
Por lo general, cuando a uno lo invitan a una fiesta -ya sea casamiento, fin de curso o cumpleaños de 15- suele agarrar lo mejor de su ropero con el afán de causar una grata impresión o, al menos, no llamar la atención ante lo ridículo del atuendo elegido.
Ahora bien, si tenés que poner la caripela en un festejo que no te va ni te viene y al que -de hecho- no tenés la más mínima intención de ir, estas eximido de usar la primera pilcha que se te ocurra o que encuentres a mano. Por más que sea fea, rara y no conserve, en absoluto, la más minima tradición.
Esa maliciosa actitud fue precisamente la que adoptó San Lorenzo de Almagro en la última fecha del Clausura 2000. El Cuervo se vio obligado a cumplir con el reglamento e ir al Monumental para enfrentar a River Plate, quién tenía preparada la festichola por su vigésimo noveno título ganado una semana atrás.

Al momento del partido y tras la vuelta olimpica, el champán, los petardos, las guirnaldas y el carnaval carioca, tanto a hinchas locales como a visitantes se les quedó un canapé atragantado cuando vieron salir desde la manga a los de Boedo.
Es que El Santo estaba vestido íntegramente de negro con una manga amarilla que, según sus diseñadores, emulaba los colores de un cuervo… ¡Aunque más que un cuervo parecían un tacho!
Tras el empate 2 a 2, la aberrante pilcha en cuestión no volvió a ver la luz, aunque hoy por hoy es una de las más buscadas por los propios coleccionistas de San Lorenzo, los mismos quienes, en su momento, pusieron un grito furioso en el cielo. Histeriqueo, histeriqueo… todo gracias a un innovador de Signia que seguramente perdió el empleo.