor y luego pasó también por el Kyoto FC. Llegó a ser titular en el seleccionado de su país en la Copa de Asia de 1988 con la camada de los históricos Jun Suzuki, Hideatsu Ichihara, Youji Sakakora y Wawsa Mermaede (?) y participó en el juego de las estrellas de la liga de su país para la conferencia del oeste en 1999.

Yamaguchi Motohro
Sobre Motohro nada se sabe, inclusive se desconoce si retornó a Japón, de lo contrario, habría que buscarlo en supermercados, tintorerías y comercios afines.

Cucu

Maldonado Alfredo

Alfredo Daniel Maldonado
Platense se caracterizó en los 90’s por sacar futbolistas que luego se perdieron en el anonimato. Algunos casos como los de Gerardo «El Camionero» Pinto, Diego Zeballos y Sebastián Villoldo ya han desfilado por este sitio. Pero el de Alfredo Maldonado es más extraño aún, ya que a diferencia de los otros, jugó más de un par de partidos (para ser más precisos, 21 encuentros desde 1991 a 1993).
Según cuentan las crónicas era marcador central. Le tocó jugar con Bellini, Baena, Capozucchi, Diego Díaz y Leo Aguirre, entre otros.
Después se supo que vistió la casaca de Excursionistas, en el ascenso, para luego abandonar la práctica activa en cancha de 11. Dicen que dedicó sus días al fútsal.
Es más, un comunicado de la AFA de abril de 2004 informa «HEBRAICA c. ARGENTINOS JUNIORS Ia. 03/04/04 EXPTE. 35091:Se suspende por dos partidos al jugador Alfredo Daniel Maldonado, del Club Hebraica. Art. 201 b) I del R.D. (puntapié c/pelota)«.
En el barrio diríamos «¡No sabés la patada que metió Alfredito!».

Juan Pordiosero

El Padrino y la Baldosa

Grata sorpresa recibimos al enterarnos de que la revista Loaded nos había recomendado en su edición de Abril de 2006 (Número 23).
Agradecemos al lector Lucho, que nos avisó y a toda la gente que forma parte de la publicación especializada en videojuegos. Para ver la crítica, click acá.

En Una Baldosa

Burtovoy José

José Pablo Burtovoy
Esta es la historia de un arquero que inició su carrera como valor promisorio pero que apenas llegó a tener sus 15 minutos de gloria y luego se perdió en la intrascendencia.
Aún resuena la frase de «Mostaza» Merlo en 1992 cuando preparaba la selección argentina que afrontaría Mundial Juvenil Sub 17 en Japón. «Cuando descubrí al pibe Burtovoy, el arquerito de Ferro, le dije a Daulte que era el toque de suerte que nos faltaba para ganar el mundial. Tiene un lomo bárbaro, increíble para su edad, se parece al Tano Roma. Nos falta un Maradona para repetir lo de Japón ’79, pero lo tengo a Biagini que es mejor que Ramón Díaz».
Con esa apreciación, el entrenador quemó a dos pibes que prometían y que efectivamente el 1 jamás llegó a la selección mayor, ni siquiera estuvo cerca. En cuanto al mencionado mundial no hace falta recordarlo, ya que la albiceleste no pasó la primera ronda en un equipo lleno de glorias como Milton Acosta, Rodrigo Vilariño, Norberto Orrego, Nicolás Diez, Andrés Grande, Roberto Cantoro, Kurt Lutman, Emiliano Romay, Rubén D.Cantero y Pablo Rodríguez.
Luego de pelearla y tener arqueros encima, optó por volver a su Santa Fé natal y fichar para Colón (1996-2000), teniendo un paso poco mediático hasta que algo sucedió.
Fue el 30 de abril de 1998 en Paraguay por los octavos de final de la Copa Libertadores. Su director técnico de aquel momento, el «Profe» Córdoba, había confiado en él postergando a Leo Díaz, y el chico de 22 años le cumplió. Atajó muchísimo durante los 90 minutos, pero igualmente Olimpia de Asunción ganó el partido 1 a 0 y debieron definir por penales. Y allí fue factor fundamental debido a que no sólo le atajó el primero a Félix Torres, sino también el segundo a Luis Monzón, el tercero a Paredes y el quinto al «Loco» González, ganándose el mote de Astroboy.
Pasado su momento, continuó en el Sabalero por dos años más, sin embargo por la falta de oportunidades, hizo las valijas y firmó para el Veracruz de México (2000). No obstante, un año después alguien se acordó de el y desembarcó en Córdoba para intentar salvar a Belgrano (2001-2002) del descenso, algo que fue imposible. Pero a pesar de estar tapado por Olave, la pasó bien junto a Imboden, Bordicio, Brusco, Meta, Arce, Rubiel Quintana, Fram Pacheco, Martina, Desagastizábal, Mugnaini y Aróstegui, aunque la pérdida de la categoría hizo desmembrar a tamaño grupo humano.
Sonó en Los Andes, pero siguiendo los buenos consejos de su padre, ex arquero, firmó con Arsenal (2001-2003) pero no llegó a jugar, postergado durante un par de temporadas por el siempre listo Alejandro Limia.
Sin darse por vencido, pasó a Chacarita Juniors (2003-2004), club en el que llegó a disputar un encuentro cuatro años después de su último en Santa Fé frente a Central y se lo recuerda por un 6-2 en contra frente a Gimnasia de La Plata. Lamentablemente la campaña del equipo Funebrero no fue buena y junto a Unycio, Furios, Pena, Leo Fernández, Graf, Arzeno, Piersimone, entre otros, perdieron la categoría.
La nueva frustración lo hizo más fuerte, y volvió al norte del continente en busca de una revancha, pero también de tranquilidad y unos buenos billetes.
Arrancó de abajo en el Pioneros de Ciudad Obregón (2004) y desde ahí logró dar el salto al León (2005-2006), ambos de la segunda división de México, categoría en la que se destacó y llegó a jugar el partido de las estrellas para los extranjeros con Norberto Orrego, Diego Cocca, Roberto Cartés, Mauro Gerk, Mariano Monrroy y Claudio Sarriá.

