Radaelli Fabio

Fabio Javier Radaelli (Lechuga)
El crédito de Benito Juárez. Casi un héroe para los habitantes de la ciudad bonaerense, pasó por el fútbol grande dejando su huella. Llegó desde muy chico a Ferro, donde realizó las inferiores y en 1992 debutó en Primera. Se destacó por el carril derecho a partir de sus buenas condiciones para la marca y la proyección. Estuvo en Caballito hasta mediados 1994, cuando abandonó la institución por falta de oportunidades (completó 16 encuentros y un gol). Llegó a Banfield y jugó durante una temporada (1994-95) , en la que alcanzó a disputar 13 partidos, con dos tantos. Uno de ellos, el más recordado, luego de una maravillosa jugada de Zanetti, en un partido ante Boca del Apertura 1994. El otro, en ese mismo campeonato, se lo hizo a Talleres de Córdoba (victoria 1 a 0 del Taladro).
Para el comienzo de la temporada 1995/96 se incorporó al Deportivo Español, pero solo pudo jugar dos partidos en el primer torneo.
Luego reacaló en San Martín de Tucumán, que disputaba la B Nacional. Y en esa categoría jugó también para Aldosivi de Mar del Plata, la ciudad que le dio todo en su madurez. Tal es así, que colgó los botines y comenzó a dirigir. A comienzos del nuevo siglo, Juan Esnaider le tiró una mano y lo llevó al club Cadetes para que se haga cargo del fútbol juvenil. Y le dio todo para que no tenga problemas: instalaciones, indumentaria, y un sueldo atípico para la categoría (disputan la liga marplatense y eventualmente inferiores de AFA y Torneo Argentino C). Creció en el puesto de ayudante de campo de la primera y actualmente dirige a las selecciones sub 15 y sub 17 de Mar del Plata.
Su cabellera enrulada, rubia casi colorada, lo hizo un tipo reconocible dentro del campo de juego. Hoy, sus escaladas por el sector derecho, se extrañan por Caballito.

Juan Pordiosero

Graieb Diego

Diego Carlos Graieb (El Mellizo)
Esta es la historia de un jugador que entra en una nueva categoría: baldosero hermano de casi baldosero.
En este caso, se trata de un volante ofensivo o delantero que creyó que optando por estar más cerca del arco rival, obtendría mayor prestigio, fama y plata que siendo defensor, como su mellizo Rodolfo Moisés, sin embargo, trascendió mucho menos.
No obstante a ello, logró a lo largo de su carrera algo que no muchos consiguieron: en todo momento supo rodearse muy bien de figuras.
Arrancó su carrera en Talleres de Córdoba (1993-1998 – 85 partidos) de la mano de su hermano, siendo juveniles que integraron la lista de buena fé del ascenso en 1994, título que también lograrían en Huracán de Parque Patricios.
Pero entre la T y el Globo pasó por Atlético Tucumán (1998-1999) donde integró un plantel de jerarquía que a nada llegó, junto a Arnaudo, Cativa, Rimba, Biasotto, Carlos Ibáñez, Mauro Amato, Clementz, Czornomaz, Galoppo, Fontana, Luis Lobo, Aredes y Fabián Bustos.
El fracaso lo vivió a flor de piel y espantado luego de jugar 28 encuentros, partió hacia Buenos Aires. En 1999 jugando para Huracán adquirió más notoriedad que nunca. Un terrible choque con Cristian Ruffini de Banfield, lo hizo caer inconsciente y sufrió un paro cardiorrespiratorio en la cancha. Ese día se «inauguró» la ventilación de compañeros con camisetas, todo un precursor, aunque de nada sirvió. Quien lo salvó fue el médico Carlos Locasso, que le realizó masajes cardíacos y respiración boca a boca, algo que hasta Diego y Cani con su onda «piquitos» envidiaron. Lo cierto es que quedó internado y recuperó la memoria tiempo después (vale recordar que el impresentable árbitro Rafael Furchi optó por continuar el encuentro con algunos jugadores llorando y totalmente asustados).


