
Mario José Gori
A pesar de haber jugado en Primera en Rosario Central, su mayor trascendencia la logró en los Estados Unidos cuando fue acusado de violación. La historia es la de un pibe que nació en Rosario y le gustaba el fútbol. Lo hacía en el Juan XXIII, y a los 14 años se metió en las inferiores del Canalla y llegó a debutar como marcador de punta de la mano de Don Ángel Tulio Zof, quien lo promovió y le dio continuidad.
Gran promesa, no tardó en marcharse al exterior, pero equivocó el camino. Eligió una naciente liga estadounidense, la MLS. Llegó al Miami Fusion, atraído por las palmeras y las playas de la ciudad del estado de Florida. No duró mucho y fue transferido al New England Revolution y después al DC United. Salió cinco veces campeón, fue ídolo, pero se le complicaron las cosas.
La noche del 16 de agosto de 1997 en Columbus, Ohio, después de que su equipo cayera derrotado 2 a 0 ante el Columbus Crew, él y su amigote, el salvadoreño, Raúl Díaz Arce, con quien compartían habitación, bajaron al bar del hotel, conocieron a una muchachita y según la denuncia, empezó la seducción, el coqueteo y el flirteo.
La cuestión es que al otro día ambos estaban acusados de violación. La mujer denunció que ella les había pedido utilizar el teléfono del cuarto, pero en cuanto se descuidó, el centroamericano la habría sujetado para que Mario pudiese disponer de ella.
“Luego de haber jugado en Ohio fuimos hasta el hotel. Como había recibido un golpe en la rodilla derecha decidí quedarme allí junto con un compañero salvadoreño, el utilero y un dirigente. El resto salió a caminar. Lo único distinto en el panorama de la concentración fue la presencia de una chica, para nada agraciada, pero sí con evidentes signos de estar algo alcoholizada. El plantel regresó del paseo, cenamos y nos fuimos a dormir. Al día siguiente fuimos al aeropuerto para regresar a Washington y ahí recibimos la triste e imposible novedad”, comentó al diario La Nación.
A pesar de haberse declarado inocentes, estuvieron 3 días en la cárcel y debieron pagar una fianza de 500.000 dólares para quedar en libertad. Seis meses más tarde la muchachita retiró los cargos y no testificó.
Después del escándalo fue transferido nada más ni nada menos que al Columbus Crew, la ciudad donde sucedió el caso, pero no duró mucho y se fue al Pittsburgh Riverbounds, que no jugaba en la MLS.