
Agradecemos al lector Lucho, que nos avisó y a toda la gente que forma parte de la publicación especializada en videojuegos. Para ver la crítica, click acá.
En Una Baldosa

En Una Baldosa
José Pablo Burtovoy
Esta es la historia de un arquero que inició su carrera como valor promisorio pero que apenas llegó a tener sus 15 minutos de gloria y luego se perdió en la intrascendencia.
Aún resuena la frase de «Mostaza» Merlo en 1992 cuando preparaba la selección argentina que afrontaría Mundial Juvenil Sub 17 en Japón. «Cuando descubrí al pibe Burtovoy, el arquerito de Ferro, le dije a Daulte que era el toque de suerte que nos faltaba para ganar el mundial. Tiene un lomo bárbaro, increíble para su edad, se parece al Tano Roma. Nos falta un Maradona para repetir lo de Japón ’79, pero lo tengo a Biagini que es mejor que Ramón Díaz».
Con esa apreciación, el entrenador quemó a dos pibes que prometían y que efectivamente el 1 jamás llegó a la selección mayor, ni siquiera estuvo cerca. En cuanto al mencionado mundial no hace falta recordarlo, ya que la albiceleste no pasó la primera ronda en un equipo lleno de glorias como Milton Acosta, Rodrigo Vilariño, Norberto Orrego, Nicolás Diez, Andrés Grande, Roberto Cantoro, Kurt Lutman, Emiliano Romay, Rubén D.Cantero y Pablo Rodríguez.
Luego de pelearla y tener arqueros encima, optó por volver a su Santa Fé natal y fichar para Colón (1996-2000), teniendo un paso poco mediático hasta que algo sucedió.
Fue el 30 de abril de 1998 en Paraguay por los octavos de final de la Copa Libertadores. Su director técnico de aquel momento, el «Profe» Córdoba, había confiado en él postergando a Leo Díaz, y el chico de 22 años le cumplió. Atajó muchísimo durante los 90 minutos, pero igualmente Olimpia de Asunción ganó el partido 1 a 0 y debieron definir por penales. Y allí fue factor fundamental debido a que no sólo le atajó el primero a Félix Torres, sino también el segundo a Luis Monzón, el tercero a Paredes y el quinto al «Loco» González, ganándose el mote de Astroboy.
Pasado su momento, continuó en el Sabalero por dos años más, sin embargo por la falta de oportunidades, hizo las valijas y firmó para el Veracruz de México (2000). No obstante, un año después alguien se acordó de el y desembarcó en Córdoba para intentar salvar a Belgrano (2001-2002) del descenso, algo que fue imposible. Pero a pesar de estar tapado por Olave, la pasó bien junto a Imboden, Bordicio, Brusco, Meta, Arce, Rubiel Quintana, Fram Pacheco, Martina, Desagastizábal, Mugnaini y Aróstegui, aunque la pérdida de la categoría hizo desmembrar a tamaño grupo humano.
Sonó en Los Andes, pero siguiendo los buenos consejos de su padre, ex arquero, firmó con Arsenal (2001-2003) pero no llegó a jugar, postergado durante un par de temporadas por el siempre listo Alejandro Limia.
Sin darse por vencido, pasó a Chacarita Juniors (2003-2004), club en el que llegó a disputar un encuentro cuatro años después de su último en Santa Fé frente a Central y se lo recuerda por un 6-2 en contra frente a Gimnasia de La Plata. Lamentablemente la campaña del equipo Funebrero no fue buena y junto a Unycio, Furios, Pena, Leo Fernández, Graf, Arzeno, Piersimone, entre otros, perdieron la categoría.
La nueva frustración lo hizo más fuerte, y volvió al norte del continente en busca de una revancha, pero también de tranquilidad y unos buenos billetes.
Arrancó de abajo en el Pioneros de Ciudad Obregón (2004) y desde ahí logró dar el salto al León (2005-2006), ambos de la segunda división de México, categoría en la que se destacó y llegó a jugar el partido de las estrellas para los extranjeros con Norberto Orrego, Diego Cocca, Roberto Cartés, Mauro Gerk, Mariano Monrroy y Claudio Sarriá.
Cucu