Para el 2000-2001 obtuvo el ascenso en el que compartió equipo nuevamente con Rodolfo y con estrellas de la talla de Lobos, Moner, Chaparro, Derlis Soto, Gonzalo Ponzio y Cristian Saboredo.
Claro, la división le quedó grande y luego de 6 meses flojos, prefirió volver a la B. Dejó la institución con un salgo de 4 goles en 29 juegos y se unió a los intereses de Los Andes (2001) en el que fue dirigido por Jorge Burruchaga y donde conoció a Hernán Ocampos.
Algunas actuaciones irregulares y apenas 17 presencias, interrumpieron su paso por el Milrayitas, por lo que desembarcó en Platense (2001-2002 – 14 partidos) para compartir sus días nuevamente con baldoseros de ley, como Leo Aguirre, Guillermo Santo, Roberto «Totó» García y Gastón Leva.
Ese mismo año, su hermano volvió a tomarlo de la mano y lo convenció para realizar otra actividad. Se convirtió en Vocal Titular 1ro. de Futbolistas Agremiados, donde Rodolfo fue Secretario de Prensa, Rubén Palavecino Vocal Titular 2do y Gabriel Milito Secretario Gremial.
Sin embargo, debió abandonar su cargo, ya que intentó de grande, probar suerte en el exterior y cayó en el Racing Ferrol de España (2002-2003). Si algo le faltaba era encontrarse con otro jugador que adorna la parte izquierda de este sitio web, nada menos que el ya mítico Dwight «El Portavión» Pezzarossi. Ese dato explica el porque de su cabizbajo y rápido retorno al país con sólo 19 apariciones en el primer equipo.
Fichó en Gimnasia y Esgrima de Concepción del Uruguay (2003), en dónde para no perder la costumbre, formó parte del plantel que tenía entre sus filas a Llinás, Grelak, Marczuk, Boujón, Yacuzzi, Jeandet y Santa Cruz. Disputó 24 partidos pero su mayor recuerdo serán los tres puntos de sutura que le aplicaron cuando desde la tribuna de Alamgro le acertaron un botellazo en la cabeza.
En el 2004 viajó nuevamente al exterior, esta vez a Guatemala, donde sin pena ni gloria vistió los colores del siempre candidato Deportivo Suchitepequez.
Su regreso era cantado y a pesar de sonar con insistencia en Huracán de Comodoro Rivadavia junto a Ceferino Denis y Cristian Zermanttén, firmó con Estudiantes de Caseros (2005) donde disfrutaba sus últimos años como futbolista junto a Ariel Jesús y el paraguayo Torales.
No se supo más de él, sólo que apareció entrenando alguna vez en un combinado de libres, pero ¿chapeando? con el apellido, ya debe andar despuntando el vicio bajo sueldo en alguna parte.
Como verán, esta es la historia de un cordobés que especuló con las condiciones del hermano para lograr ser alguien en el fútbol. Pero no lo logró.

