Fernando Nicolás Oliva (La Lora)
Nació en 1971 y con el correr de los años se fue transformando en un tradicional volante del fútbol cordobés, de esos talentosos que por diversos motivos no llegaron a nada. Para no perder la costumbre en dicha provincia de que los jugadores se pasan de club a club constantemente sin importar colores ni pasión, él no fue la excepción.
Arrancó en Instituto donde marcó muchos goles de gran factura, pero la fama le llegaría por su paso al fútbol japonés cuando era aún un mercado cerrado para nuestro país e irse solía resultar exótico.
En 1998 mientras jugaba para el Shimizu FC S-Pulse la IFFHS presentó la lista de los 50 goleadores del año ubicándolo en la misma posición que Viola, Batistuta, Jorge Dely Valdes, Guivarch y Del Piero.
Resignando unos buenos billetes optó por intentar su consagración. En 1999 retornó al país, pero para recalar en otra vereda, la de Talleres a préstamo. Para ese entonces Osvaldo Ardiles, conocedor del fútbol nipon de despachó elogiando a Oliva. «Antes del Mundial se lo recomendé a Daniel Passarella, pero no tenía tiempo para verlo. Oliva fue el mejor jugador de la Liga. Me animaría a afirmar que Nakata no está en el mismo nivel. Oliva creció, está más maduro y tuvo tres años excepcionles en Japón. Los argentinos se van a sorprender cuando lo vean jugar porque es un jugador de Selección».
La cuestión es que jamás fue ni convocado ni preseleccionado ni siquiera observado por el Kaiser y mucho menos por Marcelo Bielsa. Quizás el Pitón tenía algunos intereses económicos que jamás trascendieron. Pero volviendo al fútbol en si, durante su paso por la T, tuvo buenas actuaciones y participó de la obtención de la Copa Conmebol. Compartió plantel con Astudillo, Gigena, Cuenca, Ciancaglini, Humoller, Páez, Maidana, Albornós, Garay, Trobbiani, Pino, Lillo, Medina Bello, Zelaya y Canobbio entre otros. Sin embargo algunos problemas disciplinarios le jugaron en contra.
El 2001 lo encontró nuevamente en Japón, pero su conexión con la entidad cordobesa seguiría por años. Es que el club dueño de su pase pidió la quiebra de Talleres por una deuda original de 300 mil pesos que se fue acrecentando. Recién en el 2004 la dirigencia tallarín salvó el remate de la sede social adelantando dinero en efectivo y presentando los avales que garantizaran el plan de pago.
Años más tarde definitivamente se quedó en nuestro país ya sin pena ni gloria. Luego de dos años sin jugar volvió a Instituto y no fue ni por asomo lo que La Gloria esperaba de él. Pero la idea de seguir en actividad lo llevó a calzarse la camiseta del General Paz Juniors 2003 para terminar sus días como jugador en el Sportivo Belgrano de San Francisco dirigido por Daniel Primo que jugó el Argentino B del 2004.
Retirado de la actividad y siendo entrenador de juveniles de Agencia Córdoba Deportes reflexionó sobre su trayectoria y dijo que no se arrepentía de muchas cosas y que se dijeron demasiadas cosas sobre él, “pero yo sólo traté de jugar el fútbol y nada más».
“Sé que muchas personas que estaban cerca mío cuando tenía plata, hoy ya no están, pero no importa, a mi lado tengo a las personas que quiero y con eso me alcanza”, agregó.
Asimismo desmintió problemas financieros a causa de gastos innecesarios y justificó con que tuvo problemas con los bancos y “por culpa del corralito casi quedo en la lona, perdí mucho dinero”, concluyó.
Cucu