Cucu

Naif Raúl

Raúl Alejandro Naif (El Turco)
Sería sencillo y bastante simplista hacer un juego de palabras para decir que este futbolista pecó de ingenuo a lo largo de tu trayectoria. Pero ese concepto estaría muy alejado de la realidad . Este delantero, vivo y luchador, irrumpió en la Primera División del Deportivo Español, en 1994, cuando todavía había espacio para los jóvenes talentos (años más tarde llegarían refuerzos por doquier). En esas condiciones, el Turquito Naif pudo llegar a la decena de encuentros disputados con la camiseta del «Gallego». Luego, tomó la decisión más importante de su carrera: irse del país. El cambio geográfico le reportó beneficios para su bolsillo y para su prestigio, ya que alcanzó la categoría de ídolo en algunos de los clubes por donde pasó e incluso jugó para la Selección de Palestina, gracias a sus orígenes que le otorgaron esa segunda nacionalidad.
Se hizo conocido en Honduras, cuando fue goleador del CD Victoria de La Ceiba (12 goles en la temporada 1996-97) y cuando reapareció en el Marathon (2000) ; y tambien en Chile, jugando para el Audax Italiano, Santiago Wanderers (1999, con 16 partidos y 4 goles), Puerto Montt (hizo el tanto del ascenso a Primera en 2002) y Provincial Osorno (2002-03). En este último equipo la rompió (con clasificación histórica y participación en la Copa Sudamericana incluída) y pasó a Independiente Santa Fe de Colombia (a fines de 2003), donde ratificó sus buenas actuaciones y dejó un grato recuerdo, pese a que en las primeras fechas sufrió al tener un DT que no lo ponía (luego llegaría Jaime de La Pava y recuperaría su lugar). En 2005 retornó al Provincial Osorno, pero a comienzos de este año optó por regresar a la vieja y queria liga que lo vio triunfar: la hondureña. Hoy, sigue dividiendo sus días entre el CD Victoria y el seleccionado de su país por descendencia, que lo convoca cada tanto, como sana costumbre desde 2002, cuando los dirigentes decidieron darle empuje al equipo incorporando extranjeros con raíces palestinas. Allí, juega junto a otro grande como Pablo Abdala, y los chilenos Francisco Alam, Roberto Kettlun, Edgardo Abdala y los hermanos Roberto y Fabián Bishara, entre otros. No es casualidad el lazo entre el país trasandino y el de Medio Oriente . En Chile las colonias palestinas superan los 100.000 habitantes y desde 1920 funciona el club Palestino, que sirve como nexo fundamental para la actividad de la Selección.
En 2004, Naif fue consultado sobre la particularidad de viajar tanto (un día y medio) para jugar un match internacional, y estar tan cerca de una zona histórica de conflicto (los problemas con Israel datan desde comienzos del siglo XX), aunque en la mayoría de los casos actúan de local en Qatar:

¿Cómo es una convocatoria para la selección de Palestina? ¿Qué hay que sufrir para jugar por Palestina?

(Suspira largo) Hay que sufrir. Más allá de estar jugando en Santa Fe, en uno de los clubes más importantes de América, si me llaman a la convocatoria es porque también no pueden salir todos los jugadores que han salido en Palestina a causa de la guerra. Por ahí son escogidos o tienen mucha suerte de salir del país, pues Palestina está en el centro, rodeada por Irak y eso le hace muchos problemas. Aparte los palestinos son mal vistos por el mundo por todo esto de Nueva York y España y se les involucra por la guerra. Es difícil ir a una convocatoria donde muchos de mis compañeros tienen que llamar todos los días a la casa para saber si sus familias están bien. Es muy difícil, pero estar jugando una competencia internacional le levanta el ánimo a uno. La última vez no me llamaron porque no estaba haciendo las cosas bien (risas), porque no estaba jugando y ellos eran conscientes de mi situación. Ahora se dio vuelta el asunto y me han convocado para el próximo juego.

¿Cómo vive usted la guerra?

Sinceramente no es lo mismo estar allá que estar tan lejos y ver lo que ocurre por las noticias. Tengo contacto vía e-mail con el medio, con el preparador físico y con varios de mis compañeros. Con el técnico no, porque vive en Australia. Uno trata de darles ánimo a todos y de decirles que la guerra pronto va a acabar, pero al paso que vamos esto no termina más.

Juan Pordiosero

Villoldo Sebastián

Sebastián Villoldo
Nació en Morón el 18 de febrero de 1974 y realizó las inferiores en Leandro N. Alem en donde debutó en Primera C a los 16 años y marcó un gol en 9 juegos. Por esa precocidad fue visto por gente de Platense que se lo llevó para Vicente López.
Con 20 años y una camada llena de figuras como Cristian Díaz, Trezeguet, Balugano, Coria, Zeballos, Coudet, Diego Díaz, Manfredi, Hanuch, Saraiba, Loyola, Broggi, Maisterra y Frágola, tuvo su primera aparición en el Calamar frente a San Lorenzo. Serían 13 en total (2 como titular ante Central y Banfield) y llegando a integrar en una ocasión el equipo de la fecha para el revista El Gráfico.
Pero eso no alcanzó para convencer a la dirigencia, que en lugar de hacerle contrato lo dejó libre con una suspensión de 6 fechas por un incidente en Reserva.
Pasó a entrenar en Defensores de Belgrano pero precisamente esa espera le privó de firmar, por lo que terminó recalando en Luján, en su retorno a la C.
Luego de eso, desapareció del mapa. Todo un baldosero fugaz.

Cucu (Gracias Carina y Pablo)

