Rovira Sebastián

Sebastián Rovira
Delantero de la camada de Fernando Spinelli, Pablo Calandria y Lisandro Sacripanti. Pero claro, él seguro dirá que es de la generación de Germán Lux, Nico Medina, Leonardo Ponzio y Fabricio Coloccini. Todos integraron la selección juvenil argentina que participó del Sudamericano Sub 17 que se disputó en Uruguay, en 1999.
Nacido en San Bernardo y criado futbolísticamente en en el club local Juventud Unida, partió hacia Buenos Aires para hacer las inferiores en Boca Juniors. Y ya desde pequeño tuvo cierta repercusión. En marzo de 2000, el suplemento NO de Página/12 publicó una nota sobre los jóvenes que viajaban a Capital Federal para intentar triunfar, y uno de los reporteados fue el protagonista de esta historia, que sobresalió en aquella entrevista por ser el único del grupo de compañeros que tenía novia.
Por aquél entonces jugaba en la quinta división. Y había llegado años antes de una manera muy particular. «Fue raro. Mandé un video porque no tenía guita para viajar y enseguida me llamaron«. Queda claro porque no llegó a debutar en Boca.
Si se dio el lujo de jugar en la reserva xeneize, haciendo dupla con el Chipi Barijho.
En septiembre de 2002 fue vendido a una empresa uruguaya, en un paquete que incluía al defensor Miguel Portillo y al volante Alex da Silva. Lo curioso es que de los tres, él era el más barato (su pase valía 17.500 dólares, y el de sus compañeros 35.000 dólares cada uno)
Luego de unos años de incertidumbre, en la temporada 2003-04 apareció jugando en Sportivo Italiano. Pero a mitad del año pasado armó las valijas y mudó sus ojos saltones y su corte taza al ascenso italiano.
Hoy juega en el Chioggia Sottomarina (de la serie D), junto a David Solari, el hermano más chico del Indiecito.

Juan Pordiosero

Arévalos Domingo

Domingo Zoriano Arévalos
Futbolista paraguayo del cual siempre dio la impresión de que le sobraba una letra en su apellido, aunque diferenciarse del «Indio» ex San Lorenzo no es una mala idea para no quedar pegado.
Apareció en el fútbol argentino en 1994 para hacer retornar rápidamente a Estudiantes de La Plata a primera división. Y el objetivo lo consiguió, porque efectivamente un año después de la mano de la dupla Manera-Russo arrasaron en la B Nacional. De acuerdo a las crónicas y comentarios de los hinchas, lo señalaban como un jugador corredor, metedor, y de buena marca ¡Pero era delantero!
En ese equipo que integraban , entre otros, Leo Ramos, Llop, Bossio, Azconzábal, Verón, Prátola, Aguilar, Sosa, París, Rojas, Palermo, Calderón, Capria y Armentano, el paraguayo arrancó como titular pero luego fue perdiendo lugar.
Tuvo pasos por River Plate de Paraguay, Sol de América (1997) y Olimpia, pero cotizándose más en Chile, en el Puerto Montt (1999), convirtiéndose en uno de los goleadores. A tal punto que los dirigentes de Estudiantes, club que aún era dueño de su pase, lograron venderlo y conseguir un dinero extra que no estaba en sus planes.
Comenzó a deambular por diversos clubes del país trasandino, como el Santiago Wanderers (2000) donde hizo 10 goles pero se lesionó. Defendió los colores del Cobreloa (2000) y Everton (2001) y hasta se dio el gusto de jugar un partido con su selección. Fue en Buenos Aires, en el estadio del Deportivo Español, en un 0 a 0 frente a Bolivia. Su último rastro fue una prueba en Gimnasia y Esgrima de Jujuy en el 2004.