Cucu

Rey Emiliano

Emiliano Juan Rey
Jugador que suele ser confundido con Emiliano Romay, pero no sólo por la similitud de su nombre y el puesto de delantero, sino por su paso por Boca Juniors y su posterior y mediocre destino.
Sin embargo Rey no realizó las inferiores en el xeneize sino que surgió de la cantera de Quilmes, dónde en 1995 llegó a jugar con el histórico Leonardo Colombo y el incipiente defensor Pablo Quatrocchi.
Ya para 1996 con la llegada de Mauricio Macri al club de La Ribera, fue uno de los tantos juveniles adquiridos, al igual que Navas, Andrizzi, Capece, Riquelme, Ruiz, Gatti, Lemes y Atala.
Tuvo poca fortuna con la azul y oro, aunque vale destacar que nunca tuvo demasiadas chances y sólo jugó en partidos de menor envergadura. En 1998 Bianchi lo hizo debutar en masa junto a otros valores como Christian Giménez, Ariel Carreño y Adrián Guillermo.
Sin lugar, a punto estuvo de pasar a Colón con Traverso, ambos como parte de pago por Hugo Ibarra, pero optó quedarse aunque no por mucho tiempo, ya que viajó a Ecuador y fichó para el Barcelona.
Con pena y sin gloria, no duró mucho allí y retornó a Boca. Participó de la Copa Mercosur 1998 donde logró inflar la red nada más y nada menos que contra Flamengo y Palmeiras.
Para el verano de 1999 no fue convocado para realizar la pretemporada junto al plantel superior y se quedó haciéndola con Rosada y Lucas Gatti bajo las órdenes de García Cambón.
Desesperado y sin ganas de quedar parado, siguió los consejos de su representante Gustavo Mascardi, quien lo volvió a ubicar en otro importante club de Sudamérica. Pasó por la Universidad de Chile a préstamo en donde conoció a Leo Rodríguez, Rodrigo Tello y Pablo Galdames y en el que volvió a hacerle un gol al Flamengo, aunque su rendimiento también haya sido flojo.
Su salida de la U era cantada y su viaje a otra parte del continente ya no podía sorprender. Se vistió de verde y blanco para defender los colores del Deportivo Cali, institución en la que se dio el gusto de ver antes que todos, a colombianos que pasaron por nuestro fútbol. La referencia es para Yepes, Bedoya, Viveros y Candelo, que integraron ese plantel que tenía otra figura, el venezolano Rafael Dudamel.
En el 2000 volvió al país y nuevamente fue ofrecido como parte de pago, esta vez a Vélez para comprar a Bassedas, transferencia que se truncó.
Pero si de trotamundos se trata, Emiliano es «Rey». Desembarcó en Perú y firmó con Universitario, club que contaba en sus filas con figuras de la talla de Gorostidi, Aróstegui, Carranza y Grondona. A partir de allí, su trayectoria en el fútbol se convirtió en una incógnita.
Se supo que pasó por el Torres Sassari del ascenso italiano y en el 2004 jugó en Aldosivi, que contaba con Bertoya en el arco y era dirigido por Ricardo Dabrowski.
En fin, una carrera inestable, con mudanza constante y poca firmeza. Es que de Maradona, Cáceres, Cagna, Latorre, Rambert y Caniggia parece no haber aprendido nada. Más bien, debe haber adquirido las malas costumbres de Trobbiani, Del Río, Tréllez, Joel Barbosa, Marchesini, Imboden, Marchant, Bahamonde, Fioretto y Cantero.
Ah, según comentan, es un atacante zurdo, veloz, no muy hábil y posee un fuerte remate de larga distancia. Bla bla bla…

Cucu

Sapia Luciano

Luciano Sapia
La foto es elocuente. Ilustra a un hincha tratando de ver el partido con sol de frente como principal enemigo. Podría ser como cualquier otro de los fanáticos que acompaña al equipo de sus amores. Sin embargo, el hombre es cuestión es Luciano Sapia, un fervoroso simpatizante de Racing que se dio el lujo formar parte del plantel de Primera.
Similar al caso de Gustavo Nordfors, este delantero que comenzó a entrenar con los grandes en junio de 2001, vivió de cerca el título obtenido por el equipo de Mostaza Merlo. En el momento de la foto (11 de noviembre, 4 a 4 ante Chicago en cancha de Vélez), venía de ser operado de meniscos, rótula y cartílago de la rodilla derecha. Había hecho las inferiores en el club de Avellaneda (fue parte de la cuarta campeona de 1999, integrada por Leonardo Tambussi, Carlos Arano, Gustavo Arce, Diego Milito y Manuel García, entre otros) y trataba de sentirse parte del conjunto que obtendría la gloria después de 35 años.
Pero más allá de que Racing ganó ese torneo, la historia de Sapia no tuvo final feliz. Luego de la operación no le otorgaron chances de mostrarse y en junio 2002 se alejó de la institución.
En condición de jugador libre, se las ingenió como para ganarse un mango y no quedar en la lona. Se inscribió en el curso «Como iniciar tu negocio» dictado por la Fundación El Futbolista, en Agremaiados. Y lo completó junto a otros 13 jugadores
Googleando su nombre uno puede encontrar a un Luciano Sapia, mánager de la banda metalera Chrisallys. Sería un buen final para un baldosero.