Carraro Gustavo

Gustavo Ariel Carraro
Puntero con mucha mala fortuna que llegó al fútbol grande pese a la gran cantidad de obstáculos que se encontró en el camino. Nacido en San Miguel de Tucumán, hizo parte de las inferiores en el club La Armonía de Bahía Blanca y llegó con edad de Sexta División a Independiente de Avellaneda, en 1993. En el Rojo trepó los clásicos escalones para llegar a Primera pero varias lesiones lo postergaron. A medida que iba pasando el tiempo las oportunidades se le desvanecían, y por eso prefirió emigrar, en 1999, a Defensa y Justicia, en la B Nacional. Allí se dio el lujo de actuar profesionalmente, con 31 partidos y 12 goles en su haber. Pero como todo pibe que alguna vez insinuó, tenía las ganas intactas de pisar una cancha en la máxima categoría. Por eso retornó a Independiente a mediados de 2000, aunque allí volvió a toparse con la mala suerte. Sufrió una pubialgia y lo operaron, pero luego detectaron que su verdadero problema venía de una lesión en el tendón rotuliano y lo volvieron a intervenir quirurjicamente. Cuando parecía que a los 25 años su vida de «juvenil» había terminado, le llegó la gran chance de su vida, sus 15 minutos de gloria. En septiembre de 2001, ingresó (a los 35′ del segundo tiempo) con la camiseta número 21, reemplazando a Gastón Galván, en un partido que el equipo de Trossero perdía ante Chacarita, en San Martín. Carraro, quizás emocionado por su debut, quiso hacer todo en 10 minutos. Y lo pudo hacer, pero en 11. Primero, acomodó a Marra y lo amonestaron. Después, cuando el partido se moría en su primer minuto adicional, tiró un centro a la cabeza de Hernán «Pichi» Franco que decretó el 1 a 1. Ese día nunca lo va a olvidar.»Estoy muy contento. Por primera vez me sentí partícipe del equipo. Fue como si el gol lo hubiese hecho yo«, comentó el tucumano.
Luego siguió en el plantel pero le dieron escasos minutos. A mediados de 2002 se fue a Banfield con la esperanza de encontrar regularidad, pero no la halló (apenas 29 minutos, en 3 partidos del Clausura 2003). Le tocó luchar con Ariel Suligoy, Sebastián Bueno, Roberto Colautti y Daniel Bilos, lo que le representó demasiado esfuerzo y pocas satisfacciones. Así fue como se alejó del Taladro y volvió a mostrar su clásico «desborde seguido de centro» en Defensa y Justicia. En su nueva etapa en El Halcón de Varela (2003/04) pudo armar un tridente ofensivo junto al «Luigi» Villalba y «Zapatilla» Sánchez.
A mediados de 2004 viajó a Honduras para fichar con un equipo pero no arregló económicamente y regresó al país para jugar en Defensores de Cambaceres. En el conjunto de Ensenada pasó de las buenas y de las malas, pero se le recuerda un gol ante Flandria que cortó una racha de cinco meses sin triunfos. Ah, y fue sobre la hora, como en aquella noche de septiembre de 2001.

Juan Pordiosero

Ndukanma Moses

Moses Ndukanma
Esta es la historia de un nigeriano tentado por un empresario argentino que llegó al país a los 23 años para probarse en Boca Juniors (1996), habiendo hecho las inferiores en Rangers Internacional. Sin embargo apenas pasó por Casa Amarilla y desembarcó en Nueva Chicago (1997).
Si bien no era como lo había soñado en un principio, la oportunidad seguía siendo interesante, pero una inoportuna fractura de tibia y peroné le quitó las ilusiones. Fue operado en dos ocasiones y a partir de allí comenzó una historia que vale destacar.
Inicialmente se puso a trabajar en un hotel del microcentro porteño, pero lo curioso es que no fue su única tarea. El moreno fue además una especie de stripper en un boliche bailable, donde conoció a Verónica, una argentina con la que tuvo un hijo llamado Gianluca.
Admirador de Gustavito López, hincha de Independiente y fanático de Nwanko Kanú, se repuso de su inconveniente físico y retornó a las canchas, aunque en un nivel un tanto más bajo, en Centro Español de Primera D.
La pregunta es evidente y la respuesta inmediata. ¿Cómo llegó hasta ahí? Un tal Víctor Pardo trabajaba en las inferiores de Boca y recibió la propuesta de entrenar a Nueva Chicago, por lo que apostó a llevarse al africano que no tenía lugar en el xeneize, pero la mencionada lesión lo alejó de las canchas. Tiempo después, el entrenador cambió de club y firmó con la entidad gallega, y nuevamente se acordó de Moses y le dio otra oportunidad.
«A mí me gusta, cuando vino jugaba bien. Es un tipo encarador, que tiene velocidad, buen manejo de pelota. Tipo Tchami, de ese estilo. Buen cabeceador, hay que tenerle fé» adimitió Pardo en su momento.
Lo que jamás se supo es si Ndukanma llegó a jugar un partido en el fútbol argentino, porque hasta su tercer club, aún no lo había concrectado.

Cucu