Cucu

Villamayor Juan Carlos

villamayorchaca.jpg

Juan Carlos Villamayor
Lateral derecho paraguayo que tuvo un fugaz paso por el fútbol argentino. Casi nadie recuerda su participación en el Clausura 2001, cuando jugó algunos partidos con la camiseta de Chacarita Juniors. Su llegada se vio beneficiada con el pase trunco del boliviano Oscar Sánchez al equipo de San Martín. El DT Chiche Sosa aprobó la contratación y el paraguayo pudo jugar en el país, aunque muy pocos se acuerden.
Sin embargo, su ninguneada carrera de futbolista tiene un dato que no muchos pueden mostrar en su curriculum. Fue compañero de Emilio «El Buitre» Butragueño, el gran goleador que tuvo el Real Madrid y la selección española. Eso sucedio en 1998, cuando compartieron el plantel del Celaya mexicano.
También jugó en su selección y participó del Mundial de Francia 1998 y las Copas América de 1995 y 1997.
En su país jugó para Bella Vista y Cerro Porteño. En éste último club tuvo varias etapas. La primera, hasta enero de 1998, cuando fue transferido al Celaya en 300.000 dólares. La segunda, hasta principios de 2001,cuando quedó libre y se fue a Chaca. Y la tercera, cuando volvió para radicarse definitivamente en el país.
Lo último que supimos es que en enero de 2003 definió, con un gol suyo, un clásico entre Cerro y Olimpia, con ambos equipos conformados por ex jugadores de las dos intituciones más grandes del fútbol paraguayo.

Juan Pordiosero

Zaragoza Carlos

Carlos Marcelino Zaragoza
A pesar de que su documento dice «argentino», este hombre es «gallego» hasta la médula. Desde las cejas hasta el apellido. Su carrera como marcador central en la Primera División de nuestro país no podía empezar en otra institución que no fuera el Deportivo Español. Allí debutó en 1996 y llegó a completar 9 partidos. Antes había vestido la camiseta de Santiago Wanderers de Chile(1994-95), junto a su compatriota Jorge Almirón. Ambos fueron fundamentales para lograr el ascenso a la máxima divisional del país trasandino.
En 1997 bajó a la Primera B para jugar en San Miguel y le fue bastante bien. Ese año obtuvo el ascenso al Nacional B con el Trueno Verde (integró el plantel junto a Cameroni, Filosa y Acciari, entre otros) y estuvo en esa categoría durante largo rato.
En la temporada 1999/2000 fue cedido a Banfield y regresó a San Miguel para la 2000/01. Al año siguiente se fue a Tigre (2002-2004), donde no tuvo un mal paso, pero tampoco descolló.
En la 2004-05 apareció en San Luis y se sumó a Juventud Unida Universitario para disputar el Torneo Argentino A.
A su vida le faltaban emociones violentas. Por eso se dio el lujo de jugar al lado del Polaco Dobrik. Está por demás decir que no necesitaba pegarle a nadie.
La última parte de este año la jugó para Comunicaciones, en la Primera B Metropolitana.

Juan Pordiosero

Pérez Ricardo

Ricardo Alberto Perez (El Guante)
Enganche surgido de Atlanta (1998-1999) pero que siempre se mantuvo en el anonimato. Esto, a partir de los silenciosos pasos por Gimnasia y Esgrima de La Plata (2000-2001), Lugano de Suiza (2001-2002) y Olimpo de Bahía Blanca (2002). En este último ni siquiera llegó a integrar el banco de suplentes, algo bastante similar a lo que le había sucedido en el Lobo, por lo que retornó a Europa.
Pasó el Libourne Saint Seurin (2003-2004) de alguna división del fútbol francés, pero con mucha más pena que gloria volvió al país.
Jugó en Unión de Santa Fé (2004) donde quedó luego de una prueba de jugadores libres pero sus actuaciones no fueron muy convincentes y dejó la institución.
Pasó a defender los colores del Everton de Chile (2005) formando una envidiable y talentosa dupla junto a Nico Diez y compartiendo concentraciones también con Sergio Marclay y Javier Menghini. Ya en 2006 volvió al país para jugar en tercera división para Los Andes.
Su carrera es de lo más extraña porque muy pocos hinchas habrán escuchado su nombre alguna vez. «Me gusta rematar al arco y generarme ocasiones de gol», afirmó. Siempre y cuando sea tenido en cuenta por algún entrenador.