Juan Pordiosero

Andersen Freddy

Freddy Andersen
Un verdadero fantasma. En julio de 1998, Argentinos Juniors se preparaba para afontar el Torneo Apertura con la economía de guerra típica de La Paternal. Como los refuerzos no llegaban, el técnico Chiche Sosa optó por llevar de pretemporada a varios pibes que insinuaban: Diego de la Vega, Mariano Herrón, Juan Pablo Fernández, Facundo Elfand, Luis Ávalo, Víctor Zapata, Federico Insúa y Fernando Zagharian. Lo curioso es que en ese grupo, se destacaba un moreno que jugaba de delantero. Su nombre: Freddy Andersen. Había llegado procedente de Panamá, su país natal, aunque nadie sabía bajo que circunstancias había caído en el Bichito. Tampoco nadie sabe cuando se marchó ni que fue de su vida. Otro enigma del fútbol argentino.

Juan Pordiosero

Repercusiones en el Sur

Agradecemos en esta oportunidad a la gente de Crónicas de Radio , de Comodoro Rivadavia (Chubut), por la nota que nos realizó hoy en su programa. El ciclo se emite de lunes a viernes de 7 a 11, en Radio Crónica (FM 102.1) y cuenta con la conducción del periodista Saúl Gherscovici.
En la entrevista se repasó la génesis de En Una Baldosa y algunos de los homenajes-símbolo del sitio, como el de Alejandro «El Cabezón» Allegue y Darío Dubois, entre otros.
Por supuesto que no faltó oportunidad para hablar de los baldoseros que actúan en el fútbol de la ciudad sureña, como Néstor Lo Tártaro o Silverio Penayo.
Muchas gracias a todo el staff del programa.

En Una Baldosa

Giaccone Ariel

Ariel Alberto Giaccone
Volante ofensivo con espíritu de delantero que tuvo la desgracia de debutar en Primera en una mala época de Ferro Carril Oeste. Allí intentó dar muestras de su talento, pero no lo pudo hacer ni en pequeñas grageas. Jugó 20 partidos y convirtió 3 goles para el club de Caballito, en la temporada 1998-99. Se notaba que tenía buenas intenciones, pero también era cierto que no estaba en el lugar indicado (era suplente de la fórmula Guerra-Mandra, una de las peores delanteras de la historia).
Luego pasó a Belgrano (2000-01) y obtuvo un poco más de protagonismo, aunque le costó ganarse el puesto. Sin embargo, cuando entraba, marcaba (como ante Unión de Santa Fe, en la victoria 2 a 1 del Clausura 2001). Llegó a hacer dupla con Julio Mugnaini, con todo lo que eso implica.
En 2001, el técnico argentino Miguel Salvador Isabella se hizo cargo del club Delfín de Ecuador, y lo llamó para reforzar al equipo, junto a otro compatriota, Claudio Pochettino.
A comienzos de 2002 se incorporó a Central Norte de Salta, para disputar el Torneo Argentino B. Y no tuvo ni un drama en blanquear que había llegado más por amiguismo que por condiciones. «a Daniel (el arquero Gazzaniga) lo conozco y es quien brindó las referencias para que pueda llegar a este club, en donde espero aportar toda mi experiencia como jugador para lograr el ansiado ascenso«, comentó a su llegada.
A los pocos meses se fue de nuevo al exterior. Pero lejos de fijarse en el «que dirán», aceptó su baldoseridad y fichó para el San José de Oruro, Bolivia.
Hace más de dos temporadas que juega en 9 de Julio de Morteros. Allí, en ese modesto equipo del Argentino B, extraña las tardes en las que se enfrentaba a los ídolos de la tele domingo a domingo. Pero igual, resignado y sin más opciones, se conforma con ser compañero de Mario Juárez, el hermano de Iván.

Juan Pordiosero