¿Cómo es una convocatoria para la selección de Palestina? ¿Qué hay que sufrir para jugar por Palestina?
(Suspira largo) Hay que sufrir. Más allá de estar jugando en Santa Fe, en uno de los clubes más importantes de América, si me llaman a la convocatoria es porque también no pueden salir todos los jugadores que han salido en Palestina a causa de la guerra. Por ahí son escogidos o tienen mucha suerte de salir del país, pues Palestina está en el centro, rodeada por Irak y eso le hace muchos problemas. Aparte los palestinos son mal vistos por el mundo por todo esto de Nueva York y España y se les involucra por la guerra. Es difícil ir a una convocatoria donde muchos de mis compañeros tienen que llamar todos los días a la casa para saber si sus familias están bien. Es muy difícil, pero estar jugando una competencia internacional le levanta el ánimo a uno. La última vez no me llamaron porque no estaba haciendo las cosas bien (risas), porque no estaba jugando y ellos eran conscientes de mi situación. Ahora se dio vuelta el asunto y me han convocado para el próximo juego.
¿Cómo vive usted la guerra?
Sinceramente no es lo mismo estar allá que estar tan lejos y ver lo que ocurre por las noticias. Tengo contacto vía e-mail con el medio, con el preparador físico y con varios de mis compañeros. Con el técnico no, porque vive en Australia. Uno trata de darles ánimo a todos y de decirles que la guerra pronto va a acabar, pero al paso que vamos esto no termina más.
Juan Pordiosero
Sebastián Villoldo
Nació en Morón el 18 de febrero de 1974 y realizó las inferiores en Leandro N. Alem en donde debutó en Primera C a los 16 años y marcó un gol en 9 juegos. Por esa precocidad fue visto por gente de Platense que se lo llevó para Vicente López.
Con 20 años y una camada llena de figuras como Cristian Díaz, Trezeguet, Balugano, Coria, Zeballos, Coudet, Diego Díaz, Manfredi, Hanuch, Saraiba, Loyola, Broggi, Maisterra y Frágola, tuvo su primera aparición en el Calamar frente a San Lorenzo. Serían 13 en total (2 como titular ante Central y Banfield) y llegando a integrar en una ocasión el equipo de la fecha para el revista El Gráfico.
Pero eso no alcanzó para convencer a la dirigencia, que en lugar de hacerle contrato lo dejó libre con una suspensión de 6 fechas por un incidente en Reserva.
Pasó a entrenar en Defensores de Belgrano pero precisamente esa espera le privó de firmar, por lo que terminó recalando en Luján, en su retorno a la C.
Luego de eso, desapareció del mapa. Todo un baldosero fugaz.
Cucu (Gracias Carina y Pablo)

Juan Pordiosero
Moses Ndukanma
Esta es la historia de un nigeriano tentado por un empresario argentino que llegó al país a los 23 años para probarse en Boca Juniors (1996), habiendo hecho las inferiores en Rangers Internacional. Sin embargo apenas pasó por Casa Amarilla y desembarcó en Nueva Chicago (1997).
Si bien no era como lo había soñado en un principio, la oportunidad seguía siendo interesante, pero una inoportuna fractura de tibia y peroné le quitó las ilusiones. Fue operado en dos ocasiones y a partir de allí comenzó una historia que vale destacar.
Inicialmente se puso a trabajar en un hotel del microcentro porteño, pero lo curioso es que no fue su única tarea. El moreno fue además una especie de stripper en un boliche bailable, donde conoció a Verónica, una argentina con la que tuvo un hijo llamado Gianluca.
Admirador de Gustavito López, hincha de Independiente y fanático de Nwanko Kanú, se repuso de su inconveniente físico y retornó a las canchas, aunque en un nivel un tanto más bajo, en Centro Español de Primera D.
La pregunta es evidente y la respuesta inmediata. ¿Cómo llegó hasta ahí? Un tal Víctor Pardo trabajaba en las inferiores de Boca y recibió la propuesta de entrenar a Nueva Chicago, por lo que apostó a llevarse al africano que no tenía lugar en el xeneize, pero la mencionada lesión lo alejó de las canchas. Tiempo después, el entrenador cambió de club y firmó con la entidad gallega, y nuevamente se acordó de Moses y le dio otra oportunidad.
«A mí me gusta, cuando vino jugaba bien. Es un tipo encarador, que tiene velocidad, buen manejo de pelota. Tipo Tchami, de ese estilo. Buen cabeceador, hay que tenerle fé» adimitió Pardo en su momento.
Lo que jamás se supo es si Ndukanma llegó a jugar un partido en el fútbol argentino, porque hasta su tercer club, aún no lo había concrectado.
Cucu
José Luis Albarenque (Chino)
Volante mezcla entre Alvarenga y un rico arenque que apareció en primera jugando para Rosario Central en 1987 y fue parte del último equipo Canalla que ganó en la Bombonera en 1990, compartiendo el plantel con Boggio, Tapita García, Chamot, Lanari y D’Ascanio, entre otros.
Sin embargo esos años no fueron los mejores para el club, sobre todo por los triunfos de Newell’s y porque en sus equipos titulares se mezclaban nombres como Onaindia, Protti, Trivisonno, Forletta, Mahía y Andrade. Por ello dejó la institución con 1 gol en 50 partidos y sin lugar en la A, emigró a Douglas Haig de Pergamino (1992-1993) para jugar Nacional B marcando 3 goles en 26 partidos. Conoció a Aldape, Areso, Boujón, Fullana y Nasta, siendo ese quizás, su último gran logro.
A partir de allí se desconoce su paradero, pero se encontró un homónimo jugando para San Cristóbal Seguros en la Liga Bancaria de Rosario, aunque afirmar que es él, puede ser apresurado.
Sin embargo, su búsqueda arroja un dato preocupante y por demás llamativo, ¿tendrá algo que ver con la casa Mosaicos Albarenque en Concordia? En caso de que sea afirmativo, su nombre entrará en la historia grande y ocupará un lugar privilegiado entre los ídolos de este sitio web.
Cucu

Juan Pordiosero