Cucu

Pinto Gerardo

Gerardo Andrés Pinto
Nunca podrá borrar de su rostro las facciones de niño. Y quizás ese haya sido el motivo de su alejamiento del fútbol. Iniciado en las Inferiores de Platense, este arquero de razgos juveniles llegó a integrar el plantel de la Primera División del Calamar en 1996. Y crease o no, cuando tenía más cerca que nunca la posibilidad de debutar oficialmente, su cara de nene mimetizó al resto su personalidad y en lugar de tomar la responsabilidad prefirió obedecer un mandato paternal.
Por esos días, su padre adquirió una flota de camiones para laburar. Y Gerardo decidió largar el fútbol para dedicarse de lleno a la empresa familiar. En 1996 se subió a un Fiat 619 color gris, y no lo dejó más. En una nota al diario La Capital de Rosario, en 2003, declaró «un día mi viejo compró camiones y subimos, él en uno, mi hermano en otro y yo en éste. Nunca me había subido a un camión, nosotros éramos mecánicos y teníamos como una pyme. Ahora somos transportistas«.
En la actualidad, con 29 años y un pasado ligado al fútbol, sus anécdotas están relacionadas a los viajes y a los clientes.
«Siempre los viajes se hacen más largos porque todo depende del tiempo de carga y de descarga. Así que tenés que estar con el bolsito preparado y acostumbrarte a vivir arriba del camión. Una de las primeras veces que me subí tenía que hacer un viaje a Capital. Contento puse primera y salí. Tenía que ir a dos clientes, uno en La Boca, cerca de la Bombonera, y otro en el Tigre. La verdad que cuando llegué ni sabía dónde estaba parado, tampoco sabía dónde quedaba Tigre. Estaba perdido. La cuestión fue que entre idas y vueltas tardé seis días de San Nicolás a Buenos Aires «, explica el ex arquero que conserva su gran porte físico, aunque también sus pecas.
Luego de esa experiencia, el trabajo se dividió en la familia. Gerardo se dedica a los viajes cortos mientras que su hermano Marcelo es el encargado de los viajes largos. Sin embargo, no le gusta demasiado andar solo y prefiere que siempre lo acompañe su hermano mayor.
Lo curioso es que aclara que por seguridad y por expreso pedido de su padre tiene prohibido subir a los que hacen dedo en la ruta, como si no fuera lo suficientemente grande como para darse cuenta de eso.
Se comenta que dejó de jugar en Platense cuando se enteró de que el Atlético de Madrid se quería llevar al «Camión» Díaz.

Juan Pordiosero

Carpio Johnson

Johnson Carpio y Roy Miller
A mitad del 2002, mientras Olimpo de Bahía Blanca se preparaba para afrontar su primera temporada en la A, dos pintorescos morochos oriundos de Costa Rica aparecieron en la ciudad.
Carlos Johnson Carpio, de 18 años, y Roy Miller Hernández, de 17, ambos provenientes del Sport Cartaginés se desempañaban como marcadores de punta. El primero, quien mide 1,84 metros, ya había disputado 10 partidos en Primera y jugaba por derecha, en tanto que el segundo, de 1,83 y 8 cotejos en la máxima categoría, lo hacía por izquierda.
Decían poseer buena técnica y confiaban en adaptarse rápidamente al fútbol criollo. Carpio se vendió como un jugador agresivo, veloz y con mucha proyección ofensiva, mientras que Miller destacó de sí mismo la marca y el cabezazo.
«Lo único que nos preocupa un poco es el clima, ya que en nuestro país tenemos un promedio de 28 grados y acá hace bastante frío», afirmaban los muchachos bien muertos de frío.
Admiradores de Cafú y Roberto Carlos, la pasaron mal. No fueron tenidos en cuenta y usaron guantes y gorros de lana hasta dentro de la bañadera.

Cucu

Miller Roy

Johnson Carpio y Roy Miller
A mitad del 2002, mientras Olimpo de Bahía Blanca se preparaba para afrontar su primera temporada en la A, dos pintorescos morochos oriundos de Costa Rica aparecieron en la ciudad.
Carlos Johnson Carpio, de 18 años, y Roy Miller Hernández, de 17, ambos provenientes del Sport Cartaginés se desempañaban como marcadores de punta. El primero, quien mide 1,84 metros, ya había disputado 10 partidos en Primera y jugaba por derecha, en tanto que el segundo, de 1,83 y 8 cotejos en la máxima categoría, lo hacía por izquierda.
Decían poseer buena técnica y confiaban en adaptarse rápidamente al fútbol criollo. Carpio se vendió como un jugador agresivo, veloz y con mucha proyección ofensiva, mientras que Miller destacó de sí mismo la marca y el cabezazo.
«Lo único que nos preocupa un poco es el clima, ya que en nuestro país tenemos un promedio de 28 grados y acá hace bastante frío», afirmaban los muchachos bien muertos de frío.
Admiradores de Cafú y Roberto Carlos, la pasaron mal. No fueron tenidos en cuenta y usaron guantes y gorros de lana hasta dentro de la bañadera.

Cucu